miércoles, 27 de marzo de 2019

E la vita va avanti...


Con una bicicleta de larga distancia, con lo mínimo puesto para el viaje que será largo y lleno de aventuras, hasta llegar a esa Ítaca soñada, vadeando desiertos y montañas, por estrechas sendas que los espinos arañan nuestras carnes expuestas al sol y al aire vivo de la vida que corre por nuestras venas y más allá si pudieran salirse del camino. Desnudos de todo artificio, así vamos buscando el camino. El verdadero camino de la vida. Esa vida que se nos escapa a borbotones en cada insecto que muere a cada minuto o en cada corta vida infantil que queda segada por carencias; no esas vidas truncadas que siguen luchando por encima de las otras, pisoteándolas, aplastándolas, ahogándolas inmisericordes... pues no saben lo que es la verdadera vida y sobreviven en una mísera existencia de vampíricos acordes que les dan últimos estertores o alientos para después buscar más bebida vital que pueda satisfacer su ansia de vivir (como un título de película)...
Hasta aquí llega mi escrito, mi proclama. Yo me adhiero al sillín de esa bicicleta que el trasero inmaculado y voraz del muchacho proclama como pletórica belleza y exultante vida, dicho en maravilloso sonido: "E la vita va avanti..."
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Juan Rodort, 2019

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