martes, 22 de agosto de 2017

Áspera espera desesperada

Un buen día te levantas y descubres que él ya no está, no porque se haya retrasado anoche entre otros brazos secuestrado-prisionero-ocultado, no, es que ya no va a volver más. Sus cosas han desaparecido (algunas de las tuyas también, pero eso ahora no tiene importancia, ya habrá tiempo de lamentaciones después) y en ese armario semicompartido queda un enorme hueco, más que físico, de ánimo desgarrado, de algo que tú creíste amor para siempre y ¿qué ha durado? Sí, dos semanas ya eran para ti el amor de tu vida, pero es sólo el tiempo en que él pudo encontrar otra casa, otros brazos y otro primo que le mantuviese hasta que se diera cuenta de qué juego es el suyo.
No es consuelo de tontos el saber que hay otros afligidos, que han sido igualmente desplumados por el mismo chulo... Sí, no te engañes, él lo era (lo seguirá siendo hasta que su cuerpo aguante), un pedazo de carne de alquiler barato; dos semanas a tu costa (y algunas cosas de valor más sentimental que económico desaparecidas en el entretanto), pero eso son los gajes de que lleves a desconocidos a tu casa y te los instales como si ya fuera para siempre... Para siempre, ya lo cantó el genial e irrepetible Fredy Mercury...

Queen - Who Wants To Live Forever

QUIÉN QUIERE VIVIR PARA SIEMPRE

No hay tiempo para nosotros
No hay lugar para nosotros
Qué es esta cosa que crea nuestros sueños que a pesar de todo se nos escapan
Quién quiere vivir para siempre
Quién quiere vivir para siempre
No hay oportunidad para nosotros
Está todo decidido para nosotros
Este mundo tiene sólo un buen momento desechado para nosotros
Quién quiere vivir para siempre
Quién quiere vivir para siempre
Quién se atrevería a amar para siempre
Cuando el amor debe morir
Pero toca mis lágrimas con tus labios
Toca mi mundo con tus dedos
Y podemos tenernos para siempre
Y podemos amar para siempre
Para siempre es nuestro día de hoy
Quién quiere vivir para siempre
Quién quiere vivir para siempre
Para siempre es nuestro día de hoy
Sin embargo, ¿Quién espera para siempre?...


Áspera espera desesperada.
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© Juan Rodort, 2017



viernes, 18 de agosto de 2017

Piel de leche (con o sin chocolate encima)

Era blanco como la cal de la pared. Cada vez que se exponía a los rayos solares enrojecía hasta convertirse en Caperucita Roja en versión original sin subtítulos. Él no era de por aquí, eso se le notaba de lejos y mucho más desnudo en la playa donde era una metamorfosis del blanco níveo al rojo púrpura del Cairo. Él era así de blanco. Pero llegó el negro aquel y le puso las pilas por delante y por detrás; desde entonces está tostado por las dos caras y enrojecido por las partes internas... ¡Qué tendría el negro, ay madre! Chocolate con leche, pero no mezclado, sino agitado, a temperatura ambiente... La de este verano, bastante cálida para estar en el norte del Norte norteño. ¡Véngase uno a vivir a estos páramos de hielo para que el clima cambie y nos convirtamos en la playa tropical de moda! Vivir para ver y para creer... en lo que sea. Yo, ya no creo en nada. Palpo y medito sobre lo palpado; luego, repito si se dejan palpar... que se dejan las más de las veces. Y es que vienen a lo que vienen todos los años, desde hace una corta temporada, porque antes esto no era así, no, no señor. Antes llegaban con sus trajes de neopreno de tobillos a cuello o con capucha para hacer el canelo en estas aguas gélidas llenas de olas traicioneras, pero es que siempre hubo un roto para un descosido... lo que quiera que eso signifique, yo, nunca coso, cuando se descose o rompe... a la porra la ropa usada (luego vienen los traperos y hacen su agosto con ella en los países más sureños, con tal de no mirar... la conciencia no sufre). A la moda siempre. Este año toca bañadorcito celeste escasito de tela para mostrar el puvis de Chabannes, blanco pubis 
(1. Parte inferior del vientre, próxima a los órganos sexuales.
2. ANATOMÍA. Porción anterior e inferior del coxal (hueso de la pelvis), de forma alargada y posición oblicua.
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Piel de leche (con o sin chocolate encima).
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Mirar tu cuerpo desnudo

 Todas las mañanas del mundo, mirar tu cuerpo desnudo, tu mirar que me mira, tu espera que adivina qué posesión más prefiero tener de tu querido cuerpo... Cocinar tu carne en mis labios, deglutir tus besos en lo profundo de mi ser hambriento de tu piel... Mañanas de cálidos encuentros nocturnos olvidados, disimulados por el aquel del qué dirán si nos vieran juntos, la diferencia de edades, de cuerpos: tu belleza recién estrenada de cuerpo post-adolescente, mi belleza terminada de hombre que sabe mirarse al espejo de su alma solitaria... Tenerte es ya un milagro, mirarte es un suplicio de Tántalo redivivo que quisiera volver a su antigua esencia de carnes firmes e inocentes (cuando la inocencia era ignorancia de caricias). Y ahí estás, parado en mi cocina que no sabría si cocinarte o comerte crudo y después morirme para no tener más consecuencias... Ahora vienes a mi cuarto de almohadas y arrugas en las sábanas trasnochadas de cuerpos revueltos y anodinos encuentros de joven inexperto que dejó su mística erótica en otras camas de jóvenes amigos, colegas de colegio, residentes de esta colonia de verano que son mis manos reverdecidas al tocarte... Desmayado cuerpo, desperezado cuerpo, abierto cuerpo... Mirar tu cuerpo desnudo.
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© Juan Rodort, 2017


miércoles, 16 de agosto de 2017

Osito relleno

Como un tonelillo lleno de miel y cerveza, así me he quedado después de celebrar tanta fiesta de cumpleaños, tantos santos y tantas reuniones de familia, sin otro ejercicio que estar sentado a la mesa o en el sillón comiendo bombones de rico chocolate rellenos de más chocolate y deliciosas tartas cubiertas de chocolate negro y relleno de mermelada de cereza... todo casero, hecho en casa, preparado para estos acontecimientos festeros que llegan entre Julio y Agosto todos los años. Y mi cumpleaños, por supuesto. Todo ello aderezado con suculentas comidas y meriendas-cenas donde la guinda del pastel ha sido precisamente la tarta casera (ya voy teniendo práctica y me salen riquísimas, además) con recetas inventadas y sobracargadas de dulce dulcísimo. Ideal para angordar la tripita incipiente que ya llevo durante todo el año... Ahora es una tripa de cervecero que no bebe cerveza y sí traga dulce a manos llenas. Otro año como el pasado, otro año más de engorde... pero merece la pena mientras está en la boca paladeando el sabor de los diferentes ingredientes. Ahora no puedo quejarme, no debería. Nadie me obligó a comer dulces. La foto da una idea de mi estado de felicidad completa: Osito relleno.
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© Juan Rodort, 2017

lunes, 14 de agosto de 2017

Ya solo falta 1 para hacer 69


Y es que ya lo dice el refrán: “El buey sólo, bien se lame”... Y que a falta de pan, buenas son tortas o dulzainas variadas, chocolates o caramelos, bombones, chupachups...
Cumpleaños y un día, no duele nada pero el resacón de ayer es bestial, parece como si una locomotora llena de elefantes me hubiera pasado por la cabeza...
¡Como para chupeteos estoy hoy!
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© Juan Rodort, 2017

Puro sexo animal

Puro sexo animal
Eran demasiado inmaduros para darse cuenta que lo que creían amor sólo se correspondía con deseo de saberse deseados, de puro sexo animal producido por sus excesos de testosterona...
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

Vacacional o vocacio-anal, simultáneo, de dos en dos


Hasta quedar con la visión en blanco y negro... Tres facetas de copulativa unión de las muchas e imaginativas de las series que enlazar pudieran, no solamente de a dos en fondo sino duplicadas vergas competidoras por ver cual se llega más adentro de la caverna oferente que recibe el doble don (no es el caso en estas tres muestras aleatorias).
Explicación de las imágenes, por si alguien no lo entiende:
1.- Izquierda: Sentado, a horcajadas, de frente los dos vientres.
2.- Centro: De rodillas genuflexorias dúplex, uno sobre el otro, espalda bajo pecho que sube y baja haciendo émbolo taladrador al mismo tiempo.
3.- Derecha: Agotador ejercicio que nos lleva a ver en blanco y negro después de muchos orgasmos duplicados, es entonces cuando se reposan los cuerpos uno sobre el otro, los dos bocarriba y unidos por una columna palpitante que entra y sale mientras la mano del de arriba retira sus redondos atributos colgantes para una mejor visión de la operación en el espejo enfrentado o en la cámara espía del que suscribe, que no forma parte de estos ritos copulativos y, disyuntivo, se acopla al teclado como único consuelo a su sola compañía...
Aunque sabe que cuando llegue a casa le espera un paciente dildo que no le va a montar escenas de celos por estar visionando coitos anales ajenos, precisamente, pues es todo él de látex y silencioso (copia exacta del de un afamado modelo pornográfico, que dice que “no entiende”).

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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sexo (o-x-es) simétrico

Reflejo e impronta del instante anterior a su alzamiento, libre de rojas ataduras que le circunscriban a un encapuchado esfuerzo por salir airoso, ahora ya independiente de elásticas costuras que descienden por inclinadas columnas musculadas llevando albos capiteles como grupas nacarinas que se han hurtado a los rayos solares en la zona del deseo, posterior y anterior, oculto ahora por muscular brazo-hombro-pose de bajarse al pilón para estar ya espléndido en su alzada; rutilante piel tallada en una sola institución que debiera ser festivo para todos, cual portentoso es su talle, cuando se dé la vuelta y muestre un sexo (o-x-es) simétrico.
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© Juan Rodort, 2017

martes, 8 de agosto de 2017

Estimulante sexo (de aperitivo)


Desnudos, sobre la vieja alfombra del estudio, los dos cuerpos enlazados y rechinantes en tántricas caricias no por ya sabidas y repetidas menos lujuriosas que otras veces, así, a través de los años en que sus conocidas pieles se asemejan a hermanamientos copulativos que nada tienen de asimétrico incesto.
Ellos ruedan ahora por el suelo en saltos rítmicos de jadeos...
Compás de espera entre dos orgasmos simultáneos, sus voces ahogadas en susurros son chorros más calientes que sus propios estentóreos y convulsos pulsos.
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 3 de agosto de 2017

Sexo maduro en el Jardín de Príapo


No todo van a ser hortalizas o flores silvestres o asilvestradas en macetas, ni frescos veranos nórdicos. Hay otros jardines de madura belleza en que la piel se redondea en formas que se van modelando al calorcillo sereno de la siesta; es entonces cuando entra en juego la regadera, la manguera, la ducha fría para atemperar los calores de la carne en su punto álgido de cochura, caliente textura de sedosos muslos y férreos brazos por no decir del portento pectoral que se adelanta al frente en redondas contorsiones rítmicas al mero contacto acuático del elemento asido en manos expertas; es entonces cuando se erectan los penes de luengas melenas rizadas y contrapesos bamboleantes a ritmo de chorro, a manguerazo limpio para calmar la urgencia de esa piel cálida, tórrida, ardiente al máximo, que agiganta el recto proceder del modelo hasta límites insospechados de eyaculante lujuria contemplativa... Adoración del sexo maduro en el Jardín de Príapo.
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© Juan Rodort, 2017

martes, 1 de agosto de 2017

El reposo del guerrero (después de una batalla sexual, homosexual por supuesto)


No sé por cuál de los dos guerreros decidirme, para plantarles batalla de nuevo claro que parece que muy cansados no estén después del maratón de culos usados y tirados a la basura, total, una vez abiertos ya no tienen ninguna utilidad ni emoción. Lo importante es el desflore, el desvirgamiento bestial, el destroce bruto con desgarros esfinteriales de primer o quinto grados que no sé yo cómo se mide eso del desgarro virginal de jóvenes recién salidos de su armario, joven armarito de cuarto de adolescente recién iniciado en el culto priápico por algún amiguito mayor en muchas cosas, no solamente en edad sino en envergadura de las partes medias...
Y no quiero con esto hacer apología del acoso juvenil, pero es que van provocando. Ayer mismo en la biblioteca del pueblo de al lado, un muchachito o no tan muchacho ya porque tenía pelos por todos lados incluida una mata de pelo ensortijado que le caía por la frente en guedejas que ríete tú de los efebos griegos de esas esculturas recuperadas del fondo oceánico o mediterráneo sin ir más lejos; esos muchachos que ya están más que en flor desgranada por unas expertas o inexpertas manos o bocas o esfínteres ajenos a su voluntad, que ellos no saben nada, que ellos no quieren ¡oiga, que yo no soy marica! Pero ahí estaba el muchacho bajando las escaleras de la planta de estudio hasta la sala de ordenadores donde servidor sufriente de estas visiones pletóricas de sensualidad homófila, él bajaba despacioso, contoneándose los escalones de madera sin contrahuella con lo cual se le veían todos los vellos de las piernas al bajar de espaldas y luego de frente, él bajaba despacio, desfilando para mis ojos atónitos de tanta belleza idiota porque algo idiota sí que era el chaval, que quiero pero que no quiero que me mires, pero mira y refocílate con mis culos (dos, tenía dos hermosos culos separados por la raja del pantalón corto ajustado a las redondas nalgas apretadas por unos calzoncillos blancos supuestamente porque no se le transparentaban pero él se sacudió un elástico que le apretaba la nalga izquierda cuando luego subió después de fumarse su cigarrito en la calle o darse unos manoseos en la polla (hermosa por el abultamiento) al sacudirse la última gotita después de mear (¡¡¡ahhhhhh!!!).
Pues yo le hubiera bajado los calzones allí mismo y empotrado contra los escalones a la vista de los cuatro que estábamos en los ordenadores y la simpática bibliotecaria que seguro habría aprobado mis manera rudas y contundentes para poner en su sitio al muchachito provocador. Y es que van provocando y luego pasa lo que pasa... ¡Que uno no es de piedra, coño!
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© Juan Rodort, 2017