viernes, 19 de mayo de 2017

Historia de osos...


Érase que se era una vez... un osito que no era de peluche, ni estaba abandonado a su suerte en una cueva oscura y fría, sino que era un osazo peludo de carne y hueso (y mucho pelo) y ni estaba abandonado ni se encontraba perdido dentro de una cueva que no fuera la oquedad húmeda y caliente del orificio anal palpitante que le apretaba el glande hasta estrujar... Un oso rijoso, piloso, carnoso y para nada huesioso (ni huesilocoso, mucho menos huesilocaza). Un oso-oso. Algo soso, la verdad pues con la edad se estaba convirtiendo en un refunfuñón y ponepegas, nunca satisfecho con las cosas del cada día. Un oso alevoso ("circunstancia de haberse asegurado quien comete un delito contra las personas de que no corre ningún riesgo que pudiera provenir de una reacción defensiva por parte de la persona atacada" -en este caso, un oso cavernoso). Pues érase que se era, un oso que en el fondo seguía siendo un osito de peluche, mimosín y abrazador del te quiero-te quiero, dame un besitoooo... Vamos, un oso empalagoso. ¿Y qué le gusta a los osos? Lo que más, más del todo les gusta, lo que les vuelve locos... ¡¡¡Miel!!! Y este oso era un goloso. No había bote de miel que se le resistiera y mucho menos que le durase más de una semana, ¡qué digo una semana, dos días! Un kilo de miel al día... Engordaba el osito a ojos vista, las abejas le huían y se camuflaban en adustas avispas, los panales eran transformados en artísticas esculturas de bailarinas de los ballet del Trocadero, los abejorros volaban con sordina, las abejas con sus pesados disfraces de coristas del teatro chino de Manolita Chen, llenos de tules y frus-frús. Pero el oso goloso-pringoso los descubría a todos a la primera y se zampaba las ricas recolecciones florales, polinizadoras, mieles en ciernes... Todo lo dulce que se la ponía a tiro. Así ocurrió, que con el tiempo (poco, pues no dio mucho margen de recomponerse a mamá Natura), el oso goloso se tragó todas las existencias de miel del planeta cántabro (pues era en esos montes donde osaba y hozaba... Hasta que tuvieron que importar mieles de allende la Comunidad y ahí llegó el fin del fin. La adulteración y contaminación foránea se fue adueñando de la fauna y flora, amén de la autóctona desertización por mor del autoincendio forestal gratuito so pena de hacer pastos p'a las vacas, que este año hay subvenciones para vacas de carne y ya se sabe: pan para hoy, hambre para mañana. El Hábitat quedó destruido. Las parameras asolaron o camparon a sus anchas. La desertización avanzó a pasos agigantados sin encontrar obstáculos ni obstápollas... Aquello fue la polla récord. No plantas, no flores, no abejas y ¡no miel! ¿Lo has entendido? ¡¡¡Se acabó la miel!!! Y el oso goloso se convirtió en un oso lloroso. Al final, desapareció, se extinguió por falta de alimento.
¡Y hasta aquí el cuento! ¿Cuento...? Historias de osos...
Mañana, más... o menos, depende del humor de este oso sado-masocoso.
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© Juan Rodort, 2017

1 comentario:

  1. Dentro de todo marica hay un osito de peluche esperando que lo acaricien

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