martes, 30 de mayo de 2017

Mojando en tu agujero (no precisamente un bizcocho)


A la espera, oferente, paciente, deseando tenerlo ya dentro y bien dentro... un bizcocho de canela en rama, un trozo de bollo duro para que se remoje y ablande bien ahí dentro, en su jugo, en su rezumo, en su chorreo... Diana al pie de la piscina para comenzar los juegos acuáticos sin necesidad de músicas del señor Händel para animar y acompañar los ritmos internos acoplados, ensamblados, atornillados, sístole, diástole y al galope final hasta el paroxismo de repiques de campanas, fuegos artificiales, sin músicas del mismo autor que en nada se le menosprecia por ello, pero que ahora ya son inútiles a la hora de llegar a ese final de fiesta que será un chorretón caliente que va a dejar el verdiazulado tono del agua con un légamo blanquecino serpentino y escurridizo porque no hay quien resista desacoplarse para nadar cada uno por su lado hasta el borde mismo donde se volverán a acoplar agujero y masa enhiesta de ariete cárnico y bien dispuesto a repetir la faena. A la segunda va la vencida, o a la tercera, o a la cuarta... que ante un panorama húmedo y cálido, bien apretado para que el ariete demoledor no escape en sus sucesivos vaivenes, las repeticiones se pueden hacer sin necesidad de soltar la presa (no se sabe ya quien es quien a estas alturas del combate acuático, que no juegos acuáticos sin músicas del barroco compositor). A la espera, oferente, paciente, desearlo tenerlo siempre dentro bien apretado... Mojando en tu agujero (no precisamente con un bizcocho).
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© Juan Rodort, 2017

viernes, 26 de mayo de 2017

Con un pene y un bizcocho...



Hasta el lunes o el martes, chorreando leche... digo que no estaré en red hasta la semana que viene, así que ahí os dejo ese penecillo juguetón y lascivo que seguro sabrá entreteneros a modo y manera el muy guarreras, que lo va a poner todo perdidito de leche... ¡Quien tuviera un bizcocho para mojarle la tripita al chaval! Que vaya zocotroco que gasta para mojar... o meter en la boca directamente, que está uno ya con el desayuno en los pies, como va a terminar el calzoncillo ¡¡¡rosssa!!! del muchachito. Y es que no le falta de nada, hasta su tatu coloreado... Todo, todo se le puede perdonar ante ese trozo-carne-butifarra-chorizocantimpalo-salchicha cruda... ¡A mí me va a dar algo! Así que no digo más... Con un pene y un bizcocho...
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Reunión íntima...


Totalmente satisfecho, ahíto de caricias ha terminado rendido a merced de sus peludos cuerpos que han seguido y seguido trajinándole sucesivamente hasta que ellos mismos han quedado agotados después de hacer múltiples intercambios posicionales que les ha llevado a una compenetración como no la tuvieran jamás; trío abrazo que no sabrán quién es quién ni cuál miembro les atenaza... Trío perfecto. Dos ex-amantes satisfechos, un ex-amante decidido a intentar una nueva fase de relación. No le ha bastado estar de dos en dos (sus dos ex-amantes han sido amantes sin que él lo supiera, ¡qué pequeño es el mundo!) sino que ahora ya le va a ser imposible separarse de ellos dos y ser un solo cuerpo a tres bandas... Demasiados pensamientos para una sola noche... Mañana será otro día. Ahora disfruta del sueño en esta reunión íntima...
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 24 de mayo de 2017

El morbo de tu cuerpo...


¿A quién le importa lo que yo escriba? Es un mero escape a mis tensiones sexuales o inapetencias sexuales, que está uno algo desanimado en materia corporal y más parece cuerpo espiritual que material el mío. Sí, filosofa a estas alturas, viejo verde que no hace más que echar miraditas al jovenzuelo de la derecha, mirarle las partes bajas-medias-sentadas del paquete o del culo, las posaderas, las nalgas apretadas en el pantalón holgado... ¡Qué manía de modas afeantes del cuerpo perfecto que eran los jóvenes de antes! Yo mismo lo era. Una breve cintura, un triangular dorso y pectoral en ciernes que redundaría en potente torso musculado cuando me llegó la edad de ir a gimnasios para mantenimiento ya que aquella juventud ociosa se fue adocenando en incipiente barriguita y flácidos músculos; un reafirme total frente a mi monitor que cortaba el resuello el hombretón, con calzón corto, patazas peludas, abigarrados músculos y pelos por todas partes asomando por su escueta indumentaria, camiseta de tirantes y calzón azul sudado con una triangular mancha de sudor encima de los redondos cachetes-balones de reglamento que era su culo... Un aparte para hablar de este monitor de gimnasio. Merece la pena y le da gustito al pene recordarle... Era un tiarrazo que vi la primera vez en una de aquellas fiestas del Partido Comunista del barrio. ¡No podía ser cierto lo que estaba viendo! Una mole peluda, guapísimo, con una carita de niño malo barbudo, unos ojos traviesos y prometedores de toma pan y moja que te dejo... Él era el centro de atención de aquella fiesta de barrio. La temperatura subió nada más verle detrás de la barra del bar despachado bebidas y bocatas. ¡Qué manazas peludas! Sí, hicimos varias consumiciones y le sondeamos por si conocía algún gimnasio... Casualmente él era monitor en el de enfrente de la plaza. ¡Qué casualidad! Ya lo sabíamos, nos habíamos informado por todos los medios sobre ese cuerpazo: ¿Quién es él, en qué lugar se va a enamorar de mí, a qué dedica su tiempo libre...? Y no fue la cancioncilla del Perales (creo que era) lo que nos aproximó a su vera y a a bordarle entre cubata y cubata, que terminamos moñas... Bueno algo moñas sí que nos comportábamos mi amigo Carlos y yo, que en esos años empezábamos a sacar los pies del plato, él más que yo, que todo lo he aprendido de Carlos, él me llevó la primera vez "a los camiones" (yo creía que había que subirse a la cabina y allí follar con el camionero, pero no, era al lado de los camiones aparcados en la Avenida de América donde se ligaba y hasta se follaba entre camión y camión mientras pasaban las andanadas de coches por la autopista...). Carlos me acompañaba en la fiesta del Partido Comunista. Allí lo vimos, al monitor del gimnasio. Dos días después, o sea el lunes siguiente, los dos nos apuntamos al gimnasio a las clases del monitor... Aquello sí que era porno duro. El gimnasio lleno de jóvenes cadetes que esperaban examinarse para bomberos, policías o agentes dobles... Las duchas. Ay, las duchas y los vestuarios. Eso fue más que el monitor en calzón corto y camiseta de tirantes; eso fue el cuchachito del pollón bendito que nunca, nunca se desnudaba del todo y en un mojado bañador abultadísimo se duchaba y se secaba (con el bañador puesto) y se vestía con la culera mojada cuando salía. Guapo era poco decir de él, pero gilipollas lo era en demasía. Así que los ojos se iban de los aspirantes a policías-bomberos y al mismo monitor que debajo del calzón corto azul manchado de sudor en la entrepierna, en el canalillo del culo y un poco en pleno bulto (¡qué mareo!), llevaba debajo una braga blanca semitraslúcida o muy sudada por la que se le entreveían los peludos güevos y algo morcillón que debía ser su rabo...  Ahogos, lipotimias... No tuvimos otra que dejar el gimnasio (yo el primero) porque las taquicardias diarias me estaban matando. Así que ahora ¿dónde estarás? ¿Cómo serás? Si aún continúas dando tanto morbo a pesar de que han pasado treinta años... ¡Ay! El morbo de tu cuerpo...
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© Juan Rodort, 2017

martes, 23 de mayo de 2017

Con pene, compenetra, con penetración...



Explícita imagen de la que no hay nada más que añadir que no vea, sienta, olfatee, inicie, continúe o deje impasible al espectador que en este caso se reparte por diversos países lejanos, exóticos y que dejan epatado al que suscribe estas líneas, breves, leves anotaciones a una página que miro casi a diario, que mimo con esmero y que espero sea del agrado del mirador. Sí, me gusta el aplauso, la aquiescencia unánime del personal cibernético. No digamos ya del personal de a pie, cercano... De ese espero la alabanza, la lisonja, el parabién y demás ditirambos. Y es que el Leo que anida en mi interior no puede ni acepta otra cosa que no sea lo óptimo, cum laude, perogrullo escrito día a día. ¿Hoy no tiene un buen día el escritor en ciernes? Puede que no. De aquel viajero (El Viajero) no quedan trazas reconocibles. Ha cambiado, transmutado, travestido, tergiversado su imagen antigua de niño malo, de infante sorprendido en falta y no dispuesto al consiguiente castigo o reprimenda. De aquel antiguo viajero no queda mucho que él mismo quiera dar a conocer y sí mucho que desea ocultar. Ahora se quiere convertir en un apacible escritor en ciernes, ¡a sus años! Y es por ello que redunda en imágenes de mal gusto, evidencias que rayan lo pornográfico. Pero como recuerda de un sueño reciente, él estaba charlando con otros viejos soñadores de sueños antiguos y hablaban de eso precisamente, de las imágenes eróticas, homoeróticas y cuasi-pornográficas que empleaba como acompañamiento en su Blog. Con sucesivos y reiterados avisos del soporte digital, de que aquí no hay lugar para esas imágenes explícitas...  Doble moral sin sentido la de la actual sociedad, que corta por rasantes diferentes según a quienes se les pongan a tiro, ya sean influyentes o no. Cuando el escritor en ciernes no tiene nada más que decir, pone una imagen fuertecita o muy atractiva para camuflar sus palabras, que, por otro lado, no sabe si esos miradores internacionales traducen con el socorrido traductor "on line" que hace de las suyas y puede provocar una conflagración termonuclear como mínimo; pues el escritor en ciernes no sabe ni contesta a la pregunta que se hace de si los miradores de su Blog leen realmente sus textos o tan solo miran las fotos. Así es que ahí va esta foto provocadora con pene, compenetra, con penetración...
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© Juan Rodort, 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

Historia de osos...


Érase que se era una vez... un osito que no era de peluche, ni estaba abandonado a su suerte en una cueva oscura y fría, sino que era un osazo peludo de carne y hueso (y mucho pelo) y ni estaba abandonado ni se encontraba perdido dentro de una cueva que no fuera la oquedad húmeda y caliente del orificio anal palpitante que le apretaba el glande hasta estrujar... Un oso rijoso, piloso, carnoso y para nada huesioso (ni huesilocoso, mucho menos huesilocaza). Un oso-oso. Algo soso, la verdad pues con la edad se estaba convirtiendo en un refunfuñón y ponepegas, nunca satisfecho con las cosas del cada día. Un oso alevoso ("circunstancia de haberse asegurado quien comete un delito contra las personas de que no corre ningún riesgo que pudiera provenir de una reacción defensiva por parte de la persona atacada" -en este caso, un oso cavernoso). Pues érase que se era, un oso que en el fondo seguía siendo un osito de peluche, mimosín y abrazador del te quiero-te quiero, dame un besitoooo... Vamos, un oso empalagoso. ¿Y qué le gusta a los osos? Lo que más, más del todo les gusta, lo que les vuelve locos... ¡¡¡Miel!!! Y este oso era un goloso. No había bote de miel que se le resistiera y mucho menos que le durase más de una semana, ¡qué digo una semana, dos días! Un kilo de miel al día... Engordaba el osito a ojos vista, las abejas le huían y se camuflaban en adustas avispas, los panales eran transformados en artísticas esculturas de bailarinas de los ballet del Trocadero, los abejorros volaban con sordina, las abejas con sus pesados disfraces de coristas del teatro chino de Manolita Chen, llenos de tules y frus-frús. Pero el oso goloso-pringoso los descubría a todos a la primera y se zampaba las ricas recolecciones florales, polinizadoras, mieles en ciernes... Todo lo dulce que se la ponía a tiro. Así ocurrió, que con el tiempo (poco, pues no dio mucho margen de recomponerse a mamá Natura), el oso goloso se tragó todas las existencias de miel del planeta cántabro (pues era en esos montes donde osaba y hozaba... Hasta que tuvieron que importar mieles de allende la Comunidad y ahí llegó el fin del fin. La adulteración y contaminación foránea se fue adueñando de la fauna y flora, amén de la autóctona desertización por mor del autoincendio forestal gratuito so pena de hacer pastos p'a las vacas, que este año hay subvenciones para vacas de carne y ya se sabe: pan para hoy, hambre para mañana. El Hábitat quedó destruido. Las parameras asolaron o camparon a sus anchas. La desertización avanzó a pasos agigantados sin encontrar obstáculos ni obstápollas... Aquello fue la polla récord. No plantas, no flores, no abejas y ¡no miel! ¿Lo has entendido? ¡¡¡Se acabó la miel!!! Y el oso goloso se convirtió en un oso lloroso. Al final, desapareció, se extinguió por falta de alimento.
¡Y hasta aquí el cuento! ¿Cuento...? Historias de osos...
Mañana, más... o menos, depende del humor de este oso sado-masocoso.
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 18 de mayo de 2017

Marica vs. Marica



No, no es un remedo del poema de Don Luis de Góngora, "Hermana Marica", pero como si lo fuera o seriese que hoy estoy asaz barroco y dicharachero, vamos. Es en recuerdo del día de ayer que decían de la "Homofobia" (o Día Contra-la-homofobia) y ya se sabe que el peor enemigo del marica es otro marica... La guerra marica, la guerra de los dos maricas, maricas en pie de guerra... Y así hasta cansarse. Y digo yo, ¿no sería mejor volver a eso de "haz el amor y no la guerra" (o la guarra)? Pues ilustro estas líneas con jocosa foto que distrae la atención del malevoliente título ut supra. No, no estoy en contra del ser marica. ¿Cómo podría después de tantos años de luchas, escondites armariles y salidas estrepitosas para reivindicar derechos que no algaradas carnavaleras. Y es que a mí me gustó vestirme de Carnaval en las Carnestortes o Carnestolendas, en su día, vamos y no en fiestas ad láteres al albur del primer fin de semana libre. Ya lo hizo el Santo (Fernando III), que se vengó del cambio de su día festivo por un "lunes-de-resaca" nauseabundo se mire como se mire; así les fue, que las tempestades y lluvias y fríos deslucieron las sucesivas fiestas mayores de esa ciudad (que no se nombra porque no hay que mentar la soga en casa del ahorcado)... Y volvieron a recomponer al santo patrón de tan egregia ciudad en su sitio de siempre (dentro de unos días será su Día, fíjate tú). Pues después de este dislate y lapsus, vuelvo a mis barroquismos mañaneros. Y es que no hay nada como el agua de mayo... toda la noche lloviendo mansamente para que la tierra se empape; eso sí, ha jodido cosechas y demás, pero las cosechas de este año ya estaban apuntadas a la pertinaz sequía, ahora se apuntarán a las inundaciones de esos rastrojos prematuros... Mierda de Mundo. Dos palabras que también empiezan por M (de Marica). Me entero de la jugarreta que le preparan a la asociación Greempeace en las Canadases del norte ese boreal donde están arrasando los bosques primigenios (¡ah! ¿pero quedan bosques de esos todavía?); llamada de auxilio y ayuda de cualquier tipo (de la buena, que la de hundir ya tienen sobrada) para sostener a esta organización de protesta que nos está salvando lo poco que queda por salvar. ¿Y estas cositas a las maricas de pro, qué? La marica siempre ha sido una reaccionaria de mucho cuidado. ¿Que soy anti-marica? Puede, yo me lo puedo permitir (el que esté libre de la piedra que tire la toalla, o similar). Nunca vi maricas ecologistas, que les gustase la Naturaleza que no fuera del mondongo según se baja entre las entrepiernas. No, aunque la marica se vista de seda, marica se queda... Y no hablo más que me tildarán de homófobo fuera de su día. Así que, lo dicho: Marica vs. Marica.
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

¡Ay, qué gusto! ¡¡¡Ay!!!


Sí, no me mires así... Ya sé que te alegras de verme otra vez, que tampoco hace tanto que lo hemos dejado ¿no? Pero tú siempre estás dispuesto, hijo, lo tuyo es que no tiene nombre... O sí, sí que lo tiene: salidillo, que te gusta más mojar el churro que a mi unos jeringos bien crujientes y calentitos. De eso se trata hoy ¿no? de mojar el churro-jeringo en el orificio anal. Sí, no me ando más por las ramas y me pongo en posición. Ay, lo que hay que hacer por las tiernas criaturas estas de ojitos de cielo y pene enhiesto permanentemente. Él, a lo suyo, a meterla. ¿Es que no te cansa nunca? ¿Es que no vas a probar otra cosa que pan todos los días? (O pene). Sí, ya sé que te da morbo y te pone a mil el que yo me haga el estrecho y empiece a far grititos maricas de ¡¡¡no, no, nooo!!! Pero no hay otra ¿verdad? Y aquí el que no corre, vuela. Y ya lo dice el refrán: Ave que vuela, a la cazuela... Que algunos quisieran tenerte en la misma situación en que yo te tengo, pero es que, hijo, todos los días, a todas horas... Cansa. Por lo menos los esfínteres ya lo están un pelín irritados de tanto mete-saca; porque, esa es otra, a ti lo de ponerte goma lubricada o algún suavizante-hidratante para pieles escocidas (las mías) como que no te da morbo -dices-; tú, a pelo. Yo apelo al sentido común. ¡Joder! ¿Quién me mandaría liarme con un niñato que tan solo piensa en follar? Sí, no me paro más, ya estoy en posición... tú a lo tuyo, sigue, sigue... sí, que me da mucho gusto; sí, el gusto es mío. ¡Ay, qué gusto! ¡¡Ay!!!
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© Juan Rodort, 2017

martes, 16 de mayo de 2017

пенис, кран, хер... (pene, verga, polla...) ¿Ensaladilla rusa?





Pues tenía que escribir algo, que así, a palo o pene, verga, polla en seco... la cosa escuece un poco. Y este ha sido mi pequeño salto travieso ante la audiencia eslava del Este Ural. Los tres Urales de las tres fotos tienen un buen bastón de mando y buen punto de mira... Ya, fácil escritura para después de cometida la imprudencia de utilizar el traductor Google hispano-ruso. Así se declararon tantos conflictos internacionales, supongo. Pero...

viernes, 12 de mayo de 2017

¡Sabía que eras marica!


¡Lo sabía, lo sabía! Desde la primera vez que te vi en aquel desfile carnavalesco hace seis años, entonces me dije que tú eras marica. Lo disimulabas, te hacías el machito dando muestras de ademanes supervaroniles exagerados que no venían a cuento; y quedabas en evidencia... Y es que el ojo no engaña, o la experiencia de ver tanto armario caminante por las calles, por los bares "normales"; armarios bloqueados con maricas latentes encerrados en ellos. Y tú, además de guapo y más que lujurioso pensamiento adivinando tu cuerpo desnudo, tu torneado miembro viril (¡me encanta decirlo en vez de polla!) resoplando bajo tus apretados pantalones, colganderos, mostrando parte de los calzoncillos (de marca, por supuesto) y casi delimitando tus nalgas al agacharte... Tú eras (lo sigues siendo) guapo, terriblemente guapo, de una guapura rayana en lo doloroso; y es que tus ojos me cautivaron, tus extraños ojos de un color adivinado entre violeta y dorado. Pero lo verdaderamente sensual, sexual, lúdico, espeluznante de sostener la mirada en tu boca: tus labios...
Te escribí poemas de rendido amor, te hice fotos a escondidas, mientras tú mirabas para otro lado... Te dibujé en posturas pornográficas donde yo me imaginaba ser el centro de tu atención... Por más que nunca, nunca me dedicaste una sola mirada, pasabas por encima de mí como si no existiera. No te lo reprocho. Reconozco que te asediaba día y noche, esperando que salieses de tu casa, observando las idas y venidas tuyas; verte pasear por las calles del pueblo en compañía de tus camaradas... Los días de fiesta vestido con aquellos trajes casi carnavaleros que os hacían pertenecer a una determinada cofradía, filae decíais allí. Sí, tú eras todo el desfile. Una vez que tú pasabas ya no tenía ningún sentido seguir esperando el paso de los otros, de las otras formaciones, de las carrozas engalanadas... La fiesta eras tú solo. Durante tres años estuve haciendo fotos a escondidas de tu paso, de tu desfile. Durante tres años intenté que vinieras a casa para encargarte algún trabajo de tu especialidad (yo mismo rompía las piezas para que tú las arreglases después). Y comencé a vislumbrar en tus ojos el reflejo de un no sé qué extraño, una loca luz de deseo insatisfecho, algo que no te atrevías a decir con palabras pero pedías a voces con tus ojos.
Y hoy te tengo asido de tu verga, tragando tu esencia viril (tu leche, lefa; lo prohibido), soy tu fiel confidente. Confidencias que han surgido después del primer polvo. Tú no querías, decías que tenías miedo del dolor, que te pudiera hacer daño... Y es que todos dicen lo mismo cuando están deseando que se los folle un oso despiadado. Porque mucho presumir de polla, pero de lo que tenías ganas era de ponerte mirando a Cuenca, oferente. Y no he tenido más que cumplir con tus deseos, con mis deseos. Esa ha sido nuestra primera vez, ahora seguimos para cumplir los ritos (como el baile de sevillanas, la primera, la segunda, la tercera y la cuarta...) sin prisas. Después de seis años de espera... ¡Sabía que eras marica!
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

¿Cómo volver a ser un marica bueno? (y no morir de aburrimiento en el intento)


Bueno, bueno, bueno, lo que se dice bueno... este muchacho sí que está bueno; pero no es a esa buenura a la que se refiere el anuncio de entrada, no. Porque si el chico de la foto en blanco y negro (que si fuera en color distraería mucho la atención del texto y no es esa la intención de estas líneas, no) se aburriera o aburriese... entonces ¡apaga y vámonos! El fin del mundo (marica, por supuesto). Tamaña perfección y belleza mórbida, de esa que destroza la razón y nubla los sentidos preternaturales (nunca he sabido a ciencia infusa cierta cuáles eran dichos sentidos), que el chico está de toma pan y moja y más derivados del chorizo, jamón de pata negra ibérico por más señas que lo demás son sucedáneos. El chaval modosito y buenísimo parece que no se aburre, tan solo se ensimisma y no es para menos que se deje llevar por esa ternura autoamatoria. Si es que no hay cosita más linda que darse de abracitos uno mismo y convencerse de lo bueno que es uno, de lo bueno que está uno, de la buenez sin mácula de aburrimiento. Porque lo primero que se piensa nada más ver al susodicho fotografiado de arriba es ser un sátiro, sádico, salidillo babosete que se va a lanzar a las partes esas donde el vello del bello son más tupidas: en mitad del zocotroco (cómo la gusta a este muchacho emplear la palabreja que nada tiene que ver con mercados árabes, arabizantes, arábigos-andaluces sino con la verga pura y dura, sobretodo bien dura... Y ya llegamos a la perversión lingüística y el modosismo propuesto se va al carajo (nunca mejor dicho). Total que el propósito de la enmienda (lo de los pecados al confesor queda en suspenso para materia reservada a septiembre) se ha ido al traste; tal vez no haya sido la mejor elección de modelo para ilustrar estas líneas, pero ¿importa? La duda asalta las buenas mentes que se lo han creído todo desde el principio... No, hijo mío, no: tú eres y seguirás siendo un marica malo-malo-malo, malísimo. Te lo digo yo, que vengo de vuelta y ya para lo que me queda en el convento... para qué ser bueno, para qué morir en el intento, para qué... Mejor dejarlo ahí.
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© Juan Rodort, 2017

martes, 9 de mayo de 2017

Epatado estoy...


He dicho e-pa-ta-do que no em-pal-ma-do, aunque más abajo quizás lo demuestre y no por fardar ni nada por el estilo, sino para que quede constancia de que el mocito de arriba produce tamaños desconsuelos en los medios (no de comunicación precisamente); porque qué se puede sentir ante un portento semejante al alzador de brazos sino que ofrecernos sus axilas peluditas y olorosas (preferiblemente, a macho-macho que no a cerdazo) y todo ese pelillo desparramado por las ingles o más arriba donde la morcilla salchichera cae por su propio peso. Una razón de peso, de mucho peso diría yo en este caso ¿no? Y es que no encuentro más palabras para alabar o a lavar los gayumbos manchados de reciente corrida que no ha podido resistirse explotar al verle alzar sus bracitos y dejar a la mera contemplación y adoración y subordinación... toda su terminación, que toda acción será poca ante tanta carne... Carne, carne, carne... rica carne. Lo dicho, más que empalmado, epatado estoy...
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© Juan Rodort, 2017

viernes, 5 de mayo de 2017

Y vuelta al verano... ¡agárramela con la mano!



Pues no, no nos esperaba él precisamente; aunque hubiera sido una grata sorpresa que nos hubiese recibido daquesta guisa el infante pollón de cuerpo abierto, esperando que le diésemos su merecido. Sí, con esa carita de niño bueno... ¡Ay! si yo te contara... Cuente, cuente, conmigo puede... Que diría el guión cinematográfico cateto aquel, que no soy yo, sino él... Y hablando de guiones y zocotrocos varios como el que ilustra la foto... ¿Qué? Sí, siempre pensando en lo peor o mejor, según se mire, que yo no me ando por la ramas, que yo voy a tiro hecho, aquí te pillo y aquí te la meto... (lo de matar es harina de otro costal, no para este mocito mañanero).
Lo que tiene este loco tiempo que me vuelve más loco aún; cambio-bajón de presión atmosférica, vientos del sur calientes. Y vuelta al verano... ¡agárramela con la mano!
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 4 de mayo de 2017

Primavera-Verano... Invierno, otra vez



Es lo que tiene este tiempo variable, que sales de casa en Primavera, llegas a Madrid y parece Invierno para encontrar un anticipado Verano en Alicante y vuelta el Invierno en Cantabria... Todo ello en menos de una semana. Y hemos encontrado unos plantones de hortensias quemaditos por la helada, la hierba en plan jungla tropical, los frutales ya casi para hacer mermelada (exagerando, pero gorditos los frutos sí que están). Y yo mismo sordo perdío (eso es otro cantar, pero lo estoy, que no oigo del derecho... total, pera lo que hay que oír, sobretodo de las derechas...). Y cansado, cansado del evento familiar, la hégira por media España en diáspora festera llena de motorizados asesinos en potencia que te la hacen y te las juegas sorteando sus raudos vehículos a más de 150 km/h (ellos no pueden ir a menos llevando un merceditas cambió de color, alfonsito que estaba a su vera fue y le dijo: ¿qué tienes mi amolll?, sus peugeot-peugeot, sus cabriolés y otras lindezas mecánicas armatósticas, horripilantes de feas (plástico duro camuflando los fallos del código de barras)... Y nosotros con nuestro cochecito (siniestro total, ya ni se molestan en repararlo, es más barato darlo de baja, total por un rasguñito de nada, pero ya no fabrican piezas de 1998) poto-poto-poto a 100 km/h, tranquilamente viéndoles pasar raudos y enfatizados manejando armas rodantes que te arrinconan a medio metro pasando, adelantando (ellos no pueden tener un cochecito tan pequeño delante, faltaría más). Pero aquí estamos. Nuestros Hados y Ángeles de la Guarda nos han protegido de los inicuos e infames conductores-kamikazes (que se maten ellos si quieren, yo les digo: corre, corre que a lo mejor hasta llegas...). Así que así estamos, en una Primavera-Verano... Invierno, otra vez.
¿Y el muchacho? Pues es para quitar el frío y admirar eso que todos han mirado nada más abrir la foto, sí las partes medias en alza-salchicha dura por fuera y caliente por dentro que quema y chorrea...
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© Juan Rodort, 2017

martes, 2 de mayo de 2017

Calor, cálido, caliente, calentorro y calentón


Con el culo en remojo estoy después de esta caliente sesión... y tomando un cafelito para despejar la cabeza, ay qué dolor, qué dolor que pena... o ¡¡¡qué pene!!! Sanjesúsbendito me asista, que me ha dejado el orificio con un calor, cálido, caliente, calentorro y calentón...