jueves, 27 de abril de 2017

Hasta el cuarenta de mayo... no te desnudes, que me da el infarto



...No te quites el sayo (prenda de vestir holgada y sin botones que cubría el cuerpo hasta la rodilla) dice un refrán, o sea, que no empieces ahora con el estriptease, que tú lo que quieres es calentarme enseñándome la polla... Bueno, por mí, que no quede, tú enseña, enseña todo lo que quieras que para eso puedes y debes hacerlo, para que todo el mundo te admire el cuerpazo que Mamá Natura te ha dado y tú enseñoreas lamar de bien. Y que un buen bañito de rayos de sol sí que te vendría bien que estás algo crudo de piel, aunque no voy a hacerle ascos ni a tus pelitos ni a tu blancura de niño bueno que no se ha puesto al sol o a los malditos rayos uva-mala-uva que tiñen de falso moreno las pieles de los clones gimnásticos que pululan por la Red ávidos de ser mirados y bajados a pantallas de servidores y adoradores de La Belleza (masculina, claro). Y esa sonrisa amplia... Es lo que yo digo (copiado de aquella peli estupenda de tres historias en N.Y., gays por supuesto): Si encima eres inteligente, Dios no existe. Pero eso ya todos lo sabemos, la no existencia de ese Dios partidista de religios-fanáticos que se apropian de una idea filosófica para universalizarla o hacerse servidores de una invención que unos listillos tuvieron a bien de imaginar para no pegar golpe y vivir a cuestas y sobre y de los demás sin pegar palo al agua... (debe ser una antigua costumbre pesquera fluvial, creo). Que eso, que no existe nada superior a esa sonrisa tuya, maldito niñato que me estás matando con tanta guapura y ese pedazo zocotroco que Dios te dio, ¿o fue Mamá Natura? Lo mismo me da, eres un bellezón digno de traer a estas páginas para calentar mi corazón aterido, o mi cuerpo más aterido por estos altibajos, más bien bajos ceros que nos han caído de golpe haciendo invernales estos días de Primavera (la sangre altera, la mía más). Porque nos ha caído una nevada del copón bendito, ahora que los frutales empezaron a asomar sus frutitos y las flores estaban tan llenas de vida... esta mañana estaban arrugadas del frío y la lluvia (en estas alturas sólo ha llovido, pero en los montes cercanos hay una capa blanca preciosa que bien habría venido meses atrás, cuando era verdadero Invierno y no ahora... Tiempo loco, tan loco o más que mis pensamientos al verte, niñato maldito que me estás matando con tu belleza y ese quitarte el sayo no siendo el cuarenta de mayo... Pero se te agradece, corazón, que calientes el mío con tu sola presencia y esa sonrisa...
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 26 de abril de 2017

Caliente, caliente, tan caliente que quema...


Cuando calienta el sol ahí en esa playa caliente y tórrida que el pobre muchacho se está quedando como una salchicha, quemado por fuera y crudo por dentro... como a mí me gustan, en su jugo, chorreantes de grasita.
Un gustazo, vaya. Y no hay mejor forma para calentar el ambiente frío y lluvioso de este raro día primaveral que ver las carnes en flor de este divino portento. Y pocas palabras más que decir que la imagen no diga. Ya, si acaso, lo único que le falta es el tacto -ese poco tacto que me caracteriza a mí, pero eso nada tiene que ver ahora- para que la imagen sea perfecta: el tacto y el olor-aroma-sabor que hay que probarlo, degustarlo, deglutirlo, succionarlo... Sí, ya estoy dale que dale con lo de siempre, pero es que tengo frío y es la única forma que encuentro para calentarme el ánimo... y las partes medias; eso que está por ahí esperando el verano, caliente, caliente, tan caliente que quema...
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© Juan Rodort, 2017

martes, 25 de abril de 2017

Esclavo del placer



¿Él o yo? No sabría decirlo, si el esclavo es él o soy yo el esclavizado por su belleza... Pero he dicho belleza y no me he referido al placer. El placer de admirar la belleza (masculina, por supuesto), el placer de sentir esa belleza, de poder o imaginar tocarla, hacerla mía (mío, el bellezo siempre es masculino). Doblegarlo ante su magnificencia que avasalla por el solo hecho de estar ahí en continuo manifiesto... Recuerdos antiguos de otras épocas en las que ya no me reconozco, recuerdos en que aquellos "Manifiestos" eran sacralizados y adorados, interiorizados, mimetizados... Manifiestos pontificales donde el aroma de inciensos y velas quemadas en olor de oraciones simples como yo mismo lo era entonces... No, no es éste el manifiesto, ni el manifiesto político (aunque hubo quien dijera que toda acción siempre es política). Incluso aquellos manifiestos políticos (politizados) eran bellos; los manifestantes eran bellos ejemplares para sodomizarlos y doblegarlos ante su escondida belleza, bajo aquellas ropas desarrapadas y melenas en las que no había entrado el jabón o el peine (eso decían de ellos, de mí mismo cuando iba vestido de paramilitar de segunda mano comprado en El Rastro; era la moda). Pero este morlaquillo que sonríe a sabiendas de su potencial y su belleza; él lo sabe, es bello aunque se doblegue, genuflexione, sude exude placer acumulado de otras veces, de cuando era dueño y señor de mis actos -como lo sigue siendo ahora-. Esclavo del placer.
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© Juan Rodort, 2017

viernes, 21 de abril de 2017

Música en tu piel

¿Que ya nos habíamos visto? Ahora que lo dices... Sí, eras tú el "violín de ingles" (o de Ingres, pero tú te llamabas Peter ¿no?). Violín en las partes de Peter... 
Y tú, danzas o te retuerces al tibio contacto del sol en tus partes medias. Las Partes Medias (algo así como una Tierra Media homosexual perdida sin remisión y es que Mr. Frodo era algo así como sus amiguitos, un poco... así ¿no? con anillos porque eran pequeños y sus anos eran igualmente chiquitos... ¿que no era por ahí? pues no sé por dónde se lo harían...). Desde luego este muchacho es oriental ya sea del continente asiático o del cono sur americano, suave piel musicada al leve y breve murmullo de los rayos del sol de la tarde...
Y otro violín o violinador, puesto que ya violina él o hace que toca o se lo toca "el instrumento"... ¡Menudo instrumental lleva en los medios! Y qué cuerpazo para nada de esas Tierras Medias, esto es un hombre como los cánones mandan (violín más o menos aparte, que no le hace falta tocar nada para ser mirado, tocado, escuchado). Su piel vibra a la dorada luz de los focos sobre fondo gris neutro, no hay más que verlo y ya se le escucha el son cantarín de los vellos bellos musicados (o hace que los repentiza de memoria).
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 20 de abril de 2017

Orga(ni)smo


Pero... ¿quién es él? ¿En qué lugar se reposa de esa forma exultante? Provocador agente de todo lo inimaginable ahora sin necesidad de imaginar nada sino de ver, de contemplar, de adorar, de caer subyugado ante su enhiesta y torcida, retorcida turgencia. Y se diría que no hemos visto nunca un pene, polla, falo, pito, zocotroco como el del morlaco de la foto... Pues la verdad sea dicha, con tanta parsimonia y cachondez de a verlas venir o ahí me las den todas (ya quisiera) de frente y de perfil o por las retaguardias propensas a duros combates enmascarados. Sobran más palabras de ensalzamiento y alabanzas a lo explícito y evidente: está como él quiere estar, expuesto para todo sobre un organismo de huecos vivos donde se rebullen organismos vivos en continuo orgasmo de vida y donde hay vida hay esperanza... de que mire para esta parte y se dé cuenta que le estoy mirando con intención (mala, por supuesto y pecaminosa, además). ¡Mira de una vez, coño!
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Organismo vivo. Vivo en un continuo orgasmo. O es este aire salino que me pone de un vértice supino... El mar, la mar, las rocas, las olas, el sol... y aquel pedazo cuerpo total y de una pieza en clave de ven que te voy a dar lo tuyo y bastante más de esto que se me alza solo sin control... Pensamientos, malos pensamientos, pensamientos impuros (¿impuros? ¿malos? ¿pensamientos?): Deseo. Carne. Calor. Sudor. Sexo... Orga(ni)smo.
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

Duro y maduro como un puro



Lo de los ricitos en el bigote me parece algo bastante mariquita, por lo menos a servidor no le gustan los bigotes relamidos y engominados. Hubo un tiempo de primera juventud en que me dio por engominarme las puntitas del bigote para parecer al divo pintor loco del momento aquel gris de la España profunda y oscura, más bien gris y cateta en que me vi envuelto en mi primera andadura por la dura vida ¿marica? Bueno, yo no diría tanto; que el ser marica entonces conllevaba el arresto domiciliario, el repudio, la ignominia mofa y befa y escarnio público y privado... todo un reto social el declararse abiertamente marica y no vestirse de faralaes ni llevar tacones haciendo mariconadas y aspavientos... Pero eso de engominarse los belfos... cosa de críos, de estudiantes aburridos en las clases de latín o filosofía (¿quién sería el tal Plotino?). Y ahora he aquí esta foto bajada del sacrosanto portal googlero para ilustrar tamaña parrafada, que hay días en que no se me ocurre nada y otros en que más vale contenerse por si las moscas censuriales barren para casa y hacia derechas como en el país vecino he creído leer, pero no me hago caso que estoy más bien p'allá que p'acá. Pues esta foto de maduro, duro con el puro asomando por la camisa abierta (aunque tenga ese bigotito engominado y rizado con cuernecillos de gnomo travieso y algo mariconzón. Este buen mozo, hombretón, madurete corpachón es mi vivo retrato (salvo los ricitos, claro) y no me gusta verme retratado ni asemejado en la red promiscua esa, esa del otro lado de la pantalla, esa que todo lo guarda y ventila cuando menos se espera y desea. La Red de redes cibernética que conserva todas y cada una de las faltas ortográficas cometidas por el rápido teclear sin hacer caso de las autocorrecciones del diccionario googleriano que ya le vale y puede crear un conflicto termonuclear a la menor de cambio y una palabra errónea por otra mal tecleada. No sé como terminar con esto. El caso es que el tipo de la imagen es duro y maduro como un puro... (o el puro es el que me van a meter a servidor por no corregir mis textos...)
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© Juan Rodort, 2017

martes, 18 de abril de 2017

No hay mucho más que decir...


Tocata a una mano descuidada, desnudo de todo artificio. Tres notas. Mirada baja. Silencio. No hay mucho más que decir...

miércoles, 12 de abril de 2017

¡Ni hablar de...sexo!


¡¡¡Esa manecitaaaa!!! Y es que no hay forma de que se decida a destaparse del todo, él no. Mucho desnudarse y luego, a la hora de la verdad, nada, la mano pegada a las ingles, tapando lo mejor que tiene este muchacho; que es por ello que le he convencido para que posase desnudo... Totalmente. Pues no. No ha habido forma de que se despegue la manecita del sexo. Confunde lo hermoso con lo "pecaminoso" y con las fechas en las que estamos... ¿Qué tendrá que ver la verbena con la butifarra? Quizás las berenjenas se asemejen un poco: verbena=berenjena, butifarra=cosa guarra... Es lo que él piensa de esa parte central de su anatomía... Ana-tomía (o ana-tosuya) que este muchacho es muy suyo. Y digo yo ¿por qué habrá consentido en posar en bolas si luego se pone pudibundo con su mano tapando "las vergüenzas"? O es que piensa que me voy a abalanzar sobre él y hacer sexo guarro, que sería lo ideal, porque el chico está de toma pan y moja varias veces durante años y no cansarse, pero él, erre que erre: ¡Ni hablar de sexo!
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© Juan Rodort, 2017

martes, 11 de abril de 2017

Sagrado desnudo (masculino, claro)

 1.- Desnudo único y no hace falta más para extasiarse en su absoluta belleza
2.- Doble desnudo, duplo, duplex, dos mejor que uno... Depende de los gustos y apetencias.
3.- Trío de desnudos parecidos o similares que se dirían trillizos... ay, quién pudiera estarles cerca, cercarlos en esa transparente cerca sobre la naturaleza desnuda...
4.- Cuarteto desnudo en blanco y negro, como un paréntesis de belleza enlazada...
5.- Quinteto desnudo, en demasía se expande la belleza (masculina) mostrando su magnificencia, sagrado desnudo (masculino, claro).

viernes, 7 de abril de 2017

À poil... a pelo, a pluma, pero sin pluma...

 
Es lo que se dice en francés: à poil, a piel, a pelo, apelo a su buen criterio y que la próxima vez el chaval no se rasure el clítoris, digo el pubis pecata mundi, miserere nobis o novios. Me gusta ver el espíritu libre y desnudo de todo atavismo:

atavismo: Del lat. atăvus 'cuarto abuelo', 'antepasado' e -ismo.
1. m. Comportamiento que hace pervivir ideas o formas de vida propias de los antepasados.
2. m. Biol. Reaparición en los seres vivos de caracteres propios de sus ascendientes más o menos remotos.
(Real Academia Española ©)



El salto de la rana o hacer la rana, el toreo de aquel famoso toreador que habría tenido mucho mayor éxito ataviado de aquesta guisa... marica a tope y a topos ¡ay, qué risa! El puntazo dorado de los extremos duros es lo más... Mira tú que se parece a un vecinito que he visto esta mañana salir de la casa de enfrente pero tapado con sudadera y capucha, ¿sería para que no se le viese la testuz:

testuz: nombre ambiguo
1. Frente o parte superior de la cabeza de algunos animales, especialmente de los caballos.
2. Nuca de algunos animales, especialmente del toro, el buey, la vaca y otros animales que tienen cornamenta.



 Mira tú qué mono el chaval, pintado "à poil" o al estilo polichinela gay (por lo de la polla rossa, digo yo). Total que esta breve muestra de indumentarias a pelo y a pluma, pero sin plumas -de momento- me está quedando algo churri mangurri:
churri:
1. adj. And. Gárrulo, enfadoso y sin sustancia.


mangurri: mangurrino, algo así como un ser detestable, pierdemisas y cierrabares, especialmente dotado para todo tipo de bellaquerías, trapacerías y otras sinvergonzonerías del más variado pelaje... (dicen por ahí, sin ninguna voz autorizada que lo mantenga).


Y el susodicho de ahí arriba, con esa plumaza propia del ¡olé, torero! o de que ¡ya terminó la faena! o un paso de jota extremeña o campurriana, según se mire... poco que mirar (sí, ya sé que siempre miro ahí en medio, qué le voy a hacer si soy así de mirón. Lo que sea, será, pero es que me parece que el susodicho del "pas à deux" se le han caído las plumas cosa fina. Y no soy yo de esos que dicen las cosas ex-cátedra, que me equivoco y no quiero dogmatizar ni enfatizar... allá cada cual, con su pan se lo coman... No lo puedo evitar, soy así de tozudo, ya sea "á poil"... a pelo, a pluma, pero sin pluma...
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 6 de abril de 2017

¡Jodido, pero contento!


Supongo que hay gente para todo y que les guste lo de las ataduras, duras o blandas, pero ataduras al fin y al cabo. No soy partidario del martirio ni del sufrimiento aunque sea por amor, o por vicio, o por cualquier otra razón o causa; no, no me gusta y punto. Pero confieso que hubo una época (lejana y sola) en que me sentía intrigado por esos juegos de salón oscuro y guantazo y tentempié a que algunos eran tan aficionados (por no hablar de guarrerías mil como la de hacer pis encima de ellos vestidos o desnudos mientras gozaban con la humillación y el líquido caliente o maloliente después de trajinar birras de marca vulgar y alcohólica de las que no quiero acordarme so pena de revoltijos gástricos). Pues los había, sí. Disfrutaban como posesos con mis palmetadas o meadas o invenciones al poder de aquel estúpido momento. No es que ahora lo considere una pérdida de tiempo pero no me recreo en su recuerdo y me parecen escenas como si me las hubiesen contado o visto en películas porno de bar-gay-cuartoscuro sin ir más lejos. No, no llegué más lejos. Incluso denegué mis encantos a un locuelo que empezó a sacar adminículos de cuero y tachuelas de un armario a la vez que le cambiaba la cara a lujuriosos rictus y ensalivamientos mientras me incitaba con un ¡póntelo! (¡pónselo! seguía el anuncio posterior de sexo seguro). No, ni muerto me iba a poner una mascarilla con dos agujeros para la nariz y punto pelao o aquellos bragueros tachonados de puntas de acero o qué se yo qué más... Salí tarifando de su apartamento y él no volvió a dirigirme la palabra cuando nos encontrábamos frente a frente en alguna de las barras de esos bares-gays-cuartoscuros (en esos, poco, porque huía yo de oscuridades después de tristes experiencias que no vienen a cuento). Felices y contentos se quedaron los masocas palmeados o meados. Nunca tuve queja de ellos, es más, me buscaban para que les repitiera los ritos de meadita o palmetadita o una follada en plan martillo pilón ametrallándoles las retaguardias... En los anales (nunca mejor dicho lo de anales) de la historia marica quedan aquellos grititos y el preguntarles: "¿te hago daño?" y contestar con voz de placer al límite y ojos de carnero degollado: "¡¡¡Síiiiii!!!" Y yo seguía hasta desmadejar la cama o caer directamente al suelo donde continuábamos con la función circense... El caballito: él a horcajadas sobre mis caderas mientras le penetraba ensartado y correteábamos por el apartamento (el suyo)... La taladradora: ya te puedes imaginar... La sillita la reina: otro tanto de lo mismo... En fin, que ellos quedaron felices (yo, más). Y es que ya lo dice el dicho marica: ¡Jodido, pero contento!
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 5 de abril de 2017

Mejor que en pareja... en trío


Aunque dicen que tres son multitud, no es nuestro caso; somos tres y muy bien avenidos, no tenemos preferencias de rango, espacio, posición o gustos. Somos un todo, una unidad plural que más bien parecemos un anuncio televisivo pre-campaña electoral... Triunvirato, tanto monta, monta tanto, lo mismo nos da, siempre que la dicha sea buena, que lo es y mucho y muy satisfactoria por cierto... ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Hace falta explicarlo? ¿Recordarlo? Tal vez, ahora que ellos duermen y yo ensueño los momentos eternizados de placer dilatado, prolongado, extasiado... y todos los epítetos sobran. De puta madre. Así, a lo basto. O tremendamente feliz, como quieras mirarlo. Yo lo veo así. Somos tres y venimos funcionando sin mayores problemas que el espacio físico de tener que ampliar la cama, o de buscar nuevos emplazamientos como este frío y duro suelo que nos refresca del horno carnal a que hemos llegado rezumando calorías y emanando sudoraciones que han sido lubricante para nuestras pieles ardientes. Ya. No voy a seguir enumerando los movimientos pasados no hace ni cinco minutos. Ellos duermen no porque hayan trabajado más, que lo hemos hecho al unísono ya que a la par sería ir dividiendo nuestra unidad tría en parejas, de dos en dos: tres combinaciones de a dos ¿o son cinco las parejas resultantes? Y qué más da. De tres en tres, uno pegado al otro y al otro y los otros pegados a uno (puedo ser yo mismo ese uno, pero qué importan los números ahora? El resultado, el efecto resultante de nuestra tría combinación es lo único importante y que dure lo que tenga que durar. El instante presente es maravilloso. Los siento latir a mi lado, al unísono; sus respiraciones acompasadas con la mía, su calor entremezclado con el mío. Su tacto dejado suavemente de una pierna sobre otra o un brazo sobre otro... No hemos buscado nada en concreto, ha surgido casualmente así, de manera que ni nos planteamos las continuaciones de esta aventura del abrazo en trío; mejor que en pareja... en trío.
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© Juan Rodort, 2017

martes, 4 de abril de 2017

¿Algo más fuerte que el sexo?


La Belleza. La pura y simple armonía de sus músculos en reposo, de su sexo en reposo, de su piel plácida y templada después del goce digital... Un hombre desnudo en mi sofá, a la espera de algo más que ese forzado empuje de la carne contra la carne dura y caliente. ¿A la espera? ¿O para quedarse? Eso él lo decidirá en cualquier momento, yo nada le he pedido ni prometido; ha sido espontáneo, un encuentro casual, sin premeditar nada. Él está de paso por la zona. Yo ya no estoy para más historias, si lo quiere así, bien, si no, también. Pero ante tanta belleza me quedo pensando en otros días por estas mismas fechas apresuradas para hacer penitencias o pecados que lo mismo eran pues la piel y algo más profundo ardían de placer en gestos prohibidos y sobresaltados, en el puro placer de pecar por saltarse la norma, por ser anormal... Y de eso casi han pasado los... muchísimos años para anotarlos sin que entren vértigos de declive. ¿Quién puede amar la Belleza en declive o madura, o en franca marchitez? ¿Él? No hay más que mirarle (admirarle) para comprender que si se quedara conmigo al cabo de pocos años las diferencias serían tan insalvables que mejor es dejar las cosas tal como han ocurrido... Y ha ocurrido algo maravilloso, tal vez sólo para mí. Maravilloso y espeluznante. La Belleza puede matar con su simple visión. Mirar este cuerpo me está matando. Es tan doloroso tenerlo enfrentado a la tibia luz de la tarde... Sentir su aroma de sexo fresco, su intenso aroma de piel sudada y aún mojada, intercambiados fluidos nuestros, parte de ese sudor mezclado con el mío y en mi propio cuerpo su sudor abduciéndome la piel célula a célula, apropiado de mi ser; imposible apartar la mirada de su cuerpo, de su sexo que he tenido tanto rato, que me ha tenido, que nos hemos tenido... ¿o no? Ninguno se he tenido ni entregado. Ha sido así, sin pensar. No tengo idea de qué puede él haber encontrado en mis blancas carnes para nada turgentes, recuerdos borrados de hace... tantísimos años en que me sentí joven e inexperto de verdad. Y lo era. Lo fui. Él lo sabe, aún lo soy; mi inexperiencia ante la Belleza sigue intacta, como el primer día en que me enfrenté a Ella (a él, fue mi primer amor adolescente, ¿amor?). ¿Qué puedo hacer ahora? Esperar y disfrutar de su sola visión, aún a costa de morir un poco más si sigo contemplándole ahí sentado, abandonado, semitendido, extendido, de mis ojos prisionero, prisionero yo de su cuerpo... Ha sido solo sexo... Me reafirmo, quiero convencerme de ello; sólo ha sido sexo. ¿Algo más fuerte que el sexo?
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© Juan Rodort, 2017