lunes, 13 de junio de 2016

¿Porque los tiempos están cambiando?




THE TIMES THEY ARE A CHANGIN

Venid gente, reunios,
dondequiera que estéis
y admitid que las aguas
han crecido a vuestro alrededor
y aceptad que pronto
estaréis calados hasta los huesos;
si creéis que estais a tiempo
de salvaros
será mejor que comencéis a nadar
u os hundiréis como piedras,
porque los tiempos están cambiando...

Venid escritores y críticos
que profetizáis con vuestra pluma
y mantened los ojos bien abiertos,
la ocasión no se repetirá,
y no habléis demasiado pronto
pues la ruleta todavía está girando
y no ha nombrado quién
es el elegido,
porque el perdedor ahora
será el ganador más tarde,
porque los tiempos están cambiando.

Venid senadores, congresistas
por favor oíd la llamada
y no os quedéis en el umbral,
no bloqueéis la entrada,
porque resultará herido
el que se oponga;
fuera hay una batalla
furibunda
pronto golpeará vuestras ventanas
y crujirán vuestros muros,
porque los tiempos están cambiando.

Venid padres y madres
alrededor de la tierra
y no critiquéis
lo que no podéis entender,
vuestros hijos e hijas
están fuera de vuestro control
vuestro viejo camino
está carcomido;
por favor, dejad paso al nuevo
si no podéis echar una mano,
porque los tiempos están cambiando.

La línea está trazada
y marcado el destino,
los lentos ahora
serán rápidos más tarde
como lo ahora presente
más tarde será pasado
el orden
se desvanece rápidamente
y el ahora primero
más tarde será el último
porque los tiempos están cambiando

(Bob Dylan)

Pues más bien parece que "La vida sigue igual" (Julio Iglesias)

De verdad que espero un cambio, pero a mejor...
Juan Rodort, 2016

viernes, 10 de junio de 2016

También tenía una moto...

(Erick, el de la moto. Ibiza, 1976)

Aparte de un cuerpo como el de la foto, Erick también tenía una moto...

Erick, el de la moto (fragmento)
"...El mar sigue de un tono verde transparente, se nota la profundidad a pocos metros de la orilla. Erick se quita la ropa. Rubio en todo el cuerpo, algo velludo, hermoso dios estigmatizado por las múltiples raspaduras, rojas aún por la tintura del cicatrizante que le han aplicado, todo su cuerpo es un mapa de líneas y desollones morados -es hermoso, aunque no el clásico guaperas-, con esos pelos bien dosificados en el pubis y el pecho, sus piernas también están orladas de vello rubio dorado. Pablo le mira fascinado, no puede apartar sus ojos de él. Le ha visto desnudarse con total naturalidad y Pablo lo hace igualmente. Se sienta en un extremo de la toalla, le mira de reojo y le empiezan los nervios. Esta situación no estaba prevista, la desea, sí, pero es como un enorme bocado para él. Trata de relajarse con el fastuoso paisaje. Se tiende al lado de Erick y cierra los ojos. Al poco nota cómo éste se incorporaba, va a la orilla con una visible erección y rápidamente se zambulle en las limpias y brillantes aguas, como espejos en movimiento. Las basuras marinas se acumulan solo entre las piedras más grandes de la orilla, el agua sigue siendo tan transparente como en todas las playas de la isla. Pero aquí hay bastante profundidad y se siente preocupado por verlo nadar y alejarse cada vez más sorteando las afiladas aristas de las rocas que salen y entran del agua ondulante. Le mira resplandecer en las verdes y nítidas aguas como una joya de oro bruñido sobre un gran plato de esmeraldas líquidas. Precioso. Y también excitante. Nada en cortas brazadas en paralelo a la orilla pero le hace señas de querer cruzar hasta Es Vedrá... ¿o Es Vedranell?, no sabe distinguir cual de las dos islas superpuestas en la borrosa calima es la más cercana. Se levanta de la toalla y va corriendo hasta la orilla gritándole que es muy peligroso, que regrese. De pronto le angustia la idea de lo que le pueda ocurrir. Pero, afortunadamente, le hace caso y regresa a la orilla. Llega chorreante hasta él, sonriéndole. Pablo debe de tener cara de susto porque le salpica con el agua que le resbala por los dedos. No hay problema, hombre. Dicho con su mejor y más amplia sonrisa. Todo su cuerpo brilla como oro al sol. Se inclina y en un rápido gesto le da un beso en los labios. Rápido, fresco, algo salino e inesperado pero que a él le parece una cascada interminable ese segundo o fracción que dura el contacto. Sin palabras se tienden uno junto al otro, las pieles en contacto, la suya caliente por el sol y la de Erick fresca por el baño. Su mano se desliza por la pierna mojada, mullida hasta llegar a su vientre. Oye su agitada respiración. Baja la mano por el rizado pubis hasta tocar el pene aún mojado y fresco. Siente como la mano húmeda de Erick le aprieta su ardiente mano, presionándola sobre el sexo en una clara invitación a que le masturbe. Se incorpora, Erick tiene los ojos cerrados y la polla morcillona. Parecen estar conectados. No han hablado de sus vidas sexuales, él ignora si tiene novio, novia o a alguien esperándole en Holanda, tampoco le ha confesado nada de sus inclinaciones, pero... esta vez, sin palabras le indica que le siga acariciando. Y lo hace. Cuando acaba con toda la parte delantera se da la vuelta y le sigue sobando los glúteos redondos y duros, las piernas poderosas que le atraen por lo mullido de su vello dorado, corto y rizado, ahora seco y suave a sus manos. Abre más las piernas en un claro ofrecimiento. Esto es una provocación y Pablo responde acercando su cara hasta dejarla inmersa bajo las piernas de Erick, que se da nuevamente la vuelta para tomarle la cabeza y apretarla contra su sexo. La espesa y negra barba, reseca por el sol, se enreda en el rubio pubis. Esto debe darle mucho morbo, placer o lo que sea porque le mete los dedos entre los negros rizos y se restriega con ellos. Su barba, de pelos fortísimos en conjunto es bastante mullida, pero con la sal del mar se le ha quedado como de alambre y quizás le estén pinchando algunos pelos, aunque esto parece que le produce mayor excitación. Se le corre en la barba con bramidos en una lengua desconocida para Pablo. Éste responde con su ya clásica y muda tiritera nerviosa, cuando no puede o no se atreve a seguir y allí se queda, quieto, satisfecho a medias... El sol les está dejando las pieles al rojo. Erick vuelve a zambullirse y Pablo se moja un poco, con cuidado de no resbalar en las rocas. Lava bien su barba y se queda con un regusto salado en la boca. Erick disfruta nadando en idas y vueltas horizontales a la orilla, por fin sale, se seca y se visten. Suben en silencio hasta la moto. Agradecen que siga a la sombra. Empujando a la máquina ascienden la empinada pendiente hasta donde el camino se hace menos inclinado y más ancho. Erick le ayuda a subir y monta. Arranca. Se funden en un centauro de dos cuerpos apretados, las manos de Pablo rodeando el vientre, rozándole el paquete al desgaire, como único asidero. Suben levantando una nube de polvo en el camino hasta llegar a la parte asfaltada y de allí salen a la carretera. Parados en el stop no saben qué pueden hacer, qué dirección tomar, así que optan por continuar la ruta turística. Vuelta a la ciudad...."
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Ex-Paradís (pg 170)
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© Juan Rodort, 2012

sábado, 4 de junio de 2016

Comienza un largo, largo adiós...


Preparando estoy las maletas y rellenando montones de cajas para la mudanza a la orilla cántabra. No tendría que anunciarlo, ni decirlo, ni dar pistas... por el aquel de los/as envidiosos/as que no desean tener lo poco que yo tengo sino que lo pierda para así ellos/as poderse regodear en su propia crapulencia (tal como diría el Sr. Burns: ¡¡¡Excelente!!!). No, no voy a decir adiós, un adiós definitivo (eso nunca se puede saber), sino que un hasta pronto podría bastar para entender mis silencios futuros sumido en el laberinto de cajas que inundarán mi nueva casa a partir de mediados de Junio, cerquita de Santander... Como el moreno barbudo de la foto (de cuello para abajo somos clavados, bueno, yo más madurito y con canas entretejidas, pero muy parecidos) estaré este verano, que ya se anuncia caluroso, con los pies en remojo en el Mar Cantábrico. Y no sabré si ésto del remojo o aquello de la nueva casa será el principal motivo de envidias, pero haberlas, hailas como as bruixas. ¿Quién sabe qué nos deparará El Destino? Quizás un hombretón como el de esta foto me esté esperando ya en remojo, dispuesto a servirme de guía por aquellas tierras boscosas llenas de encantos y misterios, quizás sea un buen amigo que es mucho más valioso que un buen amante ocasional... Y, sí, yo siempre pensando en lo mismo; me caí en la marmita del brebaje sexual que me ha tenido hirviendo a fuego lento, macerando, madurando y haciendo de mí el sátiro alado que se me aparece al espejo todas las mañanas antes de lavarme los sueños de la cara. Preparando estoy las maletas, recogiendo mis pocas pertenencias y mis muchos objetos coleccionados a fuerza de aceptar regalos incomprensibles (así es como me ven desde fuera, como un extraño y exótico ser de otra galaxia y sus obsequios son concordantes con este baremo), de acumular ensalmos trasmutados en piedras, caracolas y demás trozos inservibles de variopintos deshechos encontrados a mi paso durante el largo, largo camino. Es por ello que espero cambiar de vida, cambiar de piel, cambiar mi sitio y buscar nuevos horizontes; quizás sea uno de los motivos, que ahora comienza un largo, largo adiós...
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 3 de junio de 2016

El largo, largo sueño de Odín


Por un momento he soñado que soñaba, que era un dios (¿recuerdos del futuro?) silente y apartado de las mentes de los demás humanos. Por breves instantes he tenido el poder de sumergirme en un profundo sueño para bucear en mi propia mente, a voluntad, para vislumbrar acontecimientos oscuros, rincones que se me escapan a la visualización en los sueños de cada noche; rincones donde se alzan sombras esperando que yo pase cerca para abalanzarse sobre mi indefenso ángel de la noche, mi onírico cuerpo... Y he tenido la espada de la razón en mis manos, he sido el guardián de mis miedos, he soñado que soñaba un sueño de otro dios que no era yo; extraño sueño-pesadilla. Desnudo, con un breve atuendo de azulinas nubes sobre mi cintura, arrodillado en la negrura inmensa de los rincones expandidos, aferrando con decisión la espada de Damocles (¿y con una duda asomada a mis ojos soñadores?) y esperando el amanecer o la mano que conmute la luz de esas estancias tenebrosas que anteceden al pánico, al grito de repulsa, al caer precipitadamente del Rem a otro estado que se desliza entre lo vigil y lo onírico. Por un momento he soñado que soñaba el largo, largo sueño de Odín.
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© Juan Rodort, 2016