domingo, 31 de enero de 2016

Armarios empotrados (contra la pared)


Estas dos imágenes han llegado a ojos de El Viajero vía Internet.
El guapo deportista, de cuerpo perfecto, da lo mismo quien sea, no se va a enfadar porque alguien travieso haya hecho un fotomontaje para desvelar intimidades que posiblemente quiera tener a buen recaudo; y no sería de extrañar que también quisiera ocultarse en un armario empotrado (contra la pared).
Pero es en esta página donde El Viajero se da de cabezazos contra ese muro de incomprensión y testarudez (la de El Viajero) para seguir y seguir dándose golpes contra la pared, una vez que ya saliera de su particular armario empotrado (contra la pared); y no es que a El Viajero le importe despelotarse en público -no tiene la figura de este deportista transfigurado en perfecto desnudo de museo carnal, no-, más bien le gustaría que todos y cada uno de estos maravillosos ejemplares salieran de sus particulares armarios empotrados (contra la pared) y dejar que el mundo (marica, sobretodo) contemple sus cuerpos en versión original y sin horribles calzones que en nada dejan traslucir la belleza oculta de sus atléticos protagonistas, toda vez que los que sí se dejan fotografiar deban tapar lo más interesante por mor de las censuras mojigatas internáuticas...
¡Cómo nos gustaría a todos los (maricas) mortales ver y disfrutar de los cuerpos perfectos que Madre Natura nos obsequia!
¡¡¡Fuera del armario!!!
¡¡¡Fuera las ropas!!!
¿No eran los clásicos deportistas de la antigüedad unos nudistas? Pues, eso, a seguir su ejemplo; si hay un culto al cuerpo (depilado o no) que también lo haya en la forma de mostrarlo.
Se impone una Ley General del Cuerpo Atlético que prohíba exhibiciones tapadas de las partes más interesantes de los bellos deportistas. No ya una ley que obligue a éstos a dejarse tocar por los pobres que padecen fealdad de cuerpo (maricas poco agraciados de nacimiento, que también tienen derecho a disfrutar de las cosas buenas de la vida ¿no?), sino una ley que permita el uso y disfrute general de estos monumentos corporales, con la obligación de dejarse fotografiar desnudos, de practicar deporte desnudos, de salir desnudos de tantos y tantos armarios empotrados (contra la pared).
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© Juan Rodort, 2016

sábado, 30 de enero de 2016

Anal-fabeto sexual

 
"¿Quién me había de decir
que en el fuego de un querer
mi ventura había de morir?"
Parafraseando una estrofa de la zarzuela "Los claveles" de los poco conocidos autores Anselmo C. Carreño y Luis Fernández de Sevilla, con música del más conocido maestro valenciano José Serrano. Pues ya veis, queridos, como empieza el día El Viajero...
¿Es que ha perdido algo?
¿Es que no lo ha encontrado?
¿Es que nos quiere decir un mensaje en clave?
Tal vez sea esto último. El Viajero está hoy contrito y alterado de ánimo.
¿Será la música que está oyendo vía Youtube? Juan Sebastian Bach interpretado por instrumentos de sonoridad árabe y cantado en esa lengua...
Pero ¿qué tiene que ver con el título de esta colección de fotos de culos? (fotos anales). Pues tal vez porque El Viajero está hasta ahí precisamente por como van los tiros de la actualidad española.
¡Esto es ya un despiporre!
Y es que jode, jode y jode que te la metan de esa forma, que se salten a la torera nuestra opinión e intención de voto, que ninguneen la voluntad del pueblo "sober-ano" expresada en las urnas... Más nos valdría votar en la raja del culo de alguno de ellos, que es por donde se lo están pasando...
Y, sí, El Viajero se considera en estas lides político-sexuales un completo anal-fabeto sexual.
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 29 de enero de 2016

Mirando por detrás (el culo)


Con las bragas quitadas y recién lavadas a resultas del espanto que se nos viene encima, el culete limpio y relajado para lo que surja (que nos la van a meter doblada y sin vaselina); es lo que hay, esperando acontecimientos. Y ya, de perdidos, al río...
No, El Viajero no se ha levantado con el pie izquierdo o con la jáquima torcida -como bien dicen en su pueblo-, es que el día amaneció nublo, con unas gotas de preciada y escasa lluvia y, al mirar este panorama desde su ventana, se ha retrotraído a otros días de invierno cuando vivía en aquel Norte, en un oscuro valle cerrado y expuesto a los vendavales atlánticos.
Hoy es un viernes más bien soso, insípido, vacuo, sin que la Diosa Fortuna haya querido estacionar sus reales en la casa de El Viajero; una parada obligatoria que espera con denuedo hace ya demasiado tiempo, larga espera del que espera y no desespera porque tiene fé, esperanza y caridad... no precisamente cristianas sino que a fuer de ser un egoísta redomado ya lo da por hecho. Él es así y hay que perdonarle ciertos desmanes de carácter y agritudes que suenan a trallazos cuando le peta; él es un leoncito cariñoso cuando se le sabe rascar tras de la oreja y esperar con paciencia que sus cambios bruscos de humor se asienten en bonanza, entonces es cuando El Viajero se explaya en todo su esplendor (valgan las redundancias sonoras).
Esas nalgas-culo-nata de la foto son sin duda el producto del alucinado pensamiento de El Viajero que ha travestido a un simple bañista (en el mes de Enero y ¡con 25ºC!) que hozaba sus orondeces por la Playa de los Peligros santanderina...
Para muestra, un botón:
Un probo e incauto ciudadano que se había metido en el Mar Cantábrico sin pensárselo dos veces, eso sí, con camiseta... Pero que tenía un orondo trasero, helo ahí.
Estaba cerca de donde El Viajero descansaba -en manga de camisa y a pleno sol- despatarrado en uno de los novísimos bancos instalados para este uso: tomar el sol frente a la Bahía de Santander.
Espectáculo sublime donde los haya.
Y es que a El Viajero le gustan las cosas fáciles, buenas, bonitas y baratas... Él es tan natural como el sol de invierno que le tostaba la calva, desentumecía sus huesos y le hacía sudar (¡¡¡sudar en pleno Enero!!!).
El ciudadano a sus espaldas jugueteaba con las olitas de pitiminí, también a espaldas de una avalancha de suciedad que enturbiaba las verdes aguas atlánticas (y luego dicen que si El Viajero ya no se quiere bañar en el mar...). Pero el sujeto en cuestión seguía sonriendo, ajeno a la contaminación que le envolvía.
Espejismo doble aquel, el de la transparencia de las aguas y el del sol veraniego y traicionero.
¿Llegarán hasta esta costa los efluvios de la vieja central nuclear de Garoña con reciente luz verde de salvaje y más que traicionera reapertura?
Pues, tanto a El Viajero como al probo ciudadano parece que les importaba una higa; disfrutaron de las excelencias del momento, que las penas ya llegarán... si llegan: mirando por detrás (el culo).
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© Juan Rodort, 2016

jueves, 28 de enero de 2016

Belleza por caridad, limosna de amores


Y no es un título de copla folclórica española, aunque tenga que ver con la actualidad hispana que ha pasado del folclorismo al eufemismo.
Paseaba El Viajero por una de las amplias avenidas de la ciudad de Santander, por uno de esos antiguos bulevares convertidos en triple carril automovilístico, por una acera bulliciosa y ruidosa, llena de prisas, tal vez por la hora del cierre de comercios, cuando se percató de un nimio gesto amargo, la mano de una oscura figura sedente, más bien tirada o abatida en la acera; al acercarse al hombre -tal era la figura envuelta en un amplio gabán- que solicitaba una ayuda por no tener trabajo y alguna otra causa escrita con letra más menuda que no distinguió al pasar a su lado, pero sí que se le quedó impresa la huella de su rostro esculpido en ébano del más puro estilo clásico de la raza mandinga.
Hasta ahí pudiera ser una anécdota más entre las varias del día, pero esa terrible imagen de la negra belleza viril postrada (asentada) en distante súplica se le quedó rumiando en la cabeza. ¿Qué hacía en Santander? ¿Qué extrañas andanzas le llevaron hasta allí? Y ¿qué le impulsó a pedir una limosna en plena calle? Porque no era el habitual pobre-de-pedir como otros que más abajo se aposentaban con similares carteles comercializados. No es que el color de su piel fuera el detonante para la atención de El Viajero sino que fue su gesto de amarga resignación y de ausencia de aquel entorno, como que su espíritu no estaba allí en aquel momento... Y El Viajero siguió su camino por la inercia de no pararse ante similares casos de dudosa credibilidad, un gesto también que le persiguió durante el resto del recorrido hasta la estación de tren. Y fue precisamente, ya sentado en su plaza y en marcha, cuando El Viajero comenzó a darse cuenta de la carga de profundidad que aquel rostro, apenas vislumbrado en la premura del paso, ahora se le hacía nítido y dolorosamente bello; imposible volver a socorrerle o socorrerse él mismo, porque era una doble limosna la que El Viajero iba a solicitar del que pedía por necesidad. El Viajero pensó que tal vez era él quien debería solicitarle belleza por caridad, limosna de amores...
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© Juan Rodort, 2016

sábado, 23 de enero de 2016

Caliente, muy caliente, que quema...


Es como le gusta tomar una ducha, con el agua bien caliente. Deja que los chorros de agua resbalen por entre los surcos pilosos de su pecho, caracoleando en canalillos que se juntan entre las piernas haciendo que el elástico pene se encabrite mórbido como una gárgola palpitante que vomitara hirviente agua de lluvia. El efecto del vapor a su entorno, el cosquilleo de los chorros calientes de la ducha bajando por todo su cuerpo, deteniéndose brevemente en los rincones eróticos reservados, hurgando como lo hacían otros dedos de ensoñadores recuerdos; todo ese efecto mágico que producen sus poros abiertos encaminados a la relajación muscular, al cosquilleo entre las ingles; todo ese estupor de cuerpo recien abierto en canal para la ofrenda caníval del amante que no llega lo bastante aprisa para contener su lujurioso deseo de ser poseído... Está dispuesto, oferente y abierto en lo más profundo, dispuesto para que un surtidor íntimo estalle por entre sus muslos sin tan siquiera tocarse, solo con el roce del agua caliente, muy caliente, que quema...
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 22 de enero de 2016

Desnudo ecológico


Belleza al natural, sin más aditamentos que aire puro, sol y mar.
Un cuerpo nada artificial, sin un torso esculpido a fuerza de potingues y sobredosis gimnástica, sin un descomunal miembro en alza como la mayoría de los desnudos en boga (vistos en las innúmeras páginas gays de la Red).
Belleza en reposo y placidez.
¿Qué más se le puede pedir a este muchacho?
¿Se ha escapado de algún museo?
Parece que forma parte de una de esas carreras-paseos-marchas en bici-todos-desnudos para protestar por algo relativo a la ecología. Pues él es un bello ejemplar de Madre Natura, digno de figurar a la cabeza de esa marcha, un regalo para la vista del común denominador.
Así que no queda otra que recrearse en su belleza y deglutirla hasta el último átomo para contrarrestar el feismo que nos asola por todas partes.
Mala prensa tiene la Ecología y sus defensores, vilmente calumniados en aras del voraz consumismo abducidor de las masas hueras. Es por eso que hoy ensalzo la alegría de ver tanta belleza reunida en este maravilloso desnudo ecológico.
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© Juan Rodort, 2016

jueves, 21 de enero de 2016

Arcoiris en blanco y negro


La imagen está tomada en Santiago de Compostela, Galicia (España) el mes de Junio de 2015, un día en que la bandera Arcoiris ondeó en las sedes municipales de numerosas capitales. Hasta ahí la anécdota hemerográfica.
Si el antiguo grito de guerra hispano era: "¡Santiago y cierra España!", el nuevo grito guerrero de los abanderados multicolores será: "¡Santiago y abre España!", vamos, digo yo. Pero para un abrirse de entendederas, más que de piernas o de orejas...
Pero lo que tenemos en la actualidad es un abierto en canal del suelo patrio:
¡¡¡Oye, Patria, mi aflicción!!! 
Y  no me estoy refiriendo con mi exclamación a la obra teatral de Fernando Arrabal estrenada en aquel Madrid de 1978 en el que El Viajero ya no estaba para nada más que para pensar en sus viajes recientemente iniciados. Aquellos primeros años de una debutante Democracia en pañales. Aquellos años aún sangrantes y persecutorios de los que creyeron que el viejo dictador estaba enterrado y bien desterrado del recuerdo... ¡Qué lejos de la realidad! Cada quien estaba pensando en salvar la piel, poniendo tierra de por medio, alejándose del foco de perdición, del poder y dejando abandonados los restos de su propio naufragio para que los buitres que se quedasen en larga espera pudieran recogerlos y airearlos. Sí, ahora puedo decir bien alto lo de:¡Oye, Patria, mi aflicción! Pero ¿de qué Patria? Si ya entonces yo también me había convertido en un apátrida e iniciado mi propia égira sin perder el horizonte patrio, atento a las mudanzas y novedades que se iban produciendo; autodesterrado de lo que creía firmemente que era mi suelo y mi hogar. Aprendí, al igual que muchos otros, a vivir en suelo prestado y hacerlo mi hogar. Aprendí a reinventar a mi familia lejana, a veces en la otra orilla mediterránea, tuve que unirme a sentimientos nostálgicos para no caer en la desesperación de la soledad del errante. Historia olvidada. Recientemente reescrita para así conseguir olvidarla (escrito y olvidado)...
Recomenzando el tema que nos traemos hoy entre manos, hablo de banderas, de abrir o cerrar suelos patrios, de viajeros que han vuelto, de fracturas y grietas en ese sólido solar hispano del que nunca nos habíamos olvidado por mucho que reescribiéramos nuestras historias. Hoy nos encontramos con un pie en una orilla y el otro en el vacío. Nos recortamos las alas al volver al viejo hogar y solo para encontrar fragmentos de aquel hermoso sueño de libertad utópica, de pueblo unido (jamás será vencido) desunido, emancipado...
Mi aflicción os la estoy contando esta mañana de un jueves frío de Enero, a años-luz de mis ilusiones de aquellos años (perdidos irremediablemente). Ninguna Patria me aguarda. No existe Patria alguna que concuerde con la idea de mi Patria, de mi hogar y de mi tierra...
No me queda otra que formular el grito dicho más arriba... pero ¿cuál de ellos?
Si otrora proclamé la República Marica con bandera multicolor, hoy se me ha vuelto el día en una gama de grises y mi Arcoiris en blanco y negro.
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© Juan Rodort, 2016

miércoles, 20 de enero de 2016

Eróticos jardines

 
(Daniel Barkley, Canicule 2003)
Jardín urbano
            Del sol marítimo puesto arriba,
            montaña barrida por el viento del otoño, la nieve
            se desliza en lentos amaneceres.
            Un jardín urbano-prisionero, entre las casas, me cobija
            a sol abierto. Imposible recordarte jardín anochecido
            sin horizontal Mediterráneo que rodee mi cuerpo secuestrado
            en inhóspito paisaje de cemento; ese paisaje oculto que yo invento
            dentro, paisaje por mí pintado en sueños.
            Sueña suspendido el mar noctámbulo, encendido.
            La noche urbana desciende antiguos fuegos del mar dormido
            y una luna fría-continental de paisaje antiguo
            turba las calles al rigor del jardín y los coches silenciosos.
            Madrid arde en luz blanca hiperradiada
            cuando atravieso suspendido sus calles sumergidas.
            La noche, música barroca de horizontes buscados,
            alberga el mar y mi desesperación urbana.

Desde mi casa
            Quiero un paisaje pequeñito, recorte de un monte poderoso,
            por respaldo. Y por asiento, una playa extendida,
            conjunción de mar y firmamento;
            las patas son robustos jóvenes desnudos
            que sostienen la sierra a sus espaldas.
            Quiero un mar de azules verdirrojos con la Alhambra por bandera,
            así ya tendré casa y estandarte
            cuando llegue de los pórticos de alumbre y mirtos
            sin que nadie se de cuenta.

(J.R. Ortega, boceto 1982)
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© Juan Rodort, 2016

martes, 19 de enero de 2016

¿República Marica?


Pues tal como se está poniendo el patio-patrio-hispano lo mejor va a ser  proclamar la República Marica, a la mayor brevedad posible (antes de que lo hagan otros/as).
Y es que el que no corre, vuela. Que están los tiempos tornados de ventoleras políticamente incorrectas y donde dicen digo, al día siguiente ya están diciendo Diego... O el aquel tan socorrido de: "yo nunca dije que hubiera armas de destrucción masiva" tan filmado, guardado y debidamente aireado cuando peta la ocasión. Que no se dan cuenta estos muchachos del vicio político que estamos en la edad cibernética y todo, todo queda a buen recaudo en la Red para siempre, siempre, siempre... jamás. Un "Nunca Jamás" es algo así como una "República Marica", algo para muchachos con mallas ajustadas y colorines gayos en las prendas íntimas.
Una República Marica no es nada del otro mundo, porque si algunas Comunidades Autonómicas (que es como se llaman constitucional y legalmente, manque les pese) ya están pensando en hacerse Repúblicas, copiando el viejo grito de "¡¡¡Viva Cartagena!!! (no habrá que explicarlo, ¿verdad?), pues: "apaga y vámonos"...
Sí, hoy está el día refranero (iba a decir refranero gitano, pero es que ya ni se pueden escribir o decir ciertas palabras porque luego las sacan de contexto y las zahieren abofeteándote como si aquello fuese el oro y el moro... ¿Veis? Es que lo español tira al monte, como la cabra) y revindicativo. Porque somos los justos y necesarios para formar una República Marica independiente y con zapatos de alza.
¿Lugar? ¿Hora? ¿Color?
¡Qué más da! Si por hablar que no quede, total ni se va a independizar nadie, ni van a llegar a ningún acuerdo, ni va a dimitir nadie... Aquí se aferran al sillón o al escaño con uñas y dientes. Ya lo decía aquel viejo anarquista ante el joven militante de un partido de izquierdas (los dos detenidos en la antigua D.G.S. de la Puerta del Sol): "¡Ah, traidor, tú gobernarás!". Palabras proféticas que no muchos años después se cumplieron al pié de la letra. No solamente gobernó sino que traicionó todos los principios de las izquierdas (las de entonces, claro).
Pero como ya me iba por otros rumbos y derroteros, retomo el timón y paro máquinas. Al día de hoy, es inviable proclamar una República Marica, simplemente por el hecho de que los propios maricas dirían que ellos son muy monárquicos y de derechas de toda la vida (es el síndrome de Estocolmo subliminal). Lo de maricas unidos jamás serán vencidos ya no cuela ni para los propios, menos para los extraños.
Pero yo quiero proclamar mi propia República Marica unilateralmente. Si ya hace tiempo que ondeaba mi bandera autonómica (de donde nací) en mi balcón no me cuesta nada cambiarla por la multicolor bandera Arcoiris más alegre y dicharachera que las otras (autonómica y republicana de siempre).
Así que en este martes 19 de Enero de 2016 proclamo que queda constituida mi República Marica, que esta casa es además la sede de gobierno (de momento somos dos, pero se admiten tríos y demás apaños) y que haremos todo lo que esté en nuestras manos para defender los derechos de nuestros hermanos maricas (aunque algunos nos llamen primos) ante el vil acoso que los estados colaterales nos tienen cercados y comprimidos, ninguneados, vituperados, chisteados y amariconados en burdas imágenes esperpénticas que lanzan a la primera de cambio. Se ha adelantado un paso en la lucha, pero es la propia moda la que lo ha hecho: ya no se lleva el tener a un marica en el programa televisivo o radiofónico. Está out, total de la muerte...
Proclamo la República Marica:
¡¡¡Viva la República Marica!!!
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© Juan Rodort, 2016

lunes, 18 de enero de 2016

El poder del amor (o del sexo)


¿Por qué a follar se le llama hacer el amor? ¿Se puede hacer el amor sin hacer sexo? ¿Se puede hacer sexo sin amor? Pues, se puede, todo se puede, desgraciadamente.
Pero yo siempre lo he hecho por amor. Lo sigo haciendo.
Y es que, de toda la vida (pública y sexual), he sido (y soy) un animal sexual (y enamorado).
Me reafirmo en el renglón de arriba, y es que cuando comencé a "hacer el amor" en aquellos años de mi lejana adolescencia lo hacía con verdadera pasión, con verdadero amor, con empeño en lo que hacía, a pesar de no saber más de las mínimas reglas básicas para complacer a mi oponente; pero siempre estuve enamorado de la idea de estar enamorado. Sí, yo era así y un poco así sigo siendo en el fondo. No puedo disociar la palabra sexo de la de amor. Amor sin sexo, sexo sin amor. Antónimos y contrarios, indisolubles dicotomías.
Pero toda esta retahíla de palabrería viene a cuento para ilustrar esta foto que he encontrado en la Red, por ahí suelta; no sé quienes son -ni me importa- los susodichos muchachos del piquito en los labios que principian el acto de "hacer el amor". Dicho como decían los antiguos de principio del siglo 20. Hoy en día casi nadie dice eso de hacerle el amor a alguien por indicar que está cortejando a ese alguien (se decía del hombre que rondaba a una mujer). Los tiempos cambian, las modas cambian, los modismos cambian y se reinventan a sí mismos sobre antiguos planteamientos. Vale, ya nadie dice hacer el amor cuando quieren decir pura y simplemente que es follar lo que hacen; lo de decir joder suena peyorativo y con malas intenciones que en nada tienen que ver con el hecho de fornicar (santa palabra que viene en muchos libros sacralizados). Palabras y palabras.
Pero el sexo animal, el sexo puro, el sexo por el sexo... a eso se le llama vicio. Porque el sexo de los animales va encaminado a la reproducción y mantenimiento de los propios genes del macho alfa dominante; en el sexo animal homosexual (entre machos, claro) no hay vela por la especie que valga. Y que no me vengan los puristas con que los animales no hacen sexo por el simple placer de hacerlo... O que no tienen amor al hacerlo. ¿Quién sabe lo que piensa la "animalidad"? Si ya es difícil saber en qué están pensando los machos humanos cuando están en celo, en pleno acto sexual... Ah, mira. Otra forma de llamarlo: el acto. Bueno, el coito, pero eso es más bien para sexo entre machos y hembras (animalidad entera, sin diferencias).
Volviendo a la foto de arriba.
Dos muchachos comienzan a besarse y a empalmarse; uno más que otro, el que dispara la autofoto la tiene más larga o está más erotizado que su compañero. No sabemos si son amigos, amantes, compañeros de clase haciendo travesuras para colgarlas en la Red y joder la visual de sus progenitores que siempre terminan enterándose de lo que hacen sus tiernas criaturas; porque son dos tiernas criaturas estos dos muchachos (espero que sean mayores de edad legal).
Lo primero, la gracieta, la foto, las risas, el besito, las pollas que se encrespan y se ponen revoltosas, tocándose una a la otra. Los dos cuerpos desnudos...
Pero antes de eso habrán tenido que hablarlo, planearlo, ponerse a ello, desnudarse y plantarse delante del espejo cámara en mano... Ahora viene el besito, con un subidón de la testosterona (al de la derecha le sube más aprisa) y el subsiguiente prolegómeno: dejar la cámara a un lado, erección total de los dos penes, abrazarse y atornillar más el beso, manosearse... y comenzar con las acrobacias que pueden terminar en la sala de curas del dispensario más próximo por heridas o hematomas a consecuencia de golpes contra los sanitarios. Han salido del baño, se dirigen rápidos a la cama de los padres del muchacho de la derecha, el del pollón; ahí comienza el revolcón, el no pensar en nada que no sea la satisfacción personal, la del otro, la satisfacción mutua si son reincidentes o están liados desde hace tiempo. Y es que son novios sin saberlo. Se aman sin saberlo. Creen que es solo sexo cuando lo que sienten es verdadero amor, ese tierno y primer amor joven adolescente; es el poder del amor (o del sexo).
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© Juan Rodort, 2016

domingo, 17 de enero de 2016

Jóvenes (maricas) enamorados


Ayer volví a verlos juntos. Mi vecinito con su amigo (antiguo novio). Venía yo de darme un paseo en la tarde fría de este Enero inusual y casi primaveral hasta ayer mismo en que un vientecillo frío azotó los capullos brotantes de mi jardín enajenado por el tiempo turulato; que venía ya de recogida a casa a darme un homenaje de merienda-cena cuando casi al salir de la Plaza me los veo doblar la esquina en mi dirección... Al primero que distiguí fue al amiguito, es más identificable por su esparraguera estatura y esa carita aniñada con un arremolinamiento de pelos que quieren ser una barba a la moda; largo, tieso como un palo, las manos en los bolsillos y ese aire desgarbado desastrado en el vestir según las modas imperantes. A su derecha, un poco tapado de mi vista, le acompañaba mi vecinito, ligeramente retrasado un paso de su amiguito. Sí, una cursilada: vecinito... amiguito. Pero es lo que hay, lo son; juntos lo son: cursis como una elle castellana.
Nada más entrar en la Plaza los tenía encima, casi sin darme tiempo a observarles. Justo es decir que yo era invisible para ellos. Para mi vecinito lo soy desde que vine a vivir a este barrio hace ya la friolera de cinco años. Para el amiguito, simplemente no soy visible en su catálogo de prioridades: su tablet y su amiguito -mi vecinito-. Tiene el muchacho una carita de no haber roto un plato, de buenecito, de desprotegido y desamparado, ávido de que le abracen, de que le achuchen y le apretujen unos brazos viriles como los míos -por ejemplo-, aunque no es su caso porque lo que según parece que le mola más es sufrir por los desplantes e indiferencias de su amor, de su joven amor (marica). Y el otro, a su derecha, ligeramente retrasado (aunque algo de retraso mental sí que parece que lleva encima) un paso de su amiguito, enfundado en unos pantalones amarillos-ocres que ¡¡¡le hacían culo!!! Lleva ahora una barbita igual a la de sus ídolos heterosexuales (o maricas) deportivos (todos la llevan, todos van depilados por el resto del cuerpo, todos son supuestamente machos...), unas gafas de miope estilo a las que yo gastaba en los años 70 del siglo pasado -ahora de moda, debe ser eso-; y se hablaban casi al oído, juntando mucho sus cabezas.
Tuve que volverme para verlos pasar y contemplar sus culos (es que lo mío no tiene nombre, o sí: fetichismo culeril, tal vez) o la impronta de lo que se asemejaba a culo. Ya digo que el de mi vecinito ha mejorado, se ha hecho presente gracias a misterios insondables de un par de meses a esta parte. Seguro que ha tenido suculentas experiencias y ya no mete culo como el resto de sus coetáneos juveniles que arrastran el pantalón al estilo presidiario pidiendo lo que no saben que significa ese arrastre y muestrario de calzoncillos hasta el culo pidiendo guerra... ¡Luego se quejarán de que les han violado!
Pues esa fue la anécdota predominante de la tarde de ayer. No el hecho de que yo saliera a pasear, después de semanas de voluntario encierro sin ánimos de ver a nadie, no; fue el final de mi paseo con la visión fugaz de esos dos cuerpos jóvenes, reconciliados (estoy seguro de ello) y vueltos a ser los fieles novios de antes (sin saberlo, ellos ni se dan cuenta que lo son); jóvenes (maricas) enamorados.
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© Juan Rodort, 2016

sábado, 16 de enero de 2016

Morderse la lengua (marica)


Ya sea Thor Clemmensen o Tom Daley el modelo de esta foto, este portento, esta maravilla de la Naturaleza, no se podrá negar que aún existe la perfección, la bondad y la Belleza, dicho con mayúsculas; sí, Belleza superlativa la de este muchacho que encarna lo divino y humano de las representaciones históricas del Salvador del Mundo. Su sola presencia ya es un tesoro que debiera clasificarse como materia reservada y depositar en la cámara del tesoro como la mejor de las gemas pues eso es lo que son sus ojos, joyas, piedras preciosas de prístino brillo y pureza.
¿Que es una cursilada todo este párrafo?
Vale, pero siempre es mejor mirar y ponderar un monumento como este cuerpo serrano que está como para comérselo todo sin desperdiciar nada (y eso que no dispongo de la parte inferior de la fotografía, que eso tiene que ser ya el acabose de lo perfecto y debe de ser pecado capital su sola contemplación).
Sí, elogiar a la Belleza es una memez como las que dicen nuestros (o suyos) políticos/as, que olvidan el dicho cierto de: "por la boca muere el pez" y no se paran a pensar que estamos en la era de las telecomunicaciones y del mundo cibernético que no perdona ni borra nada de lo que se le sube o copia...
¿Están en la inopia estas "personas"? (el entrecomillado es para no ofender al resto del personal).
Pues lo parece por los resultados de sus declaraciones públicas, descuidadas y al tuntún, como si no les importase el qué dirán; total, ellos tienen Bula de la Santa Cruzada (*) para decir públicamente los que les venga en gana, sin parar en prendas. (*: Para los legos en la materia les diré que era un pedazo-trozo de papel certificando, previo pago o "limosna", y que una vez en tu poder ya te podías pasar por el arco triunfal ciertas normas o preceptos supuestamente sacrosantos; eso sí, firmado por la  la mandamasa de lo eterno y espiritual, la Iglesiacatólicapostólicarromana,). Para que luego nos vengan con los monopolios o los juegos de rol... cibernéticos.
Se me está yendo el tarro a otros lugares intransitables y apestosos, no menos que donde pululan los políticos españoles (Cataluña está incluida en el lote, manque le pese) que sueltan por sus boquitas (pintadas o no) lo que les viene en gana... Total, el ciudadano de a pie es gilipollas y no se entera de la misa la media, o eso es lo que piensan ellos del electorado: somos una grey de esclavos del voto, del trabaja (los privilegiados que lo consiguen) y paga (o sea, todos sin excepciones salvo los enchufados de siempre adjuntos a corruptelas y demás partidismos).
Y dicho lo cual, me muerdo la lengua (marica ella como el resto corporal) para no incurrir en delito de injurias o lo que se tercie de esa ley mordaza que nos han impuesto (además de los impuestos más el IVA correspondiente aparte). ¿Cómo se come eso de pagar el impuesto del impuesto? ¿Acaso estamos viviendo como en la película "Brazil"? -basada en "1984", el Gran Hermano-. Sí, el que suscribe lo afirma. Sus palabras escritas están siendo reproducidas en la central de espionaje cibernético, on line, y le importa una higa; se acabaron los tiempos del silencio. ¿Qué nos pueden hacer más, aparte de matarnos? ¿Crueles suplicios, martirilogios ácratas? ¿Nos aplicarán la fácil ley antiterrorista? Como en pleno siglo 17, seremos llevados a la hoguera y no la de las vanidades...
Así que toca morderse la lengua (marica).
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 15 de enero de 2016

Húmedos sueños


Anoche volví a soñar con Pedro. En mi sueño o en el suyo estábamos perdidos en un mundo en blanco y negro, recuerdo de otros sueños anteriores, restos del barrio donde vivimos en nuestra adolescencia; ahora eran decorados apolillados y fantasmagóricos.

"Anoche soñé que volvía a Manderley.
Estaba ante la verja de hierro. Pero no podía entrar.
Entonces, me imbuyó un poder sobrenatural, y atravesé la verja.
El sendero serpenteaba y se retorcía y vi que había cambiado, la naturaleza recuperaba otra vez su lugar invadiéndolo con sus tenaces dedos.
El sendero se retorcía más y más. Y al final estaba Manderley.
Manderley, sigilosa. Sus muros seguían perfectos.
La luz de la luna, engañosa me hizo ver luz en las ventanas. Pero una nube tapó la luna como una mano sombría. La ilusión se fue con ella.
Era un caparazón abandonado sin susurros del pasado.
No podemos volver a Manderley. Pero yo vuelvo en sueños..."
(Comienzo de "Rebeca")

Y eso es lo que me sigue pasando a mí, que vuelvo y vuelvo a soñar con Pedro, con el primer amor joven, con la primera frustración de la adolescencia cuando le confesé mi amor y fui rechazado pero no apartado de su lado; tormento peor el seguir deseándole, el de querer ser y suplantar a sus novietas en sueños...
Pero en mis sueños actuales hay reconciliación con el pasado, en este último incluso hay aceptación de ese frustrado amor y Pedro me abraza y nos besamos... Anoche fueron tiernos abrazos que mi subconciente quiere que sean, que fueran los que no tuvieron lugar en aquel tiempo real. Anoche sentí el cálido aliento de Pedro en mi aliento, correspondiendo a sus caricias como siempre quise haberlo hecho... ávido de su cuerpo. 
Pero hubo una pausa en este abrazo, un rápido cambio de decorado y yo estaba en casa de otro amigo de aquellos jóvenes años, sin posibilidad de volver al lecho donde Pedro me esperaba...
Todo el sueño en blanco y negro, como la angustia de no poder encontrarlo más.
Un despertar amargo y súbito en la madrugada, un regusto de las imágenes soñadas y un querer volver a ellas sin conseguirlo, me han producido un insomnio atormentado por la idea de la llamada del sueño eterno de Pedro donde, estoy seguro de ello, él me espera.
Pero una sublime erección principiaba a humedecer las sábanas regodeándose en la que él también me ofrecía anoche... ¿o me lo estoy inventando para justificarme?
Sea como fuere, el caso es que anoche me desperté asustado al comprobar que en mi zozobra había algo más que el recuerdo de lo soñado, había un hecho físico que evidenciaba casi la presencia vigil del ser soñado que pudiera ser que me estuviese soñando a su vez; sueño repercutido, reflejado en un espejo en blanco y negro.
Sueño que fue solo un sueño, uno más de mis húmedos sueños.
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© Juan Rodort, 2016

jueves, 14 de enero de 2016

Maricas canívales


Dibujo de Bruno Bara que da una idea de lo que casi todo el mundo (hetero) piensa que es ser homosexual: un marica caníval, ávido de semen, un pervertidor de mayores barbudos que no pueden hacer nada más que sucumbir ante los encantos sensuales de estos muchachos acosadores en busca de papás...
¿Que no?
Ah, pues entonces es lo que los maricas suelen llamar "el infierno gay: todos pasivos"...
¿Que tampoco?
Pues no caigo yo ahora en qué será eso del canivalismo tribal gay. Si comerse la polla no es un acto de canivalismo soterrado, que me digan otro cuento más gracioso. El dibujo que ilustra estas líneas es muy explícito. Ahí no hay ni activo ni pasivo, los dos disfrutan lo suyo (doy por supuesto que el arrodillado ya es mayor legal por sus atributos).
Me refería a otro tipo de canivalismo, el visual. A los miles y miles de fotos de carne expuesta para deglutir de un tirón, todos los días nuevo género fresco y turgente, mostrando todo lo que mamá Natura les dió, oculto por sugerentes prendas o bien desplegado ante, dentro, bajo, sobre lo que sea que les venga a mano. Fotos de desnudos masculinos en serie, donde visto uno, vistos todos o casi todos.
Ya he hablado del tema ¿no? Y parece que las estadísticas de los visionados Blogger no engañan; si hay foto con desnudo, hay más visitas; si no hay foto explícita o el tema escrito es otro que no sea libidinoso y seudoporno, tanto peor, nadie mira.
Y el mirar es ya un vicio, un suplicio, un artificio amanerado que se busca con regodeo. La de horas perdidas ante la pantalla visionando desnudo tras desnudo, sin leer una sola línea (las más de las veces porque esas líneas están escritas en otros idiomas, o en lenguas que para el que escribe en este correcto español castellano (es mi intención) le son desconocidas o como mucho no las domina y ha de utilizar el traductor automático, con los consabidos cambios de sentido y hasta divertidos resultados.
Yo confieso que miro y remiro las fotos de los demás, las de los modelos peludos más todavía, las de los buenos culos redondos y peludos... babeo del gusto.
Pero lo que ya no soporto para nada son estas modas de inclusión de bebés tiernecitos y sonrosados en brazos de supuestos maricas...
¿Qué está pasando?
¿Nos quieren vender la moto infanticida? ¿o es una pederastia soterrada? ¿o es que es la nueva forma del canivalismo marica?
¡Coma niños!
Pues, mira, mejor me como una buena polla... como esa del dibujo (o que me la coman a mí, porque me parezco más al de la barba).
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© Juan Rodort, 2016

miércoles, 13 de enero de 2016

Ávido de carnes morenas (marica sin remedio)


¿Es sólo ésto lo que buscan en este sitio? ¿Sí, no? Pues lo parece a resultas de la contabilidad estadística de visitas... Si hay foto de carne, se mira; si no hay foto carnívora... a otra cosa, mariposa. O sea, maricas sin remedio. A piñón fijo...

Por cierto que esta foto de desconocido modelo perturbador y armado hasta el esternón, me dicen que es como se me imaginan que yo soy... y no van descaminados, quizás con más vello y algunas canas pintando demasiadas zonas que antes eran negras como la pez...

En mi diario recorrido por los sitios que he señalizado como que sigo para ver sus páginas, sus textos y sus fotos, priman las fotos de cuerpos semidesnudos, mostrando el sexo semitapado -ya sabemos de que pié cojea el portal donde nos asomamos todos y no sé yo si esta foto que me he atrevido a subir será sancionada con avisos censores- o las fotos de rostros y más rostros de cándidos modelos que podrían ser los publicitarios de clínicas oftalmológicas, de ojos pristinos e irreales, por no hablar de sus labios de dulces mieles provocatoras de ensoñaciones canívales...
No es una crítica a los gustos generalizados del culto al cuerpo, al músculo, al modelo armado de dura tranca y bíceps como piernas de deportista, de los de antes, de mediados del siglo 20.
Toca ahora el visionado de cuerpo tras cuerpo, idénticos todos; visto uno, vistos todos. No hay variación en el ganado gay, aunque las carnes morenas, tersas, únicas, impúdicas, morbosas de todas esas fotos cumplen su cometido, que no es otro que alegrar las pupilas del respetable. En eso tengo que dar la razón a esta sin razón mitificadora del modelazo plastificado, del osezno peludo y con pinta de destrozador que a la hora de la verdad es la más marica del barrio, con balcones a la calle y cortinas de cachemir, sábanas de seda-satén negras o malvas y grititos de rata en celo cuando están en su salsa, o sea, juntos y revueltos: los osos con los osos, los maricas con los maricas...

¿Resentimiento? Tal vez; sí, algo hay de resentimiento en mis palabras, es lógico si se piensa con detenimiento. ¿Qué encontramos en las innúmeras páginas de la Red sino cuerpos y cuerpos clónicos? Y a más que , los que pretenden ser imágenes preciosistas en ridículas y cursis fotos tratadas con perifollo y brillitos, en movimiento ondulante, con coloratura chillona, más edulcoradas que la factoría Disney en sus últimas producciones vomitivas hasta el empalago y mucho más...
Por eso, tengo avidez de mirar, tocar, oler, chupar, comer y deglutir esas carnes morenas de siempre, de esas que hasta "de lo negro" es aprovechable y uno se zambulle a tumba abierta en ellas, sin pensárselo dos veces...
Por siempre ávido de carnes morenas (marica sin remedio).
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© Juan Rodort, 2016

martes, 12 de enero de 2016

Apología de la Apología (Marica)

¿Epi y Blas podrían adoptar a un lindo patito?

Lo primero sería que esta genial pareja fueran de verdad una pareja y, además, que estuviesen casados; lo siguiente, ya depende de las leyes locales.
Pero para algunos sabios adláteres que detentan La Verdad -así, con mayúsculas-, la única, la verdadera: o sea, la verdad católicapostólicarromana... ni más ni menos, mi querido Sancho ¡otra vez hemos topado con la Iglesia! o con sus adláteres ultras que son los dementores que demencian la verdad en su sola verdad verdadera y aquel que no sea como ellos, que no piense como ellos... ¡ay! será pasto del llanto y crugir de dientes (algo así como comer un limón verde). ¡¡¡Dan risa!!! O pena, o pánico... Vergüenza ajena, la dan.
Este escueto prolegómeno viene a cuento de las opiniones vertidas sobre un "inocente" programa televisivo de tema culinario (en este caso con infantes de por medio) que ha visitado la casa de unos homosexuales (diplomáticos ellos, pero homosexuales a fin de cuentas) y para nuestros eméritos defensores de La Verdad y la salvación de tooodas las almas -quieran salvarse o no- no deja de ser una apología del homosexualismo...
¡¡¡Chantatachán!!!
¡Sí, han leído bien!
Epi y Blas podrían ser una apología del homosexualismo, aunque ahora se haya demostrado que esta divertida pareja de cómicos no son gays, ni homosexuales, ni casi amigos, que tan solo trabajan juntos y tienen que rodar determinadas escenas -aunque sean de cama, pero cada uno en la suya- por necesidades de guión.
Dice un refrán muy hispano: "Piensa el ladrón que todos son de su condición". Y en otro libro de cuentos los llaman "sepulcros blanqueados", pero ellos, ni caso, se creen los elegidos, los buenos de esta película de miedo con un mal guión, dirigida por múltiples directores, mal montada y peor traducida: los defensores de la vida condenan a muerte a los homosexuales.
Y como el problema radica en que cuatro alunados gritan demasiado fuerte para que se les oiga, cuando no tienen nada que decir y lo dicen a gritos, porque no hay nada que decir, todo está dicho y hecho...
"¡Que así se escriba y así se cumpla!" Me encanta esta frase de Yul Brynner-Faraón de Egipto.
Y estas líneas no son otra cosa, ni más ni menos, que una apología de la Apología (Marica).
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© Juan Rodort, 2016

domingo, 10 de enero de 2016

Domingo, glorioso domingo en tus brazos


Rachid, en la mañana oranesa del domingo 10 de Enero de 1982, a la espera de acontecimientos después de una intensa noche de alcohol y sexo.

¿Casualidad en la coincidencia de calendarios? (1982-2016).
Hoy, en esta casa aún adormecida, sigues despertando en la soleada mañana de un domingo igual, parecido, a aquel domingo primero de nuestro encuentro, de nuestra primera batalla nocturna bajo las mantas.
Aquella cama extendida a los rayos del sol de la mañana resumía el caos en sus revueltas ropas, el agotador campo de combate a sexo abierto.
Tú me emborrachaste con tu primer beso.
No fueron solamente las dos botellas de Cuvée du Président las trasegadas con un ensalmo de rito medio sufí las que contribuyeron a este caos en nuestras mentes alucinadas, embriagadas por el sexo despertado a fuerza de escanciar el rojo néctar de los dioses, de beber tus besos con mis besos.
Sí, ya sé que al principio me dijiste que tú no besabas... ¡quién lo hubiera dicho! Dejaste mis labios como una travesía del desierto sin agua y horadaste un pozo nuevo en mi pecho, un torrente de cálidos sentimientos a ti debidos, emergentes a tu contacto...
Hoy, domingo, igual que aquel otro de hace 34 años, tú amaneces a mi lado.
Recién has cumplidos los 55 (siempre serán10 años de más la diferencia que te llevo y que ahora se han multiplicado con el paso del tiempo), pero tú sigues con el mismo ímpetu de entonces, con la misma fortaleza y el mismo talle poderoso; me siento prisionero voluntario de tus brazos, de los mismos besos...
Miro tu cuerpo, ahora apoyado en la baranda del balcón, el sol da de lleno en tu espalda desnuda, llevas puesto un ajustado calzoncillo que realza más la evidencia de tu erección matutina; recuerdo aquella mañana oranesa en que igualmente te recostabas en el alféizar de la ventana de aquel noveno piso; el sol se deslizaba por tu desnuda espalda y llevabas unos calzoncillos horrorosos, caídos hasta media pierna, dejando a la vista todo el brutal panorama a contraluz...
Pero hoy posas tus redondas nalgas sobre la fría balaustrada, asentado en esta casa levantina, tuya igual que mía, pues hace ocho años que nos casamos; ahora eres mi marido o yo el tuyo, tanto monta, monta tanto... que da lo mismo lo que seamos. ¿Qué nos importan los dimes y diretes de las gentes?
Ojalá se repitiera eternamente este domingo, glorioso domingo en tus brazos...
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© Juan Rodort, 2016

sábado, 9 de enero de 2016

Desnudos, bajo la luz del Norte

¡Ay, Antoñito! Eras un yogurín, culo nata. Con esa mirada, esa sonrisa, ese blanquísimo cuerpo alabastrino, con tu vello rubio y aterciopelado. Como en esta foto que tanto se parece a tu aspecto de antes... ¿Recuerdas? Estocolmo, el albergue juvenil; tú, esperando mi llegada simulando que dormías, destapado en la cama superior de la única litera de la habitación, mostrando tu blanco cuerpo en la azulina luz de madrugada del verano polar aquel. Parece ayer. Me lo parece cuando vuelvo a ver esta foto que se te parece; sí, ya sé que ni por asomo tú eras tan rubio, ni tus ojos tan azules, ni tus labios tan prometedores de besos enturbiados en oscura pasión a ti debida; porque tú eras el eje y motor de aquel viaje, el pretexto de subir tantas fronteras y cruzar el Círculo Polar para verte a la misteriosa luz del sol de medianoche.
El tiempo atmosférico fue un enemigo nuestro desde el principio del viaje. Diluvió, hizo frío y las habitaciones de los otros albergues juveniles fueron compartidas con varios estudiantes variopintos internacionales (alguno hubo que merecía la pena esperar despierto hasta que llagaba y se desvestía para mostrarse en calzoncillos antes de saltar hasta su cama dentro del saco de dormir, breves instantes de gloria angelical ver pasar sus carnes blancas y rubias -todos eran rubios, altos, sonrientes y muy machitos- como las tuyas que no pude disfrutarlas hasta llegar al albergue de Estocolmo, después de un larguísimo camino por la costa noruega arriba hasta que vía Narvik descendimos en aquel tren interminable directo a Estocolmo, nuestra parada antes de volver a Oslo y de allí regresar a Madrid... Se dice pronto, pero fue un mes entre la subida y la bajada en trenes, autobuses, ferrys y caminatas pasando puentes por encima de los fiordos entre isla e isla de las Lofoten. Inolvidables noches junto a tu cuerpo, enfundados en nuestros sacos de dormir, respirando lo más cerca de tu aliento para retener tu aroma ingenuo. Y es que no sabías nada de nada de los códigos maricas vigentes, ni comprendías el por qué de las miradas y los gestos a ti enviados en inequívocas invitaciones al sexo con otros pedazo de tíos que ya los hubiera yo querido para mí, pero ellos solo tenían ojos para ti, Antonio, inocente, despistado -incluso ni hacías caso a las pasionales miradas de las chicas que te sonreían camufladas tras sus copas de cerveza-; allí los bares mixtos estaban mezclados de hombres y mujeres, heteros y homosexuales unidos, sin tapujos; pero tú ¿qué sabías? Y yo nada te dije, callé hasta que aquella tarde en Estocolmo ya no pude resistir tanta inocencia tuya o tanto disimulo... Te lo dije: soy marica, me gustas, quiero acostarme contigo, follarte... mientras mirabas horrorizado el horizonte teñido en rojo con un sol agonizante como mis secretas esperanzas de conseguirte.
Pasé la noche en una discoteca muy especial para moteros gays, un sótano adornado como un bosque de pinos -la fiesta de San Juan hacía tres días que había pasado-; allí follé como un loco con quien quise, yo era carne fresca y desconocido en aquel oscuro ambiente donde todos se conocían. Iniciando la madrugada volví a toda prisa a nuestro albergue pensando que tú habrías cogido el tren para Oslo en solitario, cabreado por mis palabras de la tarde; qué otra cosa podía pensar después de que salieras pitando sin volverte a mis llamadas...
Pero cuando volví de la discoteca, allí estabas, en la habitación del albergue, esperando mi llegada. Sabías que volvería, sabías desde el principio del viaje que te amaba o que te deseaba. Y tu cuerpo reaccionó como yo esperaba al primer contacto de mi mano en tus piernas ardientes... Tus minúsculos calzoncillos desaparecieron escurridos hasta los tobillos para dejar a la vista una espectante erección...
Pero yo venía herido. Mi pene sangraba como una fuente (un poco exagerado ¿no?), el resultado de apretarme demasiado el cockring y dos polvos alocados. Nada grave pero sí muy aparatoso por la mancha en el pantalón...
Con cuidado me lavaste la sangre en el lavabo y ya, los dos desnudos, nos pusimos bajo la ducha; ese sí que fue el verdadero comienzo del viaje: fusión gloriosa de nuestros cuerpos, desnudos, bajo la luz del Norte.
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© Juan Rodort, 2016