martes, 29 de septiembre de 2015

Migueles, Miguelángeles y "Migueletes"

(San Miguel Arcángel, Escuela Cusqueña s. XVII)

Ante todo felicitar a los que celebran el día de su santo: San Miguel, aunque hoy 29 de Septiembre viene en el calendario como festividad de los Santos Arcángeles...

Y digo yo que si la Iglesia se quiere condenar, que se condene, porque hoy es y seguirá siendo el día de San Miguel Arcángel y nada más. Y si no, que le pregunten a los cordobeses qué celebran el 24 de Octubre (San Rafael, el Ángel Custodio de Córdoba); que ese santoral (católico) quiere meter en el mismo saco, junto a Gabriel (que es el que falta para el triunvirato arcangelical, pero que conste que faltan cuatro arcángeles más... que siempre se les olvida: Uriel, Raguel, Sariel y Remiel)...

Como cordobés de nacimiento y tradicionalista de vocación revindico los días del santoral antiguo. Y nada de celebraciones en los fines de semana anteriores o posteriores a la festividad... Mira lo que les ocurrió a aquellos que trasladaron la fiesta de San Blas (3 de Febrero) al primer domingo de Mayo, porque decían que siempre les llovía en Febrero, y el santo se "vengó" haciendo llover torrencialmente cada primer domingo de Mayo y luciendo el sol cada 3 de Febrero. No hay que jugar con los santos ni dejar de respetar las tradiciones (ya lo cantaba la sabrosona Celia Cruz) porque luego pasa lo que pasa. Otro caso, en Sevilla capital que cambiaron el festivo del patrono San Fernando por el "Lunes de Resaca" después de la Feria de Abril... pues ¿que les pasó?: la mundial de lluvias durante toda la Feria de Abril. Y es que no escarmientan estas gentes cambiadoras que parecen gatas recien parías mudando a su camada de sitio, trasladando santos de una fecha a otra del calendario...

Y todo esto viene al caso para felicitar a los Migueles y a los Miguel-Ángeles (en otros idiomas foráneos: Michel, Michael, Michele, Michel, Michalis, Mikael... y en algunas lenguas vernáculas españolas: Miquel, Mikel, Micael...).

Significa Miguel (Mi-ka-El): ¿Quién como Dios?)
"Persona muy independiente con necesidad de poder controlar el mundo, es decir, no le gusta que lo que ocurre a su alrededor sea fortuito, sino que todo lo que ocurre lo debe conocer con anterioridad. Es un gran amante de la comodidad, por lo que en su trabajo siempre intentará realizar lo justo y necesario sin realizar nada más allá de lo estrictamente obligatorio. Se encuentra muy cómodo rodeado de sus amigos intentando siempre llevar la iniciativa en las conversaciones así como en las planificaciones. En el amor es una persona que se deja llevar por las circunstancias sin llegar a ser muy exigente."

Que no sé yo si creérmelo, porque esa parrafada la he copiado del Internet, que ahí siempre vienen todo tipo de disparates...

Y de los "Migueletes", pues que el lector busque su significado en el Wikipedia ese, que le contará varias historias de todos los colores y para todos los gustos...
El gusto es mío.

Y ¡¡¡felicidades, Miguel!!!
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© Juan Rodort, 2015


domingo, 27 de septiembre de 2015

Mirando hacia atrás (y con bastante ira)

August Andreas, 1846-1906 (Dinamarca)

                 Ayer terminé de leer "Para acabar con Eddy Bellegueule" de, hasta ahora mismo desconocido para mí, Édouard Luois (antes se llamaba Eddy Bellegueule, nació en 1992 en Hallencourt, Somme que cae por el norte de Francia y de cuyo lugar parece que el autobiográfico autor no quiere acordarse demasiado):

http://edouardlouis.com/

es su web donde se puede encontrar entrevistas y demás reseñas de este joven francés que parece sufrió los embates de la homofobia en carnes propias... al igual que muchos otros en distintos lugares de los que tampoco querrán acordarse. El por qué de incluir el enlace de este autor en estas líneas es para que sirva de ayuda e información a otros sufridos navegantes en el proceloso mundo de la homofobia...; el que suscribe lo está, no puede despegarse de esa pátina que los homófobos le han adherido a su piel, por mucho que la haya cambiado, mudado como una serpiente (no venenosa, por supuesto) campera, de esas que pululan por nuestros campos rurales a salvo de miradas y matones asesinos de todo bicho raro que se les presente delante. Porque ese es el verdadero problema para los "diferentes", los raros, que son masacrados, apartados, vapuleados, vituperados y zaheridos por los "normales" que lo único que demuestran es su cerval miedo a lo desconocido...
Decía un colega mío hace ya casi 30 años, que tampoco son tantos si se tiene en cuenta que esta España nuestra temblorosa ya lo estaba entonces igual de agitada, que no revuelta-, artista y universitario, joven, bastante más joven que yo en edad pero de mente... (algo demente estaba, sí), decía: "Y entonces, cuando estais en la cama -se refería a mi novio de entonces y a mí, claro-, ¿quién hace de mujer?". Lo decía convencido de que dos tíos en la cama solo pueden funcionar si uno de ellos hace el rol de una tía... Supongo que aún lo debe estar meditando, porque mi respuesta fue que nadie hace de mujer, que dos tíos en la cama funcionan como dos hombres. No volvió a sacar el tema durante los años siguientes en que compartimos piso y yo fui cambiando de novios como de piel de serpiente; eran otros tiempos. Otros tiempos y otras formas de comportarse lo eran en mi etapa escolar y universitaria, más en el cole e instituto que en la universidad, donde no llegaron a insultarme directamente pero sí a mirarme con suspicacia cuando no enfatizaba lo suficiente los encantos de nuestas compañeras de clase o narraba como los demás sus aventuras (las más, inventadas) sexuales. Y rehusaba desnudarme delante de ellos cuando tocaba clase de gimnasia, o simplemente sacar el pito para una meada colectiva... Pero sí que los miraba en clase (a ellos, a los más guapos) y hacía fantasías animadas de ayer y de hoy para tomar a imposibles compañeros de clase como modelos imaginarios para alguna de mis pajas en el baño de casa... ¿O simplemente me conformaba con alguna foto de deportistas de la sección de deportes del periódico? O era recordando a los actores de las películas de "peplum" tan ligeritos de ropa ellos, mostrando el paquete, pero no el ombligo...
Al leer esta novela tan llena de violencia física y sicológica no me he identificado con el prota porque las diferencias nuestras de épocas, lugares y personales-familiares son muy distintas, pero sí que me solidarizaba con algunas de sus actitudes de resistencia ante las constantes agresiones verbales a que fuimos objeto. Las mías fueron más tarde, ya pasada la larga adolescencia, con las gentes -los matoncilos del barrio, muy machitos ellos en grupo- más próximas a mi entorno familiar... El acoso del: "¿Y por qué no tienes novia?" sin ninguna respuesta por mi parte; ahora tampoco les doy pistas, si quieren preguntar algo que lo hagan directamente y, además, a estas alturas de mi vida, felizmente casado (hasta que un gobierno de ultraderecha nos separe) y jubilado ¿qué me puede importar el qué dirán? Me importa más el cómo pueden sobrellevarlo mis seres queridos que no se atreven a preguntar y mucho menos a defender mis postulados, a defenderme simplemente ante los ataques de curiosos y malintencionados vecinos y supuestos amigos. Los peores, los amigos de toda la vida, aquellos a quienes creías buenas personas que te querían tal como eras, que no les importaba nada que fueses diferente -en todos los sentidos-; pero en lo tocante a los gustos personales, al sexo, a los gustos sexuales... ah, esa era harina de otro costal, ahí no se podía ser diferente sino "normal" -como todos ellos-.
Entonces, ¿qué nos queda, cambiarnos de nombre y apellidos? ¿mudarnos a otra Galaxia? O más bien, luchar por nuestra propia autoestima, que no debe ser mancillada con baberías de gilipollas amigos del correvéydile, de ociosos, de cuadriculados -¡y luego dicen de nuestros vecinos del norte europeo!-...
Me ha sorprendido la homofobia del país galo que siempre he tenido como abanderado de la libertad, la igualdad y la fraternidad... pero quizás eso traducido al francés quiere decir otra cosa de lo que significa en castellano (aunque en el idioma gubernamental español ya no signifique nada). Mismamente tenía ese concepto de los USA, con su magnífica propaganda -hay que reconocer que son lo más de lo más en lo tocante al "marchandise" y autobombo-, que nada tiene que ver con la realidad de la América profunda o de las ideas imperialistas dominantes, de metementodo, incordiantes, jodones a la hora de provocar guerras muy, muy lejanas de sus fronteras y con muchos intereses y réditos a corto y largo plazo...
Ira. Sí, me entra una ira divina de pulsar el botón de autodestrucción del Planeta para erradicar esta epidemia que es -somos- la raza humana -inhumana-...
He dicho, por hoy...
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© Juan Rodort, 2015

viernes, 25 de septiembre de 2015

Mirar y mirar (el recurso del mirón)


                 Es lo que nos queda a los que ya no somos tan jóvenes, tan turgentes, tan deseables, tan deliciosos bocados para pasar tardes de lujuria y desenfreno en otros brazos igual de jóvenes, turgentes, deseables y deliciosos como los del muchacho que nos mira desde su ventana; nos queda mirarle a hurtadillas, sin que se nos note demasiado el acoso a que le venimos sometiendo desde hace tiempo, un acoso que él interpreta como mera curiosidad porque ya estamos fuera de sus circuitos observadores, ya no somos objeto de su mirada escrutadora buscando nuevos compañeros de juegos... Por más que un elemento como él no debería quedarse recluido en casa, detrás de una ventana, a la espera de que pase alguien de su agrado. Un ser como él debería ser monumento público y con derecho a sobeteo (obligatorio). Un joven con ese cuerpo no debería esconderse tras los cristales de amplios ventanales, tras los visillos de sus pasillos y demás ripios que el que escribe deja fluir para no dejarse llevar por la mirada lujuriosa y lasciva con la que está contemplando este fenómeno de Madre Natura, perfecto hasta su último pelo. ¿Cómo se puede ocultar una belleza como la suya? ¿Cómo se puede impedir que otros puedan contemplarla libremente? Pues parece que sí se puede y lo hacen muy a menudo algunas gentes que se atribuyen y otorgan el poder de sojuzgación sobre lo que se debe y no se debe mirar...
¡La censura!
Los censores no han desaparecido, en pleno siglo 21 siguen y siguen medrando en sus lóbregas moradas llenas de mohosos pensamientos, donde todo es pecaminoso, donde están a disgusto, porque íntimamente desearían ser libres pero no se atreven a dar el paso por las razones de siempre: la puritana educación recibida y las normas sociales de las clases más retrógradas que viven en siglos pasados, pero esos siglos de hipócrita virtud, de sepulcros blanqueados... metáfora tan en boga en estos días. Los censores pululan por el ciberespacio, celosos, envidiosos, cizañeros y jodones. Hacen lo que no quieren que se haga y joden al prójimo como no saben joderse a sí mismos. Esos que lo mejor que pudieran hacer es colgarse una gruesa piedra al cuello y lanzarse a las profundidades más profundas y sin fondo para desaparecer de nuestro plano (recomendación que ya hiciera alguien y que sus fieles amanuenses transcribieron hace cientos de años y que ha caído en el olvido). Tábula rasa...
Mirar y no ser mirado, un suplicio del que ya no es deseado, del que no está en el mercado y debe retirarse al oscuro salón donde ningún Rey del Salón Oscuro le aguarda para dialogar. Mirar y mirar, a la caza de imágenes, de cuerpos majestuosos que mantengan viva la esperanza de ser mirado, aunque sea por lástima... O cerrar los ojos y dejarse morir en silencio porque la vida es joven y no quiere tratos con viejos; lo que en estos momentos El Viajero tiene en mente es mirar fotos de jóvenes cuerpos (los cuerpos plastificados de cada día que saturan la Red de redes)...
Hubo un tiempo casi olvidado cuando se miraba a los ojos en un espejo y se adentraba en su mente hasta dejar de ver su imagen -que ya en aquellos locos años de su madura juventud dejaba de gustarle-; entonces descubría una luz blanca que más y más le enceguecía hasta marearle... ¿o eran los efectos de los porros fumados?
El Viajero era, sigue y seguirá siendo un mirón empedernido e irredento.
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© Juan Rodort, 2015

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¡¡¡Por fin llegó el Otoño, coño!!!


                ¡Ya era hora! Hasta ayer mismo el verano ha estado atosigando con sus altas temperaturas, su viento caluroso del Sur secando la tierra de estos pobres bonsais que se debían de regar dos veces al día. Hubo una baja este verano entre sus filas: un precioso castaño que a mediados de Julio pasó a engrosar los rincones del jardín donde reposan los esqueletos de otros bonsais muertos en anteriores oleadas de calor seco que durante todo este año ha "disfrutado" el Levante. Buen tiempo decían algunos refiriéndose a que el sol lucía en todo su explendor y nefasto riego de radiaciones. Hay quien confunde el buen tiempo con la sequía, los que siguen creyendo que el agua viene del grifo y la luz eléctrica apretando el interruptor de la pared... O que la lluvia es síntoma de mal tiempo. Que los días de lluvia son nefastos... O que cuando llega el otoño las hojas de los árboles lo ensucian todo.
                No recuerda este amanuense -mejor un piadoso olvido- el nombre del Presidente del Mundo (léase USA) que dijo que para evitar los incendios de los bosques lo mejor era talarlos... ¡Y se quedó tan fresco el "buen hombre"! No menos fresco que aquel otro dignatario -por nombrarle de alguna forma- paisano del susodicho que al llegar al aeropuerto de Barajas saludó a ¡¡¡la República Española!!! delante del Rey de entonces que no daba crédito a lo que escuchaba... temiendo que un secreto plan a sus espaldas le hubiera puesto de patitas en la frontera y que el mismo avión le trasladaría a su exilio. Pero desgraciadamente se equivocaba el "dignatario", lo mismo que aquel otro marine que de paso por el aeropuerto militar de Torrejón de Ardoz preguntó qué país era aquel a donde había llegado y el encargado (personal español y guasón reconocido) de tierra le contestó que "Spain". El otro se quedó pensativo: "...Spain, Spain... ¿Y cuál es la capital de Spain?" a lo que el chusco azafato de tierra le espetó que "Alpedrete". Se quedó el marine tan feliz de encontrarse en Alpedrete y no contento con eso preguntó dónde estaba "el museo" de Alpedrete... a lo que el azafato le indicó ir el entonces Museo del Ejército en el antiguo Casón del Buen Retiro o similar (el que suscribe no sabe dónde se ubica dicho museo ni puso sus pies en él, aunque sí reconoce el sitio cerca del otro Casón donde llegó "el Guernica" de su exilio, antes de aterrizar en el (antiguo hospital) Reina Sofía, antes de convertirse en el "Sofidú" con sus ascensores acristalados y su ampliación vanguardista... Pero todo esto no viene a cuento con la llegada del Otoño. O tal vez sí...
                Recuerda el que suscribe sus años locos en el Madrid de entonces, cuando la mayoría de su población era madrileña (años 60 del siglo pasado) o bien de nacimiento o de adopción, pero españoles todos. Era un Madrid de raza blanca, con contadas excepciones de color y etnia turística que tomaba café con leche con raciones de jamón serrano en las terrazas de la Gran Vía (esos ojos del que teclea lo han visto), tiempos en los que para ir al centro de la ciudad había que vertirse de domingo o por lo menos ponerse chaqueta y corbata (los tiempos negros del sombrero -"los rojos no gastan sombrero"- habían pasado, afortunadamente). No se podía ir de cualquier manera por el centro de la capital sin que los "grises" (la policía de entonces que vestía uniforme gris) reconvinieran o sancionaran o retiraran de la circulación de forma expedita al valiente paseante hispano que tuviera las agallas de salirse del plato. Las féminas también debían ir debidamente vestidas y recatadas, con estrictas medidas en el largo de sus faldas y con escotes reducidos; por lo demás, con un poco más de aire libre que los sufridos españolitos varones de a pié... ¿Esto tampoco tiene nada que ver con el Otoño?
Pues será que cuando llega el Otoño tan solo se puede decir: ¡Por fin llegó el Otoño, coño!
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© Juan Rodort, 2015

lunes, 21 de septiembre de 2015

Hoy, Venecia sin tí...

A. M. Mucha – Estudio de desnudo masculino (Academia de Artes Plásticas de Munich)

Que profunda emoción
recordar el ayer
cuando todo en Venecia me hablaba de amor.
Ante mi soledad,
en el atardecer,
tu lejano recuerdo me viene a buscar.
Qué callada quietud,
qué tristeza sin fin,
qué distinta Venecia si me faltas tú.
Una gondola va
cobijando un amor,
el que yo te entregué ¿dime tú dónde está?
Que tristeza hay en tí,
no pareces igual,
eres otra Venecia más fría y más gris.
El sereno canal
de romántica luz
ya no tiene el encanto que hacia soñar.
Cómo sufro al pensar que en Venecia murió
el amor que jurabas eterno guardar.
Sólo queda el adios
que no puedo olvidar,
hoy, Venecia sin tí
qué triste y sola está.
(C. Aznavour, 1964 "Que c'est triste Venise")

                         No es que El Viajero haya estado recientemente en su amada Venecia, no. Es que ha visto unas fotos que le han recordado aquel amor de otros tiempos, cuando creía en él, cuando eran dos almas gemelas caminando por aquellas calles, navegando por sus canales, visitando las islas de la laguna... Juntos, formando un todo unido, un solo cuerpo y alma en dos cuerpos tan dispares como eran ellos dos: El joven italiano tenía quince años menos que El Viajero y él se acercaba ya a los cuarenta en una carrera vertiginosa que aunque quisiera pararla ya era imposible; la distancia, la grieta de esa diferencia de edad les fue separando a medida que el joven amante (entonces le decía: ciccio) se convirtió en un hombre de verdad, fuera de la sombra de El Viajero, viajando a su aire, por su cuenta y riesgo... Comenzaron las traiciones, los celos, las mentiras, los silencios, las distancias de miles de kilómetros tendidos sobre el asfalto que antes recorrieran tan frecuentemente en autobuses de billetes baratos, en trenes nocturnos de románticos abrazos en el oscuro compartimento... Nudos gordianos de sus dos cuerpos entrelazados en posturas imposibles en aquellos dos asientos apartados del fondo del autobús, amparados por la noche viajera como ellos. Eran días de ir y venir, tanto del joven como del maduro amante. Un corredor en alas del amor entre España e Italia... o a la inversa.
                         Hoy, El Viajero no está solo. Hoy, tiene otro amor. No es el mismo que hace veinticinco años, al principio de aquel tierno amor viajero, cuando sus paseos frecuentes por Venecia eran una continua luna de miel. Hoy, está en otra luna de miel mucho más prolongada y más madura, más estable, más fuerte... pero echa algo de menos, la frescura de aquella juventud, la inestabilidad, el vértigo del riesgo de lanzarse a la aventura, a tumba abierta -como vulgarmente se dice bajando por pendientes carreteras-. Hoy persiste aquel primer amor en Venecia. Azul, dorado, rojo... No, Venecia no quedó fría y gris después de aquella ruptura. El Viajero volvió a visitar Venecia muy bien acompañado por su nuevo amor; fueron visitas pausadas, de largos recorridos por sus laberínticas calles y puentes, de navegaciones intrincadas por sus canales e islas, por sus costas anegadas, libre del Siroco y de recuerdos suplantados.
                         Hoy, Venecia tiene sus propios recuerdos libres de aquellos primeros pasos del tímido amor joven que no sabía amar, inexperto amor que El Viajero guarda como un bello y frágil tesoro en uno de los cajoncitos de su corazón; allí donde atesora sus más bellos recuerdos, compartimentados recuerdos...
                         Hoy, Venecia sin tí sigue igual, hundiéndose cada día más y más por la avaricia y el brutal comercio a que se ve sometida, por esos monstruosos cruceros que sobrepasan sus cúpulas y campaniles en una imagen de pesadilla futurista que ya es pasado anegado, socavado... Tú ya no estás, pero hay alguien que sigue ahí desde más de veintiún años de prolongado y dulce amor. Los dos han amado Venecia sin tí. Tú ya estás fuera de su circuito. Hoy, Venecia sin tí sigue siendo aquel reflejo azul, dorado y rojo...
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© Juan Rodort, 2015

sábado, 19 de septiembre de 2015

¡Que me quiten lo bailao!


Que me quiten lo bailao 


Mano abierta con los hombres, querendón con las mujeres,
tengo dos pasiones bravas: el tapete y el champán...
Berretín con la milonga, metejón con los placeres,
unas veces ando pato y otras veces soy bacán.
¿Qué querés que le haga, hermano? ¡Si es regalo del destino!
¡Si el afán de hacer el paco nunca ha sido mi virtud!
Me electrizan las burbujas y los ojos femeninos
¡desde aquellos dulces días de mi alegre juventud!

Pero yo no me arrepiento
de haber dado curso al vento
que en la vida derroché.
Tuve todo lo que quise...
y hasta lo que yo no quiero
la cuestión que disfruté.
Mi conducta fue serena,
yo fui pródigo en la buena
y en la mala me encogí.
Fui magnate y vagabundo
y hoy lo sobré tanto al mundo
que le puedo dar changüí.
(
Ventaja que se concede a una persona o a un grupo, especialmente en el juego o en el deporte)

Si unas manos me fallaron, otras fueron más cordiales,
unos besos fueron dulces, otras bocas fueron hiel,
pero siempre tuve agallas pa' capear los temporales
y de lobo, entre los zorros, al pasar hice cartel.
Qué querés que le haga, hermano, si nací pa' morir pobre,
con un tango entre los labios y en un tute entreverao.
Juego, canto, bebo, río... y aunque no me quede un cobre,
al llegar la última hora... ¡que me quiten lo bailao!

http://www.todotango.com/musica/tema/1228/Que-me-quiten-lo-bailao/

                    Pues eso dice El Viajero, cambiando algunas palabrejas y aficiones que en nada tienen que ver con el tanguista al que le agradece la copla que le viene peripintada para su actual talante...
                    De vuelta del Norte, refrescado, agitado ("Shaken, not stirred". James Bond), con un cabreo más que sordo por la mala baba de la gente que hace perder el tiempo y los buenos modales... Vuelve El Viajero malhumorado y decepcionado, pero contento por haber desconectado de la abulia levantina que ya le traía a mal traer y también con tanta algarabía (en todas sus aserciones y acepciones) a como son dados los aborígenes sureños y aledaños. Y no es que El Viajero sea oriundo de Islandia -pongamos por caso, que allí no cree que sean demasiado expresivos) sino de Andalucía y cordobés -nacido en un pueblo de su Campiña- para más INRI, que parece como si una extraña interferencia genética le hubiera cambiado el carácter para comportarse como una "persona seria" ya desde chiquito. No era muy dado al chascarrillo ni a la chanza (¡cómo le gustan las palabrejas rancias!) o al chiste fácil; y mucho menos era dado a bailar sevillanas, que no sabe del por qué todo el mundo le pedía que hiciese gala de bailaor por el aquel de ser andaluz... ¡Fulero! era una de las palabras que los niños del barrio madrileño de Pueblo Nuevo le espetaban cada vez que el pobre Viajero abría la boca para emitir su bonito acento cordobés de la Campiña de aquel entonces. Y así no tuvo otra que ponerse a trabajar en un nuevo acento; todos los días, delante de un espejo de cuerpo entero del armario que tenían sus padres, ensayaba sus labios emitiendo sonidos aprendidos de oído, ceceos y seseos, zetaceos, terminaciones en ese para los plurales, destrucción de su acento natural para sentirse integrado en la manada, en el grupo del colegio, para no ser más fulero ni andaluz...
Hasta que llegada la vejez, mejor dicho su jubilación, su acento andaluz fue -y le está- saliendo, rebrotando en las terminaciones tirando a jotas o haches aspiradas, las eses por las cés; no un seseo constante sino una mezclilla imperceptible pero que le da un tonillo de no ser de ninguna parte, ni sureño ni mediano (de la Tierra Media).
El Viajero es. En eso ya tiene experiencia. Es de donde vive. Está en su sitio. Es y está. Por lo menos sabe lo que ya no quiere y mucho menos repetir; nunca segundas partes fueron buenas (y de los gobiernos, menos).
Anda El Viajero rarito, con el carácter revuelto como el tiempo. Pero también piensa que su camino recorrido es importante. No se arrepiente de nada. Ahora ya no. Antes, cuando los rescoldos nacionalcatólicoaberrantes le comían el tarro, puede. Pero ahora, no. "Ahora no, Fernando" ("Not now, Bernard". David McKee). Al final el monstruo del cuento se comió al pobre niño y lo suplantó... aunque sus padres lo seguieron ninguneando, sin percatarse: "Ahora no, ...". (No se sabe por qué razón en la traducción castellana se cambia el nombre al niño). Cambiar o morir...
Pero, ¡que nos quiten lo bailao! (a ver si alguien puede)
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© Juan Rodort, 2015

martes, 15 de septiembre de 2015

De infarto...


                  Sí, de infarto fue lo de anoche, pero no al ver al modelo de arriba; un ejemplar sacado del proceloso mundo digital donde nos adentramos a ciegas para darnos de bruces contra esos pectorales peludos o achicharrarnos entre las piernas, justo ahí donde el albo tejido oculta y realza más que tapar el abultado zocotroco de cálida carne dura y orlada de pelambre que nos obsequiará para deleite de nuestros labios...

- ¿Pero usted no estaba anoche bajo los efectos de un infarto?
- Sí, pero eso fue anoche... ahora estoy al borde del colapso, que la sangre se me ha subido a la garganta al ver la foto... ¡¡¡Llame urgentemente al SAMUR!!!

                  La sangre no llegó al río y El Viajero sigue vivo, en estado más bien estacionario. Porque lo de anoche no fue un simple (¿simple?) aviso, un amago de infarto... un dolor que no presagiaba nada bueno... Pero que con mucho amor y un buen masaje se le pasó, aunque la cabeza la tiene hoy así como en otra parte, con una diadema de angustia y medio mareo. No es lo mejor como para iniciar un viaje largo.
Y es que El Viajero anunciaba ayer su inminente partida (una vez más) al norte, a la búsqueda y captura de otra casa; ésta piensa que sería ya la de-fi-ni-ti-va...

- (¡¡¡Y yo me lo creo!!!).

                  El macizo de la foto no se sabe quién es, seguro que tiene ficha e historial en la Red de redes de donde salió para caer en el saco de fotos de tíos buenorros que El Viajero tiene en su obsoleto portátil, una pequeña colección de cuerpazos de impresión. Pero no han sido éstos los causantes de su ahogo de anoche, no. Él sólo se obnubila ante un cuerpo corpóreo, real, de carne y sangre caliente que pase por su lado emanando sus efluvios adorables de macho sin fronteras, un macho-macho de las que quedan pocos, los más quedaron travestidos en poses de catálogos maricas que los han depilado, plastificado, humillado hasta límites de empacho celular untado con brillantina e imbuido de aromas Dolce&Gabbana Man de un rosa chicle nauseabundo. Lo peor.
Y eso sí que es de infarto, ver a un tiarrazo depilado y metido con calzador en un mini bañador rosa (¡¡¡horror!!!) ilusión...
¡¡¡Pelos al poder!!! ¡¡¡El vello es bello!!! (¡Y el púbico, más!).

- De verdad que estoy bien, no hay de qué preocuparse... Hasta el sábado próximo, ciao.
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© Juan Rodort, 2015

domingo, 13 de septiembre de 2015

Oh, Bears! (¡Oh, yeah!)

(Playa de Sitges muy animada, mientras los "osos" duermen la resaca)

              Bears Sitges semana de septiembre, es uno de los festivales más grandes y populares del oso en Europa que atrae a más de 5.000 visitantes, osos, admiradores, cazadores, osos musculares y más. El "Oso Village" puede ser en el paseo, pero los osos están en todas partes. Sitges se transforma en un paraíso del oso durante12 días. Hasta el domingo 13 septiembre 2015.

¡¡¡Lástima que terminó el festival de Sitges!!!
¡Bears, bears, bears! Ososososososososososososososos... y así hasta el infinito y más allá...
¡Ositos queridos, adiós!
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Osito

              Osito, así le decía yo, era un sobrenombre que empecé a elaborar en mi mente desde la primera vez que, locos los dos, nos encerramos en un motel a darle corporeidad al deseo mutuo; un deseo que pronto se transformó en amor y que fue lo más hermoso que he vivido.
Después de esas sesiones de sexo, de ese sexo que solo es posible entre dos hombres, de ese sexo que no admite gestos dulzones, de ese sexo rudo, fuerte y placentero que en su propio egoísmo es generoso; sí, después de que nuestros sudores y fluídos corporales se hacían uno, él dormía o fingía que dormía, nunca lo supe, mis dedos recorrían su hermoso cuerpo, ese cuerpo con el que pocos minutos antes me había yo hecho uno, para terminar refugiado entre sus piernas y continuar acariciando su pene adormecido y la gran bolsa de su escroto. Sí, era un osito, porque la tibieza de su cuerpo me hacía sentir abrigado, contento y seguro...
Osito, osito le decía yo y me sentía feliz porque ese nombre solo se lo decía yo: Osito... 

Osito ya no está y mis noches son muy frías sin él. 
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© Anonimo Veneziano & Juan Rodort (por la traducción), 2015

viernes, 11 de septiembre de 2015

Dies irae, dies illa...


DIES IRAE
(Secuencia de la Misa de Difuntos, fragmento)

Dies irae dies illa, solvet saeclum in favilla, teste David cum Sibylla.
Quantus tremor est futurus, quando judex est venturus, cuncta stricte discussurus.
Tuba mirum spargens sonum per sepulcra regionum coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et natura, cum resurget creatura, judicanti responsura.
Liber scriptus proferetur, in quo totum continetur, unde mundus judicetur.
Judex ergo cum sedebit, quidquid latet apparebit, nil inultum remanebit...

(Aparecerá el libro escrito, en el que todo está contenido, y con el que se juzgará al mundo.
Así, cuando el juez se siente, lo escondido aparecerá, y no habrá nada sin castigo...)


                 Eso es lo que desde el siglo13 se viene cantando y recordando en cada liturgia por los difuntos. Y es una premonición o una profecía oculta o un simple aviso, quién lo puede saber, pero el viajero piensa que todas las mentiras al final se desvelan, caen por su propio peso. Y eso mismo es lo que ocurrirá con las historias que nos hacen pasar por la Historia. Nada es verdad ni es mentira, todo es según del color del cristal con qué se mira... que decía uno  de los famosos dichos (puede que de una obra de Calderón de la Barca, o tal vez una cita de Don Ramón de Campoamor).
Y todo esta parafernalia viene a cuento de la fecha del día de hoy... La Diada de Cataluña.
Ah, ¿que hay otras efemérides para este mismo día? El viajero no cae en estos momentos, está a la cuarta pregunta y se resiste a caer en la fácil trampa de los medios de comunicación, que ponderan a los niños emigrantes y a los policías de fronteras europeos (todos ellos europeos pero unos que han tenido la mala idea de haber nacido en países de segunda o tercera categoría y otros, los prepotentes actuales que no recuerdan nada y mejor para ellos porque deberían de hacerlo, todos europeos pero marcando las clases... y las etnias... y los dineros, por supuesto).
Hace muchos años el viajero aún era un contribuyente en activo y supuestamente productivo, trabajaba en una redacción de periódico nacional afincado en el Sur. Bien, tal día como el de hoy llegó a su jornada de trabajo y se sorprendió ver cómo los televisores difundían una película de miedo y de catástrofes... Una mala película en la que los fallos de guión eran evidentes y las tomas "en directo" más falsas que una entrevista a famosillos. Y esa anécdota pasó inadvertida para el resto de la población mediatizada por las impactantes imágenes manipuladas por los medios. Pero a las mentes pensantes e inteligentes (a unos pocos nada más, desgraciadamente) el engaño y la falacia no pasó desapercibido, estaba bien claro que todo aquel tinglado y parafernalia estaba montado para distraer la atención de hechos más graves que se estaban cociendo o que ya estaban decididos de antemano y ponían una pantalla de humo (nunca mejor dicho) para distraer la atención del populacho... Porque la masa informe de televidentes se lo tragó todo, todo, sin comentarios, todos teledirigidos, todos rellenando todas las casillas que debían rellenar en la encuesta prefabricada por los mandamases... El viajero lo tuvo claro desde el principio. ¿Que había "daños colaterales" de por medio? ¿Alguien sabía qué era eso entonces? Nada, nada, lo fácil. Poner etiquetas y quedarse tranquilos...
Así que la fecha del día de hoy es importante porque el viajero dejó Ibiza en 1976, en un día lluvioso y prematuramente frío en que embarcaba en un vuelo a Barcelona donde se encontró con que era el Día, la Diada, la fiesta después de la Dictadura... ¡Un año de libertad! Y el comienzo del libertinaje... ¿Democracia? Tienes nombre de mujer... y el viajero tiene algo de misógino. No es culpa suya, son las circunstancias que le han ido formando tal como es.
Así que sí, ¡¡¡Días de la Ira!!! Todo se sabrá a su debido tiempo... aunque a algunos ya ni nos importe, porque después de mi muerte, que hagan gachas en mi culo...
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© Juan Rodort, 2015

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Requiem por un cumpleaños no cumplido


(Estudio de hombre desnudo reclinado,1786. Dibujo. Jan Ekels, Holanda 1759-1793)

Requiem

A force de vouloir être
dans cette solitude où
de n'être rien les autres craignent.
A force d'oublier de vivre
traqué par la peur d'un esclandre,
évitant que n'importe quel
joyeux drille ne s'aperçoive
de mon effort d'être, je n'ose
ni manger, ni boire, ni m'attabler
au bord de leurs danses.
A force de vivre sous
l'uniforme mal connu
d'une légion étrangère.
A force de me donner l'air
de n'avoir pas l'air à force
de m'engluer dans mes pièges.
A force de me dire s'ils veulent
voir mes papiers je suis perdu
bref à force de feindre
d'être des leurs moi le voleur
aux semelles de silence.
A force de donner le change
et pour l'ombre d'un bossu
avoir pris celle des anges
et d'alourdir mon scaphandre
d'œuvres de plus en plus suspectes
à la barque des beaux rameurs.
A force de suivre les ombres
de fantômes sans châteaux
styx sur tes désertes rives,
sans avoir vécu, je meurs.

Jean Cocteau, Le Requiem (1962)


(A fuerza de querer ser en esta soledad donde de no ser nada los otros temen. A fuerza de olvidar vivir acechado por el miedo a un escándalo, evitando que no importa que alegre compañero no se dé cuenta de mi esfuerzo de ser, no me atrevo ni a comer, ni a beber, o a sentarme al borde de sus danzas. A fuerza de vivir bajo el uniforme desconocido de una legión extranjera. A fuerza de darme el aire de no tener ese aire. A fuerza de atraparme en mis trampas. A fuerza de decirme si quieren descubrir mis papeles estoy perdido totalmente. A fuerza de fingir de ser yo mismo su ladrón de suelas de silencio. A fuerza de dar el cambiazo y por la sombra de un jorobado haber tomado la de los ángeles y de agravar mi escafandra de obras cada vez más suspicaces en la barca de bellos remeros. A fuerza de seguir las sombras de fantasmas sin castillos, Estigia en tus desiertas orillas, sin haber vivido, yo muero).



Traducción Juan Rodort, 2005

Y es que tal día como hoy el amigo muerto de El Viajero cumpliría 66 años.
Diecisiete años han pasado y no pasa un día sin que su rostro juvenil, aquel pícaro rostro de cuando eran dos atolondrados jóvenes saliendo de la adolescencia para recibir el trofeo de ser hombres se le venga a la memoria. Ese trofeo dispar los separó hasta que hace 17 años una llamada de teléfono les recordó que aún seguían siendo tan amigos como el principio: Amigos para siempre se juraron siendo casi niños, amigos por siempre en la distancia y aún después de la muerte...

lunes, 7 de septiembre de 2015

¡Por fin llegó el lunes!

¡¡¡Que me quiten lo bailao!!!
Es una frase que bien podría decirse del muchacho que se despierta del cansado fin de semana, del ajetreo sexual que durante dos días intensos de fiesta-fiesta ha tenido sometido a su cuerpo.
Y quién podría reprocharle nada cuando derrocha belleza por los cuatro costados, cuando la perfección le apadrinó y la suerte le siguió embelesada con su hermosura. Y es que la primera juventud es la mejor de todas...
No puede decir lo mismo el viajero que escribe estas líneas con envidia y estupor de verse retratado en el chico de la foto, de recordar aquellos lunes en que ni tan siquiera le daba tiempo de tomarse una ducha o cambiarse de la ropa con que salió el sábado de su casa y que volvió a ponerse el domingo y que el lunes amaneció en otra casa y otros brazos distintos del sábado-noche y el domingo por la mañana... Aquellos lunes en los que, después del trabajo, podría llegar por fin a su propia casa para descansar del ajetreado fin de semana.
Por eso lo de exclamar ¡¡¡por fin es lunes!!! le lleva a recordar aquellos años de jolgorios continuados, de fines de semana interminables que duraban varias semanas (¿o eso es ya mucho exagerar?); por lo menos le duraban los días completos, de viernes por la tarde a lunes por la mañana. O sus variantes, cuando debía levantarse a toda prisa para llegar a la misa votiva que tenía obligación de asistencia para cantar sus ritos y gorgoritos (el viajero era cantante aficionado-profesional de música sacra ¡ver para creer!) sin tan siquiera cambiarse de ropa ni poder asearse de la orgía de la noche anterior. Así, con las evidentes muestras de sus excesos sexuales nocturnos, llegaba como si acabase de perder la virginidad horas antes, con el olor transparente del semen de sus compañeros de la noche anterior seco en los repliegues de su carne. Y mentía como el que más, sonriendo a diestro y siniestro para disimular el tufillo a sudor sexual y humo de discoteca gay de moda que sus ropas desprendían -o era lo que a él le parecía-.
Y aquí debiera venir aquella frase célebre de la vecina de El viajero que, al volver a casa después de uno de sus largos fines de semana, le espetaba en el descansillo cuando intentaba introducir la llave en su cerradura: ¡¡¡Esto es un escándalo!!! ¡¡¡Esta casa es muy decente!!! ¡¡¡Anoche se oían gritos de mujeres desnudas!!! Y él cerraba la puerta en las narices de la airada vecina que seguía lanzando improperios en contra de los maricones y de las putas... Y es que El viajero compartía piso con otro libidinoso joven que se montaba sus fiestas-fiestas pero con mujeres, o con la novieta de turno y le daba por jugar a hacerse cosquillas... Inocentes juegos en comparación con los pesos pesados que El viajero lidiaba en sus noches locas fuera de su casa, por supuesto. Y, al entrar en el piso compartido, se daba cuenta del fiestón que se había perdido... Los churretes de salsas y nata montada resbalando por las puertas, la cocina deshecha en un caos de cacharros sucios hasta decir basta y el baño con los restos de vomitonas mal limpiadas... Sí, no le extrañaba nada el enojo del vecindario. Aquello era un infierno y él no sentía las piernas del cansancio acumulado; por eso lo de ¡por fin es lunes! ya le estaba hartando un poco. ¿O era que ya estaba envejeciendo?
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© Juan Rodort, 2015

sábado, 5 de septiembre de 2015

Sábado, sabadete; camisa blanca y un polvete


                    Era un decir que se decía antes cuando lo de ducharse todos los días o cambiarse de ropa limpia no era tan frecuente como ahora por múltiples motivos ya fuesen por falta de vestuario, por carecer de máquina lavadora o por vivir solo en una atriste pensión de la capital mientras se trabajaba en lo que había para mandar dinero a la familia que se quedó en el pueblo o, también el mismo caso con los emigrantes de aquellos años 60 (del siglo 20) que casi todos estaban a la cuarta pregunta, a dos velas en lo que a sexo se refiere (sexo hombre-mujer o a la inversa, pero en el caso de mujer-emigrante la cosa ya era más tabú).
Pues un muchacho fornido y moreno, del sur del Sur, agareno, de turgente piel orlada de vellos negros y rizados en la entrepierna, eso sí, afeitado porque entre semana podría ir a la fábrica con barba de un día (lo de la "moda" de la barba de tres días es un divertimento de progres y snobs actuales con sueldo fijo o puesto de trabajo cubierto -que ya son raros-). Aquel joven soltero y salido de los años 60 del siglo pasado solía ducharse los sábados por la  tarde, porque trabajaba hasta por la mañana y desde mediodía del sábado hasta la noche del domingo tenía que disfrutar del cortísimo fin de semana que le brindaría un ligue ocasional con mujer autóctona apasionada y entradita en años y carnes (porque los ligues de hombres con hombres eso sí que era entonces un gran secreto guardado hasta la muerte y un emigrante que se preciase -un emigrante espñol se entiende- no podía ser maricón, antes morir).
Entonces, este joven de la foto, ya duchado, con los bajos limpios y cargados para disparar chorros de semen en el primer agujero que se pusiese a tiro, con ropa limpia de un blanco reluciente -unos calzoncillos inmaculados y ajustados que le realzaran el paquetazo que Dios le dió, un torso perfumado dispuesto a recibir una camisa blanca impoluta sobre sus erectos pezones y su rizado pelo pectoral... (El modelo que ilustra este ejemplo es un joven actual y por eso lleva esa barbita de tres días -aparte de que es un maricón calientapollas de mucho cuidado, según fuentes conocidas- y luce aparatoso reloj de moda, aparte de llevar unos Calvin de última generación). Nada de esto se podía permitir el joven de los años 60 del siglo pasado, ya estuviese en la capital o en los extranjeros-capital, a lo sumo sacar la muda limpia de su maleta y una camisa blanca de vestir, de salir los sábados por la tarde (porque en su pueblo era la camisa del domingo para ir a misa y dar un paseo aburridísimo por el Paseo del pueblo) y ya duchado y bien repeinado salir a la calle dispuesto a romper virgos en alguna discoteca de barrio (lo de romper culos era algo impensable, por lo menos en esta clase de jóvenes castos y puros que la palabra maricón sólo la empleaban para los que no tenían valentía y coraje para afrontar la vida y no en el sentido de afeminado o gay actual, esos eran unos sarasas y sólo se hablaba de ellos en los chistes de maricas)... Pero este joven del siglo pasado, de mediados del siglo pasado, tenía en mente que las horas que le quedaban del corto fin de semana eran para divertirse al máximo y si surgiera o surgiese un ligue, mojar en toda regla (no la regla femenina, no, sino mojar-follar con todas las de la ley: ¡sin condón! y si se quedaban preñadas las criadas o empleadas de grandes almacenes asiduas de esas discotecas de barrio (hermanas o primas de otros que como él trabajaban en la ciudad o en el extranjero-capital) era asunto de ellas. Él a lo suyo, a vaciar los cojones de esperma que en una semana de ocasionales masturbaciones ya le picaban los güevos (¿o era que había pillado ladillas?)...

                    No quiere ser sádico el viajero y ensañarse con esta clase trabajadora de entonces. Él mismo se vio sometido a similar juego cuando le tocó trabajar para ayudar en casa. Llegaba el sábado, se duchaba, se cambiaba de ropa y salía con la esperanza de que un joven le ligara y le explicase cómo se hacía para follar entre hombres... Él fue virgen en esta materia hasta pasados los 25 años... Años oscuros aquellos.
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© Juan Rodort, 2015

jueves, 3 de septiembre de 2015

El mundo real ciega tus ojos


                     Era una cosa así aquella canción de The Platters, Smoke Gets In Your Eyes (Humo en tus ojos), llevada al contexto de esta realidad virtual en que estamos viviendo o nos están viviendo, nunca sabremos si verdaderamente Matrix está fuera o dentro de nosotros...
El viajero comienza bien el día con un repaso a las "viejas" noticias de hace unas horas, de hace pocos días o atemporales de tanto que se repiten una y otra vez... Malamente se las puede llamar noticias cuando deberían decirse sucesos o desgracias pues no hay nada bueno, bonito ni barato. Las tres bés de la felicidad terrenal. Y es que piensa el viajero que ya no estamos en un plano terranal, ahora todo es virtual, si no estás conectado a la Red de redes no existes. Si no tienes un perfil medianamente visitado no eres nadie...
El término norteamericano de "eres un perdedor" está acuñado para esa sociedad que ahora ya es la nuestra a fuerza de mímesis forzada y cuasi forzosa... A la fuerza ahorcan dice nuestro personal dicho (todavía no nos han quitado nuestra particular idiosincrasia, no del todo, no a algunos, por lo menos no al viajero). Y es que esta mañana al viajero se le han puesto de punta los pelos de su rapada cabeza (él es un precursor del afeitado craneal desde mucho antes que lo pusiesen de moda los deportistas, cuando tan sólo el Kójak (el malogrado Telly Savalas con su sempiterno chupa-chups en la boca y ni un pelo de tonto) era el único que se atrevía a salir por la pequeña pantalla, aquella que todavía no era el conductor de mentes, el alienador de voluntades, el atontador inagotable... El Ente, así se llamaba en este país heterogéneo a la "caja tonta", o a los que la manejaban. Pero no van por ahí los argumentos del viajero (no quiere expresarse con el clásico "no van por ahí los tiros" no vaya a ser que en vísperas de unas fechas tan señaladas en este calendario de Septiembre le tilden de lo que no pretende ser ni por asomo... Y no va a dar más pistas sobre sus pareceres que luego todo se sabe y el Internet no perdona, ni olvida, ni borra lo escrito en momentos de exaltación y calentura saguínea, cosa fácil en el acervo cultural hispano...
No, el viajero no se considera un "perdedor" ni mucho menos porque no tenga un flamante título universitario (nunca terminó aquella carrera de la rama de la arquitectura y el ladrillo), ni por ende que no le contratasen en puestos ad hoc con sus conocimientos y genialidades, porque el viajero es, ha sido y será un artista; él para eso nació y para eso es para lo que sirve en cuerpo y alma. Y como tal no le da empacho de tirarse flores ya que sus abuelas fallecieron tiempo ha. No, el viajero no se considera un perdedor ni tampoco un ganador, porque no le da la gana de jugar a este juego de las competencias; siempre que pudo se mantuvo al margen... y así le fue en la rueda de la Fortuna. Ya se sabe que la Diosa Fortuna es veleidosa y caprichosa con sus escogidos o maldecidos, nunca se sabe si el llegar a tener fortuna es una bendición o un castigo. El viajero fue y sigue siendo un pobretón del montón, ni mucho ni poco; tuvo sus momentos de gloria y sus bajones infernales, como un eterno Don Juan (siempre lo fue). Pero esta mañana le ha dado por dejarse cegar por el humo de las "noticias" y está de muy mala leche. No es para menos ante el panorama devastador de la que se avecina, vecina... "Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, echa las tuyas a remojar", he aquí otro proverbial dicho español. Y es lo que se nos avecina dentro de pocos días, como una Espada de Damocles, como esa espada del chico macizo de la foto ut supra (¡cómo le gusta al viajero ser un pedante!) va a ser sonado.
Y era de este muchacho de arriba del que el viajero quisiera hablar, del que quisera tener conocimiento (bíblico, carnal y orgiástico) para poder opinar sobre el tema de las espadas. Adorador de la espada, en recogimiento místico antes de la gran batalla... ¿Es ese el mensaje? Dentro de unos días lo veredes ("cosas veredes"...).
Pero el humo ciega los ojos del viajero y las lágrimas corren por sus mejillas en anticipado llanto por los acontecimientos que vendrán. Pesimista que está hoy el hombre...
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© Juan Rodort, 2015

martes, 1 de septiembre de 2015

Cuando llegue Septiembre...

"El final del verano llegó y tú partirás
Yo no sé hasta cuando este amor recordarás 
Pero sé que en mis brazos, yo te tuve ayer
Eso sí sé que nunca, nunca yo lo olvidaré..."
Decía una estrofa de aquella canción emblemática de nuestra mejor época de adolescentes primerizos y que cantaban los incomparables "Dúo Dinámico" sin comprender que no era para chico-chica que se despiden sino para dos fogosos muchachos adolescentes que habían descubierto el amor -o eso es lo que ellos creyeron en aquel momento-, un amor eterno. Y de alguna manera lo fue, porque aún en la distancia, aún con el tiempo transcurrido, aún con el impedimento de que uno de ellos ya no esté en este plano mortal porque lo transpasó hace años...
Sí, ya sabeis de quién está hablando el viajero: de su eterno amor, de su amigo Pedro. Pero aunque tampoco fueran como los amantes de la foto -por mucho que el viajero le insistiera y fuese rechazado- el final de cada verano quedaba en el aire suspendido como ese abrazo de dos cuerpos de jóvenes desnudos que se habían dado su primer beso de amor, de un amor limpio y puro. Porque ese fue el amor del viajero por su amigo. Ese es el amor inmaculado que aún persiste a través del tiempo y el espacio, de los imposibles abrazos que ya no serán más que en sueños...
No, anoche el viajero no volvió a soñar con su amigo Pedro. No, anoche no regresó al eterno Manderley...

"Anoche soñé que volvía a Manderley. Me encontraba ante la verja pero el camino estaba cerrado. Entonces, me sentí poseído de un poder sobrenatural y la atravesé como un espíritu. El camino serpenteaba, retorcido y tortuoso como siempre, pero según avanzaba percibí que la naturaleza se había posesionado del mismo con sus tenaces dedos. Finalmente, allí estaba Manderley, reservado y silencioso. El tiempo no había desfigurado la perfecta simetría de sus muros. A veces la Luna puede jugar con la imaginación. Creí ver luz en las ventanas, pero una nube cubrió repentinamente la Luna y se detuvo un instante, como una mano sombría escondiendo un rostro. La ilusión se fue con ella, extinguiendo las luces. Veía un caserón desolado sin que el menor murmullo del pasado rozara sus imponentes muros. Nunca podremos volver a Manderley, esto es seguro. Pero algunas veces en mis sueños vuelvo allí, a los extraños días de mi vida que empezaron en el sur..."

...parafraseando al inicio de la genial "Rebeca". Ese sueño recurrente del sustitutivo Manderleyano es el piso donde vivía la familia de Pedro, sus padres tambien muertos, la opaca luz de los rincones que solo el viajero recuerda como esencias del cuarto de su amigo, donde le espera en vano en muchos sueños sin que aparezca. Y el viajero despierta con una zozobra inquietante, porque comprende lo insano de esa obsesión con aquel joven amor de verano, de veranos sucedidos, porque siempre era verano al lado de su amigo, porque el calor de su piel era suficiente para fijarlo en la estación reina, en el día glorioso de su cumpleaños. El día en que el viajero vió por primera vez la luz de su Andalucía. El cielo abrasador que ya le cobijaría toda su vida, ese mismo cielo compartido con el amor por su amigo...
No, no se puede volver al pasado ni tan siquiera en sueños. Él no vuelve, solo en algunos aparece y se diría que cada vez más cansado... ¿de esperar? Porque ellos hicieron un pacto de aviso mutuo para después de la muerte. Y Pedro ya le ha avisado...
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© Juan Rodort, 2015