lunes, 27 de abril de 2015

Almendras amargas. Preludio III



Almendras amargas
Preludio (III)

PRE-TEXTOS (Diario futuro para una espera –o varias-)
Madrid 1978
17 febrero

¿Sabías de tu cuerpo su fragancia?
Suave mar de células planetarias
en el basto continente de tu pecho,
minúsculos volcanes erectiles de una flora primigenia.

Cuando el salto palpita curvo de tensiones
y es contorsión enorme.
Dulce piel cadera arriba
quisiera invadir múltiples escuadras celulares
tu recinto de espesos valles lubrificados.
Viajando por la esteparia posadera
la primera escuadrilla digital reposa
en curvas despejadas

                    ¿Qué habrá sido del Javi? Nos volvimos a encontrar otra vez y en el barrio del Borne barcelonés en 1986. Los dos habíamos cambiado. Él terminó su carrera y trabajaba. Se había casado pero ya estaba separado de su mujer. La confesión casi con vergüenza de su matrimonio no me caló como debiera porque en aquellos momentos yo tenía un “grave problema” y era desmontar otra exposición (visión surrealista de Las Ramblas barcelonesas) que esta vez no había tenido ningún éxito ni de ventas ni de visitas. Y esa preocupación inmediata no me dejó ver al hombre que me pedía a sordos gritos volver a intentar el primer amor. No he tenido más noticias suyas, volví a llamarle sin éxito -no cogía el teléfono- para explicarle mi brusquedad. A veces intento encontrarle en la web introduciendo su nombre, su ciudad, su profesión…

Esta mañana, al sol primaveral que invade mi casa astur, las nostalgias no han sido por él sino por el jardín y el mar desde la terraza de la casa. Porque el jardín astur está rodeado de montañas y bosques, pasa rozándole un río de cuarta categoría, pero fogoso cuando se llena con las lluvias. Al fondo, al sur, se abre el valle para cerrarse en la lejanía con las altas montañas del Parque Natural de Somiedo que cada invierno se llenan de nieve en la neblina del horizonte. Y este jardín es muchísimo más grande que el de Malgrat, pero no tiene azoteas que dan al mar, ni las dos torres desde donde el panorama circular del mar, la playa, el paseo marítimo, los tejados, el monte y otra vez el mar tras más tejados estaban metidos en una esfera de luz azulada.

Mirando el pasado no me reconozco. Es como si fuese otro el que lo recordase. Y hasta hace pocos años lo recordaba como algo mío, y lo describí con algún detalle, pero no es el caso de hoy. Se que están ahí, en alguna parte de mi memoria que ahora está nublada, en cajas precintadas, como las que aún quedan sin abrir de la última mudanza de hace ya cinco años. Es significativo que cada vez haya más cajas sin abrir de una mudanza a otra, se acumulan las etiquetas de las diferentes compañías de transporte como una historia contada a portes pagados. Mi propósito es abrirlas todas y hacer una “limpieza”. Seguro que allí están los dibujos restantes de aquellas exposiciones barcelonesas, de aquellos viajes al norte de África o de los del norte de Europa o aquel del breve contacto en México. En todos esos sitios hubo “amores”, breves y no tan breves amores, como fue el amor-odio por Mojtar –he vuelto a indagar en Internet sobre él sin resultado-. Los poemas a él escritos fueron heridas que aún sangran. El amor imposible. Siempre han sido imposibles hasta este amor de hace 16 años seguidos desde el primer encuentro hasta hoy en día. Es raro. Me pregunto cómo funciona, cómo no han funcionado los otros amores, ¿eran verdaderos amores?, ¿era amor? La naturaleza del Amor. ¿Cómo es?

En Asturias hemos asistido a momentos, fugaces instantes, de goce visionario, algo parecido a los sublimes goces del amor carnal fundido con ese algo más. Esas visiones veloces de la antigua naturaleza poblada de sus seres primordiales que cada vez son más difíciles de ver. Y no por predisposición nuestra sino porque los lugares están siendo esquilmados, aniquilados en aras del “progreso” o del bienestar momentáneo. Nada para el futuro. El paraíso natural anunciado en las publicidades no existe. Esas breves imágenes del anuncio es todo lo que queda. Todo él es un montaje. El paraíso está fragmentado y sólo con la mirada periférica se alcanza a descubrir por fugaces instantes. Y hay que atraparlo entonces porque es muy difícil volverlo a ver. El paraíso natural subsiste en los micro-entornos, cada vez más pequeños, protegidos de las airadas miradas del “progreso”.

(Ahora mismo, un vecino está asesinando el canto de los pájaros y el sonar del viento con una motosierra u otro artilugio productor de ruidos horrendos y destrucción –solamente corta, tala, machaca, destruye con sus múltiples maquinitas-. Total, él vive en la gran ciudad entre semana y los fines de semana viene aquí a tocar las pelotas a la naturaleza y a mí. Y con él los otros aborígenes que depredan cada día, contaminan todo lo contaminable –ya no les queda nada por contaminar-, ellos se quedarán aquí para dejar a sus descendientes lo que con tanto afán están matando).
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© J. R. Ortega, 2010

sábado, 25 de abril de 2015

Almendras amargas. Preludio II



Almendras amargas
Preludio (II)

PRE-TEXTOS (Diario futuro para una espera –o varias-)
Madrid 1978
15 febrero

Estoy contento de que vuelvas
como un río de revueltos amaneceres.
Te iré a esperar todos los días
como esperé callados inviernos de nostalgia y mar inquieto.
Tú vendrás ausente de caminos aéreos,
ni férreas vías paralelas contendrán tu cuerpo en la huida.
Que vendrás en nocturna carretera,
 tomando coches a dedo,
como quien pide limosna de autopistas.
Y vendrás a mi casa de nuevas nostalgias del jardín marino,
a esta cárcel mística–espartana,
acallando la sangre de la orgía.
Vendrás –cuento día a día la espera-.
Vendrás borrando soledad y atardeceres
a prestar un poco de tu cuerpo
a esta casa de cuerpos vacíos
y esperadas manos;
azul cristal que tocaré muy pronto.

                    Aquella relación duró casi dos años de una forma intermitente mientras viví en Cataluña. Nos seguimos viendo, aunque nuestros juegos amatorios no estaban a la altura de las primeras veces, que fueron tórridas y entregadas, aunque sin ninguna técnica (él dudaba de su sexualidad y yo no tenía ni idea de hacer sexo –es cierto-). Me seguía a todos los nuevos domicilios por la costa catalana, hasta que volví a Madrid dos años después.

En una de nuestras continuas llamadas telefónicas me dijo que vendría a visitarme a Madrid. Pero nunca lo hizo, ni nos vimos en Barcelona cuando, en un desesperado intento de cita más cercana para él, le esperé en una fría terraza de un popular café de la Plaza de Cataluña hasta que el frío se incrustó en mi corazón aterido, roto de amor y cansancio de esperar; decidí continuar mi vida sin él. Viajé a los antiguos lugares donde fuimos felices, donde otras gentes ocupaban los cafés y nuestros rincones secretos; pasé las horas con antiguos conocidos y, después de una noche llena de humos, alcohol y algo parecido a sexo onírico, tomé otra vez el tren de la mañana por la costa hasta Barcelona y seguidamente volví a Madrid.
Antes pasé por la casa y el jardín de Malgrat de Mar. La casa seguía igual, aunque cerrada y terriblemente triste, como yo. Los dueños habían desmontado partes de los adornos en bronce de la puerta principal (luego me enteré que decían que yo me los había llevado…). Aquella casa fue un sueño de azules jardines con el mar rompiendo casi en las ventanas de las antiguas cocheras donde yo instalé mi estudio de pintura. Encima tenía una terraza a la que se subía por una escalera de caracol de hierro forjado, en esa terraza tendía mi ropa y mis sueños al horizonte marino. Una imagen que aún hoy perdura. Allí estuvimos abrazados Javi y yo mirando ese inmenso azul Mediterráneo. Detrás, el jardín de un verde acuático y la casa con sus vidrios de colores art-decó nos acunaba.

En otra casa, un apartamento en la tercera y última planta, con vistas al patio de manzana interior, en Madrid rememoraba el mar oculto tras los tejados de Canillas. Ya siempre hubo un mar al otro lado de las paredes en todas las casas, casas tomadas de prestado, casas pagando un alquiler y finalmente casas compradas y vendidas hasta encontrar la casa definitiva. Ésta, del oeste astur podría haber sido esa casa y no por falta de entusiasmo en la búsqueda. Pero hubo siempre algo que no me ha hecho sentirla mi casa. Ahora recién hemos hecho tratos para mudarnos más al sur, al levante interior. Allí el mar está en el horizonte tras las montañas igual que aquí, quizás aquí esté más cerca porque desde el collado del Monxagre se divisa la línea oscura del Cantábrico.
Pero esa casa quizás esté solo en mis sueños, porque la de Malgrat de Mar fue el descubrimiento del concepto casa y sí es verdad que de haber tenido fortuna hubiese sido mía –afán de posesión-. Fue mía en la temporada en que habité allí y me acogió como una madre-amante-amiga. La casa tenía casi de todo. Igualmente de lo mismo que me faltaba a mí entonces. Ahora sólo quedan las nostalgias.
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© J. R. Ortega, 2010

jueves, 23 de abril de 2015

Almendras amargas. Preludio I


(Michael Triegel, A Resurrection, 2006)

Almendras amargas
Preludio (I)

PRE-TEXTOS (Diario futuro para una espera –o varias-)
Madrid 1978
16 febrero

El suave tocar de Schubert desliza una lluvia de sutil sonido.
La noche aumentó las nubes en mis sueños
para olvidar tu cuerpo desleído en abrazo de profundidades.
Los girasoles calcinados dieron vuelta al recuerdo.
Cuando tú paseabas tu mano en mi pecho sediento de calles viajeras
olvidé los jardines y la playa bebiendo tu imagen,
desnuda imagen dormida de dios Pan embriagado.
Colgué mis ropas infantiles
en las copas altas del jardín anochecido
para que el mar borrara todo rastro de inocencia.
Y conocí tu beso.
La noche corría los postigos del mediodía urbano
cuando la noche hay que pintarla en cualquier sitio
para retener un mar o un cuerpo,
tal vez instantes de mar o cuerpo.


                    Anoche volví a escuchar música de Schubert en la radio. Mi corazón se llenó de pronto de una amarga nostalgia hasta rebosar...
Precisamente en ese momento estaba leyendo antiguos versos, desgarradores versos de soledad y ausencia. Los había escrito a principios del 78 en forma de diario, como de una espera desesperada; cada día escribía un poema, también incluía al margen algún dibujo... Y, de pronto, leyendo el verso: …”una tristeza me invade, como la música de Schubert”… comenzó en la radio la misma música ya escuchada en 1978 mientras escribía estos versos. ¿Casualidad?

Una música que para mí nada significó hasta ese primer momento fue tomando cuerpo en un sentimiento de melancólica soledad por la falta del amor soñado.
Porque ese amor del 78 era más bien soñado...

Ocurrió a finales del verano de 1976 en Barcelona, durante largas noches... Días llenos de lo que entonces creía que era el sexo y la pasión. Pero solo fueron caricias y manoseos mutuos hasta conseguir orgasmos unísonos y escandalosos, gritados a pleno pulmón. Javier y yo, totalmente obsesionados el uno por el otro. Él, por mi pequeño mundo seudo-romántico, medio hippie, por mi larga y rizada barba negra, el pelo recogido en una coleta bucanera... Y yo, por su juventud de tierno David redivivo, con el mismo cuerpo duro y musculoso, blanco como el original marmóreo de Miguel Ángel, pero éste ostensiblemente dotado para el amor...

Nos encontramos en una galería de arte en pleno barrio del Borne, donde yo exponía entonces. Lo más llamativo que recuerdo de Javier fueron sus blancos pantalones cortos sujetos por tirantes elásticos de listas rojas y amarillas... Y sus ojos. El azul purísimo de sus ojos enmarcados por el oro de cejas, pestañas, rizos y la incipiente barba. De inmediato se unió a nuestro grupo, formado por mis amigos y amigas de Madrid que vinieron a mi exposición. Su cuerpo bien formado y sensual se me fue desdibujando a medida que la noche transcurría, luego de tomar muchas copas en un bar cercano. Creo que finalmente se apuntó a la fiesta-orgía en mi estudio del carrer de la Riereta...

Ni me enteré cuando a la mañana siguiente se marchó. Yo hice mi vida, despedí a los amigos en la estación y por la tarde volví a la galería. Era casi de noche cuando Javier volvió por la exposición y, como estábamos solos, nos fuimos a tomar unas cervezas al mismo bar de la noche anterior. Hablamos mucho, bebimos más y, abrazados-sostenidos uno sobre el otro, dando tumbos llegamos al estudio, donde le “conocí”... Desnudos y entregados totalmente. En una nube etílica, encubiertos los detalles. Pero, a pesar de todo, él estuvo mucho más resuelto que yo en sus primeros escarceos homosexuales; es más, fui yo el que aprendí de él...
Y creo que nos enamoramos esa primera noche de amor intenso aunque inexperto.
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© J. R. Ortega, 2010

martes, 21 de abril de 2015

Canción triste para un amigo muerto

Mar y recuerdos
("Poemas arqueológicos", 1966-1988)

                     Sin sol la playa desierta
                     donde un día te encontré
                     paseando solo en la arena.
                     He vuelto a pasar de nuevo
                     y la encuentro más vacía,
                     más triste y sola que nunca.
                     Tu voz, que me preguntó
                     adónde iba,
                     todavía la oigo cerca.
                     Miro al mar,
                     a las olas con su espuma
                     que a mis pies vienen sumisas;
                     les pregunto por tu andar
                     y me besan las mejillas,
                     mojándome.
                     Voy andando por la arena,
                     marcando mis pies detrás;
                     las rocas, el cielo gris
                     me siguen con la mirada
                     y se burlan.
                     Voy buscándote en el agua,
                     en el viento, en las olas,
                     y solo oigo tu voz lejos,
                     como el día que te vi,
                     triste, paseando en la playa;
                     tu pregunta no la oí,
                     sólo veía tus ojos
                     que me brindaban un beso
                     de tu boca...
                     Voy paseando por la playa
                     desierta, triste, sin sol,
                     mirando en mis pies la arena
                     que tú pisaras un día.
                     La bruma de una tormenta
                     cuelga en el horizonte.
                     Cojo una concha olvidada
                     y veo en ella tu imagen
                     que se aleja...
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© J.R. Ortega, 1967

domingo, 19 de abril de 2015

Jinete del viento

(Adolf Von Hildebrans, 1881-84)

Jinete del viento

Frío viento amanecido, azulinas nieblas entrelazan el camino.
Cálidos pulsares, rítmica pausada estera senda; sol de la mañana,
en negra y roja licra enfundados, enjutos cuerpos marchan
por alfombra de polvo y grava.
Dual imagen de recias piernas deslumbradas en danzarines saltos,
acompasado vaivén la entrepierna destila sus cadencias.
Deportivos cuerpos enfundados en pieles roja y negra
de acrílicos destellos, portal duplo que enceguece mis sentidos.
Movimientos sinuosos de cobrizas irisaciones, sus pieles;
cuerpos danzados en coreografías salvajes,
ágil visión furtiva delante-perfil-trasera. Redondas curvaturas
roja y negra refulgiendo al balanceo danzón acompasado.
Saludo al viento helado en la mañana de domingo,
fugaz visión de carnes mórbidas sorbidas con avidez de hambre lasa,
conjunción de las miradas y sonrisas. Negro cuerpo enfundado
en múltiples caricias quisiera haber podido detener su marcha,
destronar el dual camuflaje, suspender su rostro en mis manos
ávidas de ausencias de su cuerpo suplantado con anónimo cuerpo.
En la fría salvedad del camino a paso rápido el sol fustiga,
restallantes sacudidas eclosionan mis ojos presos de fútil sonrisa,
pesar de olvidos cuando eres tú quien conmigo camina
por el frío viento amanecido. Azulinas nieblas entrelazan el camino,
doble encuentro de promesas imprudentes. Jinete del viento,
cálidos pulsares, rítmica pausada estera senda; sol de la mañana,
en negra licra enfundado, enjuto cuerpo junto a mi cuerpo marcha
por alfombra de polvo y grava.
......................... 
© Juan Rodort, "Doble enroque" 2012

viernes, 17 de abril de 2015

El 17 (número primo y seguramente marica)


Estas páginas salieron en el número 17 de la revista MUNDO GAI, correspondiente al mes de mayo de 1986.
J.R. Ortega colaboraba en ella con sus ya famosos "The Chueca's Boys", una serie de tiras cómicas bastante marica, como no podía ser menos en una publicación para un público muy determinado y en un ámbito tan reducido como el gueto marica de Madrid.
Publicación mensual que era esperada "como el agua de mayo" -dice el dicho, nunca mejor dicho-. Se distribuía a mano, de bar en bar para su venta directa mientras el personal se tomaba unas copas, ligaba y veía videos porno-gays... si no estaban enfrascados en las oscuridades del "cuarto oscuro" a la caza y captura del príncipe encantado que siempre resultaba ser una foca más marica y plumera que la madre que la parió.
En estos años de apertura y tolerancia hacia lo homosexual, en un ebullente Madrid donde el barrio de Chueca comenzaba a despuntar y consolidarse como el "barrio marica" o "el barrio", a secas, para los maricas de la época post-franquista.
J.R. Ortega colaboraba con ilustraciones y poemas, además de con estas historietas, casi siempre basadas en hechos reales y verídicos que les ocurrían a él mismo y sus compañeros de farra: ¡Los Chueca's boys!,
cuatro amigos que salían de copas por los bares y discos de la ya consolidada noche gay madrileña.
En esos días la revista francesa "Gai Pied" cumplía sus siete años de andadura, nacía otra más: "Beach Boys"... El mundo estaba revolucionado por el afaire del diplomático francés que vivió en China con un tío creyendo que era una cantante (debía ser de un ingenuo el pobre diplomático...).
Y muchas más noticias venían en este número 17, las de cómo iba el ambiente nocturno madrileño, cotilleos, informaciones varias, una guía del Madrid Gai, un relato de Carlos Sanrune, "El niño de Oaxaca", un preciosista dibujo de J.R. Ortega: "O Porto, 9/81" de un bello ejemplar portugués (que el viajero ha sabido que fue algo más que amigo de Ortega), el anuncio del primer hotel gay en la Costa del Sol malagueña, "La Villa" (donde, según le han contado fuentes fidelignas al viajero, estuvo de mayordomo-gobernante este sin par Ortega durante una temporada memorable que ha quedado reflejada en muchos escritos que el viajero lleva filtrados en este blog). Y la historieta de ahí arriba, de la que el viajero hace una traducción del madrileño-cheli al castellano tradicional.

The Chueca's boys en el Rocío, por J.R. Ortega, 86
- Primera viñeta envuelta en el polvo de las calles de la aldea de El Rocío (Huelva) el año anterior, 1985. Se oyen las voces de nuestros amigos: "¡Esto es polvo y no lo que hacemos en Madrid!" ..."Para polvo, el que una vez en la sauna..." "¡Qué polvo tienes!" (dicho sin duda por Carlos que está tocando algo y comprobando que no es humano el instrumento que sostiene en la mano...
- Segunda viñeta: "¡Uy, que tonto! Pues no creí que era la (censura) de un tío... ¡Qué gordaaaa!" "¡Ay, no: que tengo novio!" (dice el caballo al que Carlitos ha tocado la (censura). "¡¡¡Mari-Chocho!!! ¿Tú por aquí? ¡Chicaaaa!" (dice Migue).
- Tercera-cuarta viñeta, Mari-Chocho delante de la Casa Hermandad de Chueca: "¡¡Chicosssss!! Soysss ubícuossss"yendo a la Hermandad de Chueca entre el polvo de la calle: "¡Venga, verirossss! Que os voy a enseñar dónde hay hombressss de verdad" y Carlitos, con un sombrero cordobés dice: "¡Jo! Ya estamos..." (los Chicos de Chueca van vestidos a lo rocieros.
- Quinta-sexta viñeta, patio de la Casa de la Hermandad de Chueca o Hermandad de la Santa-Pluma adornado con farolillos. Bailan sevillanas rocieras (...música y cante: "No puede ser rocieroooo quien no ha visto a la Pastora"). Mari-Chocho se fija en el tiarrón que está bailando en mitad del patio: "¡¡¡Qué tío!!! ¡Auténtico fuego para mi chocho!".
- Séptima viñeta. Mari-Chocho con los pezones erectos no puede contenerse más y aborda al macizo de pelo en pecho, babeando del gusto: "¿Bailamossss?" "Está bien", parece que el chico es corto de palabras.
- Octava viñeta, bailan mientras Mari-Chocho no hace más que mirarle el paquetazo al tío macizo: "¡Ole, paquete!".
- Novena viñeta, sudorosos entre una y otra sevillana: "Voy a beber algo" (suda y jadea). "¡No tardessss, corazón!" (se le hace la boca agua de imaginar cosas con el tiarrazo sudado, al fondo los Chicos de Chueca toman unas copas en la barra).
- Décima viñeta, Migue se insinúa discretamente al macizo: "Parece que te gusta mi amiga..." "¡Que dices, si a mí lo que me gusta son los tíos como tú!".
- Undécima viñeta, Derrotada y humillada, Mari-Chocho llora y suda a la vez: "¡Si lo sé, me quedo en Madrid!" mientras los Chicos de Chueca se van con el macizorro bien agarrados por los hombros: "Vámonos a la calle del Infierno*", dice el tiarrazo con una voz aguardentosa y bronca, promesa de lo que guarda entre la entrepierna...(*La calle del Infierno es donde se dan cita los maricas rocieron para hacer sus cosas a oscuras).
- Duodécima viñeta, las estrellas titilean sobre el inmenso cielo de El Rocío. Madrugada, después del salto a la verja, la Divina Pastora va en procesión arropada por el fervor popular: "¡Viva El Rocío!" "¡Viva la Virgen del Rocío!" "¡Guapa, guapa y guapa!" "¡Bonita, bonita, bonita!" mientras se oyen los últimos compases de una sevillana rociera: ..."Vente a la manta, moreno, que me haces falta..."
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© Juan Rodort, 2015

miércoles, 15 de abril de 2015

Sabor a mí

Tanto tiempo disfrutamos de este amor, 
nuestras almas se acercaron tanto así,
que yo guardo tu sabor,
pero tú llevas también sabor a mí...
(Sabor a mí, Álvaro Carrillo, bolero 1959)

Hace tiempo que pasaron estas cosas. Tanto, tanto tiempo desde aquellos días en que estuvimos juntos Antonio, Carlitos, Jordi y Xavi... Juntos en Ibiza.
El quinteto de la muerte nos llamaban. Pero éramos dos parejas consolidadas -o eso nos parecía a nosotros- y yo. Yo siempre he ido de non, solo, solitario, díscolo, de la sal y la pimienta del grupo -eso decía yo para hacerme perdonar mis desaforadas salidas de tono-. Y ellos siempre perdonaban esos altibajos de humor con una sonrisa displicente. Estaban muy unidos -dos a dos- y un quinto elemento en discordia no los preocupaba. Antonio y Carlos, Jordi y Xavi. Dos bloques de a dos... y yo.
Ya es historia y el dicho dice que agua pasada no mueve molino. El dicho es antiguo, ahora hay que explicar qué era un molino y cómo funcionaba o para qué servía... Pero me gustan los dichos antiguos. Y he adaptado uno que nos iba al pelo a nuestro grupito: Cinco patas para un banco... Con esa perspectiva ya os podeis imaginar que el banco no podía asentarse muy seguro sobre las cinco patas, pero al estar cuatro de ellas divididas de dos en dos, juntas más bien, hacían la función de dos -dobles patas- y yo, la tercera pata, el de la discordia...
Porque, al final todo termina sabiéndose y un secreto a cinco fue muy difícil de guardar, sobretodo por mi parte, por mi presunción y soberbia. Calladito estaría más guapo, pero no, tenía que contarlo.
Y no fue algo premeditado, ni tan siquiera por casualidad, fue el efecto de una de tantas borracheras de las que nos cogíamos en Ibiza. Alcohol fácil. Sexo fácil. Lengua fácil la mía... Tuve la mala suerte de irme de la lengua después de la ingestión de una botella de güisqui, más otra de ginebra y, de postre, una más de vodka... a palo seco, traguito a traguito y a morro. Decía yo que para olvidar, pero fue todo lo contrario porque a la tercera botella me dio la llorona... Y el hombro del Pep fue mi confesionario. El bendito Pep, nuestro confidente de barra y sin par amigo, que no estaba tan borracho como aparentaba y que se aprovechó de mi total embriaguez (cuando desperté con la cabeza dolorida noté los efectos de su corrida en mi culo). Se propasó como nunca le hubiera permitido de encontrarme sobrio... Y no contento con eso, aquella misma noche se fue de la lengua y se lo contó todo a Antonio. Empezó con una insinuación a lo que Antonio y yo habíamos hecho a espaldas de Carlitos y eso dio pie para seguir tirando de la manta. Así, Antonio también se enteró que yo me lo había montado con su novio y, de paso, con los demás miembros de nuestro grupo, Jordi y Xavi. O sea, que me había acostado con todos, de uno en uno, por separado y "en total secreto"... Habían sido dispares ocasiones -que ahora no viene al caso relatar como se produjeron- en las que los cinco nos habíamos follado, mejor dicho: yo me los había follado a los cuatro, ellos a mí, no.
No sé por qué surgiría aquello, pero surgió; y no es que yo tenga ninguna preferencia marcada en las posiciones del campo de batalla, surgió así y así lo hicimos.
Ahora los cinco sabíamos que cada uno lo sabía y del mosqueo colectivo se pasó a la discusión abierta... y de la discusión a la pelea encarnizada...
Terminé en la sala de urgencias del hospital de Ibiza con varias contusiones, una brecha en la cabeza -no demasiado grave pero sí muy aparatosa- y el culo lleno de leche de los cuatro. Sí, los cuatro me follaron sin piedad, uno detrás de otro.
Creo que pagué con creces mi falta de tacto, de indiscrección... Ellos aseguraron que no me habían pegado. Y tenían razón. Fui yo mismo quien se lesionó en el forcejeo y con la resistencia que puse a su violación colectiva. No estaba yo por la labor de recibir cuatro vergas bien cargadas de odio, aparte de sus correspondiente semen.

Hace tiempo de ésto. A la vuelta de Ibiza nos separamos. Ellos también se separaron. Y es lo que más siento, la disolución de esas dos parejas, más que la pérdida de su amistad y confianza.
Ahora nos saludamos cortesmente en las raras ocasiones en que nos encontramos, en los sitios en que nos vemos forzados a asistir aún sabiendo que vamos a vernos.
Ellos han rehecho sus vidas en pareja. Después de varias tentativas y fracasos de querer formar nuevas parejas por separado, Antonio y Carlos han vuelto a estar juntos. Jordi y Xavi han seguido cada uno su lado en otras parejas. Y yo, sigo solo.
Por primera vez me encuentro solo, sin mis amigos (que no me han perdonado).
¿Fue todo culpa mía o fue el exceso de alcohol o fue el bocazas del Pep?
Pongamos que fue culpa del alcohol. Mezclar güisqui, ginebra y vodka en un mismo estómago es letal... Que me lo digan a mí. ¡Ahora ya no bebo más que agua!
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© Juan Rodort, 2015

domingo, 12 de abril de 2015

Reencuentros

(Sylvia Sleigh, At The Turkish Bath, 1976 Oil on Canvas 76”x100” Smart Museum Collection)

Orán,12 abril 1982 
Tiempo encerrado en otra casa.
Un año después he vuelto.
Mis amigos acogen mi cuerpo
que mi espíritu sigue perdido,
recostado en brazos nuevos.
Tantas cosas nos cambiaron...
...Reencuentros.
(J.R. Ortega, "Pretextos", 1978-1982)

Se dice pronto, treinta y tres años. Toda una vida para los que siguen adorando a uno que tuvo esos años para vivir y morir. Más de dos milenios después, muchos de los que aún dicen que le siguen -sus enseñanzas- se han convertido en jueces y verdugos de sus hermanos. El principio de amor lo han sustituido por un o estás conmigo o contra mí -sus ideas-.
Durante este periodo de años el viajero ha ido cambiando de casas y de amigos -y de enemigos-. Ahora mismo sigue en un compás de espera para recomenzar el camino que detuvo durante cuatro largos años en las tierras que creyó serían las definitivas hasta su muerte. Pero parece que su propia muerte también es muy viajera y no le apetece este lugar para terminar dando el golpe maestro que reducirá al viajero a polvo.
En treinta y tres años ¿qué ha aprendido el viajero de su viaje? Poca cosa, aprendió a no fiarse, pero es algo tan difícil de llevar a cabo en una mente liberal que cree en la libertad y en la verdad, que le cuesta darse cuenta que le mienten -él también se miente, pero lo sabe, no se engaña- constantemente. El viajero es un ingenuo. Un viejo ingenuo. No es por ser viejo que sabe más que por ser sabio -tampoco se lo cree-, es que aún sigue confiando en la humanidad. Pero esa confianza es cada vez más débil. Eso le tortura. No acepta vivir en un mundo que se regodea en las mentiras.
Él mismo ha mentido y se arrepiente de algunas; no sabe si las volvería a cometer si diese marcha atrás en su vida. Quién lo sabe que sería de haber escogido otra opción que la que le puso en este presente.
Pero el viajero sigue creyendo en el Amor y en la Belleza. Por eso ha decidido continuar su camino, porque en esta tierra no hay amor y han masacrado la poca belleza que les quedaba.
Al viajero le gustaría volver a aquel 1982 cuando se reencontró con sus antiguos amigos oraneses, quizás allí -entonces- hubiese tenido otra oportunidad de cambiar su destino...
¿Quién puede saberlo?
...................... 
© Juan Rodort, 2015

viernes, 10 de abril de 2015

En la cuerda floja...



                    Ya estamos otra vez con las amenazas de expulsión del círculo bien-pensante que nos sirve de soporte digital para nuestra supuestamente libre expresión... siempre que no se desmadre ni salga de las normas establecidas por el alojador de nuestros pecados escritos e imaginados (retorcida referencia a las imágenes que solemos publicar adornando a nuestros ecritos, por el aquel de darle un poco de marcha y picantez a la cosa).
Y han vuelto las advertencias y preavisos de exclusión de estas filas. Que se lo digan a nuestro amigo Damien que anda por ahí escondiendo sus fotos demasiado atrevidas para ser vistas por el público en general; no tengo idea de cual será el resultado de esta muestra -supongo que habrá muchísimos más advertidos y censurados o excluidos ya de estos pagos (lo barato sale caro).
Así que aquí estamos, ante el dilema de si poner o no poner unas fotos de hombres ligeros o sin nada de ropa, mostrando todo lo que Dios (lo pongo en mayúscula como deferencia para los que creen todavía que existe) les dio. Un regalo de Madre Naturaleza. La Belleza medida y tamizada por ojos miopes y retrógrados que ven la mota de polvo (no hay connotación sexual en esta palabra) en el ojo ajeno y pasan por alto el vigazo (que ya no es una simple viga) en el suyo. Pero como quien manda, manda y si no te gusta lo que hay pues ya sabes dónde está la puerta... O te quedas y acatas las normas pacatas y represoras o te largas a otro sitio que sea más permisivo o tolerante.
Ay, la intolerancia. ¿Estaré siendo yo mismo intolerante con los intolerantes?
Pues eso, que estoy en la duda de si ilustrar o no estas líneas con una bella foto solo para los ojos de mis círculos privados (no se sabe aún si la amenaza de censura también incluyen al corralito en que nos están obligando a pastar nuestra propia "merde" -según ellos-) o con algún dibujo o pintura "explícito"... Esto ya raya lo absurdo y retorcido.
Unos trazos de tinta, lápiz, pinceladas o píxeles ("pixels", aunque no me gusta usar estas palabrejas) ¿cómo pueden ser "explícitos"?
Debe ser que yo me he quedado ciego (y sordo, pero no mudo).
¿Volveremos al correo postal, a mandarnos cartas y paquetes postales como antes? Ojalá fuera así y todo esto de la maldita Red, del Internet, del Google+ y todos los demás facebuques quedasen borrados del éter después de una megaexplosión solar que destruya todo vestigio digital y nos retrotraiga a edades mejores de comunicación verbal y táctil...
Rezo para que una tormenta solar arrase las ondas que aprisionan el planeta Tierra, para que lo liberen de esta trampa en la que estamos inmersos... Amén.
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© Juan Rodort, 2015

miércoles, 8 de abril de 2015

La pintura francesa (una historia bastante gay)


Hola Carlos, ¿cómo estás? Perdona por mi tardanza en escribir pero es que estoy con una gripe grandísima, llevo en cama desde hace bastantes días. Es como una especie de alergia y gripe a la vez, me he quedado sin voz. Sueno como un bebedor cazallero.
Hoy me he quedado un poco más tarde despierto. Me gusta estar solo cuando estudio pero, antes de meterme a la cama, te quiero contar la peripecia de la PINTURA FRANCESA.

Mr Richard y yo íbamos todos los sábados a una sala de subastas cerca del puerto de San Francisco. Es una firma muy conocida y con un prestigio muy grande. Normalmente lo que se encuentran allí son antigüedades muy caras de gente rica que se han muerto o que lo pierden todo...
A Mr Richard siempre le gustaba mirar en una sección donde ponen todo lo roto o de escaso valor, es como todo lo que sobra por viejo y que casi siempre nadie quiere ni comprar. 
En una de las paredes vimos una cuerda de tres metros de largo de la que colgaba un lienzo roto, con pedazos de escayola por todos los lados, hecho un desastre, era un rebujón de trapos que debería pesar un huevo y parte del otro...
Richard me dijo: "Mira es una pintura, me encanta el color azul que tiene el cielo y los colores marrones de la parte de abajo".
La abrimos como pudimos y todo lo que se podía ver era un pedazo de cuerpo desnudo de hombre aplastando uvas con los pies, pero había más partes de la pintura que no se podían apreciar. El precio de salida era de $400 dólares.
Me dice Richard: "Voy a poner una puja por la pintura de $500 dólares a ver si la consigo". 
Nos pasamos todo el día esperando que la casa la sacara a subasta.
Por fin salió y nadie hizo una puja; así que Richard la obtuvo por los $450 dólares de salida.

Tuvimos que alquilar un camión para poderla llevar hasta casa. Cuando llegamos la pusimos en el garaje, la abrimos y descubrimos que era un verdadero destrozo.
Richard me dijo: "Mira, la voy a restaurar y la pondremos en la pared del cuarto del balcón.
(Es que toda su casa por dentro se parecía a un palacio francés).
Richard consiguió un restaurador del Museo de Pintura Rusa de San Francisco, que comenzó la restauración, pero la quería pegar directamente en la pared; el restaurador va y nos dice: ''Parece que la pintura tenía un marco'', como toda explicación y todo quedó reducido a eso... Dejó la pintura pegada a la pared y finalizó su trabajo.

Unos días más tarde me dijo Richard: "Mira Tom, me gustaría pintar en la madera del suelo una cenefa alrededor de todo el cuarto con los mismos motivos que tiene la pintura, ¿tú conoces a alguien que nos lo pueda hacer?
Yo le dije que no, pero le sugerí poner un anuncio para encontrar a alguien especializado.
A los pocos días nos llamó una chica Francesa que dijo ser pintora, le di una cita para entrevistarla y me gustó nada más verla entrar. Cuando Mr Richard la conoció, le encantó también y la contrató. Ella empezó su trabajo, pero no dejaba de mirar insistentemente a la pintura. Cuando tuvo la cenefa terminada, antes de despedirse, nos dijo: "¿Y dónde han comprado esta pintura?". Le explicamos toda la historia,  como la encontramos, quién la restauró... Y nos dice: "Yo creo que conozco esa pintura y me parece que la tengo en un libro; hoy mismo se lo puedo traer".
Volvió esa tarde con su libro y, nada más entrar, me dice que tiene que hablar con Mr Richard porque debe ver lo que he descubierto... Richard bajó, se sentaron juntos a la mesa; ella abrió su libro y nos dijo: "Esta pintura fue robada en 1950 y desde entonces no se sabía nada de su paradero". Nos quedamos blancos, sin palabras. En el libro ponía el nombre del museo de donde fue robada...

Mr Richard escribió una carta al museo, junto con las fotografías del cuadro. A la semana siguiente, el embajador de Francia llamó por teléfono para concertar una cita lo antes posible con Mr Richard para hablar sobre la pintura. En pocos días teníamos al embajador en la puerta de casa con un abogado mandado por el director del museo francés.
Le dijeron el valor del cuadro...
Yo casi me muero de la impresión, Carlos: "¡¡¡2 MILLONES!!! de dólares".
Le ofrecieron un cuarto de millón pero Richard dijo que no, que no y que no...
Le intentaron meter miedo legalmente, pero las leyes aquí en USA con pinturas robadas son diferentes y más con una casa de subastas de por medio...
A las dos semanas le hicieron otra oferta: Que le comprarían la pintura cuando él muriera al precio acordado y, mientras tanto, el museo se encargaría de cuidarla.

Al mes los del museo se presentaron en casa con una vitrina de cristal que no pasaba por las puertas ni de coña. La única forma de meterla era elevándola con un helicóptero y metiéndola por el balcón, quitando las puertas...
Todo un número, Carlos.
Lo que hicieron fue crear una vitrina con aire acondicionado con humedad controlada. Cada mes venía una persona del museo de Francia para leer los niveles...

Cuando Richard murió, yo no lo vi porque ya no estábamos juntos pero me lo contaron, Carlos; que el museo cortó toda la pared y la sacaron por el mismo sitio por donde metieron la vitrina, luego reconstruyeron el salón.
El dinero de la pintura fue parte de la herencia de Mr Richard, la cual me quitaron, Carlos, pero esa historia ya te la contaré otro día...
Me voy a la cama, ya seguiré con mas historias cuando me encuentre mejor, a ver si te llamo y charlamos.
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© Juan Rodort, 2015

lunes, 6 de abril de 2015

¿Sexualmente intenso?


                       En su anuncio dice que tiene cuarentaycinco años - la verdad es que ya son sesenta cumplidos-, pero es que nadie pone la verdad -se justifica- y además escribe que es "maduro" y lógicamente que la palabrita abarca un rango de años.
Y sí, las respuestas menudean y no faltan aquellos que más parece que buscan noviazgo que "relaciónes sexuales esporádicas" y los del que: ¿cuánto mides?, ¿cuáles son tus gustos?, ¿tienes sitio?, ¿te gusta la música romántica? y tampoco faltan los casados, los heteros curiosos o los jóvenes fogosos y hasta gays buscando algo más que sexo; pero el colmo es el de: "pareja gay liberada busca hacer un trío con hombre de mentalidad abierta" con los cuales sale una noche y queda escarmentado o aquel casado guapísimo, con un pene de actor porno que nunca logra ponerse erecto y al que tiene que penetrar sin que haya reciprocidad...
A todos contesta y a casi todos los ve, ya que no faltan los que a la hora de conocerlo se echan para atrás o se arrepienten una vez están en plena faena... o lo que sea que haya sido, no le importa averiguarlo ya que no desea lastimar su autoestima.
Todos son de: "aquí te pillo y aquí te mato" y a ninguno lo ve una segunda vez. Todos son casos lamentables, incluido el del "joven gay sexualmente intenso busca relación sexual esporádica con hombre maduro que tenga sitio" con el que acuerda una cita y quince minutos antes del encuentro recibe un mensaje diciendo que "no puedo acudir a la cita, bueno, más bien no quiero. No deseo traicionar a mi novio". ¡Eso sí que es un golpe bajo!, sobre todo después de haberlo visto en fotos, en una de ellas desnudo y con una tremenda erección...
Le escribe, le cuenta sus anhelos, ilusiones y desengaños, pero este jovencito hermoso sigue reacio a encontrarse con él. Lo mejor es olvidar el asunto...

Pero una llamada telefónica lo pone de nuevo ante la ilusión de conocerlo: "Si todavía tienes deseos de que nos veamos, podemos quedar en... (conoce perfectamente el lugar), tal día, a la una de la tarde. Iré vestido... (no puede faltar el ir a la moda) y peinado con gel..."
Espera espectante, buscando con la mirada a todos los que se parecen al de la foto pero, en su lugar, ve que es un muchachito extremadamente joven -¿no le irán a meter a la cárcel por pervertir menores?- con el pelito muy tieso -él prefiere que lo tieso lo tenga debajo de los pantalones- y no tan guapo y adulto como el de la foto -en el fondo piensa que lo ha idealizado-. Pero bueno, tampoco es cuestión de herir el orgullo y la autoestima de este muchachito sonriente de ojos tremendamente hermosos...
Lo invita a comer a un restaurante -desea impresionarlo- y después, como la araña que se lleva a la pobre mosca que ha caído en su red, se dirigen al apartamento del "maduro de cuarentaycinco años".
Pero las apariencias engañan, ¡sí que engañan!
Es nada más entrar y cerrar la puerta que el chaval comience a arrancarle literalmente la ropa, se desnude rápidamente y que los dos empicen a besarse con deseo, con lujuria...
¡Vaya con la apariencia del muchachito jovencísimo! Y sí, de verdad que el niñato es "sexualmente intenso" y además bastante bien dotado de la entrepierna. El magreo le deja los labios hinchados y enrojecidos y las tetillas doloridas de los intensos mordiscos del jovencito...
Bueno, bueno, hasta se deja penetrar por el muchacho y, la verdad es que le da la mejor follada  de su vida; luego cambian las posiciones y la experiencia que dan los años obra milagros en el cuerpo y la respuesta de su joven amante. No cabe duda, los jovencitos de hoy en día se las saben todas, todas, todas... 

Suerte, pues sí que es una gran suerte; así se inicia una relación que va para dos años... Se citan en algún lado para salir al cine o a un restaurante para luego terminar en la cama, siempre entre caricias intensas que entrañan mordiscos y rasguños y, lo que más le gusta de estos encuentros es que, cuando lo mira, la erección enorme del joven es evidente...
¡¡¡Qué homenaje tan grande para su persona, el tributo de la virilidad de un muchacho!!!
Edades diferentes, pero coincidentes en el gusto. El deseo persiste aunque solo se encuentren de vez en cuando debido a que la vida los lleva por rumbos diferentes...

Y, cuando lo recuerda, siempre persisten sus ojos y la erección del muchachito "sexualmente intenso", que no le ha mentido en nada.
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© Juan Rodort & Anonimo Veneziano, 2015

sábado, 4 de abril de 2015

Tus ojos, tus manos, tus pies y tu sexo



Ojos
Glaucos cielos espejos enjaulados. Miel de palma derretida.
Primera visión de lo imposible, danza ritual de tu cuerpo.
Oración repercutida. Fiel imagen, tu profunda huella en mí tallada.
Prisionero de tus ojos, aducción a primera vista.
Venías en coral camaradería calle abajo; precipitados pasos ensayabas.
Inerme visión de sal-estatua descubrir tus ojos. Carnívoro imán
atrayéndome a tu esencia, enloquecido, acribillado por saetas
que Pan, en ti encarnado, trasmuta en Eros-dardos.
Relámpago acertado, fiero mirar de sentirte espiado, poseído,
en total renuncia de mi ser por tus ojos deslumbrado.
Breve contemplación, deseo volado, disfrute del néctar vertido.
Tus ojos despojaron mi cuerpo de caricias a ti debidas;
renuncia de la piel por la mirada, total acoplamiento sensorial.
A través de tus ojos poseí tu cuerpo desleído en plena calle.
Por tus ojos me quemo al pensar tu aliento en mi aliento.
En tus ojos resuelvo la unión carnal mucho antes de estrecharte.
Tus ojos sospechan mi delirio, glaucos cielos donde estoy enjaulado.

Manos 
Calor trasvasado piel a piel, tus dedos enroscados en mis dedos,
calor apretado, saludo sustitución del ansiado beso-deseo-pensamiento.
Abierta mano ofrecida en digital suspiro condensado,
abierta palma caliente que se amolda a mi mano. Fusionados,
prendidos en diestras manos, nuestros ojos se recuerdan
caricias presentidas, imaginadas, deseadas, olvidadas;
caricias milimétricas en cada huella de las manos.
Manos que se estrechan, sustitución de cuerpos mórbidos ocultos.
Manos cálidas que expresan libres besos inhibidos,
besos en fórmula saludo, besos deglutidos con la vista,
besos en las manos apresados. Cálido apretón de manos.

Pies 
Ocultos en gruesas deportivas, a la moda; dentro, tus pies imagino.
Suave piel deslizada en plantillas que mis manos sustituyen.
Postradas manos bajo tus plantas, humilladas manos
suplicando caricias-calor. Dedos coronados de oro-vello,
espejo-palpitación de mis labios prestos a implorar besarlos.
Fundamental retórica, descalzar, ensamblar dedos y boca.
Dorso pie velado, adoración estatuaria, derretido mármol sostenido.
Ocultos, pudorosos pies viriles. Robustos baluartes que asaltar quisiera.

Sexo 
Enorme contorsión, tu carne encabritada, aullido lúbrico.
Quisiera ver-oler-sentir-gustar, adherirme a esa incandescencia.
Enfrentados espadachines a primera sangre. Tu aroma,
levedad del ser que me sustenta, ingrávido escorzo derretido
viene a embriagarme, enrocado al primer jaque. El rey negro sucumbe.
Esplendor acumulado rezumante de promesas, es peón entusiasmado.
Es alfil enloquecido, destructor de estrategias en honda caricia, su avance.
Llega ausente del pudor establecido, viene terso, enmarañado;
ensortijados acompañantes, redondas palpitaciones ornan su embestida.
Torre blanca, enrocado ariete, el rey muda en reina o a la inversa.
Desbarajuste del tablero revuelto-amontonado-revolcado, vulnerable.
Juego final en tablas. Vuelta al principio: el rey se lanza
convertido en todas las piezas del juego. Enorme contorsión, tu carne,
coronada piel, moro-turbante de ígneos espejos, aullido-eco.
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© Juan Rodort, 2013 ("Doble enroque")