sábado, 31 de enero de 2015

Rachid (una canción de amor)

Toda una vida, me estaría contigo, 
no me importa en qué forma, ni dónde ni cómo, 
pero junto a ti. 
Toda una vida, te estaría mimando, 
te estaría cuidando, como cuido mi vida, 
que la vivo por ti...

("Toda una vida" Antonio Machín)

Foto a color de dos hombres jóvenes desnudos, uno detrás del otro abrazado a su cintura; al otro, que se apoya sobre una balaustrada que da a un jardín, se le entrevé el prepucio del flácido pene. Son rubios, sin barba, sin vellosidades salvo en las piernas donde la foto queda cortada; miran a la luz de un amanecer después de una tórrida noche de placer y amor. Porque sin duda hay amor entre estos dos cuerpos que han dejado de ser dos para fundirse en uno...

                       Este año será nuestro décimo aniversario de boda. Un triste aniversario éste si la noticia que he leído es cierta. Después de tanto tiempo en que ya creíamos estar viviendo en completa seguridad, sin molestias de ningún tipo ni injerencias de personas xenófobas y homófobas...
Es que no puedo creerlo. Volver a la clandestinidad o peor, a ocultarnos de las miradas de nuestros vecinos, a evitar que nos vean... después de casi 40 años de estar juntos, ahora, en unos días pretenden que seamos dos desconocidos, dos proscritos...

Rachid mira a Lorenzo, sentado en el sofá del salón, a su lado, mientras termina de leer el periódico digital en la pantalla de su ordenador.
Lorenzo dormita, unas cabezadas, siempre se duerme después de la comida de mediodía, tiene esa costumbre de hacer la siesta, sin importar la poca del año.
Desde que conoció a Lorenzo, él solo duerme la siesta durante el verano, porque antes no recuerda tener esa costumbre.
La primera siesta junto a Lorenzo fue la definitiva, al darse cuenta de que era el hombre de su vida, su único amor. Aquellas siestas de Orán que, más que dormir, eran verdaderas batallas, puro sexo entre ellos...
Aquella primera tarde de 1976 en Orán le parece ahora muy cercana, la recuerda en todos sus detalles:
Él recostado en la cama observaba a Lorenzo que miraba por la ventana del apartamento en la Cité Radieuse mientras se tomaba una taza de café bien cargado... Y, enseguida, volvía a la cama junto a él para continuar una insaciable faena que duraba desde la noche anterior, sin parar...
Él siempre estaba dispuesto a repetir y repetir. Con tan solo 18 años tenía un vigor que ahora echa de menos. Bueno, sigue estando operativo, Lorenzo también, aunque un poco menos, lo hacen más de tarde en tarde, ya no libran aquellas luchas de cuerpos sedientos de sexo. Ahora se saben todos sus poros de memoria. Ahora es distinto, aunque no menos intenso, el sexo con Lorenzo es más espaciado, no tantas veces al día...

Rachid cumplirá pronto los 57 años, su pelo ha pintado hebras blancas en las sienes, tiene bastante más cintura... ¿dónde estará aquel tipo de bailarín de flamenco que tuvo en 1976? Se mira al espejo, está deseable, pero ya no es aquel mozo de carnes prietas, ahora tiene verdaderos músculos, demasiados, duros a pesar de no ir con tanta frecuencia al gimnasio. Se le nota la falta de ejercicio y se le nota el exceso de grasas. A Lorenzo le gusta así, bueno le gusta de todas formas...
Pero este hombre mayor que dormita a su lado tiene el cuerpo bastante cambiado, no se ha cuidado lo bastante como él. Sus músculos han perdido aquella firmeza que le volvía loco, ahora es diferente... Él, sin embargo ha cultivado su cuerpo para estar siempre en forma para su marido...
¡Maridos!
No daba crédito, hace apenas diez años, cuando por fin pudieron casarse, formalizar su relación. Una relación que ahora está en peligro por lo que acaba de leer en el periódico digital...
Rachid se queda mirando a Lorenzo y, con suavidad, para no despertarlo, le abraza en silencio.
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© Juan Rodort, 2015

viernes, 30 de enero de 2015

Webcam (porno doméstico)


Foto en color de joven desnudo masturbándose. La polla queda en primer plano. Hay tensión en sus labios carnosos llenos de sensualidad, el rostro es aniñado pero los músculos están muy trabajados -también con la tensión de un próximo orgasmo-...
(http://www.destinationmale.com/blog/college-hunk-ajay-with-hot-bush-and-large-cock/)


                   ¡No me lo puedo creer! Es él. El muchachito del portal de enfrente...

Tengo la imagen del video detenida, aquí tiene los ojos abiertos y es un primer plano de su cara -he sacado una copia y la estoy ampliando-.
Sí, no cabe duda. El vecinito de enfrente. Ese larguirucho de cuerpo desgarbado, visto desde mi ventana u ocasionalmente cuando nos hemos cruzado saliendo o entrando cada uno en su casa... Y lo he visto crecer, de un niñato gritón pasó a un ensimismado mirador en su telefonillo del guasa ese, siempre con la nariz metida en la pantallita. Cuando nos hemos encontrado por nuestra calle ni yo le he dirigido la palabra ni él se ha dignado mirarme. Para él no existo. Y él ha ido creciendo a ojos vista. Siempre rodeado de sus cuatro amigos, uno de ellos más asiduo...
No me puedo creer que sea él, un chico tan calladito, tan sosito... Esto tiene que ser un montaje, que algún mal amigo ha hecho y lo ha trucado para que parezca él... Pero, no. No tengo ninguna duda, es su cara, sus gestos, los mismos que le he visto durante años y años.
Ahí está ,meneándosela, desnudo, tumbado en una cama -debe ser su cuarto, el que da a otra calle y no se ve desde mi casa-.
¡Qué descaro, a pleno día lo ha filmado! Mira de vez en cuando por la ventana, ajusta la cámara para tomar mejores vistas de su cuerpo...
Se retuerce, cambia de postura, se abre de piernas y enseña el orificio de su ano sonrosado... se mete un dedo mientras sigue masturbándose. Dale que dale...
El video dura unos veinte minutos. Una paja de veinte minutos con su cuerpo desnudo (en pantalla no parece tan delgado como cuando le he visto vestido con esas prendas que arrastra por lor talones dejando ver media cuarta de sus calzoncillos, casi el culo entero al aire), tiene una polla bastante grande para el volumen muscular que gasta. Es una piel blanca, sin vello salvo en el pubis, muy negro y ensortijado, se le ve recio. Alrededor del ano tiene unos cuantos pelillos, igual que por los muslos; el resto, pelado. Y esa media barbita...
Ahí sigue, dándole a la polla. Se ha cambiado de postura cinco veces, mira hacia la ventana como si deseara que le viese alguien; mueve la cámara, cambia de postura, se mete dos dedos por el culo mientras sigue dale que dale...
Es el minuto dieciocho, acerca su polla a la cámara, gruñe y jadea... Se corre. Ha salpicado el objetivo con dos goterones de semen. Siguen sus espasmos, sus pies parecen las manos de una bailaora de flamenco, solo le ha faltado dar palmas con ellos.

¿Qué hago ahora? ¿Se lo digo a sus padres? ¿Se lo digo a él? Por más que nunca hemos hablado, ni me ha saludado por la calle... Y si lo ha colgado en internet es porque quiere que alguien lo vea... No hacía falta este chou para que me diera cuenta de sus gustos. Los he adivinado en este último año, cuando de sus amiguitos solo ha quedado el alto, el que cada vez que se ha despedido a la puerta de su casa -ahí enfrente de mi ventana- los he visto acariciarse la mano, más que saludarse. Cosa que no tiene sentido si se ven todos los días. Pero lo de la otra noche, hará dos semanas, me dió la clave. Su amiguito, después de retenerle la mano le acarició con la otra la mejilla... Un gesto de lo  más tierno y cariñoso, demasiado para dos simples colegas de clase ¿no? Pues, eso.
He copiado el video y le he puesto un "me gusta" sin comentario... ¿qué podría decirle?
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© Juan Rodort, 2015

jueves, 29 de enero de 2015

Juegos de piel (V)

Dibujo de joven ángel desnudo de espaldas mostrando un redondo culo por el que se entrevé el sexo. Mira en trío rostro de divertido sojos traviesos que dicen sí, pero no... tal vez.
(© Juan Rodort, noviembre 2012 -Tinta negra sobre papel, "Doble enroque 7, 8"-)

TABLAS
(Doble enroque)



7. Tu mirar incierto


Ojos que disparan ángulos mortales. Lo sabía mucho antes.
Intuición premonitoria de saberte conocido, elegido,
cuando tu cuerpo descolló entre los otros alto y poderoso,
atrapado en mis fotografías. Quedaste encriptado,
a mi sola contemplación ungido.
Ojos, perfil acaracolado de tostado bozo, labios triunfantes.
Imagen travestida de ropajes festivos; tu cuerpo
insinuante de promesas pospuestas dos años transcurridos.
Bruno turbulento pelo gesticulante, subido al balcón aquel,
jaleando a tus compañeros en desfile, tú mismo el espectáculo
para mis ojos ávidos de tocarte. Y hoy, entrevista, insinuada
ahí abajo, turgente y cálida piel, bajo prendas deslizantes, me obsequias
con crujiente encarnadura; tus glúteos inclinados. Visión total
certera de Cupido lascivo de saberse hecho carne. Terso y cálido,
palpitante pulso a un metro escaso del contacto. Perdición mortal
de mis manos encaminadas a tu hoguera. Tus ojos enredados
en mis ojos -apretado inerme ante tu cuerpo- secuestrados quedan. 

8. Ojos

Glaucos cielos espejos enjaulados. Miel de palma derretida.
Primera visión de lo imposible, danza ritual de tu cuerpo.
Oración repercutida. Fiel imagen, tu profunda huella en mí tallada.
Prisionero de tus ojos, aducción a primera vista.
Venías en coral camaradería calle abajo; precipitados pasos ensayabas.
Inerme visión de sal-estatua descubrir tus ojos. Carnívoro imán
atrayéndome a tu esencia, enloquecido, acribillado por saetas
que Pan, en ti encarnado, trasmuta en Eros-dardos.
Relámpago acertado, fiero mirar de sentirte espiado, poseído,
en total renuncia de mi ser por tus ojos deslumbrado.
Breve contemplación, deseo volado, disfrute del néctar vertido.
Tus ojos despojaron mi cuerpo de caricias a ti debidas,
renuncia de la piel por la mirada. Total acoplamiento sensorial.
A través de tus ojos poseí tu cuerpo desleído en plena calle.
Por tus ojos me quemo al pensar tu aliento en mi aliento.
En tus ojos resuelvo la unión carnal mucho antes de estrecharte.
Tus ojos sospechan mi delirio; glaucos cielos donde habito prisionero.

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© Juan Rodort, 2012

miércoles, 28 de enero de 2015

Escatologías

Foto en color de dos hombres desnudos enfrentados y abrazados, mirándose con algo más que deseo en la mirada y en las manos que agarran las nalgas del que está de espaldas. Es un culo peludito de un rubio pelirrojo que muestra su ancha espalda... Es el preludio de un tórrido episodio anunciado enb la mirada penetrante del otro. 

(http://www.randyblue.com/cdnhg/Sig_ChrisPatrick_20131017171335/image_8.jpg)

1. escatológico, ca
Adj. Perteneciente o relativo a las postrimerías de ultratumba.
2. escatológico, ca
Adj. Perteneciente o relativo a los excrementos y suciedades.

(© Real Academia Española)

                                  Pues va de escatologías, pero referido a la primera acepción: Las postrimerías de ultratumba. Que no deja de ser algo también relacionado con la putrefacción... o eso ya es rizar el rizo.
Amores escatológicos referidos a los amores que siguen después de la muerte...
Así podría decir que se ha convertido este amor, aquel amor primero de juventud: mi amor por Pedro. Por un amigo que está muerto hace muchos años, pero con el que sigo soñando y teniendo sexo en los últimos sueños... ¿Es eso un amor escatológico? Amor después de la muerte, de ultratumba. No sé si Pedro reposará en alguna tumba o estará esparcido por ahí; no asistí a su entierro, no sé si fue cremación. Sí, hablar de estas cosas resulta escatológico.
Pero mis últimos sueños con él han sido sueños húmedos. Hemos follado como jamás lo hiciéramos estando él con vida, en este plano vigil. ¿Es malsano? Follar con muertos. Pero en sueños.
¿Cómo puede ser que después de tantos años aún siga pensando sexualmente en alguien que solo vive dentro de mi cabeza? ¿Estoy follando conmigo mismo visto en Pedro?
Cómo me hubiera gustado realizar esas mismas caricias, abrazos, penetraciones y succiones cuando él estaba aquí. Nunca me dejó, ni siquiera intentarlo, nunca algo más que un fuerte abrazo de unos segundos de duración. Lo estrictamente correcto para que no pareciera algo sexual. Abrazos entre hombres. Tan solo días antes de su muerte me besó. Dos besos de despedida. Dos besos anunciadores de su pronto fin en el envoltorio que se había convertido aquel hermoso cuerpo. Solo sus ojos eran tan profundos y vivos como siempre. Estreché aquel frágil cuerpo y le besé. Nuestro primer y último beso. Dos besos de amor camuflados en un formal saludo entre familiares. Porque en esos momentos llegamos a una entera comunión de espíritus, por fin, en los últimos instantes fuimos amantes, me confesó su amor... Pero un amor nada sexual. Amor puro. Nada que ver con el amor carnal que siempre le profesé. Y que le sigo profesando. Ni en sueños le dejo descansar en su muerte. ¿Muerte o sueño?
Soy consciente en mi sueño de que él está, sigue muerto. Y aún así nos enredamos en caricias y lubricidades. Pedro desnudo entre mis brazos. Su polla en mi boca, dentro de mí...
¿Es un sueño? Él, muerto. Yo, soñando.
Pero el despertar ha sido real. Mi empalme es real, no así nuestras respectivas corridas... esas se han quedado en el plano de ultratumba. Sexo escatológico.
Y es el segundo sueño escatológico en menos de un mes.
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© Juan Rodort, 2015

martes, 27 de enero de 2015

Conversaciones con mi armario

Foto en color de un pelirrojo con barba y azules ojos, de grandes pezones sonrosados que tapa su desnudez con un clásico calzoncillo-slip negro de marca más que clásica. Posa de frente, mirando al objetivo de la cámara -al espectador-, sonriendo y dando a entender que ya está todo hablado y lo siguiente es la acción...


               Esta es la foto que Carlitos me ha enviado.

Sí, posiblemente me dirás que voy loco por Carlitos, que ya ando con que si Carlitos esto, Carlitos lo otro, Carlitos lo de más allá y que es un fastidio estar siempre a la escucha de mis interioridades, pero ¡armario de mi alma! ¿si no te lo cuento a ti, a quien se lo podré contar?

¿Te ha sucedido que alguna vez que te sientes tan contento que quieres hacer partícipe a todo el mundo de tu alegría? Pues así yo, cuando viene este chaval adorable llamado Carlitos, pues me siento feliz y quisiera contárselo a todo el mundo y saltar de alegría, pero tú que me conoces tan bien, sabes que no puedo hacerlo en público y solo me atrevo a contártelo a ti que me comprendes, que sabes lo que significa estar junto al hombre que te reconcilia con el mundo, aquél por el que sientes que tu cuerpo echa chiribitas de colores cuando tu piel y la de él se encuentran, aquél que cuando te miras en sus ojos sientes que contemplas el universo entero, aquél con el que desearías que un beso fuera la eternidad misma...
Eso solo puedo contártelo a ti y solo tú lo comprendes.

Lo miro y mis labios vuelven a sentir sus besos desesperados, mi lengua se enreda con la suya y su saliva es ambrosía para mi, mis ojos contemplan el color canela de su piel, mis manos tocan de nuevo sus piernas fuertes, sus velludas nalgas, su duro sexo y enmarcan su juvenil rostro...
Mirando su foto vuelvo a vivir nuestros encuentros y me siento de nuevo en nuestra sudada y revuelta cama; mi naríz percibe su aroma, el perfume de nuestro encuentro...
Mirando su foto vuelvo a vivir.
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© Juan Rodort & Anonimo Veneziano, 2015

lunes, 26 de enero de 2015

Una casa muy caliente en Torremolinos

Foto de trece jóvenes desnudos al borde de la piscina, siete de pie detrás y seis sentados con las piernas en el agua; sus sexos en reposo, sus rostros sonrientes, hace sol y calor... van a darse un chapuzón en las transparentes aguas azules y juguetear entre ellos... Con cara de traviesos nos miran, saben que terminarán en una redonda orgía...

(http://www.thedildoconnoisseur.com/archives/38567/is-this-gay/is-this-gay-2/)

The best gay house in Torremolinos
Así se anunciaba el primer hotel gay de la Costa del Sol.

Verano de 1986, a primeros de junio.
La M-30 era una insegura vía rápida de escape para evitar los embotellamientos y poder llegar al centro de Madrid desde la periferia.
El taxi la enfiló, bajando del puente de Las Ventas para atajar y bordear el atasco matinal del lunes. De Ventas a la estación de Atocha no debían demorarse más de media hora, que Antonio estimó como el límite para poder llegar a tiempo y tomar el tren a Málaga. Ni tan siquiera la temprana hora les libró de tres retenciones en sendas intersecciones de entrada-salida con las que la M-30 obsequiaba a su clientela.
La primera parada fue forzosa, al notar el deslizamiento de su maleta desde el techo –de la vaca del vehículo- y pasar su sombra por la ventanilla trasera. ¡¡¡Pare, pare!!! ¡Que se ha caído mi maleta! Y, refunfuñando, el taxista frenó en seco. Soportando las pitadas de los otros vehículos quedaron estacionados en el arcén mientras Antonio saltaba a la calzada para rescatar su maleta. Serían unos cincuenta metros más atrás recorridos en pocas zancadas por Antonio para cerrar su maleta abierta y abollada; afortunadamente nada había escapado a las correas interiores que sujetaban firmemente las ropas. El taxista ni se había movido del asiento, Antonio le dio la maleta para que fuera en el asiento delantero, encima de las revistas, el tabaco, bolsas y demás objetos que llevaba el buen hombre de compañía; le importó un pimiento sus refunfuñes. El maletero iba ocupado por las bombonas de gas con que se movía el taxi. Cerró la portezuela de atrás y se acomodó lo mejor que pudo en el reducido espacio que quedaba libre junto a sus dos bolsas deportivas bien repletas de ropa y un paquetito con pastitas que mamá le había preparado el día antes. Total, para un par o tres meses que pensaba estar en Torremolinos, había echado medio armario, no solo ropa de verano sino también de abrigo; aparte de una buena cantidad de material para seguir trabajando en su proyecto. Pretendía continuar fabricando sus maquetas. ¿En Torremolinos podría vaciarlas en látex? De todas formas llevaba bastantes cosas como para fabricar la serie completa de "moñigotes"...
Las ocho menos veinte. No habían llegado ni al puente de Vallecas. Y a las ocho salía el tren. Apurado, le metió prisa al taxista que continuó su refunfuñe y rezongando a la par que hacía virajes sobresaltados con el volante. Antonio y sus bolsas se agitaban atrás, pero no dijo nada, el tipo estaba tratando de escabullirse del tapón de salida. La avenida. La Glorieta. ¡Por fin Atocha!
Las bolsas ajustadas a sus hombros mientras pagaba la carrera. Su maltrecha maleta llena de desollones a su lado. Último refunfuñe del taxista al no recibir propina. El taxímetro ya marcaba excesivas cifras por un trayecto que habría salido por mucho menos sin paradas e incidentes . Y era culpa del taxista no haber sujetado bien la maleta, bastante con que no le reclamaba, pero no había tiempo para nada más...

Corriendo, Antonio cruza el vestíbulo, entra en los andenes y busca su tren. La composición del tren de Málaga se encuentra en el andén seis. El tiempo justo de subirse en el último vagón a la vez que pita el tren para iniciar su arranque. Jadeante y sudoroso recorre los pasillos de tres vagones, salvando una dura marcha de obstáculos, hasta dar con su departamento. ¡Menos mal! Pocos viajeros y con sitio suficiente para colocar su maletón y las bolsas. ¡Uf! Su plaza, asiento de ventanilla, en la marcha del tren. Todo en su sitio. Buenos días a los compañeros de viaje. Gruñidos inaudibles de los otros pasajeros. Al fin, sentado, estirado, aún sudoroso comienza a apaciguarse de la maratón a que se ha sometido desde una hora antes...

No oyó el despertador que debió tocar a las seis; se quedó dormido una buena media hora más.
Desde su piso en Suanzes hasta la estación de Atocha puede haber unos seis o siete kilómetros. Si bien queda en la prolongación de la calle de Alcalá, la zona no está demasiado poblada.
No le fue fácil encontrar un taxi. Tuvo que subir andando los casi quinientos metros hasta la parada de taxis, vacía a esas horas, y esperar que apareciera uno.
El ajetreado camino parando en todos los semáforos que se enredaban con el cambio al rojo jugando una mala pasada a Antonio que ya veía perdido su tren.... La idea de tomar la M-30, el incidente de la maleta....

Ahora, el Cerro los Ángeles pasa al otro lado de la ventanilla. Antonio cierra los ojos. Casi no ha pegado ojo en toda la noche, nervioso por si se le olvidaba algo. Levantándose a cada instante para comprobarlo. Nervioso también por dejar el campo abierto a las puertas de Javi, del Javi de Madrid, del otro hace un mes que se ha olvidado. Qué historias... No es que desconfíe del chico, del Javi de Madrid, a fin de cuentas llevan casi un año juntos, un año escaso saliendo. Follando sería el término justo. Ahora no quiere complicarse con más neuras. La tarde anterior habían echado el polvo de despedida -¿hasta cuándo?-.
Ese es el problema. Migue no le ha especificado cuanto tiempo va a durar la temporada, quizás dos, tres meses. El verano podría acortarse o alargarse según el tiempo, el cambio de temperatura, la afluencia de clientes... Una tarea ardua, difícil. Nunca ha hecho las tareas de sirviente. O de amo de llaves, no sabe muy bien su cometido en la casa...
Exactamente ¿qué le espera? Ha aceptado por las pelas unicamente. En estos momentos las necesita. Su proyecto para televisión sigue parado. No saben si se iniciará el programa, si continuarán con el mismo guión, si sus "moñigotes" de látex tendrán cabida... Afortunadamente no tiene mucha competencia con el tema. Pero no le hace ni pizca de gracia dejar Madrid sin tener algo seguro. Los de la tele siempre están cambiando en el último minuto, por eso debe estar atento. Que hasta septiembre u octubre no sepan nada no le garantiza que el preguión sea aceptado o modificado, es un proyecto muy atractivo, aparte de poder catapultarle en el mundillo de los efectos especiales, un ambiente tan cerrado en el que le está costando tanto trabajo introducirse. Le avisarán. Dejó el teléfono de la villa de Torremolinos. Total, en unas horas podría regresar... Lo mejor ahora es olvidarse del tema.

El tren para en Aranjuez. Antonio se asoma a la ventanilla. El sol de la mañana pega fuerte, va a ser un verano calentito...
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© Juan Rodort, 2012

domingo, 25 de enero de 2015

Juegos de piel (IV)



Desgraciadamente sin la foto del dibujo que lo ilustra, el poema queda más bien soso... artificial. La imagen de los cuerpos desnudos entrelazados besándose, agarrándose, fundiéndose en un solo cuerpo... las negras líneas del dibujo ya cuentas las líneas de cada verso...

(Éste se llama "Figares" y pertenece a la colección secreta del autor, que podrá enviar el dibujo por email a quien se lo solicite)
(© J.R. Ortega, 2006)
TABLAS
(Doble enroque)
5. Primer encuentro

Esplendor santificado expuesto y adorado, tu cuerpo
en recogido ademán, práctica fusión de lo sublime,
bálsamo; dosificada piel abierta a mi pagana mano.
Cáliz pletórico de néctar bebido a golpe dáctil.
Estática boca en creciente sonrisa, muestrario marfil entrevelado.
Jugosa alacena oferente, abierta a mi solo contacto.
Instituyo las plegarias devotamente arrodillado ante tus muslos,
comunión de mescal y peyote, alucinada succión enaltecida,
paroxismo percusionado. Saltos acrobáticos de fluidos llegan
en arcos portentosos a besar mi piel hambrienta de tu piel.
Antes de que tus ojos busquen donde ocultarse a mis caricias,
antes de que tus manos caigan vencidas y presas de mis manos,
antes de que tu sexo pórfido termine de vaciarse,
plegaré el abanico de mis besos desparramados en tu piel
y cerraré la llave abierta de tu boca exánime al secreto aliento.
Después no sabrás si me prolongas o te enalteces en curvatura; inmersos
en tu piel o en mi piel, no sabremos distinguirlas.
Después, qué nos puede importar lo que después ocurra.

6. Segundo movimiento



Enorme contorsión, tu carne encabritada, aullido lúbrico.
Quisiera ver-oler-sentir-gustar, adherirme a esa incandescencia.
Enfrentados espadachines a primera sangre. Tu aroma,
levedad del ser que me sustenta, ingrávido escorzo derretido
viene a embriagarme, enrocado al primer jaque. El rey negro sucumbe.
Esplendor acumulado rezumante de promesas, es peón entusiasmado.
Es alfil enloquecido, destructor de estrategias en honda caricia, su avance.
Llega ausente del pudor establecido, viene terso, enmarañado;
ensortijados acompañantes, redondas palpitaciones ornan su embestida.
Torre blanca, enrocado ariete, el rey muda en reina o a la inversa.
Desbarajuste del tablero revuelto-amontonado-revolcado, vulnerable.
Juego final en tablas. Vuelta al principio: el rey se lanza
convertido en todas las piezas del juego. Enorme contorsión, tu carne,
coronada piel, moro-turbante de ígneos espejos, aullido-eco.

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© Juan Rodort, 2012

sábado, 24 de enero de 2015

Nunca (amores encerrados)

La foto en blanco y negro de este desnudo de hombre joven con vello y barba recortados dice poco sin el procaz gesto de la mano que baja el calzoncilllo hasta dejar casi visible el sexo de pubis afeitado. El rostro se asemeja al amado del poema, la pose lo dice casi todo...

(http://www.burbujasdeseo.com/tag/nude-man/)

     Nunca te pediré ir de la mano por la calle,
jamás me darás un beso delante de todos,
nunca correrás a mi encuentro ni yo al tuyo
y menos podremos despedirnos con un beso.
 
     Nunca podré tomarte de las manos
y perderme en lo profundo de tus ojos,
jamás iremos abrazados y felices,
nuestra pasión y nuestro amor serán ocultos.
 
     A la vida le robaré tus caricias,
le robaré tus besos, tus miradas
y el placer de estar contigo,
de estar junto a ti y amarte.
 
     Miro tu cuerpo teñido de rojo
y el deseo que nubla mi vista
recorre mi cuerpo y me estremezco.
¡Suerte la mía, la de tenerte!
 
     Nunca te pediré ir de la mano por la calle, 
jamás me besarás a la vista de todos;
pero no me niegues la sal de tu cuerpo
y el agua de tus frescos labios.
 
No me niegues la pasión de tu deseo
ni lo caliente de tu masculino cuerpo;
no me niegues el dormir junto a ti
abrigado al calor de tu cuerpo.
 
No me des nada, ¡no pido nada!,
tan solo ámame siempre.
Ámame a escondidas -no lo digas-
que nuestro amor no debe mostrarse.

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© Juan Rodort & Anonimo Veneziano, 2015

viernes, 23 de enero de 2015

Reflexiones de un marica deprimido

Foto a todo color sobre fondo negro de modelo desnudo maquillado para parecer martirizado, víctima de amorosas crueldades que su azul mirada mezcla de odio y placer desea se repitan pronto.

(http://adonismale.com/community/topic/41510-brandon-michael-larcom/)

                   Sí, marica, maricón... nada de gay o gai; ni homosexual siquiera le viene bien que le llamen. Hoy se levantó con esa solapada angustia del que miró las noticias de los telediarios de la noche... Mejor ni acordarse, más que noticias deberían llamarlos desgracias. Como aquella alocada reportera de una película de Almodóvar: Andrea, Cara Cortada, "Lo peor del día". Sí no hay nada bueno. Que si nieva unos centímetros en estas primeras nevadas del año, allá que van corriendo a sacar el montoncito de nieve o el paisaje navado escasamente para dar la noticia o desgracia de que hay problemas en pueblines apartados, donde los naturales están más que acostumbrados a nevadas de metro y medio -eso era antes del calentamiento global- y pasar los inviernos incomunicados. Cuando no hay noticias, se inventan o se inflan hasta hacerlas desproporcionadas e irreconocibles. Carnaza para la audiencia morbosa sedienta de sangre y tragedias ajenas.
Y esto venía a cuento de las palabras definitorias de una orientación sexual. ¿Por qué se antepone siempre lo peyorativo a lo natural o normal? ¿Qué es lo normal? ¿Y lo natural?
Anuncian un horrendo crimen pasional presuntamente cometido por un homosexual -siempre referido a hombre y no a la posibilidad de que sea una mujer homosexual (no, es que a esas las llaman lesbianas)-, palabra que no aporta nada y sí carga de malas intenciones preconcebidas al sujeto en cuestión. ¿Por qué nunca dicen que el presunto delito ha sido cometido por un heterosexual -masculino o femenino-?
¿Está el mundo dividido entre heterosexuales y homosexuales? Pero solo se habla de los segundos para referirse al sujeto masculino (hombre, gay) y no al femenino (mujer, lesbiana).
¿Que qué nos importa a estas alturas la nomenclatura de la gayacidad? Esta palabra se ha oído entre los de la otra orilla del Atlántico. Tampoco es cuestión de analizar las lenguas hispanas, supuestamente español (lengua castellana, mexicana, cubana, venezolana, colombiana, argentina... y todos los demás países centro-suramericanos).
¿Qué le molesta hoy al viajero?
Que le encasillen, le pongan una etiqueta (triángulo rosa) para decir que es un hombre al que le gustan más los hombres que las mujeres -o que le gustan solo los hombres-, sexualmente hablando.
¿Por qué se sigue redundando en las diferencias de gustos sexuales? Seguramente porque el morbo de lo desconocido vende más, las noticias deformadas, tergiversadas, manipuladas son el pan nuestro de cada telediario.
No basta que quieran vender -imponer- la idea de que las restricciones de las libertades y el poder adquisitivo del ciudadano corriente son por su propio bien. Que el quitar lo poco que tienen a los menesterosos para dárselo a los que más tienen es la panacea para salir de esa inventada crisis...
Pero lo que verdaderamente cabrea al viajero es que le encasillen en un "colectivo gay" del que no tiene ni arte ni parte. El viajero paga sus impuestos, cumple con sus deberes de ciudadano y espera que se le respete como a tal. Esta falta de respeto tendrá una contrapartida. No deben olvidar que un voto quizás no altere la balanza de los resultados electorales, pero como el viajero hay legión... Que no se manifiesten abiertamente por miedo u otras razones no quita para que a la hora de las próximas elecciones tengan una voluntad firme de voto. (Aquí debería hacerse notar que le viajero está releyendo el "Ensayo sobre la lucidez" del Premio Nobel de Literatura José Saramago).
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© Juan Rodort, 2015

jueves, 22 de enero de 2015

Juegos de piel (III)

Dibujo de joven ángel desnudo de espaldas, apoyando las manos en un murete; tiene un redondo trasero que deja entrever el sexo pues tiene las piernas abiertas. Su rostro en perfil mira a la derecha, esperando...
(© Juan Rodort, octubre 2012 -Tinta negra sobre papel, "Doble enroque 4"-)

TABLAS
(Doble enroque)
4. La foto presentida

Como un viento de nuevas primaveras, tus ojos reencuentro.
Como acertijos rientes, tus labios formulan promesas
que solo imaginan mis propios deseos. Tu boca y tus ojos
fiel marco idolatrado de antigua foto que hice arrebolado
sin pensar que fueras tangible. Deseos dos años dormidos.
Tu cuerpo reposado para mi solo deleite, buscando
estrictas curvas en tus morbideces. Eres, existes.
De la imagen borrosa de entonces, tu rostro queda
prendido en la memoria fotográfica distante, imprecisa
ante aquella rotundidad pasmosa. Tu cuerpo en mi espacio
transfigurado, tu cuerpo es cierto. Aquí eres, ahora existes.
Tengo poder sobre tu carne, bosquejo un plan de inciertas caricias
que de antiguo me absorbieron al ver tu foto. El deseo
irrealizable –hace dos años- de tocarte. Tierno, rubio,
e indulgente en mi premura por recuperar olvidos.

Tersa piel, riente piel, dulce piel; tus besos apenas imaginados.
Tu boca, tus ojos. Quedas a una sola extensión de mi brazo;
la mano en trampa carnívora convertirse quiere. Existes y eres.
Y más abajo –muerte adormecida- la visión de tus redondeces,
total perfección de las esferas encajadas, aglutinadas, embebidas.
Dulce visión de piel rotunda y perturbadora; tus nalgas,
celestial movimiento acompasado, enfundadas en elásticos tejidos.
Pronunciados votos de intenciones perversas y a escondidas.

Hoy vienes a mi casa. Eres y existes, aquí, para mí tan solo,
contemplar tu cuerpo, desleír tu ropa usurpadora del contacto.
Hoy llegas –dos años retrasado- a colmar mis manos hambrientas
de tu piel de primavera; vienes a mi piel de cálido invierno.
Hoy quisiera certificar lo anteriormente escrito, contundencia
de un solo gesto tuyo, que imposible pensamiento mío fuera.

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© Juan Rodort, 2012

miércoles, 21 de enero de 2015

Recetas bastante gays (II)

Emparedados variados

La foto en blanco y negro muestra a dos hombres desnudos en el preciso instante que van a darse un beso, los ojos cerrados, las bocas entreabiertas, la mano derecha de uno -el que lleva calzoncillo-slip- alrededor de la nuca del otro, y la izquierda aferrándole las nalgas... muy juntos, sexo contra sexo.

(Emparedado simple de jamón y queso, sin lechuga)

Son muchas las variantes para montarse un emparedado. De bonito, de atún en escabeche, de jamón cocido en su propio jugo, de queso fresco, de lengua... Pero siempre con dos rebanadas de pan. O una baguete dividida por la mitad con algo sustancioso dentro, por ejemplo una jugosa, grande y gorda salchicha con cebolla picadita, picadita encima y mucha mostaza chorreante.

Un emparedado caliente de cuerpos desnudos, es lo más sencillo:
Tómense por el culo, apretando bien las dos manos sobre los cachetes, los dos pedazos de cuerpos previamente desnudos o con una prenda mínima -al gusto o morbo de cada cual- y restriéguense con fuerza hasta notar como las pollas quedan bien erectas y turgentes, a punto del chorreo preseminal. Después de restregar, bien hacia los laterales o de arriba hacia abajo hasta lograr la consistencia adecuada, lléguese al punto de eyaculación perfecto simultáneo. Se mantienen bien pegaditos los cuerpos para que toda la lefa se pegue bien a las pieles y cuando empiecen los pelos del pubis de ambos contrincantes a quedarse tiesos se intercambian posturas al clásico 69 para dejar las zona limpita a base de lengüetazo va lengüetazo viene. Si las pollas reaccionan y vuelven a su textura enhiesta, repetir la operación hasta quedar saciados.

El sándwich de polla o emparedado frío de pollas:
Es una variedad de comida rápida, que consiste en una buena polla o dos, descapullada o con prepucio -al gusto-, sobre un bollito de hamburguesa, acompañado de condimentos -poco picantes si no se quieren ver las estrellas- y guarniciones de lechuga y tomate -¡ojo! que es ácido y para pieles sensibles puede hacer pupa-. En vez del clásico bollo de hamburguesa se sustituye por entrambas manos -se puede hacer a dos cuerpos y cuatro manos. Se untan con aceite virgen extra las palmas de las manos y se les introduce las guarniciones al gusto de cada cual y entre medias se mete la polla del contrincante. Manejar con energía, incluyendo unos buenos masajes de güevos hasta el esfínter o zona adyacente, que quede bien pringada. Con un dedo se restriega el ano con el aceite sobrante y a medida que se van apretando las pelotas se descapulla suevemente o al gusto del propietario del badajo hasta llegar al punto de rociado de semen. Puede ser a la par o de uno en uno. Las guarniciones debidamente regadas del tibio néctar se pueden comer de inmediato, mientras aún duran los espasmos.

Emparedado contra la pared:
Muy apropiado para los polvos rápidos, nada más entrar al apartamento o picadero. Se recomienda cerrar la puerta nada más entrar, para evitar inoportunas visitas de madres, vecinos o monjas pidiendo para el cáncer. El emparedado se realiza contra la pared del recibidor o contra la misma puerta de entrada. No hay una norma, es un maratón de quitarse o arrancarse las ropas mientras se van poniendo a tono las pieles, hasta que queden bien sudorosas y resbaladizas. El preliminar tiene que ser muy rápido. Una vez los dos contrincantes queden en calzoncillos -mejor tipo slip blanco- se demorará el forcejeo para sobarlos bien hasta que se impregnen del sudor. No conviene arrancarlos porque si son de marca -que seguro que lo serán- cuestan una pasta y no están los tiempos para despilfarros. Se bajan los calzoncillos y el último que lo haga quedará con la boca a la altura de las circunstancias que rápidamente las succionará hasta que les salga todo su jugo. Luego se intercambian las posturas y se repite la misma operación. Una vez completado el desahogo mutuo se puede pasar hasta la ducha, la cama o la encimera de la cocina para continuar con otra variante de emparedado... (continuará)
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© Juan Rodort, 2015

martes, 20 de enero de 2015

La cruda realidad

Caliente foto en sepia de este modelo mostrando casi todo lo que Dios le dió para disfrute de sus admiradores. La pose lánguida, la caída de la ropa sobre un hombro y el brazo contrario, la esclava en su muñeca, el slip que parece húmedo, todo su cuerpo mojado por el calor del deseo...
(http://www.burbujasdeseo.com/tag/bernardo-arriagada/)


                   Seguro que fue un "estoy embarazada" o el tan socorrido "mi padre y mis hermanos ya saben lo nuestro" o el que no falla "estoy de tres meses... y es tuyo, por supuesto", o quizá es que el pobre muchacho está definitivamente cegato o sufre de una visión distorsionada de la realidad; el caso es que allí estaba, en la misma cola de la caja del súper, delante de mí: alto, esbelto, gracioso, con toda la belleza felina que tienen los hombres jóvenes y hermosos para moverse.

No me cansaba de contemplarlo y deseaba intensamente que la verificación de la tarjeta de crédito tardara un poco más para seguir contemplando ese hermoso ejemplar masculino de pelo intensamente negro y barba bien arreglada, las cejas delineadas por los ángeles, el perfil perfecto de su nariz, la bella curvatura de sus labios turgentes, la hermosa forma y color de ojos, el aletazo de sus largas pestañas... Todo perfección en esa bella obra de arte viviente. Y la voz, ¡qué voz! Voz que, si me llamara, sería yo capaz de caminar sobre carbones encendidos para seguirlo. Pero no, no me llamó. Hablaba con una chica insignificante, embarazada, más bien fea y pretenciosa a la cual besó levemente en los labios ante sus requerimientos...
¿Las mujeres que tienen estos hombres, saben realmente lo que tienen? ¿Será que lo dan por descontado o piensan que tienen un derecho divino?. Yo estoy seguro que no lo saben y nunca lo sabrán y esa es su maldición... En el pecado llevan la penitencia. Ellas y ellos.
Yo sí sé que si un hombre de esos estuviera conmigo me sentiría bendecido por el cielo, sentiría que la vida ha sido más que buena conmigo y bendeciría todos los momentos vividos junto a él. Me deleitaría viendo su paso seguro, su andar felino, la curvatura de sus piernas, el aroma de su piel, el sonido del rasss... al pasar mi mano por su velludo pecho y sus fuertes piernas, mi corazón latiría emocionado al sentir el calor de su cuerpo desnudo. Un paroxismo de locura se apoderaría de mí si me hablara al oído, sentiría que sus brazos son mi casa y sus besos, mi sed saciada. Mi cuerpo sería el centro de su placer. Miraría su cuerpo moreno bruñido en oro y salpicado de diamantes, mis dedos enredados en su pelo, recorriendo la comisura de sus labios y mis ojos fijos en los suyos sentirían la presencia misma de los dioses de lo bello. Sabría que la vida ha sido buena conmigo al sentir la descarga de su esencia, de sus labios posados en los míos y sus dedos crispados en mi cuerpo sediento de sus caricias.
Sentiría que la espera ha sido nada si él llegara a girarse y, en vez de esos labios pintarrajeados, besara los míos y acariciara mi pecho palpitante...
La cajera terminó la operación con la tarjeta de crédito, la parejita metió la compra en sus bolsas y yo me quedé atontado, sin saber qué hacer a continuación... por mucho que la impaciente cajera me gritara:¡¡¡siguienteeeee!!!
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© Juan Rodort & Anonimo Veneziano, 2015

lunes, 19 de enero de 2015

Los calientapollas (I)

Los maridos de nuestras amigas (las "mariliendres")

Foto en color de hombre semidesnudo, con un minúsculo slip negro, sentado en un sillón de cuero blanco marfil y con los fornidos brazos alzados hasta la cabeza. Luce barba negra muy recortada, en contraste con el pelo despeinado, negro, igual que el resto del vello corporal. Sus ojos piden lo que su boca no se atreve a pronunciar...

(Algo así como este pedazo de carne... pero casado con la mejor amiga)

No se sabe si lo hacen sabiendo lo que hacen, a conciencia de joder al que creen su oponente, porque ellos se sienten agredidos en su seguridad institucional o en esa secreta parcela donde solo tienen acceso las amiguísimas de su mujer, consorte, compañera, cónyuge o media naranja -como se las quiera llamar- que no son otra cosa que las amigas o amigos maricas de la infancia, del colegio o del instituto del pobre marica soliviantado por ellos: los maridos airados.
Y esa inconsciencia provoca dramas en los sufridos amigos del alma de sus esposas (faltaba esta palabra -"anilla metálica unida a otra similar por una cadena, que sirve para atar las muñecas de los reos"-). Unidos "hasta que la muerte os separe", según un formulario y "hasta que el divorcio os arruine", según otra fórmula no escrita pero que viene en la letra pequeña del contrato... Y sin irse por las ramas, los maridos de las amiguísimas de los maricas son todos o casi todos unos calientapollas, siempre provocando con sus cuerpos serranos ligeros de ropa -cuando están en casa y no es tiempo de despelotarse en público-. Y es en esa casa donde las pasan canutas estos pobres maricas que no tienen por menos que aguantarse las ganas de hacer el salto del tigre sobre el cuerpazo semidesnudo del macizo que se enseñorea delante de ellos, sentado en el sofá o el sillón de enfrente, con las piernas bien abiertas marcando paquete o dejándolo entrever por el calzoncillo blanco o de color brillante por donde se salen los pelillos del pubis o directamente un güevo peludo y redondo, cuando no es directamente todo a la vista porque no llevan nada debajo del pantaloncito corto bien holgado que se le abre para ofrecer la mercancía prohibida. "Esto es solo para tus ojos" "Lo verás pero no lo tocarás"... El suplicio de Tántalo en cada visita en que el marido de la amiga "mariliendres" está en casa y se empeña en imponer su presencia al marica. Una agonía, vamos...
He aquí dos breves ejemplos de calientapollas:

1- Su nombre es P. Pé, de puto y fino...
Le conoció en una visita que hizo a su amiga E. Hacía poco que estaban casados, habían insistido en que les visitara en aquella casa de la costa. Carlos tomó un descacharrado tren de la época, cuando había que echar la cesta del pícnic y el botijo para pasar las ocho horas de traqueteo y carbonilla y salvar los cuatrocientos kilómetros desde la capital hasta la estación más próxima a esa playa. Fueron a esperarle, hubo la consabida presentación del famoso P. el motorista guapísimo -lo era y más- del que tanto había oído hablar a las otras amigas de la pandilla. Agotado por el viaje la cabeza de Carlos solo tenía ojos para el cuerpazo del maromo que tenía enfrente, de su sonrisa pícara, su contoneo cuando iba y venía de la cocina del minúsculo apartamento para servir la cena.
E., a su lado, le hacía preguntas y contaba indiscreciones conyugales como amiguísimos del alma que eran.
P. le palmeaba la espalda, tocaba el brazo y le miraba subyugador... Terminó la cena, charlaron un poco y ellos se retiraron a descansar al único dormitorio.
La cama-mueble del salón-comedor-habitación de invitados quedó instalada. Carlos, en calzoncillos, acostado sobre las sábanas, trataba de dormir; hacía bochorno y más, cuando P. salió del dormitorio con tan solo unos slips blancos mínimos que difícilmente le tapaban el sobrado paquete... Tranquilamente se sentó al pié de la cama-mueble y pretextando que no tenía sueño comenzó una charla insustancial, un acoso de preguntas e insinuantes gestos que pusieron al borde del infarto a Carlos que no podía menos que estar mirando aquel cuerpo desnudo y caliente tan próximo al horno en que se había convertido su propio cuerpo. Una inundación de sudor le cayó de la cabeza hasta el culo. La tenue luz de la lamparita que había en el cabecero daba una morbidez broncínea a la piel de P. que seguía como si nada ocurriera. Y a ojos vista se veía al pobre Carlos tratando de disimular su prominente erección, secarse el continuo sudor y contenerse para no saltar encima o debajo del calientapollas de P. que, sin más se despidió y le dejó mojado, erecto e infártico...
Entrada la madrugada, Carlos se masturbaba pensando en P.

2- Su nombre era M. El marido de la otra "mariliendres" de Carlos. Años después de la calurosa experiencia de la costa con el calientapollas de P.
En un pueblo perdido de la sierra norteña de la capital, una destartalada casa alquilada para pasar el verano y los fines de semana. Un final de verano, en plena temporada de discusiones conyugales, de desarmonías de la pareja M. y T. Carlos en medio de la borrasca.
La cena había sido tensa. Y no hubo sobremesa. Carlos se retiró a la pequeña habitación de invitados en la buhardilla de la casa, justo encima del dormitorio de la pareja. Los gritos y lamentos se filtraban a través de las viejos tablones del suelo. Silencio, sollozos...
Unos golpecitos en su puerta y M. en calzoncillos que se le viene encima todo nervioso y se le abraza... Carlos, aplastado literalmente por el cuerpo desnudo del marido de su amiga, no tuvo que imaginar lo que estaba notando a través de la sábana... la caliente erección de M. Y como a la ocasión la pintan calva -vaya usted a saber por qué- Carlos aprovechó el momento.
En dos segundos entaban enredados en algo más que un abrazo y un intercambio de lenguas en un apretado morreo y un férreo abrazo que exploraba regiones extraconyugales...
Carlos se dejó hacer, tumbado, con los calzoncillos bajados y la polla en la boca de M. (esos eran sus pensamientos, lo que le habría gustado hacer o dejarse hacer; la realidad fue mucho más cruel).
Carlos intentó bajar los calzoncillos a M. y éste se desasió del abrazo, le dió un breve beso en los labios y salió de la habitación... con una erección de caballo. Abajo se oyó la voz de T. que llamaba a su marido sin saber lo ocurrido, sin imaginar lo que Carlos imaginaba y que terminó con una desaforada masturbación en solitario, a la vez que oía los suspiros y golpes rítmicos en la cama de sus amigos -de su amiga y el calientapollas del marido-.

Dos anécdotas que ilustran una variedad de calientapollas, la más dañina y peligrosa para las partes integrantes en el triángulo... Mañana, más.
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© Juan Rodort, 2015

domingo, 18 de enero de 2015

Juegos de piel (II)

Dibujo de joven ángel desnudo sentado sobre un muro y mirando a la izquierda nuestra. Su mirada es soñadora, de un lúbrico sueño del que el enhiesto mástil de su pene hace referencia. Las alas en reposo, cansadas de volar, los pezones erectos...

(Otro de los dibujos secretos del autor que los puedes ver en tu correo, bajo petición expresa al autor)
(© Juan Rodort, noviembre 2012 -Tinta negra sobre papel, "Doble enroque 2"-)

TABLAS
(Doble enroque)
2. Fotos

Aquella colección de fotos revisadas muestra
los cuerpos ansiados tantas veces por morir en sus caricias,
imágenes robadas al tiempo e instauradas en obseso santuario.
Dulce contemplación de sus cuerpos en imagen congelada,
fetichista oración de mis ojos deslizados en tersa cartulina; sus cuerpos,
hambrienta visión de Tántalo obsceno sediento de pieles jóvenes.
Hoy –tanto tiempo deseado- estrecho sus manos, mera fórmula
del saludo intercambiado. Cálidos, estremecidos pulsos,
mis dedos adentrados en milimétricos jardines estancos.
Uno y otro, cuerpos ciertos, dispuestos como regalo para mis ojos.
Impensable tocarlos. Virilidad enrocada bajo sus ropas.


3. Manos

Calor trasvasado piel a piel, tus dedos enroscados en mis dedos,
calor apretado, saludo sustitución del ansiado beso-deseo-pensamiento.
Abierta mano ofrecida en digital suspiro condensado,
abierta palma caliente que se amolda a mi mano. Fusionados,
prendidos en diestras manos, nuestros ojos se recuerdan
caricias presentidas, imaginadas, deseadas, olvidadas;
caricias milimétricas en cada huella de las manos.
Manos que se estrechan, sustitución de cuerpos mórbidos ocultos.
Manos cálidas que expresan libres besos inhibidos,
besos en fórmula saludo, besos deglutidos con la vista,
besos en las manos apresados... Cálido apretón de manos.

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© Juan Rodort, 2012

sábado, 17 de enero de 2015

Maricas antiguas (ancianos gays)

Bonita foto artística de dos hombres desnudos enfrentados, a punto de iniciar un combate... Las piernas abiertas, las cabezas inclinadas sopesando al contrario... La luz lateral sobre un fondo terroso azulado y los claroscuros hacen que parezca una pintura tenebrista.
(https://www.flickr.com/photos/greekstories/1800691230/)

                     Después de cuarenta años de ilusionada libertad de expresión y movimientos la noticia era cuanto menos que increíble.
X había luchado activamente en los primeros años de emancipación del colectivo gay (homosexual se decía entonces), cuando participar en manifestaciones de apoyo era demasiado peligroso para la salud. Como mínimo volvía a casa con contusiones, algún moretón y chichón de las porras de la policía, o de los grupos ultraderechistas que campaban a sus anchas por el país, aún adormecido y no acostumbrado a que el pesado yugo de la dictadura fascista había acabado, ¿muerto?
X no podía dar crédito a los titulares del periódico digital que estaba visionando en su pantalla. ¡Habían vuelto 40 años atrás! Las libertades se habían recortado más todavía que cuando el viejo dictador asolaba los corazones rosas. ¿Cómo era esto posible? ¿No estaban en una democracia? También dijeron que eran repúblicas democráticas esos viejos estados subyugados por el totalitarismo ideológico ¿de izquierdas? Ahora le tocaba el turno a la derecha... Una vez más. Porque el nuevo poder lo tenía bien claro. Las anteriores leyes que permitieron las uniones de hecho entre personas del mismo sexo fueron derogadas, esas y tantas otras leyes del llamado estado del bienestar. Volvían los caciquismos, las antiguas leyes del ordeno y mando... y ¡a callar! La ley del palo y tente tieso.
¿En qué se quedaban su libro de familia, su matrimonio con Y? No existían... Ya, no. Pasaban a ser nombrados "enemigos públicos". No, elementos indeseables de la nueva sociedad... ¿A qué tufo le sonaba esa expresión? ¿Les obligarían a llevar un triángulo rosa cosido en la ropa, bien visible? ¿Cómo habían consentido tal cambio desde el gobierno central europeo? Pues parece que lo consentían, que lo apoyaban, que lo confirmaban...
¿De qué sirvió aquella manifestación multitudinaria en París? Otra manifestación más. Otra foto de dirigentes cogidos del brazo, de caraduras que se manifestaban a favor de la libertad cuando ya habían redactado las nuevas leyes opresoras en sus respectivos países...
¿De qué sirvieron todas aquellas otras manifestaciones de hace 40 años?
X no puede por menos que sentirse abatido, desilusionado es poco, traicionado por los partidos políticos que él mismo había votado y que gobernaron anteriormente en loor de las libertades y que de pronto habían pactado con el enemigo radical. Todos los partidos un solo bloque, el P.U.D. era un hecho consumado. Un mazazo contra las libertades ganadas con tanto esfuerzo durante tantos años de ilusionada libertad de movimientos...
X no pudo menos que llorar abrazado a Y. Dos ancianos maricones. Llevaban juntos más de 30 años... ¿y ahora qué?
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© Juan Rodort, 2015

viernes, 16 de enero de 2015

Extraviados dentro del armario

Foto en color de este célebre modelo. Sentado y desnudo, con una evidente ercción sostenida con su mano derecha, la izquierda la apoya sobre el banco de gim. Mojado, desprotegido, pidiendo guerra de la peor, donde no hay vencedores ni vencidos, solo luchadores cuerpo a cuerpo... sudorosos, desnudos, encelados, sedientos de más sexo.
(https://www.backstage.com/derekrusso/)

                           Decía aquella tonta del capirote: "Todo el mundo tiene una chaqueta cruzada azul marino de botones dorados en su fondo de armario".
Y yo, por aquel entonces, pobre y estudiante que compartía habitación con mi hermano Ramón en el piso de mis padres, tenía que compartir, además, el armario ropero. Era un armarito empotrado de dos estrechas puertas y medio metro de fondo -donde nunca hubo una chaqueta cruzada azul marino con botones dorados-, con un mueble-cajonera para nuestra ropa doblada y una barra para colgar la ropa de colgar; encima tenía un maletero lleno de maletas llenas de más ropa (estacional).
Y en la exigua habitación no cabían ni tan siquiera dos camas, una al lado de otra, así que la solución era aquel armatoste de cama-litera (me tocó dormir arriba, claro). Todo esto pasaba seis o siete años después del famoso acoso sexual a que sometí a aquel soldado que dormía en el otro piso; éste, tenía las habitaciones más pequeñas, pero mejores vistas y orientación. Era un edificio de nueva construcción, en una calle pequeña y poco transitada, aunque relativamente cerca del anterior piso . Allí dejé un amigo-compañero de clase.
Pero en esta nueva casa encontré un objeto de deseo prohibido -¡cómo no!-.
Era el vecino del tercero. Un muchachote guapo, de cuerpo de caerte de culo, con ojos azules -de los que me pierden- y ¡¡¡casado!!! Tenían una niña o un bebé, no sé, no me fijé en esa desgracia; en la otra, en su mujer sí que me fijé para odiarla. Una rubia-bote anodina... No, no es misoginia sino que no hay derecho que un hombretón  tan hermoso, deseable, guapo, para comérselo todo, todo y no tirar nada estuviese metido dentro de un férreo armario y además casado ¡por la iglesia!
No se si él tendría fondo de armario. Seguro que sí, sus padres eran de posibles; venían a visitar a su nieta -no se cuales eran, si los de él o los de ella-. Y, encima, eran simpáticos. Imposible odiarlos. Tampoco tenía yo motivo. Sólo el que ese bellezón no fuese mío, solo mío.
Y yo, sin fondo de armario para poder lucir una bonita chaqueta cruzada azul marino con botones dorados, como todo cristiano que se preciase en esos años debería tener...
¡Sufría en silencio!
Haciéndome pajas pensando en el vecino, porque me lo encontraba cada dos por tres, en el portal, entrando o saliendo, sacando el cochecito de paseo de la nena, en el trastero... ay, ahí era el delirio: siempre iba con un calzón corto y una camisetita que más que taparle le realzaba todo el tesoro semioculto y expuesto, con unas piernas doradas por fino vello... Ah, es que el tío era rubio, de esos rubios cobrizos de tirar de espaldas. Y el colmo fue cuando se dejó una barbita.... ¡¡¡Aaaaaaah!!! Casi me muero de un infarto o de un calenturón de entrepierna. ¡¡¡¿Pero, cómo se puede ser tan guapo?!!! Y no poder meterle mano. No atreverme a hacerlo. Porque ahora que pienso, el muy cabrito siempre se hacía el encontradizo conmigo, siempre me sonreía y hablaba de lo que fuese hasta que yo tenía que dejarle porque comenzaba a sudar y el espectáculo parecía las cataratas de Iguazú cayendo de mi cabeza...
Sí, es verdad, el tipo estaba provocándome continuamente para que yo tomase la iniciativa. Él era un hombre casado... y con familia. ¿Y yo? Un estudiante de poca monta, cachas, pero no para tirar de espaldas sino a las tías -no soy misógino, pero no me interesaban nada los ojitos amorosos ni las insinuaciones que las chicas me hacían-.
Hay que ver, cuando no quieres que se fijen en tí, todo el mundo lo hace y cuando lo deseas parece que eres el hombre invisible.
Eso no me ocurría con el vecino del tercero. Él me buscaba, porque era mucha casualidad que cada vez que yo bajaba al trastero -estaba en la entreplanta-, él llegaba a los dos minutos vestido (semivestido) para trastear en su trastero y decirme cualquier cosa, con el resultado de mi inundación sudorípara consiguiente. Quería, deseaba, lo pedía, y yo no me daba cuenta, que me lo tirara allí mismo, él ya venía sin calzoncillos, solo bajarle el calzón corto y dejarle con su culo de oro al aire...
¡¿Cómo no me dí cuenta?!
Ni de eso ni de otras cosas. Entonces estaba más cegato y equivocado que no daba pie con bola. Me entretenía tirándole los tejos a mi amigo Carlos... Y, dos pisos más arriba, tenía un pastel recién hecho diciéndome: ¡cómeme!
Pero, claro, dónde iba yo sin fondo de armario... Debía ser una impedimenta básica para poder o saber ligar. Y como aún no había llegado mi primera vez (desvirgue total) en un bar de Chueca... Me lo perdí. Por bobo, por ignorante, por indeciso...
El vecino del tercero se marchó, él y su familia desaparecieron en menos de tres meses. No volví a verlo más. Ni encontrarnos por Madrid. Y eso que, por aquellos años Madrid era como un pañuelo, siempre tenías encuentros inesperados en el Metro, en el bus, en el centro, haciendo cola para los cines de estreno... El vecino del tercero desapareció. O encontró lo que buscaba. Sí, seguro que encontró algo en su fondo de armario...
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© Juan Rodort, 2015

jueves, 15 de enero de 2015

Juegos de piel (I)

Dibujo de dos ángeles desnudos; el mayor sostiene la cabeza del menor que reposa sentado en un murete bajo. El ángel senior muestra unas redondas nalgas que no tienen nada de castas.
(© Juan Rodort, noviembre 2012 Tinta negra sobre papel, "Doble enroque 1")

TABLAS
(Doble enroque)
1. Juegan blancas

De mi exacta huella, molde blando,
alzada contorsión circunvalada, tu pecho endurecido.
Extensión regada del cabello ensortijado-exorcizado-exonerado,
curvo ademán, incandescente púlpito cutáneo, pubis de enhiestas cabelleras
adormecido en profundos círculos concéntricos.
Tibia indulgencia plena ganada a exvotos de caricias,
inaudito latir unísono, goznes que el éxtasis expande al girar sobre sí mismo.
Dos cerrados ensamblajes piel a piel.
Timón que navega mis profundidades de abiertas olas.
Tersa jaculatoria reclinada en mi regazo estremecido,
suplantación de estrictos ademanes. Impronta digital
en robados cirios candentes, chorro cálido que moldea tu cintura
con llamaradas salobres.
Especulares goces fundidos sobre pieles de contrabando; lo prohibido
resuena a trompicones desbocados en álgida cueva ofrecida.
Tuyos mis resquemores inauditos al saberme sorprendido
en cúpula estrellada de inhóspitos jardines, lloviendo fuego,
derrotando la fortaleza en arietes golpes sucesivos. Velos
de noches insomnes, cálidas luciérnagas en tus ojos,
rumor del néctar deslizado a mis labios de tus labios,
clamor húmedo de golosas lenguas serpentinas enroscadas.
En la acuosa calma del lecho intercambiados cuerpos
entreabren secretos goces sin sonidos; ojos en las manos
para vislumbrar la piel, bocas en los dedos para deglutir la piel,

lenguas derretidas de sabor secreto.
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© Juan Rodort, 2012

miércoles, 14 de enero de 2015

Acosador de mayores

Esta foto de lo que parece un cuadro hiperrealista de un hombre desnudo echado sobre hamaca de camarote, o un escenario similar... no he podido encontrar el enlace para que se vea la belleza del color de la carne pintada hasta el último pelo del vello corporal, el pene en reposo, el brazo izquierdo levantado con la mano sobre la cara para taparla del sol o de la luz, la otra mano caída; la pierna izquierda sobra la rodilla derecha, apoyando el pie, el otro sobre un cajón o maleta de madera donde están escritos posiblemente los datos del autor, su firma, etc. Porque si no es una pintura y solo una foto, el efecto es genial por esa lua cenital cruda sobre la piel sonrosada del barbudo modelo de cabello rapado que le hace más morboso al asemejarse al de un monje... un fraile desnudo y bien armado expuesto a nuestra concupiscencia. Todos somos obra de Dios... y Dios no puede equivocarse ¿no?


                Al despertarme de la siesta me doy cuenta que mi nieto está echado a mi lado, bien apretado; con razón tenía tanto calor... Aunque el calor del día parece que no ha terminado; afuera, en la calle, debe ser un horno. Todavía estoy medio dormido. Miro el reloj. Tampoco ha sido tanto tiempo desde que me eché... solo. Este nieto mío siempre está detrás de su abuelo...
¿Pero...? ¡¡¡Joder!!! Su mano está bien apretada a mi polla... 
Con mucho cuidado se la retiro. Los dos estamos en calzoncillos sobre las sábanas. Con razón he tenido sueños húmedos... Mírale, ahí, con su carita de no haber matado una mosca. A ver si le aparto un poco... hala, bocarriba, que me tenía el pecho chorreando sudor con su cara encima... Pero... esa mancha en sus calzoncillos. ¡Se ha hecho pís! Pero huele a... ¡¡¡se ha corrido!!!! ¡Coño, pero si sólo tiene doce años!... Ay, ay, ay... que la historia se repite.

Creí que ya tenía olvidado lo que pasó aquel verano, cuando yo hacía el servicio militar y pernoctaba en casa de un compañero de cuartel. Todo empezó la noche en que él tuvo guardia y su hermano pequeño -posiblemente no tenía más de doce años-. Compartía habitación en el piso de sus padres, tres camas lo bastante separadas como para tener cierta intimidad. Pero, no. Ahí apareció el crío. Había terminado el curso en el colegio interno. Le arreglaron un rincón en aquella habitación de tíos solos. Ahora no podía hacerme pajas allí delante. Bueno, en el baño. Aunque me gustaba hacérmelas mirando por la ventana a la vecina de enfrente, mientras se desnudaba sin siquiera echar la persiana... Me levantaba cuando mi compañero estaba ya dormido y me masturbaba mientras la tía se quedaba desnuda para acostarse, con la ventana abierta, desde allí la veía bien al estar un piso más arriba que ella... Pero con la llegada del crío todo se fue complicando. Primero le vi que tenía mucho interés en ver como me cambiaba de ropa. Él creía que no me daba cuenta, pero sí, aunque se hacía el dormido yo sabía que me estaba espiando. Al poco noté como mis calzoncillos limpios guardados en mi maleta estaban manchados como de leche reseca... Y antes de su llegada, mi ropa me la lavaban y planchaban y siempre estuvo perfecta... No sé, tal vez fuera paranoia mía, pero el chaval se estaba poniendo mis calzoncillos y se masturbaba en ellos... ¡Qué asco! Bueno, cuando esto ocurría, los volvía a echar a lavar y punto. Pero llegó esa maldita noche de la guardia de su hermano.
Estábamos los dos solos. Me desnudé con la luz encendida, cosa que evitaba en verano al tener las ventanas abiertas, para que el crío se diera una buena ración de vista. Me paseé delante de su cama en calzoncillos, tocándome el paquete como si me lo rascara... Él se removía inquieto. Vale, no estuvo bien por mi parte hacer esta cochinada, pero es que ya me tenía harto con tanto espionaje. Apagué la luz y me acosté. A través de la persiana medio levantada entraba la luz de la calle. Mi cama estaba iluminada a la altura de mi cintura para abajo. Mis calzoncillos blancos se veían perfectamente en la penumbra. Oía la respiración del chaval como si ya durmiera. Me dormí.
¡Joder! Tenía su mano metida dentro de mi calzoncillo, agarrándome la polla. Con razón la tenía medio tiesa, con el calor, los sueños... ¡Era él! No me apretaba, más bien la tocaba sintiendo mi calor y palpitaciones. Tuve una pequeña erección... Su mano se retiró de golpe. Entreabrí los ojos en la oscuridad y a la débil luz de la ventana le vi arrodillado delante de mi cama, con la mano extendida y aún tocando mis calzoncillos, pero estaba convulso y se le escapó un leve gemido... Creo que se estaba corriendo. Retiró su mano, se levantó y se metió en su cama en la oscuridad del otro extremo de la habitación. Me quedé aterrorizado. ¡Joder! Yo estaba haciendo el servicio militar, durmiendo en casa de una familia y un menor de edad me estaba metiendo mano... ¿Quién podría creerme? Tenía todas las de perder si alguien se enterase. No pude dormir hasta el amanecer.
Mi compañero volvió por la mañana de su guardia, hablamos. Todo normal. Su hermanito nada había dicho... ¡Uf! Mejor. Traté de olvidar el incidente.
Pero el crío seguía acosándome cada noche que su hermano estuvo de guardia en el cuartel. Siempre lo mismo, se levantaba en la madrugada, se arrodillaba ante mi cama y me tocaba el paquete o el culo si yo estaba durmiendo bocabajo. Tenía que irme de allí lo antes posible. Si el chaval se iba de la lengua o contaba una historia que no era cierta... yo tenía todas las de perder. Pero el caso es que había algo extraño cada vez que me tocaba la polla. ¡Me gustaba! Y eso sí que ya era grave.
Una tarde, al llegar del cuartel para cambiarme e ir al cine con un chica que había conocido, me encontré al hermanito en cama. Deliraba, tenía fiebre. La noche anterior había sido movidita. Se levantó dos veces, me toco por donde quiso. Yo solo pude estarme quieto y hacer como que dormía. ¿Qué podía hacer? Se corrió las dos veces. Su olor era fuerte, muy parecido a mis corridas. Se me puso tiesa. Fue en ese momento la segunda vez que me la agarró y la sacó fuera de mi calzoncillo... Yo estaba muerto de miedo y totalmente empinado. Algo de lo más raro. Nunca me había pasado nada parecido, ni cuando tuve aquel manoseo con otro compañero una noche de guardia en el campamento de instrucción. El caso es que mi polla estaba descontrolada. Y yo, sin poder pensar. Y él se la metió en la boca y allí me corrí. Se tragó toda mi leche mientras se corría a la vez, luego me guardó la polla en los calzoncillos y cada uno en su cama nos quedamos haciendo que dormíamos. El pánico me venció. Por lo visto él amaneció y continuó todo el día con fiebre. Y yo tenía en mente dejar aquella casa, aquel peligro que me podría conducir directamente a la cárcel.
Un mes después conseguí que la chica con la que salía por las tardes -y algunas noches- me dejase quedar en su piso. Lo compartía con otras dos compañeras de trabajo. Y en sus brazos pude olvidar el incidente del crío acosador.
Años después me casé con la que aún es mi mujer, tuvimos dos hijos. La pequeña aún no tiene hijos pero el mayor tiene este diablillo acosador de abuelos incautos. Pero no. No se va a repetir la vieja historia que creía olvidada. Haré como si no hubiera pasado nada. Seguro que son cosas de críos. Fijaciones propias de su edad...
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© Juan Rodort, 2015