jueves, 31 de julio de 2014

De nuevo contra la pared

http://juanrodriguezortega.blogspot.com.es/


Wes Hempel, PARADISE FOUND, oil on canvas

Cerrado por vacaciones hasta el 1 de septiembre

AVISO:Cerrado por vacaciones hasta el 1 de septiembre


Este era el cartel, con esta frase, la más usual, colgado o pegado en los cierres metálicos de las tiendas y comercios de la ciudad donde me crié, hace ya muchos años...

Pues parodiando el tema y la frase, yo también cierro el quiosco por vacaciones.
Pero dejo un sustituto abierto para seguir dando encontronazos contra esa pared:
"De nuevo contra la pared"

http://juanrodriguezortega.blogspot.com.es/2014/07/cartas-giovanni-iii.html

Por si alguien no se percató todavía, "Contra la pared" y "De nuevo contra la pared" pertenecen al mismo autor: yo, bajo dos entradas diferentes en este portal G+

Ya lo expliqué antes, tuve que abrir otro correo y otro blog asociado porque el primero no me funcionaba bien, cuando aquel jaleo-amenaza de la horfandad de asistencia a los XP...

Siempre dije y me reafirmo que soy un usuario. Llevo casi veinte años dándole a las teclas y perdiendo vista ante las pantallas y los filtros (que eran peores que mirarlas sin nada). Hasta estas nuevas pantallas planas que comer, comen vista. Mi oftalmólogo me sube la graduación de los cristales de mis gafas cada vez que me reviso la vista.

Y acabé cediendo al teclado y a la digitalización de mis archivos que antes eran cuadernos o álbumes de fotos en papel, o carpetas llenas de dibujos... y hasta he dejado de pintar con pinturas que manchan las manos para hacerlo con pinceles y filtros digitales que manchan la agudeza visual de tanto fijar la visión. Porque bueno no puede ser el mirar fijo y tan de cerca a un objeto radiactivo... Es como la criptonita de Superman.

Qué tiempos los de la foto de cabecera... Ese rapado soy yo, sin barba y con reloj en la muñeca. No recuerdo cuando decidí dejar el reloj... no recuerdo dónde, ahora, pero desde entonces no lo uso.
Cuando salgo solo a la calle echo al bolsillo el telefonillo, por simple precaución, por si acaso. Voy con bastón cuando salgo solo y alguna vez he tenido un amago de torcedura de rodilla... Y dar con mi volumen corporal en tierra ya es algo más que un accidente, sería una catástrofe.

Hace años, posiblemente por la época en que tomaron esa foto de arriba, tuve varias caídas.
La más aparatosa fue en la Sierra de Grazalema, intentando ver el fondo de un precipicio de unos 100 metros, caída en vertical... Me vi caer de espaldas y girar mi cuerpo a cámara lenta hasta quedar tendido encima de un arbusto en vez de abajo, al fondo del barranco...
Desde entonces desempolvé mis oraciones al Ángel de la Guarda y lo llevo presente, a mi lado.
La otra caída aparatosa fue en una calle de Santiponce, donde viví en mis años de trabajar en Sevilla, una mañana fría (los que crean que en Sevilla no hace frío o humedad están equivocados totalmente) yendo a por "calentitos" -churros, geringos- recién levantado, no sentía los ojos del frío que hacía y deprisa, deprisa; no calculé el bordillo de una acera y caí de bruces cuan largo soy... evitando darme de cara puse las manos para protegerme y terminaron desolladas, varias uñas rotas y sangre por todas partes...
Lo primero que dije al incorporarme, después de mi estupor -es que no me lo podía creer-, fue: ¡¡¡Jilipollas!!! dicho a mí mismo, por eso mismo...

Pero estas cosas nada tienen que ver con el cierre por vacaciones de esta página.
En septiembre, con la fresquita (eso esperamos... y con las lluvias también) abriré de nuevo este "Contra la pared".
Que seais felices.
Yo volveré con un añito más...


miércoles, 30 de julio de 2014

Els Sants de la Pedra (Los Santos de la Piedra)



Los Santos Abdón y Senén son llamados en esta zona Los Santos de la Piedra (Els Sants de la Pedra, en valenciano). Los arriba encristalados se encuentran en la ermita de la Mare de Deu dels Desamparat de este pueblo. Hoy, 30 de Julio es su festividad.

"En el siglo III, bajo la persecución del Emperador Decio, Abdón y Senén, de nacionalidad persa, fueron acusados de enterrar en sus propiedades los cuerpos de los cristianos que eran dejados insepultos. Detenidos por orden del emperador, les obligaron a sacrificar a los dioses; pero ellos se negaron, después de haber sido sometidos a encarcelamiento, al volver Decio a Roma les obligó a ir cargados de cadenas, caminando delante de su carroza triunfal. Conducidos a través de las calles de la ciudad volvieron a negarse a adorar a los dioses, lo que les valió ser expuestos a los osos y a los leones del circo, los cuales no se atrevieron a tocarles. Por último, después de haberlos degollado, arrastraron sus cuerpos, atados por los pies, delante de la colosal estatua de Nerón, pero fueron retirados secretamente de aquel lugar, para darles sepultura en la casa del diácono Quirino."

Lo de que fueran los patronos de la agricultura haciendo la competencia a San Isidro no lo se. Podría mirar por internet, lo mismo que he hecho para obtener la reseña entrecomillada de arriba.
Por lo visto hay una gran tradición no solo por Levante donde son patronos de la agricultura y abogados contra el pedrisco y el granizo.
Este año no tienen mucho trabajo que digamos con la pertinaz sequía que arrastramos.

No recuerdo en qué otros lugares, cuando un santo o santa se hace de rogar y no trae la lluvia o lo que se le pida... se lo castiga (metiendo la imagen en agua en algunos sitios:
"No he visto gente más bruta / que la de Alcocer / que echaron el Cristo al río / porque no quiso llover").

Generalmente, las rogativas se hacían en el tiempo comprendido entre las festividades de San Marcos (25 de abril) y San Isidro (15 de mayo), período crítico para la esperada cosecha. Estas procesiones con oraciones y cánticos forman parte de una serie de ritos revestidos de cristianismo, pero mágicos en el fondo, comunes en muchos pueblos.

Así que quien avisa no es traidor... Ya pueden estar al loro los Santos de la Piedra que como siga sin llover van a ir derechitos al río... a un río que ahora lleve agua.

Por eso deben de estar así de bien protegidos, con esa mampara de cristal, por si el fervor se convirtiera en furor...

martes, 29 de julio de 2014

Una historia de cuadros (III)



3
Remember the future days

Intenté que fuera el desagravio a mis amigos por su retrato vendido.
Aquel "Rapto recíproco" debí firmarlo a principios de 1989 o quizás a finales del 88. El caso es que no conservo documentación al respecto. Pero de estos días del futuro recordados o Recuerdo de los días del futuro (pensado en ese inglés mío desconocido) sí que hice fotos con la fecha apuntada detrás de cada una.

Debía tener una idea al comenzar el año 89 porque conservo una foto de la primera versión que data de febrero de 1989. Entonces ya habría pasado algún tiempo, no tanto como creía cuando escribí la reseña del Rapto recíproco, pero no lo puedo asegurar.
También es posible que comenzase a pintar otro "retrato" sicológico que no tuviese nada que ver con el anterior. Una forma de exorcisar los fantasmas creados a su alrededor y aún recientes.
Me decanto más por esta segunda idea.
Mi amiga Teresa y su marido no me hablaban todavía, pero yo intentaba acercamientos conciliadores. La culpa de todo lo ocurrido estaba repartida casi a medias entre ellos y yo.
Y, ante la tirantez de nuestra relación -o ruptura- se me ocurrió esta treta para reconciliarnos.

Este lienzo es de gran formato, 114 x 146 cm. comenzado a pintar en técnica mixta sobre lienzo de lino grueso (posiblemente tipo "Goya") montado en bastidor con travesaño.
No recuerdo haber hecho bocetos, comencé a dibujar directamente sobre la preparación en blanco del lienzo. Todos estos cuadros grandes los montaba y confeccionaba en mi taller-estudio. Tenía la tela comprada en rollos. La calle Imperial de Madrid era uno de mis proveedores por la cantidad de tiendas de venta de telas al por mayor. Los palos del bastidor los encargaba a tiendas especializadas en Bellas Artes del centro de Madrid.
El comienzo del dibujo y las primeras manchas de color estaban en el estado que muestra esta foto:
Si que recuerdo haber hecho posteriormente un boceto a lápiz sobre papel -ahora en paradero desconocido, pero que seguro lo tengo-, porque después realicé el despiece de las figuras en otras hojas de papel hasta llegar a este resultado. Me gusta más lo que va quedando en el interior que el resultado final. Pero un final es cuando decides dejar de pintar y firmas la obra. Se puede continuar, por supuesto.
Y seguí pintando, repintando e introduciendo pequeños cambios en la disposición de los grupos de figuras.
No hay una historia intrínseca de la obra. Va surgiendo a medida que pasa el tiempo. Porque al emplear unas técnicas de veladuras en distintas zonas debía esperar a su completo secado para continuar pintando. Al retomarla la iba adaptando a mi nuevo estado de ánimo.

En el mes de marzo tenía este aspecto. 

La figura central cambia la posición de su brazo izquierdo para dar entrada e importancia al grupo de figuras del fondo derecho que aquí casi se reduce a una sola figura observante.
El guardián del fondo izquierdo sigue en su sitio.
El coloso secuestrador ha cambiado un poco su postura para quedar más dinámica y aérea. Arriba a la derecha ha desaparecido la figura asomante, se ha convertido en bruma, para más tarde formar parte de los cabellos al aire de antrambas figuras centrales.
El horizonte bajo es marítimo a la izquierda y árido desierto a la derecha, fundiéndose.
Sería a mediados de marzo o casi final la toma de esta foto, por las zonas de veladuras que han tapado el fondo. Ese fondo que va tomando corporeidad y volumen. Y color.

Es el mes de abril cuando tomo esta foto.

Aquí hay más cambios, el más notable es la desaparición de la figura sobre el mar. Y el perfilado de la otra masa-figura derecha. Una especie de tormenta de color-nubes-polvo y la aparición de una roca suspendida (me parece que dentro de ese grupo-figura estuve pintando otras figuras que finalmente quedaron debajo de las sucesivas veladuras, tal como aparece en la foto). Los cabellos de las dos figuras femeninas se enredan o forman parte una de otra.
Los rostros toman el parecido de las caras de mis amigos. Esta vez sin fotos, pintado de memoria.

Y creo que fue en este estado de la pintura cuando me reconcilié con ellos y accedieron a venir a mi estudio a ver el cuadro.
Les gustó, sí, pero no les interesó tenerlo puesto en su casa.
La historia ya no volvería a ser la misma. Me dijeron que ya tenían el hueco destinado a este cuadro ocupado por no se qué otra cosa...
El recuerdo del retrato original prevalecía en nuestra memoria. Y ellos seguían dolidos.

No, no se lo llevaron. Es más, creo que tuve un amago de querer regalárselo... no estoy seguro de eso ahora, pero algo así hubo.

 El rostro del coloso fue cambiando con el tiempo. Lo fui repintando para que ya no fuera un retrato de nadie. Es una idealización del Antinoo que por esos años me fascinaba.
 El guardián del fondo reapareció como un colosal cautivo amarrado y arrastrado al plano cercano por ese esforzado maciste marinero. Nadie en particular. El rostro del coloso arrastrado queda desdibujado por las nubes del fondo. Creo que en esos días leía o releía la Trilogía de las espadas de Michael Moorcock, de ahí esa simbología de atraer hacia este plano real un coloso de otra dimensión paralela...

 
Y con el paso del tiempo estuvo colgado en una de las pocas paredes con huecos libres que me quedaban en el estudio. Hasta que otro amigo y medio-mecenas por sus muchos encargos me lo compró por una suma impensable para mí en aquellos momentos... al alza. Una transacción entre caballeros, entre colegas, entre ex-amantes...
Otra historia.
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© Juan Rodort, 2014

lunes, 28 de julio de 2014

Una historia de cuadros (II)


J.R. Ortega "Rapto recíproco, 1987"

2
 Rapto recíproco

Siguiendo con los grandes formatos, éste es otro, siguiendo los pasos de "Conversación con Anfitrite" comenzado el año anterior y abandonado a su suerte para tomar este encargo.

Igual que el anterior, las dimensiones no las he conservado anotadas, pero sobrepasan el metro y llegan casi a los dos en el apaisado. Es un lienzo de lino grueso preparado y montado en mi estudio de la calle Tracia de Madrid sobre bastidor de madera con travesaño.
Las dimensiones ya no recuerdo si me las dieron o yo las escogí para una pared determinada. Creo que esto último. A fin de cuentas se trataba de hacer el retrato de una pareja de amigos muy queridos.
¡Cómo imaginar que este cuadro rompería esa amistad!

Bueno, el cuadro no hizo nada más que estar colocado en mi caballete del estudio, colgado en una pared y finalmente enrollado y transportado -de "incógnito"- a Francia... Sí, es uno de esos rollos del equipaje de mano del vuelo Madrid-Burdeos del año 89...

Comencé a preparar el tema de un retrato de forma poco convencional. Un retrato sicológico.
Compré libros de cartas astrales, horóscopos y simbologías. Me documenté en libros de arte y en la mejor de las fuentes: el Museo del Prado. Allí encontré los motivos que me inspirarían mi interpretación de las personalidades que debía retratar. Eso y un álbum de fotos que mis amigos me dejaron para que viese la evolución de sus rostros. Y de sus cuerpos... porque había alguna foto de ellos posando con poca-nada de ropa. Pero eran sus miradas que me interesaba más que los cuerpos en sí. De hecho la representación de ambos se ajusta a una escultura no se si romana o renacentista que "descubrí" en una de las escaleras del museo y otra, copia en mármol de un Antinoo que vendría a ser él. Y en el medio la incógnita.

Este es uno de los bocetos.
Es una fotocopia coloreada. Aquí ya se puede apreciar el tema del rapto recíproco tomado de varios cuadros, no se si era uno el rapto de las Sabinas de Rubens y otro que vi en la glorieta de columnas donde está la escultura del emperador Carlos en medio. Tengo en alguna parte los apuntes...

El cuadernillo lo tengo a mi vera. Se llama precisamente "Apuntes" con un dibujo de 1981, cuando comencé a escribir apuntes en forma de diario desde mayo a noviembre de ese año estando yo en Barcelona. Pocas páginas de escritos y dibujos seguidas por notas a lápiz de las constelaciones personales de los horóscopos de mis amigos. Y seis apuntes a lápiz negro que tomé en el Museo del Prado. Pero desgraciadamente no apunté el nombre de lo copiado.
Hay un esbozo de un rapto de Europa, otro del rapto de las Sabinas, el Antinoo, la escultura de ladama velada pensando, un centauro... y una nota a pie de boceto: Una centaura-yegua alada azul y blanca que rapta a un Gamínedes... en medio un pequeño desgarro de páginas arrancadas.

Los modelos ya los tenía perfilados, las fotos de sus caras escogidas y separadas del álbum.
Quedaba adaptar sus horóscopos, sus colores, sus estrellas en el momento de su nacimiento.
Y el resultado es ese boceto de arriba. Las alas quedaron descartadas, después de varios repintes en el lienzo. Y el mismo cuadro quedo inacabado durante meses y meses.

Mis amigos venían por el estudio para interesarse por él. Yo les contaba casi siempre lo mismo, que estaba atascado y no encontraba la forma de terminarlo, de firmarlo... Hasta que ellos se cansaron y un día me pidieron sus fotos y me dijeron que ya no querían el retrato.
Nos distanciamos, dejamos de llamarnos, de salir a tomar copas como hacíamos antes...

Ahora tenía colgados-almacenados no uno, sino dos cuadros grandes inacabados. Y mis suministros dinerarios se fueron acabando. Incluso acepté ser "amo de llaves" en un experimento de hotel gay en la Costa del Sol... por sacar unas pelas para sobrevivir a esta sequía de inspiración. Comencé otro encargo de mi mecenas, dándole largas cada vez que me preguntaba por su primer gran encargo... acumulando encargos inconclusos e impagados.

Cuando me vi acorralado por las primeras deudas, acepté el billete de avión, enrollé mis lienzos a medio terminar y el mecenas se quedó con todo el lote.
Eso sí, debía cambiar las caras del "Rapto recíproco" y pintar su cara y la de su mujer encima de las de mis ex-amigos. Por supuesto nada les dije de que su antiguo retrato pensaba venderlo al mejor postor. Seguíamos incomunicados...
Y fue así como terminé la Anfitrite, rehice el Rapto y terminé un par de cuadros más... "secuestrado" por mi mecenas, mantenido a cuerpo de rey, pero obligado a pintar una burrada de horas. Pero, valió la pena.
No tanto por el resultado final del Rapto, quedó extraño. No eran esas caras -al final solo rehice las dos más significativas- y se notaba en el conjunto; yo lo notaba.

Volví a Madrid ligero de equipaje pero rico (medianamente rico) y con más encargos. Luego se verá más adelante que incumplí ese contrato-abuso de mi mecenas... Otro que se me indispuso por un quítame allá esos cuadros.
Pues para mi sorpresa -y la de ellos-, mis ex-amigos se presentaron una buena mañana a por su retrato estuviera como estuviese... Pues no está, lo vendí. Siento escribir ésto, siento todo este mal entendido todavía, pasados tantos años... Ella cambió de color y noté en mi estómago el mismo puñetazo que ella recibía con mis palabras. La verdad es que habíamos estado muy unidos y llegados a un punto de confianza... no tanta como para no haberles avisado de mis intenciones... Pero... Ya no tenía remedio. Más, que el retrato tenía repintadas otras caras y estaba en Francia.
Me sentí como un verdadero cabronazo, pero ya no podía solucionarlo, el daño estaba hecho.

Pasó algún tiempo sin hablarnos, hasta que yo lo intenté de nuevo, tragando las bilis y reproches que me merecía -comprendimos que las dos partes éramos igual de culpables-.
Me ofrecí a hacerles un nuevo retrato, pero la magia ya estaba rota. No, no sería lo mismo.

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© Juan Rodort, 2014

domingo, 27 de julio de 2014

Una historia de cuadros (I)


1
 Conversación con Anfitrite

Es un lienzo grande de lino, tipo "Goya", pintado al óleo y montado sobre bastidor de madera con travesaño. No conservo las notas de sus medidas pero exceden del metro por cada lado, casi llegando a los dos metros en el más largo.

Comenzado en mi estudio de la calle Tracia de Madrid en 1986, a partir de un sueño que tuvo mi amiga Mari Carmen y me contó en una de esas tertulias al amor del brasero de su mesa camilla, mientras tomábamos un té. Invierno de 1985 seguramente o principios del 86. Y la firma y terminación es en Pau por la primavera de 1989. Esa es otra historia dentro de esta historia.

Pero comienzo por la historia del sueño, que se puede ver gráficamente en el mismo desarrollo de los polípticos que componen la composición de esta compleja obra (esa es otra historia añadida); sigo:
Carmen tuvo un sueño con Anfitrite, esposa de Poseidón, que se le apareció en su cocina mientras tomaba un café... Carmen sentada en una silla de cocina y como una prolongación la encimera de cocina se fundía con el mar o el fondo del mar... y la diosa acercándose entre burbujas verdes. Y Carmen impertérrita siguió tomando su café. Comenzaron a charlar de cosas que en el transcurso de los años he olvidado. No, no tienen importancia en esta historia, lo importante en la aparición de Anfitrite en la cocina de Carmen...
Y durante el sueño siguieron hablando mientras el escenario se transformaba en una especie de basílica romana abierta; el mar entrando y saliendo en espumas por ella. La diosa se quejaba del trato que recibía de Poseidón. Esto ya no lo puedo asegurar si fue así o que, a medida que Carmen me lo contaba, iba cambiando o alternando las secuencias del sueño.
Hasta aquí lo que yo recuerdo ahora de ese sueño.

La gestación del cuadro fue diferente.
Había hecho algunos bocetos en hojas sueltas (las conservo en algún montón de los muchos que guardo en alguna parte; pero lo conservo) sobre diferentes ideas aparte del mismo sueño. Una de ellas, la más fiel, es el dibujo de Carmen sentada en una silla de asiento de anea y palillería torneada -como una que tengo en mi estudio, fue una ingerencia plástica- que señala a Anfitrite llamando su atención. Pero Carmen me dijo que la diosa se parecía más a una Venus saliendo de la concha. Rápidamente la imagen del cuadro de Boticelli me vino a la memoria. Luego aparecían unos titanes que luchaban con Poseidón... Y los céfiros.

Pero el sentido del cuadro cambió al convertirse en un encargo de mi entonces mecenas franco-chipriota que me dio unas pautas o exigencias a incluir en la composición.
La pela es la pela... (money is money, darling).
La simple anécdota de Carmen se convertiría en una obra de encargo surrealista (por el tema y por los acontecimientos posteriores).

 Uno de los bocetos.
Los puntos de fuga y centros de atención. Cuadros dentro del cuadro. Y una figura impuesta: Afrodita de Chipre (pero la dejé sin cabeza, no funcionaba, se hacía demasiado protagonista). El definitivo centro del cuadro central es el ombligo de Venus, hacia ahí convergen todas las miradas, todo gira a su alrededor. Venus flotando sobre las ruinas griegas y el mar invadiéndolo todo...

Carmen asitía al parto de mis dibujos, al comienzo de las primeras pinceladas en el enorme lienzo. Un reto para mí. Pintar grandes formatos ya había sido un reto superado en otra época, con otros medios y con diferente temática; aquellos fueron realizados en una abstracción expresionista un tanto panfletaria, como lo exigía el momento y el lugar donde fueron creados (otra historia).
Venus-Anfitrite dialogando con mi amiga metidas en un sueño, sacadas de ese sueño, resoñadas y transportadas a mi particular universo onírico.
Las fotocapias del cuadro junto a las explicaciones que mandé a mi mecenas fueron de su agrado. Pero pagaría cuando el lienzo estuviera en su poder, no antes...
Y aquí empezó el calvario de Anfitrite-Venus-Carmen-yo.

Esta foto no tiene calidad, no tengo otra, y ya no recuerdo qué había en el centro, encima del ombligo de la estatua. Nótese los dos ángulos opuestos con restos del Nacimiento de Venus de Boticelli manejados a mi antojo. Las costas de Chipre...

Así estuvo durante años, avanzando poco en la pintura cubriente a esta base de pintura en técnica mixta (al óleo y al agua). Hasta que otras historias ajenas a este cuadro se mezclaron en su desarrollo y transporte fuera de España. Y todo porque yo necesitaba el dinero.

Mi mecenas me mandó un billete de avión Madrid-Buerdeos para que le llevase su encargo y algunas obras más (esas serán otras jugosas historias).
Otoño-invierno de 1989 me parece que era cuando aterricé en Burdeos después de un agitado vuelo en un Fokker-27 de Iberia o de Air France, lo mismo da; fue horroroso. Casi a punto de besar la pista de aterrizaje (ya lo haría en 1993, en otro accidentado vuelo de Minneapolis a Fargo -más historias, pero estas no de cuadros-).
Como equipaje de mano llevaba unos voluminosos rollos (tres lienzos pintados) que me permitieron llevar encima mío, a la vista... Según las leyes vigentes podrían detenerme por tráfico de obras de arte, en este caso mías, pero obras de autor vivo español sacadas de estrangis fuera del territorio nacional. ¡Cómo si me hicieran caso en mi propio país!

Ya en tierra, mi mecenas me esperaba en el minúsculo aeropuerto haciéndome señas para que saliera lo más rápido posible con mi ostentoso "equipaje de mano".
Y así fue como llegaron a Francia tres magníficas obras que luego me malpagaría este buen señor. Pero que en esos momentos yo le agradecí mucho.
Estancia aparte, en su casa, donde me habilitó una habitación-celda y en donde terminé la Anfitrite y los dos cuadros que llevaba aún sin terminar ni firmar. Semi prisionero, con un estricto horario de trabajo y comidas (abundantes y exquisitas, todo hay que decirlo... y unos quesos hmmmmmmmmm!!!) hasta la ejecución de las tres firmas.
Me pagó y me dio otro billete de vuelta para Madrid.

Pero antes, en Madrid, en el transcurso de la ejecución de la Anfitrite en mi estudio, tuve atascos de no saber cómo seguir y pedí consejo a un afamado pintor del que unos amigos míos eran muy amigos. Aunque yo solo le conocía de vista. Y ante los apuntes y fotos de mi obra inconclusa el artista afamado me aconsejó meterme en obras más acordes con mi categoría, nada de extralimitarme en temas demasiado complicados como ese. Vamos, que estaba picando muy alto...
Con su "valioso" consejo volví a mi estudio y me dediqué a hacer encuestas de no se qué empresa de publicidad, para seguir viviendo...
Con una depre de caballo triste. Ay, la envidia... supongo.

Pues al final todo salió más o menos bien.
Pude hacer una foto de la Anfitrita y de los otros cuadros terminados en Pau en una visita posterior. Allí los tenía mi mecenas, almacenados, a la espera de una mejor oportunidad de sacarlos a la venta o de que sus hijos los heredaran...
Una pena.

J.R.Ortega "Conversación con Anfitrite, 1986-1989"
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© Juan Rodort, 2014

sábado, 26 de julio de 2014

San Joaquín y Santa Ana

J.R. Ortega, 1990 (Tríptico de Canillejas)

Esta es la pintura que hice para Carmen basada en las anécdotas qeu me contó cuando ella pequeña, de sus padres, de la perrita canela, de los gatos... y de una paloma que tenían domesticada. Mezclé diversas composiciones de cuadros del Museo del Prado que tenía en la memoria y realicé unos puntes de los animales para incluirlos (la paloma ya no existía, claro).
Es la primera vez que mezclaba pan de oro junto a óleo. Cerrando el tríptico hay dos ángeles oferentes sobre pan de oro.

Hasta ahí la anécdota de este primer tríptico (luego otros amigos me encargaría otro con referencias a su familia como hacía en éste) que me ha recordado el santoral del día.
Se supone que el niño-niña del cuadro simbolizaba a mi amiga, pero es en esa copia de la Virgen Niña dormida de Zurbarán -una de las versiones que hizo- donde retraté a Carmen, su espiritu. ¿Dónde estará ahora este cuadro?
No este, que si no recuerdo mal pertenece a la catedral de Jerez, sino el tríptico. Porque como ya he dicho en otra parte Carmen murió hace algunos años y su madre lo hizo recientemente.
Hija única -cuando pinté el cuadro su padre hacía poco que estaba muerto- y soltera. Supongo que alguno de sus primos (aquellos mismos que nos dieron el pésame a los amigos de Carmen en su funeral) tal vez lo conserve. La casa de Canillejas la vendió la madre al poco de morir Carmen. Se mudó cerca de Málaga (creeo que al final terminó en una residencia en Madrid) y todas sus cosas quedaron allí... ¿o dónde?

Curioso que un santoral del día despierte fantasmas, fantasmas queridos. He soñado varias veces con Carmen, aparece en mis sueños siempre volviendo de algún viaje, en camino hacia su casa -la de Canillejas en Madrid-, se despide y nos separamos... Un sueño recurrente que se me ha repetido en varias ocasiones.
Carmen está en compañía de los ángeles de este tríptico.
Ah, sus padres ni se llamaban Joaquín ni Ana. ¿Y...?

Que hoy me dio por la nostalgia. A primerísima hora de la mañana, cuando se espera otro chaparrón de sol como el de ayer. ¡Plasta de verano!




viernes, 25 de julio de 2014

Sant Yago




"Eran los días señalaítos de Santiago y Santana..." comenzaba la copla flamenca aquella de la que solo recuerdo eso.

Otra cosa era "La Velá" de Santa Ana en el bullicioso barrio sevillano de Triana. No resistimos más de dos años la dichosa Velá... En vela toda la noche, la madrugá, el amanecer, el mediodía y así hasta que caíamos rendidos de agotamiento por no poder conciliar el sueño.

Eso y El Rocío que nos pasaba por delante del portal, o sea, por mitad del pasillo de casa, tal era la escandalera y la peste a caca de buey que se formaba. Casi enfrente de nuestro portal estaba un gran azulejo con un "Simpecao" o una virgen o algo donde todos los carromatos se detenían a cantar y a bailar... y los bueyes venga cagar... Ese fue el último año que sacaron bueyes por lo de no se que peste o lo de las vacas locas... El siguiente año ya no estábamos  viviendo en Sevilla. Cambiamos de casa a 7 km, en Santiponce.

Desde la azotea de esta casa se divisaba tooooda Sevilla y parte del valle del Guadalquivir, los altos del Carambolo, donde encontraron el tesoro del mismo nombre, y la Sierra Norte sevillana al fondo. Una escapada para relajarnos en las riberas de los ríos afluentes del Guadalquivir a las faldas de los castillos y encinares. Y castaños.

¿Y todo eso por Santiago? Yago, Jacobo, Jaime, Diego... (donde dije digo). No es serio, no, no lo es. Patrón de España. Día de Galicia. Año Jubilar... Este año no toca Jacobeo al no caer el 25 en domingo.
Otro jubileo nos tocó en Roma, una vez que nos regalaron dos billetes de Iberia y solo nos salió el viaje por la estancia en un monasterio (masculino) y los trozos de pizzas que comimos.
¡Aquello sí que era un Jubileo! El suelo de la basílica de San Pedro del Vaticano era imposible de ver de tantos pies humanos (alguno inhumano, del tufo) apretados a nuestro alrededor.

Jubileos, no gracias. Jubilado. Faltan pocos días para comprobarlo...
Sí, la demencia senil asoma entre líneas. A vueltas con el insomnio que estoy...



jueves, 24 de julio de 2014

Vacaciones en el infierno

Museo del Corpus (Valencia)

Creo que era el título de algo, no estoy seguro.
No son unas vacaciones totales, aquí sigo dándole al teclado, pero es un descanso, un desacelerar la marcha que había tomado días atrás... Aquello era un infierno puede ser Sevilla un día que llegamos a los 52 grados no se si al sol o a la sombra, yo estaba 15 grados en el trabajo bajo el chorro de aire acondicionado, con una mantita de viaje puesta en las rodillas y con un chaleco de lana... ¡Demencial!
No, el calor de este pueblo de la montaña alicantina no llega a tanto, peeero, ayer la humedad relativa en el jardín bajó al 28%. Igual que en el Sahara. Dentro de casa estábamos a un 50% de humedad pero a costa de tenerlo todo cerrado y un ventilador normal puesto o el aire acondicionado en forma de ventilador, sin frío -para evitar gastos- (creo qe es así como se ahorra ¿no?).
Y nadie lo diría, que nací en un pueblo de la Campiña cordobesa donde los veranos eran (y siguen siendo) como la antesala del infierno. En Córdoba era peor.
Recuerdo una subida por carretera desde Córdoba a mi pueblo, en agosto o final de julio, en un seiscientos de aquellos con las ventanillas cerradas porque era fuego lo que nos entraba del campo. Aquellas carreteras nacionales llenas de todo menos de alquitrán, mucho antes que construyesen la actual autovía a Sevilla. Y nada que ver con la novísima que va a Málaga que te deja a veinte minutos de la capital. Por más que casi todos los coches de ahora llevan su aire acondicionado.
El aire acondicionado de aquellos años era de cartón o de varillas, según como fuese el abanico. Toda una noche abanica que te abanica. ¡Durmiendo en colchones de lana! Y ni gota de aire por las ventanas. Había gente que sacaba los colchones al terrado, a la azotea e incluso quienes se iban al campo (antes el campo estaba nada más salir del pueblo, detrás de la última casa... ahora el campo comienza a varios kilómetros detrás de los últimos chaletes).

Pero no puedo quejarme. No, siempre habrá alguien en peores circunstancias. Pero eso no me consuela, me oprime más saberlo.

El infierno no tiene que ser exterior. Ahora que lo han desubicado y ya no es un lugar, ya no son las Calderas de Pedro Botero tan socorridas para amagarnos las travesuras y coartar nuestras libertades-libertinajes... Sabíamos nuestro lugar -no el del infierno que siempre quedaba muy lejos nuestro-, sabíamos estar y éramos conscientes de ser los últimos monos de la manada...
Igualito que ahora.
Se me pusieron los pelos de punta al oír a nuestra amiga relatarnos las anécdotas del colegio de sus hijas... Pero hace demasiado calor para entrar en detalles que lo único que van a hacer es encendernos más la sangre... Se ha pasado del tortazo a no poder ni mirar a las "tiernas" criaturas porque eso se puede considerar acoso infantil.... ¡¡¡venga ya!!! Desde aquí lo digo: un buen bofetón a los padres permisivos y todo se pondría en su sitio. Ya lo dice el dicho antiguo: "La letra, con sangre entra". Así estamos, en una época de analfabetos sociales.

Por lo demás, muy a gusto; de vacaciones mentales.

Feliz en el Valle del Truvia (Asturias)

miércoles, 23 de julio de 2014

Resaca

Museo del Corpus de Valencia
Se estaba fresquito, en la calle ya había comenzado el golpe de calor...

Cuatro horas de caminar por una Valencia despoblada -casi-, con todos los comercios aún cerrados... con la sorpresa del Mercado Central a medio instalar... sin clientes ni turistas.
Pero hoy tengo unas agujetas del demonio... en los pies.

 No me da ninguna vergüenza exponer mi glotonería, soy un goloso empedernido, lo se...

 pero quien se podía resistir a esta tarta casera, jugosa, emborrachada y que emborrachaba -después de media botella de cava brut-. La siesta no pudo despejarme un dolor de cabeza... de alcohol y de falta de sueño (4 horas tan solo esta noche pasada ¡voy progresando!).



martes, 22 de julio de 2014

Tiempo de espera


Orán, 1980
Martes, 22 julio (19:30 h.)

Estridencia puede ser la palabra que defina
tus calles supurando cuerpos y calor de mediodía.
Orán, exudación, la sorpresa de una esquina arrebolada siguiendo las ráfagas veladas femeninas; sus ojos escudriñan algún cálido orificio para pecar si pudiera.
Está puro, dice, su conciencia infantil pasea entre ritos y caricias que no va a comprender ya nunca.
Fuerte mano que me sonríes y no sabes sino ser fuerte para decir la despedida;
ni yo mismo se inventar una respuesta.
Me voy. El corazón secuestrado entre tus gentes mirándose en los abismos ojos de tu pueblo
queriendo nunca salir,
sabiendo que pueden borrar mi nombre con su aburrimiento.

¡Ay! Cómo te quiero Orán tendido; tu cuerpo, que tu alma es una nota de mar Mediterráneo, guardián de esta isla de destierro.


Pues, lo mismo que hace tantos años, me voy también ahora; solo para darme un respiro, que un periodo de descanso no me vendrá nada mal para sobrellevar este calor y esta sequía...

Es una falsa huída, una huída hacia adelante. Pero volveré a estar "Contra la pared" muy pronto... (¡No he cruzado los dedos!)

Y como hoy es el cumpleaños de Justo...


 ¡¡¡FELICIDADES!!!

lunes, 21 de julio de 2014

Analepsis


analepsis.

1. f. Ret. Pasaje retrospectivo que rompe la secuencia cronológica de una obra literaria. R. A. E. © 


Con esta manía que he tomado de venir haciendo flahback continuados he perdido el rumbo de como iba este "Contra la pared" hasta convertirlo en algo insulso.
Así pues me lo estoy pensando...

¡¡¡Vacaciones blogueras!!!

Antes simplemente dejaba de escribir y lo retomaba cuando me apetecía, pero es que ahora la cosa se me está yendo de las manos... Estoy pendiente de rellenar el blog de cada día... y eso es peligroso, muy, pero que muy peligroso. Ya me lo ha advertido quien más me quiere -y no habría hecho falta que lo hiciera, yo mismo me estaba dando cuenta-.
Me levantaba en las madrugadas para escribir el siguiente blog...
Encendía el portátil a cualquier hora del día o de la noche para ver cómo iban los comentarios...

Y ya he dicho ¡basta!
Pero me he levantado temprano para escribir estas líneas, como de disculpa con mis seguidores y también para subir el otro blog "De nuevo contra la pared".
Explicaciones, explicaciones... ¿a quién le interesan?

Hay un escrito más para mañana; pasado... ya veré. Mañana lo pensaré.


Flashback en Barcelona en 1982

domingo, 20 de julio de 2014

Retorno al pasado


1980
20 julio (17:00 h.)

Placer horizontal de vidrios inventados,
mejor un placer de horizontes de vidrio reinventado.
Inventando las figuras que me saludaron con un beso,
inventando su magia de playas sensuales al viento.

Es azul fucsia rabioso el cielo y no existe mejor espejo
para que este Mediterráneo de puesta de sol se mire;
la playa está tendida bajo su cuerpo
y su cuerpo inmenso y duro dormita en mis ojos.
© J. R. Ortega
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1986
Paisaje mesetario
Anuario de mudanzas (fragmento)

                     El Centro Cultural Español en Argel presenta la primera muestra de "El Rastro", con el subtítulo:“El último zoco madrileño”. Inauguran la nueva sala de exposiciones con estos dibujos.
En el mismo año, pasado el verano, se repite la exposición en el novísimo Centro de las Artes Riadh El-Feth también en Argel bajo el título “Tras el rastro de El Rastro”.
La Embajada de España me invita a presentar esta exposición y a pasar unos días en Argel, viajando por los alrededores.
Aprovecho para hacer una rápida visita a los amigos de cuando viví en Orán. Allí también se mostrará "El Rastro", pero ya bien entrado enero de 1987, esta vez sin mi presencia.
La vuelta a Argelia.
El último viaje a Argelia.
Qué recuerdos se escapan casi una década más viejos. Pero todos hemos cambiado. El mismo paisaje, los olores, las gentes son otros.
La transición político-social les afecta. El paso del tiempo ha sido cruel. Quedan pocas cosas intactas. Los edificios siguen allí casi igual que antes, con alguna pequeña remodelación, un poco mejor conservados que mientras viví en Orán.
Pero la magia se ha ido. El espíritu alejandrino de las calles de Orán ha desaparecido.
Y la mayor parte de mis amigos han emigrado, sin pararse a estrenar en su país sus flamantes títulos universitarios pagados por el Gobierno. A otros se los ve cansados, decepcionados. Expectantes ante los cambios.
El extranjero vuelve a los cafés atestados como antaño, con mesitas y sillas a sus puertas.
El invierno amable oranés. El sol dorando las fachadas, el último atardecer para los ojos del visitante...
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© Juan Rodort, 2010

“El Rastro”
(Le dernier “souk” traditionnel à Madrid)
(presentación en Argel 1986)

sábado, 19 de julio de 2014

Coincidencias


La isla de los muertos, Arnold Böcklin
(copia J. R. Ortega) Óleo sobre tabla

Orán,1980
Sábado, 19 de julio (01:30 h.)

Aquel Mediterráneo mío –hace años en Ibiza-
es hoy espejo multicolor en mis pinturas.
Yo inventé una figura desnuda y torcida,
cortada, como un tronco a la deriva;
por cabeza, una barca carmesí y blanca,
otras veces, un gran sexo de negra cabellera. 


Asturias, 2011
Verano (¿19 de julio?)

                     Sentado bajo los sauces de tu jardín, barajas distraído unas cuantas hojas sueltas, sin esforzarte por dilucidar su significado después de tanto tiempo en forzado reposo. Ahora estás tranquilo, han sido demasiados años de un no parar. Nadie lo diría pues tu aspecto, en nada asemeja al del aventurero que brilla en tus ojos entrecerrados a la luz de la tarde. Eres un hombre de madura edad y sosegado gesto; conservas los restos de un pasado en continuo movimiento, tus músculos siguen estando definidos. Pequeñas marcas de viejas cicatrices quedan ocultas bajo tu ropa. En tu corazón hay otras heridas que no han cicatrizado a pesar de los años transcurridos.

Algunos te dicen que has viajado bastante y eso no lo puedes negar. Comenzaste el camino tarde pero infatigable. Muchos de estos viajes están ligados a tus continuos traslados de domicilio, arrastrando tus pertenencias como un nómada. Piensas que deberías vivir en una caravana al borde de la carretera, siempre listo para partir. Y es verdad, han sido muchas las casas que te han acogido; algunas soñadas mucho antes de vivir en ellas. Objetos que viajan de una a otra y que, cuando los necesitas, se hacen invisibles y crean la duda de si existieron alguna vez. Tal es el caso de un puñado de precipitadas anotaciones, volcadas en cuadernos y cuartillas, como fragmentos desperdigados de un diario de viaje. Mudanza tras mudanza han ido desapareciendo hasta solo quedarte unas pocas hojas sueltas y un cuadernillo con tus poemas, iniciado a mitad de febrero de 1978. Tras de mucho buscar lo encontras y, al releer sus olvidados versos, te provocan un aluvión de sensaciones y recuerdos, pero no los suficientes; ahora mismo no aciertaa a precisar muy bien el motivo de aquella situación de agotamiento físico-síquico de entonces. Sin estos datos no sabrías seguir el hilo exacto del relato; pero, aunque reconoces ciertas lagunas, lo vas a contar de todas formas.

El relato de este viajero podría comenzar en cualquier momento y leerse en diferentes direcciones, en tiempos superpuestos, mezclando pasado con presente, adivinando el desenlace en una meta construida palabra tras palabra.

Es un relato de viajes poco habituales. Iniciado en un deambular continuo por tu mente, recorriendo los paisajes arqueológicos rescatados del paso del tiempo. Son viajes en el tiempo por lugares y sentimientos, por imágenes y sonidos, por olores y presagios retenidos en tu memoria. Son trayectos dispares, desordenados en fugaces anotaciones. Son paisajes perdidos. Paisajes sonoros, olfativos, leídos... algunos inventados, soñados mucho antes de alcanzarlos con la vista.

El tiempo emborrona la memoria y el trazado del camino a los recuerdos. Tal vez hayan desaparecido o estén transformados en el mejor de los casos. Por mucho que te esfuerces en describir un hecho vivido o un lugar visitado ya no parecen lo mismo; cuando se vuelcan en la escritura del relato quedan transformados y más con su lectura...


El Comptat, 2014
Sábado,19 de julio

¿Cómo has llegado hasta aquí? Te parece ayer, anteayer, hace unos días... Tan solo unos días después de pintar aquella barca -fueron dos barcas, dos óleos sobre cartón- algo cambió en tu percepción del paisaje, de la vida incluso. El viaje de 1980 al norte de Noruega, cambiando en pocos días el norte argelino, las costas cálidas del Mediterráneo amigo por las frías costas muy arriba del Círculo Polar Ártico... Fue aquel un viaje alucinado, sin pemeditarlo, sin prepararlo, sobre la marcha... Con la osadía de los pocos -no tan pocos- años. Viajando sin apenas equipaje, casi sin dinero... Feliz del viaje mismo, feliz de ir llegado, etapa tras etapa, en dos días de cambios constantes de medios de transporte para llegar al fin a tu destino, miles de kilómetros arriba. Con un avistamiento de ballenas incluído.

Ese otro viaje de hace tan solo tres años se realizó a través de tu mente, sin apenas moverte del jardín de aquella casa. El jardín soñado tantas veces. El jardín de tus poemas, de tus noches enfrascado en alcohol y ensoñaciones del pasado.
¿Escribiste algún relato de viajes entonces? ¿Lo estás escribiendo ahora?
Te quedaron los poemas, aquella colección de lamentos por no saber enfrentarte a tus sentimientos. Como no sabes del todo enfrentarte ahora.

En el camino del "Viaje a Ítaca" ¿qué es lo que has aprendido? Ya eres viejo, pero no sabio. El camino te ha dado experiencias. Tu particular Ítaca no te ha dado lo prometido ¿acaso te había prometido algo? Solo el llegar a tu destino. Pero no estás seguro de que este sea tu ansiado destino. Esta no es tu Ítaca. No todavía.

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© Juan Rodort, 2014