jueves, 27 de marzo de 2014

Quien hace la ley, hace la trampa



Confieso que pensaba meter una narración "preescrita", copiar un texto antiguo y pegarlo en estas páginas.
Pero me arrepiento a tiempo, he borrado el texto arrastrado y recomienzo.
No es un día como para ofrecer ideas originales, soflamas incendiarias, resquemores varios... Hoy tengo el día tontuelo, como muchos otros días. El cambio de presión atmosférica me afecta, me deja la cabeza pesada, apelmazada y con una sensación de no saber a donde voy (ni de donde vengo).
Durante el desayuno hemos comentado las noticias (o desgracias) que anoche difundía el telediario. Yo opté por acostarme, no pude soportar por más tiempo la visión de las imágenes violentas acaecidas en el día. Las tontas discusiones sociales, los dimes y diretes, lanzándose la pelota unos a otros. Antes de acostarme prefiero mirar algo que no me produzca sueños agitados. Y si no hay nada, leer un rato. El sueño llega cuando los renglones comienzan a juntarse y el libro a perder el equilibrio en la mano. Las imágenes de la tele se borran con la lectura.
No puedo resistirme a intercalar unos versitos que aunque no tienen nada que ver con estas líneas, tampoco tienen nada que ver con mi estado anímico. Son una cortina de humo para despistar. Los escribía yo en la estación de Córdoba, esperando la salida de mi tren de vuelta a casa. Una mañana fría de diciembre, después de unos días de sofocante visita familiar. Cansado, estresado y deseoso de estar en mi casa.
Aparecieron unos cuerpos de adolescentes, tal vez no tan jóvenes, pero no estaba yo muy despierto. Simplemente eran estudiantes que pasaban presurosos para tomar su tren a la Universidad de Córdoba. Cuerpos enfundados en ropas de abrigo, nada de efebos marmóreos, ni sátiros juguetones. Era yo el sátiro jugando a mirar sin mirar, dejándome llevar por la imaginación. He aquí el resultado:

Córdoba, 10-12-2013

Raudos corceles, abrigados al frío matutino, llegan.
Presurosos cuerpos enfundados en capas de abrigo necesario.
Pasan en grupos, jóvenes alumnos, mientras suenan avisos de salidas.
Son trenes regionales que transportan limpias mentes capitales,
jóvenes promesas de futuro abierto a inciertas horas vespertinas.
Cuerpos cálidos protegiendo la inclemencia blanca y rosa
de sus carnes susceptibles de olores primerizos.

Rápidos corceles en la espera fría pasan frente a mis ojos,
ávidas pupilas aún dormidas en albor precipitado de viajero.
Espero, en fría estación de trenes multicolores, un rescate
mientras surgen los hermosos cuerpos florecientes. Cuerpo helado,
sentado en la espera solitaria, de cuerpos jóvenes sediento.
Visión furtiva de ilusiones retardadas, azul rescate de cuerpos ávidos,
revestidos cuerpos, estudiantes inexpertos, deslizados.

Seguido a esto viene una descripción de las visiones del atardecer del día anterior que no voy a plagiar aquí. Es un pretexto para ir subiendo mis versos al blog. Ayer tuvimos otro atardecer precioso (y gratis). Hice fotos:


Se puede apreciar la masacre última de la "poda" municipal. Espero que la primavera sea benigna con este crimen arborícola y regenere las ramas mutiladas.

jueves, 20 de marzo de 2014

Juan frente a Juan


“FRENTE A FRENTE”
Juan Rodort

               Frente a frente, espejo fiel de la memoria,
               huella exacta de tu cuerpo incandescente,
               hoy no es siempre, como aquel antiguo verso,
               hoy termina mi voz ensordecida de llamarte,
               hoy es cúmulo de versos dichos al vacío,
               hoy comienza el camino a ninguna parte,
               músicas y versos a ti debidos, ya olvidados;
               cálidos tiempos de caricias imaginadas,
               rumores muertos en los rincones de piel sumisa.

               Mi casa deshabitada de tu cuerpo me parece
               una playa extensa y gris llena de abandonadas conchas.
               Tus cálidos silencios mirándonos al sol de la mañana,
               tus estruendosos silencios me faltan. Aquí, tan solo,
               abrigando tu recuerdo en mi corazón aterido, el día
               llueve asomado a mi ventana. Una música en la radio
               me lleva, viajero de las ondas, por entre un mundo de nostalgia;
               y tú, que ahora me adivinas, separado cuerpo en insondable camino,
               estarás, como estoy, un poco triste, sin que nos sirva
               el cálido aliento de nuestro amor de consuelo en las horas tiránicas,
               que se alían con el tiempo-distancia. Quisiera
               (y tú también) no pensar que estamos solos,
               que tu voz se refleja en mi voz desde tan lejos. Las palabras
               son un eco interno de mis manos acariciándote por dentro.
               Mi casa, la habitación (nuestra), donde aún se oyen los latidos
               estertores en los rincones, descansa ahora y, sin embargo,
               mi corazón se agita al sonoro contacto de las ondas,
               sin importar el día gris, la tarde fría, o la noche aparentemente solitaria.
               Ya, unidos, tu silencio es mi silencio y tu beso
               se me derrite garganta adentro.

               A veces siento el deslizar furtivo de tu cuerpo
               a mi lado. Estoy perdido en un océano, tú eres mi faro
               y pienso los instantes futuros en tus brazos.
               Quiero tener tu sombra aquí guardada, secuestro
               definitivo, aquí, en mi casa; resguardados del frío de las gentes,
               de sus voces de cuchillo envenenado, juntos e indiferentes
               al transcurrir del mundo, apartados de las cosas;
               solamente nosotros, solamente. Juntas, tu boca
               y mi boca juntas. Fundidos en un cálido,
               larguísimo y potente ensalmo. Tu mano
               siguiendo cada raya de mi mano, dibujando
               cosquillas en tu vientre estremecido.

               Como una suave música se desliza la lluvia con sutil sonido.
               La noche aumentó las nubes en mis sueños
               para olvidar tu cuerpo desleído en abrazo de profundidades.
               Los girasoles calcinados dieron vuelta al recuerdo,
               cuando paseaba mis manos en tu pecho sediento de calles viajeras.
               Olvidé los jardines y la playa bebiendo tu imagen,
               desnuda imagen dormida de dios embriagado.
               Colgué mis ropas infantiles
               en las copas altas del jardín anochecido,
               para que el mar borrara todo rastro de inocencia.
               Y conocí tu beso...
               La noche corría los postigos del mediodía urbano,
               cuando la noche hay que pintarla en cualquier sitio
               para retener un mar o un cuerpo,
               tal vez instantes de mar o cuerpo.

               Recuerdo premeditado el mar -tranquila transparencia-
               y tú desnudo, dormitando en Formentera escollada
               y mecida entre los lagartos. Era agosto, hace dos años
               (me sorprendiste apenas cinco días dialogados).
               Quiero estar siempre en Formentera,
               (un día sin turistas ni trabajadores en Las Salinas)
               quiero siempre Formentera abierta y desnuda en tu piel.
               Hoy, Mediterráneo urbano me tiene secuestrado.
               Yo tenía una playa (siempre la misma)
               y no encuentro su camino,
               siento crujir la arena y reventar las olas
               detrás, muy detrás de los árboles y las casas.

               Volé a los mares tristes donde reina el alba
               soñando el mar florido de mi primer amor joven,
               cuando no sabía de juventud ni andenes para la huída,
               cuando el mar era un espejo suspendido de ancestral ausencia.
               Esta noche oculta de resortes amatorios imprevistos,
               azules tormentas ocultaron tímidos amaneceres,
               llorando impunemente afuera por mi amor soñado.
               Cuando vengas podrá ser tarde para tantas cosas...
               ¡Ay! amor tardío escrito en un calendario
               de espera interminable. Yo no se, los pensamientos
               y los días se encadenan sin tu venida.
               Amor, que no eres tú, sino a tu antigua sombra
               lo que amo, si amar es melancólico tiempo de espera.
               Cuando amar era algo presentido en largos sueños de adolescencia,
               cuando no sabía de amor primero jugando a niño,
               soñando el mar florido de mi segunda juventud ociosa,
               volé a los mares tristes donde reina un Mediterráneo antiguo...

               Deshabitado de tu cuerpo, me extiendo
               en amplia costa gris llena de conchas abandonadas.
               De tu lecho cálido, mirando al sol en la mañana,
               queda el hueco deslizado. El recuerdo de tu mano en mi mano
               es un atronador silencio que ahora me falta. Estoy solo.
               Quisiera (y tú asimismo desearías) no pensar que estamos solos,
               que tu voz es eco de mi voz desde tan lejos, que estos versos
               reverberan por mis manos asediando tu cuerpo acariciado dentro.
               Presencia de aquellas tardes -retornados juegos de besos-, mis manos
               medían tu cuerpo a mí entregado en suave rito milimétrico.
               Tu casa y el cuarto (nuestro), en donde aún nuestros latidos
               quedan silbantes en rincones, yacen insomnes; y, sin embargo,
               es tu corazón el que se agita al ronco latir de mis recuerdos.
               Todavía siento tu corazón y el mío compartir un mismo pulso,
               sin importar si el día gris, la tarde fría o la noche solitaria aparecen.
               Porque, unidos en silencio, cuando el mutismo de tus besos
               se derrita en mi garganta,
               el final de nuestro amor presagio cierto.

Hoy me ha dado por la poesía, mi propia poesía. Dedicada a mí mismo, al Juan que veo en el espejo cada día. Es alguien que no conozco. Él tampoco se conoce. Nos miramos fijamente, sin comprendernos, sin decir palabra, queriendo adivinar nuestros pensamientos.
Hace tiempo que me dediqué a enviar textos a distintos certámenes literarios. Tuve la satisfacción de quedar finalista en dos de ellos en años sucesivos. A la tercera no va la vencida, el refrán se equivoca de medio a medio. Al tercer año, simplemente el certamen dejó de existir. Qué casualidad ¿no? Pues así comenzó mi desidia tanto para componer versos como para seguir mandando escritos a esos concursos.
Esta muestra de versos -libres- son un fiel reflejo de lo que he ido sintiendo en los últimos años. El objeto amado se ha difuminado, casi borrado, empañado a través del cristal que nos separa. Vuelve un poco más nítido a través de mis sueños. Cuando despierto queda la leve sustancia flotando en los párpados dormidos aún para desaparecer en breves instantes. Nada traspasa la barrera de los sueños a la vida vigil; sí a la inversa.
Mi vida ha pasado al otro lado del espejo, al otro lado de mis sueños.
Vivo la vida del Juan que veo reflejado en el espejo. De ese otro lado me sueña, me vive.
Hoy me ha dado por la poesía (mística).
Y el resultado es que estoy como las maracas de Machín...