domingo, 9 de febrero de 2014

Despertares



He vuelto. He despertado de mi letargo invernal-navideño. Me pasa todos los años, no encajo con las "fiestas" y pasa lo que pasa, que me agarro una depre de mucho cuidado. Así he estado todo este tiempo, pensativo, sin ilusiones, apático, esperando a ver que pasa...
Cerré los circuitos a toda información. Nada de ver informativos. La tele, la justa de películas y documentales. Y series de dibujos (¿"para niños"?). Con decir que lo mejor que he encontrado en la programación televisiva de algunos días ha sido "Peppa Pig" o "Phineas y Ferb". O, lo único para ver sin caer en la brutez más aguda de los televisioanictos que tienen la pantalla encendida y el sonido a tope todo el día, sin importarle si a sus vecinos (yo) les molesta oír tele-basura-murmullocontinuo (de 10 a 22 horas, afortunadamente).
Con un panorama desde el puente tan desolador, no me extraña mi depre pasada. Las puestas de sol magníficas, los amaneceres breves intoxicados por el soniquete de radio-bla-blá al otro lado de la pared vecina. Ese era el complemento anterior a la puesta en marcha del maratón televisivo. He dicho "afortunadamente" porque llegadas las 22 horas podía poner el sonido "normal" en mi televisor, antes puesto bastante alto para no oír el del vecino.
Creo que no soy un bicho raro, ni el único que padece de esta muestra de desprecio cívico a que nos tienen sometidos nuestros vecinos. ¡Ojo! Que a veces me paso con los decibelios de mi música -cuando me harto de oír la del vecino, para taparla-. Y es que no puedo decir que esté libre de culpa. Colaboro al no-entendimiento-mutuo. Alguna vez he llamado la atención del vecindario sobre sus hábitos sonoros molestosos. Inmediatamente han desconectado la emisora, en vez de bajar su volumen. ¡No han entendido nada! Me he creado nuevos enemigos. Es lo que me faltaba, no solo no tengo amigos sino que ya tengo enemigos. ¡Hurra! Un récor en dos años de convivencia. Y, claro, no tengo derecho a nada, soy "el nuevo". Ellos son "los de siempre". Han nacido aquí. Yo vengo a "invadir".
Y así sucesivamente...
Durante meses he estado pensando que venir a este sitio ha sido un error. Pensando en mudarme... ¡otra vez!. Pero esto ha terminado. Esta es mi casa. Este es mi lugar (bandera de Andalucía ondeando en mi balcón, aparte) porque pago mis impuestos y cumplo con mis deberes de ciudadano. ¡Exijo un respeto!
Esa es otra historia que he ido declinando a medida que ha pasado el tiempo. ¿Por cansancio? Por aburrimiento. Ahora soy partidario del dicho: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio". Simplemente trato de ignorar "las afrentas". He vuelto. Pero he vuelto más viejo, más cansado. Y, durante este tiempo, he perdido bastante de mi entusiasmo y energías. En nada. En pensar y pensar. ¿Para qué?
Una afrenta visual es el asesinato (porque no se puede llamar poda a lo que le han hecho a los árboles de la plaza) al que he asistido durante toda una semana, el tiempo en que se han de morado en masacrar a cuatro, ¡¡¡cuatro!!! árboles. Casi a dos días por árbol. Unos pobres castaños de indias que estaban tan lindos y creciditos después de dos años en que se habían olvidado de ellos. Tengo fotos de sus ramajes a la luz del atardecer, rojas ramas sobre azul intenso. Pasará mucho tiempo hasta que tenga valor para volver a fotografiarlos. El tiempo pasa y nos va haciendo viejos... decía aquella copla.