lunes, 23 de septiembre de 2013

Y luego dicen que hay muchos accidentes

Este fin de semana pasado estuvimos visitando a unos amigos de Valencia que tienen un chalé en la costa alicantina, cerca del cabo de la Nao. Como recuerdo de dos días pudiera ser placentero el resultado, pero siempre hay quien se empeña en amargarnos la fiesta...

Ha sido el caso la afluencia de los llamados “domingueros”, ahí van incluidos automovilistas, ciclistas y peatones. Para salir hasta la carretera general de la costa desde nuestra casa la ruta más corta –que no la más rápida- es por a carretera comarcal CV-700. Un agradable paseo salvo en fin de semana que se convierte en un estrés continuo en cada curva y cada pueblo que atraviesa dicha carretera.

Nos las prometíamos felices por haber salido temprano, pero no, ya estaban los ciclistas en manada. Afortunadamente venían en sentido contrario al nuestro. Oleadas de coloristas figuras –por más que ridículas en sus atuendos, sobretodo en gente ya entradita en años que no debe tener espejo en su casa, o que lo hace a propósito para divertir al personal. Falta hace echar unas risas, la verdad. De vergüenza ajena. Lo digo por dos razones, por las prietas licras que acentúan sus michelines y por la falta de consideración –cuanto más de incurrir en un delito- al ir de tres en fondo o en grupo apretado ocupando todo su carril y en las curvas parte del nuestro, con el consiguiente susto de verte aparecer una caterva de entes semipensantes a bordo de sus velocípedos. ¡Cómo me ha quedado de cursi! Pero no es preferible que emplee el sarcarmo a la ordinariez de las palabrotas, que es lo que se merecen esas gentes; que abogan por el carril bici, que se lo conceden haciendo una hermosa vía verde paralela a la carretera (esto ya pasado Pego) y se empeñan en ir por el arcén de la estrecha carretera... Luego se quejan de que el conductor de automóvil no los respeta.

¡¡¡La mayor parte de ciclistas que circulan por las carreteras de este país son un peligro público!!! Ea, ya lo he soltado.

Porque a la vuelta, ayer a mediodía, fue mucho peor. Tuvimos que reducir la velocidad a menos de 20 km/h. En una prolongadísima subida llena de curvas, a cada tramo teníamos una procesión de mentecatos domingueros en sus flamantes autos de última generación, al paso del pedaleo de dos ciclistas -juntos, no uno detrás de otro-, sin atreverse a adelantar en los pocos sitios que existen en esta carretera Alcoy-Pego-Denia.

Y cuando pretendíamos adelantar a estos domingueros nos dificultaban la maniobra con un claro acelerón aprovechando la corta recta de la carretera. Esta es una operación que me parece que está tipificada como delito, no solo no facilitar el adelantamiento sino estorbarlo, cuando no muchas de las veces estar a punto de provocarnos un accidente al echársenos encima casi rozando las líneas centrales de la calzada... Ya digo que es algo bastante generalizado. Son los que luego en población van a más de 80 km/h por las calles –que nos han llenado de pivotes disuasorios, molestísimos, a causa de estos impresentables-; los mismos que en autovía corren a más de 120 km/h.

Y si no tuvimos bastante con los “adultos”, he aquí que al transitar por Alpatró dos jovencísimos ciclistas (de unos 7 y 5 años, no más) con sus bicicletitas balbuceantes salen a la carretera que bordea el pueblo. O la criatura de escasos 2 años, que correteaba sola por la acera contigua a la carretera que pasa por Benialí, con los “adultos” a bastante distancia detrás, sin posibilidades de sujetarla a tiempo de... mejor ni pensarlo. Aquí es cuando entran a trabajar los ángeles de la guarda de estos críos y los de los conductores. Y no hay que abusar de las potencias celestiales, que los tiempos están muy malos para gastar energías en vano.

Por lo demás, bien, un tiempo fenomenal –nubes y claros y brisa fresca, ideal para estar a la sombra a la orilla de la piscina disfrutando de las voces en idiomas nórdicos de los vecinos que rodean aquel chalé- disfrutando de las vistas del pueblo al fondo y de los veleros cruzando el horizonte Mediterráneo. Y con la compañía de nuestros amigos (ya he hablado del arte culinario de Mª Jose, que esta vez nos obsequió con una fideuá de lujo).

La costa estaba menos llena de turistas, la mayor parte de sus habitantes son extranjeros del norte de Europa afincados allí por el clima benigno. Y la nueva corriente de clientes rusos que reciben las ofertas en cirílico en grandes carteles en todas las inmobiliarias... No casitas sencillas, no, sino señoriales, lujo y diseño –de dudoso gusto, por cierto- para una afluencia eslava que no se en qué terminará. Como las invasiones de antaño. Y, ahora, nos queda la incertidumbre de las decisiones de los mandamases europeos (visto el resultado de las elecciones germanas... lo presiento negro el futuro económico que nos deparan). Y punto.

A veces me gustaría ser desconsiderado, estúpido, canalla, manipulable... para poder vivir feliz y sin preocupaciones por la falta de consideración que me rodea, por la estupidez humana, cada día mayor, por los canallas que se aprovechan del río revuelto en que vivimos, por la facilidad de aceptar lo que me dicten desde la caja tonta de la tele o desde los periódicos... Feliz, como los demás. Pero prefiero mi infelicidad momentánea, prefiero seguir luchando para que los que me rodean no se vuelvan cada vez más inhumanos, lo prefiero a ser como los demás son en este momento. (Sigo sin encontrar a la gente medianamente inteligente, no a mi alrededor, por lo menos. ¿Dónde os escondeis?).

Doy las gracias por ser como soy, sobretodo agradezco la educación que recibí en el seno familiar y que me ha marcado el camino a seguir. Porque esta vida no es un valle de lágrimas, ni un rebaño de lelos contribuyentes. Tiene que haber algo más, que si no, digo lo de: “que se pare el Mundo, que me apeo”.

© Juan Rodort, 2013

 

 Momento de gloria bendita

 La empanada de tortilla la llevé yo esta vez, casera-casera, la primera vez que la hago

 La fideuá que nos preparó nuestra amiga fue de antología poética...

martes, 17 de septiembre de 2013

Ajo y agua

Es lo que toca, ajo y agua, que dice el refrán castizo. Pero de eso nada. No somos más que carne de hurnas, no servimos sino para ser un número que cotiza impuestos a las arcas del Estado o de las Autonosuyas, porque lo que es nuestras no lo son. Y eso se nota más todavía cuando hay una lengua más, aparte de la castellana, de por medio... El viejo contencioso del habla. Las mismas repeticiones cíclicas, las mismas protestas, ¿la misma gente? ¿Soy tan diferente a la mayoría?
Viene a cuento todo esto por la TV. Sí, últimamente me aficioné a mirar la caja tonta para atontorrinarme un poco y tratar de ser "normal", pero ni con esas. No puedo dejar mi rebeldía de cuando tenía 5 años y era un niño diferente de los demás, con mis propias ideas ya tan de chico... No, no puedo dejar de ser el inconformista que he sido, que sigo siendo. A veces transijo por pura comodidad, es consciente este transigir, pero me arrepiento del terreno perdido y que nunca volveré a recuperar.
¿Intransigente? Bueno, lo puedo ser cuando veo que las cosas no son como a mi me parece que deben de ser porque estoy convencido de ello. Y soy del talante de que si me creo en la razón, todos los demás deben de estar equivocados. Es el clásico ejemplo de las moscas y la mierda... Si millones de moscas comen mierda no pueden estar equivocadas, ¿no?; pues ¡coma mierda!¿Que no? Pues eso.
Y ¿a qué tanta rebeldía? Ya no se estila ser rebelde sin causa, ya no se estila nada. Nada, porque ya no hay nada en la cabeza. Las ideas son un refrito de otras ideas ya usadas en su época. Nada nuevo bajo el Sol. Es descorazonador. Por eso no quería escribir más, pero es que no puedo callarme. (Total, si nadie me dice nada, si no hay más que dos comentarios -uno de ellos lo escribí yo mismo para ver si funcionaba- en este blog). Tampoco pretendo levantar polémica.
Mira, hoy me ha llegado al abrir el blog un enlace del de "Barbi Justiciera" y no puedo estar más de acuerdo con la autora, por más que nos distancien su valía y arrojo, que yo no tengo. Escribo la palabra que ella -que es una señora- ha dejado en puntos suspensivos: ¡cojones! es la palabra. Tener cojones. Frase machista hasta la saciedad, pero que empleada en boca de mujer la convierten en aguerrida o en mal hablada. Fíjate la moral falsona que si es hombre se le permite y si es mujer no.
Lo que no debería haberse permitido -vuelvo a repetirme- es la serie "Isabel" que siguen emitiendo en TV-1, por la segunda entrega parece que van ya, estilo "Dallas", pero peor. En contrapartida este lunes tuvimos la suerte de conectar con el Canal 9 y ver -con tres cortas tandas de anuncios- una película sobre doña Emilia Pardo Bazán. No es que haya sido santa de mi devoción -y confieso que no la he leído, ni en clase de Literatura siquiera- aunque estudiase su obra. Pero no dejo de admirarla como mujer pionera y aguerrida que con el tesón y paciencia de la gota de agua rompió la piedra de la sociedad machista reinante en su época -que poco ha cambiado en muchas cosas de la nuestra-. La historia de "Isabel" es increíble, la de la Pardo Bazán se hace amena y te quedas con hambre de saber más sobre aquella condesa inquieta. Es por el "casting". Todos son creíbles, bastante más creíbles que los clichés histéricos que han hecho que no vuelva a mirar "Isabel", harto de tanto grito y repetición, amén de los desvaríos documentales que dan de bofetadas a la vista. Al principio tenían hasta gracia; al repetirse pasaron al hastío y aburrimiento. Busco Canal Disney para ver las series de dibujos animados, son mucho más interesantes, por lo menos te hacen reir de verdad y te vas a dormir con la mente despejada.

Pero del título de estas líneas, referido a términos políticos (que a todos nos atañen por activa o por pasiva, la mayor parte de las veces a la fuerza), se convierte en porno-político puro y duro. Nos lo tenemos que tragar. Y no hay eco a nuestro alrededor, nadie -ni nosotros mismos- levanta la voz para protestar. Bastan las imágenes de la tele mostrando las payasadas del Gobierno -tanto Central como Autonómicos- y los coros de cada cadena televisiva. ¿Nos las tragamos sin rechistar? Las noticias son de una forma y del contrario según que cadena las emita. Un ejemplo: nuestro anciano vecino -su televisor se cuela hasta nuestro salón- oye, por una cadena conservadora que sintoniza, que en Andalucía el PP es aplastante mayoría. Y yo veo en las TV-1 y La 2 que es del PSOE la nueva Presidenta... (en coalición con IU)
¿Es mi falta de información, el no querer mirar ni las noticias-sucesos de la tele, lo que me produce esta sicosis? Como aquella otra noticia de la "disminución" del paro en ¡¡¡31!!! parados menos. ¡Todo un triunfo! según una cadena adicta al régimen gobernante (porque estamos otra vez en el mismo sitio, arriba o abajo, pero en el mismo punto) Y no voy a bailar el agua (aunque sí que es cierto que el paro ha descendido un poco -nada-, pero ha descendido)
No, no quiero hablar ni de política, ni de religión.
Pero he preparado el correspondiente ajo para darme y el agua para después... ("A joderse y a aguantarse" es el dicho).
Contra Ira, Templanza que nos decían aquellas consejas catequísticas.
De la biblioteca municipal tengo una novela de Kader Abdolah, "La casa de la mezquita", 2005 traducción del holandés de Marta Arguilé Bernal. Es importante la traducción para los que no tenemos el don de lenguas y una buena traducción hace que la obra se disfrute tanto como leerla en su versión original. Aparte que la conexión con el tema que trata la novela me llega cercano pues lo viví más de cerca en aquellos años argelinos mirados ahora con nostalgia. El tiempo pasa y nos cambia a todos. La historia se vuelve a repetir. Siempre en el mismo punto pasado un ciclo...
Terminé la novela con un regusto amargo como el que la historia reciente de Irán te deja, pero con una cierta esperanza en el futuro. No quiero despanzurrar el final. La vida del propio escritor se refleja en la novela, eso ya te lo apuntan en la contraportada junto a una breve sinopsis argumental. Ha sido un grato descubrimiento. Como lo fue el de la nueva literatura nórdica (Sueca e Islandesa) de la que desconocía casi todo lo actual. Leer, es la opción que me queda para refugiarme de los batacazos que recibo nada más salir a la puerta de mi casa, incluso dentro nada más encender un informativo de la tele... ¿Cierro los ojos ante la realidad? Mira, no me gusta nada esta realidad que me están ofreciendo, así que, por lo menos tengo el recurso del pataleo y la lectura me calma los ánimos.
Dice otro dicho muy castizo: "Para lo que me queda que estar en el convento... me cago dentro". Entre el "ajo y agua" y la escatología, prefiero el pataleo.

Cuando estamos tristes nos acercamos a la orilla del mar, a respirar el aire salino y purificador (haciendo la vista gorda a la contaminación reinante que flota en el Mediterráneo).

Pero allí se puede descubrir cosas tan bellas como estas ("Mirad los lirios del campo...") que te llenan de alegría para continuar viviendo... y luchando.

© Juan Rodort, 2013

martes, 3 de septiembre de 2013

¿Por mi cara bonita?

Parece ser que este blog está teniendo un eco internacional variado, aparte de seguirlo en España lo es también en los Estados Unidos de Norteamérica, Rusia, Alemania, Colombia, Países Bajos, Brasil, Japón, Tailandia y por último en Argentina.
Y todo eso ¿por mi cara bonita? No, no lo creo. Es posible que el nombre de Juan Rodort sea la clave de ese seguimiento, porque las fotos que subo tampoco me parece que sean el motivo. ¿Los títulos de cada entrada?, es posible. Quizás sean esas palabras las que impulsen a abrir estas líneas que, insisto en las frases de presentación:
"Es posible que alguien más que Juan Rodort esté contra la pared. Un delicado momento de la vida en que habría que recapitular, detenerse a pensar en como seguir adelante. Y esta misma pared servirá para tomar impulso..."
Para pegar fuerte contra los obstáculos que vamos encontrando en nuestro camino. Los pacíficos, los que seremos bienaventurados como nos decían las oraciones aprendidas de pequeños. Los que ansiamos la Paz somos muchos más que los que nos proponen las guerras o nos las imponen a la fuerza. Desafortunadamente los pacientes estamos mal informados y peor coordinados, pero somos millones y millones de seres más que humanos, porque la condición humana últimamente deja mucho que desear. "Bienaventurados los mansos porque ellos hallarán la Paz", me lo acabo de inventar... Eran:
  1. Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
  2. Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. 
  3. Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados. 
  4. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados 
  5. Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia. 
  6. Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios. 
  7. Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios. 
  8. Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Pues parece que estas eran las 8 Bienaventuranzas que nos enseñaban... cuando el mundo era de otra forma o intentaba olvidar recientes sucesos que se están repitiendo demasiado frecuentemente. Y siempre por los mismos, por "los poderosos", esos que va a ser tan difícil que entren por el ojo de la aguja... Me gusta tergiversar las enseñanzas recibidas. ¿No lo hacemos con todo? ¿Quién sigue fiel a un pensamiento durante toda su vida? Yo no, desde luego, cambio mi camino según lo voy descubriendo. No tenemos un manual de instrucciones para vivir, los que ya estaban antes que nosotros simplemente nos quieren llevar al huerto... Nos quieren tener bajo su bota -o zapato de marca-.
Y no quiero dar una mala imagen con estos rollos de las enseñanzas cuasirreligiosas recibidas y cuasiolvidadas para que la visión de mi camino en la vida -tortuosa y difícil por cierto que me está tocando vivir- sea más meridiano y pristino. No he encontrado el significado de lo que quería decir con esas palabrejas pero quedan muy bien.
Llegado este momento de confusión, lo mejor es pasar de las estadísticas -que son falsas todas, todas- y de las religiones -que son igualmente falsas todas,todas-. El hombre del siglo 21 (D.C. hay que aclarar) debe ser ante todo un ser espiritual. Es lo único que nos queda sin sudvertir por la economía global y su poder manejador de los hilos de nuestras vidas. Estamos metidos en la máquina, no hay escapatoria posible, a menos que nos rompamos, nos larguemos -eso de pillar la puerta falsa, que paren el Mundo que me apeo- o la destruyamos. Vuelvo a decir lo de la pulga contra la locomotora, no podrá detenerla pero sí dejar lleno de ronchas al maquinista... que nos decía una historieta de "Mafalda".
Pasó la "gota fría" -por estas tierras más bien "gotita fresquita", que no llegó a tanto- y han vuelto los calores. Es normal, seguimos en verano. Los ruidosos vecinos se inventan nuevos métodos de tortura para mis oídos, ha vuelto la radial cortando azulejos... aquella radial tan metida en mis tímpanos en las casas que habité en Sevilla... cada vecino tenía una radial y ¡qué bien la manejaban! Cambié tres veces de domicilio y en cada sitio encontré nuevos torturadores amateurs cuasi profesionales del ruido y el "chapú" (la chapuza doméstica). Este vecino del levante sigue esos pasos. ¿Seguiré huyendo? ¿O llegará el día que le plante cara? Puede que me partan mi cara bonita, pero por lo menos habrá que intentarlo.
© Juan Rodort, 2013
El hombre tranquilo, cuando le dejan...

El hombre paciente se impacienta, o se aburre...

Tengo una cara... más ancha que espalda para soportar lo que venga.