viernes, 16 de agosto de 2013

Calor, calor y mucho calor

De esta guisa estaba la playa de Torrevieja unos días atrás. Han transcurrido más de veinte años desde la última vez. Totalmente desconocida, superpoblada, desbordada de edificios, saturada de letreros en idiomas extranjeros para publicitar las compra-ventas de pisos y demás negocios (aparte de las peleas en lenguas de países del este, según nos cuenta nuestra amiga; ella veranea en Torrevieja desde siempre y tiene un apartamento -de los antiguos, aquellos donde los vecinos son todos de Madrid- es el nuevo vecindario extranjero el que está alterando la antigua tranquilidad de barrio madrileño trasladado a la costa). Pero la lengua dominante, alrededor de nuestra sombrilla en la playa, es el castellano con el más puro acento "del foro".
El calor a mediodía es ya insoportable -al sol-. No entiendo a los sufridos veraneantes que se someten a semejante suplicio (la visión de los despellejados, supuestamente extranjeros que veo por las calles, cuando nos retiramos para tomar el aperitivo bajo una sombra, me mueve a la compasión más que a la incomprensión). Después de comer en el apartamento de nuestra amiga, dilatada la sobremesa hasta el café de la merienda, nos despedimos para regresar a nuestra casa en el interior de la provincia. El camino es largo y el calor sofocante pues nuestro coche solo tiene el aire fresco del abanico que llevo en la mano.
Pero el calor pasado me ha dejado un malestar provocado tal vez por una bajada de tensión de tanto sudar. Estamos en verano. Nuestro primer verano en Levante, después de años viviendo en Asturias -deseando el sol y el calor tras los últimos veranos nublados y lluviosos del norte-. ¡Pues toma calor!

Esta es Cala Moraig en Benitatxell. También hacía calor aquel día, pero se pudo soportar por la brisa del mar (y el apetitoso aroma de los guisos y fritos del chiringuito de la playa). Nos llevó otro amigo que veranea en la zona. Las vistas majestuosas y terroríficas a la vez de los acantilados superpoblados de casitas de campo adosadas y pegadas a la roca (en la foto se aprecia una urbanización que soma al precipicio de la escarpadura, a mi espalda no se ven las urbanizaciones masificadas y chirriantes que rompen el paisaje, anteriormente verde, de este ecosistema tan frágil de las costas mediterráneas y ahora deformado en un caleidoscopio de cemento y tejas). Hacía calor, pero más soportable por la vista del agua de esta cala que invitaba a un baño. No hace ni un mes de esta foto.

A este calor (hacía mucho al sol) que si fue soportable. Yo estoy a la sombra del porche, en la primera planta del chalé, a mi izquierda -no sale en la foto de la piscina- veo la línea del Mediterráneo y algunas urbanizaciones. Este es un lugar privilegiado, una casa con vistas al mar, de las que quedan pocas. Los vecinos son todos extranjeros, de centroeuropa, y nos saludan en su idioma. A la derecha de la imagen se forma un anfiteatro de árboles, palmeras y porches de otras casas que ascienden monte arriba. Pero hay la suficiente privacidad como para bañarnos sin agobios de ser observados. El agua está fresca. Hay un servicio de mantenimiento de piscinas en la zona. El árbol de al lado del ciprés es un níspero de frutos dulcísimos. No puedo decir nada más de este calor que veo desde la sombra, sentado en un cómodo sillón, tomando el aperitivo.


Y con este arroz al horno "mitigamos" el calor de afuera de la sombra del porche. La cocinera es inmejorable, a la par que simpática y bella -no es peloteo por el suculento plato-. Lo de debajo es arroz, no se ve a simple vista pero está ahí debajo (se me hace la boca agua solo de recordarlo). Quién nos diría que el remedio contra el calor es comerse un buen arroz caliente -regado con cava de la región-.
Y con estas muestras acaloradas termino la exposición de este verano largo y cálido. Y muy seco en Levante. Hoy predicen tormenta para la tarde... Todo sea que tengamos que tener todo bien cerrado para que el calor del día no nos entre en casa. El remedio es poner en penumbra todas las habitaciones y en último extremo encender unos minutos el aire acondicionado (temperatura a 25ºC) para alternar con ventilación y refrescar el aire del interior de casa. Afuera es un infierno en verano.
Pero qué queremos, en verano debe hacer calor. En cada estación lo suyo. Aunque este año no se puede decir o pronosticar el tiempo que hará. Llevamos meses y meses de sequía. Ha llovido en el resto de la Península, excepto en esta zona del Levante. ¡Tenemos un ojo para elegir los lugares para vivir! Cuando venga el invierno y debamos encender la calefacción ya echaremos en falta estas calorrineras de hoy.