domingo, 21 de julio de 2013

De ordinarios-as y extraordinarios-as

Parece que no hay un término medio entre las gentes de por aquí, o son unos ordinarios-as o se pasan llegando a límites de extraordinarios-as (o sea, ordinarios en grado sumo). Mala suerte ¿no?
Dicen que lo malo abunda (y en política más). Y que nos estamos acostumbrando a este estado de cosas de ínfima calidad en todos los sentidos. Mala calidad en el mercado (para los precios), mala calidad en la gestión de las administraciones (para lo que nos exigen) y mala calidad en el trato de persona a persona. Ahí se resiente más el sistema al que hemos llegado. Despersonificados, mimetizados, influenciados por la "caja tonta" nos hemos (me incluyo dentro de mi modesta contribución al deterioro común) convertido en meras marionetas -como las de aquella antigua concioncilla del Festival de Eurovisión, cuando era digno de verse y seguirse- fáciles de manejar y modelar. Hasta aquí lo malo. No todo va a ser así, no.
Y llegamos a lo diferente.
La sorpresa, una muy agradable sorpresa -me gusta parafrasear a los antiguos presentadores de la tele, ¿nostalgias?- con la actuación anoche de la banda La Unió Musical de Muro bajo la admirable dirección de Rafael García Vidal. Esta actuación, por demás única y fuera de la norma a que parece que tenían acostumbrados a "su público", nos dejó patidifusos por lo EXTRAORDINARIOS (en el mejor de los sentidos para esta palabra) que resultaron en la ejecución (qué horrible palabra para designar a la interpretación de una partitura ¿no) del concierto que nos ofrecieron en el marco de la Plaça de l'Església. Un concert d'estiu -cito textualmente el programa de mano-.
Y es que más que extraordinarios fueron SUBLIMES.
La acústica del recinto nos brindó unos momentos verdaderamente sublimes. Y, a la vez, "extraordinarios" (por ordinarios y zafios) en la perpretación de las gentes que impúnemente boicotearon este acto desde las terrazas de las cafeterías circundantes con sus voceríos y ruidos a todas luces provocadores. Pero el director García Vidal tuvo el aplomo de ignorarlos y, una vez iniciada la pieza de turno, acallar esos sonidos molestos solapando el flujo de la magia que florecía por su diestra batuta. Una gozada el ver sus movimientos, sus imperceptibles gestos fielmente seguidos por los miembros de la Unió Musical de Muro, una banda que no había tenido ocasión de oír antes. (Algo imperdonable, después de dos años de convivir con los mureros).
No voy a seguir con el confusionismo de las palabras.
El programa que escuchamos anoche -ayudado por la buena temperatura- tuvo momentos verdaderamente admirables. El sonido de los instrumentos destacaba desde el corazón mismo de la agrupación, las flautas, los saxos, las trompetas y sobretodo los percusionistas con sus diversos matices para unas obras nada fáciles (las voy a enumerar) una vez iniciado con el pasodoble "Gerona" de Lope Gonzalo, pieza de 1926 que rompió el hielo (el calor de la noche mejor dicho) en el público "habitual". Después llegó la confusión y sorpresa para este público poco habituado a sonidos jazzísticos o descaradamente blues-rocks como los finales del concierto.
Voy por partes.
La primera parte la inició ese pasodoble seguido de "Tom Sawyer suite" del suizo Franco Cesarini, 1961. Aquí los guiños de la batuta del maestro García Vidal desconcertaron al público que no sabía si aplaudir o qué hacer al final de cada movimiento -cinco en total-. Terminó la primera parte del concierto con "Celtic Child", poema sinfónico del belga Bert Appermont, 1973. ¿En qué momento cantaron los miembros de la banda? Y es que yo mismo estaba tan sorprendido de esta actuación -la verdad es que no me la esperaba, esperaba lo "clásico" del repertorio de bandas- que mi atención no ha retenido esos dos momentos en que la parte del metal entona la melodía con buenas voces, por cierto. La memoria retuvo el misterio de los bloques sonoros, los matices piano-fuertes... todo mezclado. Mea culpa.
Un breve descanso para las manos de los que aplaudimos a rabiar a los intérpretes y solistas de esta primera parte. El "público habitual" aguantó el chaparrón acústico con estoicismo. Las caras de algunos ancianos reflejaban perplejidad enmascarada por el "saber estar" entre vecinos. Todos sentaditos en sus sillas, atentos a su querida banda de música. Orgullosos, aunque sorprendidos y, a la vez, extrañados.
La presentadora leyó el programa (solo en valenciano, pero es algo que ya tengo asumido y en esta ocasión aceptado porque el tono de la velada se desarrollaba de forma casi familiar -a excepción de los molestosos de las terrazas de la lado-) para dar entrada al vital García Vidal. ¡Qué profusión de movimiento todo su cuerpo!, llevando a los intérpretes, con sus respectivos instrumentos, a ser prolongación de sus gestos, más que gestos, bailes, danzas de pies y manos, torsiones y giros en las cadencias, atenciones imperceptibles con la mano, respondida con el sonido preciso, en el tono justo indicado...
Segunda parte: "Huapango" de José Pablo Moncayo, 1941 en la trascripción de Leroy Osmon, impecable en todo su bloque de sonido y soliastas. "Song of the Wizz" selección de Quincy Jones/Charllie Smalls, 1978 en arreglo de Peter Kleine Schaars, simplemente sublime en toda su interpretación. Y llegó la "guinda": "Deep Purple Medle" selección R. Blackmore/J. Lord/D. Coverdale/I. Paice/R. Glover/I. Gillan, 1996 arreglada por Toshihiko Sahashi. Aquí la batuta de Rafael García Vidal formó un todo con la Unió Musical de Muro y sus diferentes solistas (alguno había cambiado de instrumento, saxo por acústica por ejemplo) que lograron hacernos bailar desde nuestros asientos. Por lo menos a algunos, los ancianos seguían impertérritos esperando algo más. Pero ya lo advirtió al comienzo de esta segunda parte el director, que en una noche tan especial como esta habían decidido un cambio... ¡¡¡y qué cambiazo!!!
Aplausos hasta doler las manos. Y un par de propinas. Repetición de algún tema de la última pieza y el "Manbo" de West Side Story del ya clásico Leonard Bernstein. Solo le faltó al director poner en pie a los miembros de la banda para gritar el "mambo" a coro, lo hicieron sentados en sus sillas, habría sido ya el paroxismo ponerlos en pie...
En pie se puso todo el paciente auditorio, segundos después de comprender que no habría más "propinas". Y en pie nos quedamos nosotros sin poder salir de la Plaza de la Iglesia, temerosos de romper el ensalmo de la velada. Larga velada, el concierto comenzó a las 23 horas y el reloj de la torre daba los tres cuartos de la medianoche cuando, resignados, caminamos en dirección a nuestra casa. Dando un gran rodeo por calles desiertas y silenciosas, nuestros oídos llenos todavía de notas... disfrutando de esta noche refrescante.
Llegado a este punto, mejor ni hablar de los "ordinarios-as", ya no merece la pena enturbiar el buen sabor dejado por este concierto de verano 2013 en Muro de Alcoy, anoche, sábado 20 de julio.
Gracias a los patrocinadores. Gracias a los componentes de la banda, gracias a su director. Que se repita muchas veces...
Lástima, no llevé mi cámara para sacar fotos o video del evento. Uno no puede ser perfecto, aunque lo intente...

viernes, 12 de julio de 2013

Solidarios solitarios


El principio de la “solidaridad” estriba en ayudar codo con codo a los que lo necesitan... digo yo, pero la solidaridad última se hace por unas modas o algo que se ha oído. Se es solidario con tal causa, por tal motivo. Pero esa solidaridad no es tal si la hacemos a distancia. De ahí el codo con codo anterior. Con motivo de lo que escucho al teléfono: La fruta está carísima, fíjate que compro banabas, que están tres veces menos caras que los plátanos... Pues yo compro plátanos para solidarizarme con los canarios... Pero, si están a casi tres euros el kilo!!!! ¿Y qué?, yo me lo puedo permitir, total... No exactamente pero aproximadamente así fue el diálogo con una persona que creía sensata. Se cree solidaria siguiendo el juego de los precios disparatados a consecuencia de las razones que sean, subidas del impuesto reducido de alimentación, subida de los costos de los intermediarios... Intermediarios, ya sea el Estado, la Comunidad Autónoma, los intermediarios de toda la vida (de eso los canarios bien saben de que pie cojean los susodichos intermediarios). El consumidor, somos todos, es quien lo paga y el productor es el que lo sufre.
Digo yo que algo así debe de ser. No entiendo de economía de mercado, solo se que cuando voy a hacer la compra al mercado los precios siguen subiendo hasta niveles prohibitivos para mi subsidiaria economía. Y, supongo que la de todos.
¿Solidario? No comprando es como me mantengo solidario. A los productores ya les han mal pagado, los vendedores ya tienen asumida la “pérdida”... Son los intermediarios los que ganan, compre o no compre. ¿Cómo anular a esos intermediarios?
Esa sería nuestra solidaridad. Boicot a los productos que “se encarecen” (como si los pobres productos tuviesen parte activa en este mercantileo). ¡Qué perversos son los productos que cada vez son más caros!
Nos movemos a base de eslóganes prefabricados para desviar a la opinión del verdadero meollo del problema. ¿Y si no compras, qué haces, te mueres de asco? Algo hay que comer ¿no? El cultivo en macetas no está nada mal para pequeñas cosas... Una caja de zapatos escondida en un armario puede ser un criadero de champiñones, una maceta o jardinera puede tener unas buenas tomateras asomadas a la ventana del piso. Y si tenemos una casa, casa... mejor todavía.
Solidarios con nosotros mismos, con nuestro bolsillo. Tú no te puedes permitir nada. Lo que malgastes se lo estás sacando al bolsillo más perjudicado. Si lo consientes estás permitiendo que ocurra, eres solidario a la inversa. Proteges al opresor y al abusador con tus permisibidad...
No, no te puedes permitir nada. No tienes que ser “solidario”. Debes participar en que la vida sea más feliz y mejor para todos, empezando por ti mismo. (Alguien me señalaría mi tono de libro de autoayuda... que le voy a hacer, original nada hay ya original).
¿Solidario? ¡Nunca!
No se si este blog nuevo -tengo el otro "Hasta las trancas" que mal funciona por incompatibilidades de prograitas que me niego a cargar y actualizar- va a funcionar. De momento me da "Error en la página" como el otro. Ahora mismo puedo seguir escribiendo a continuación del texto pegado escrito aparte.
(Varios días después vuelve a funcionar, misterios misteriosos)

Soy un insolidario, me niego a instalar actualizaciones de programitas que de nada valen y tienen un diseño peor que la anterior versión. De eso sí se, soy un usuario antiguo, de cuando no existía la red y los ordenatas aún eran en blanco y negro con programas de risa comparados con hoy. ¡Y no tengo ipod, ni "guasa" -aunque sí mucha guasa y salero, salao de nacimiento-, tampoco tengo de esos aparatitos que sirven para hacer de todo menos para hablar por teléfono que es de lo que se trata!, ¿no?
Supongo que será un problema de "actualización" de mi PC (es de antes del 2005, una antigüedad según la opinión del técnico que me reparó el último estropicio que se me coló por la red y machacó mi antivirus, entre otras cosas).
"Error en página", error es el de las altas tecnologías en manos de ramapitecos llamados ciudadanos con derecho a voto. Eso es un error, y un peligro.
¿Entrará alguna foto?
Esto sí que es una maravilla de diseño

Y estas son otras en el remanso de paz en nuestro jardincito.
Mañana más. Esto lo he volcado desde mi otro blog: "Hasta las trancas" creado a la espera de arreglar el problemilla de escritura directa.  (Ya lo digo arriba)
¡Yo y las máquinas!
.................................................
Sigue sin solución ese Error de página para escribir o corregir directamente sin tener que copiar o seleccionar todo el texto... Se me están quitando las ganas de seguir escribiendo blogues. Intuyo que es una especie de trampa cibernética. Bastante con los problemas de correos electrónicos y sus "certificados". Le van a dar mucho por ahí a la red y al Windows monopoleitista...
¡Abur, nenes!
Juan Rodort

martes, 9 de julio de 2013

De pirateo y pirañas digitales

Se me ha desconfigurado el blog en un "blog-queo" mosqueante. He pasado todo un mal día, incluso he borrado la anterior entrada (afortunadamente la tenía copiada). Definitivamente mi blog no funciona. Algo o alguien me está impidiendo escribir directamente –da error de página- y yo soy un usuario, un viejo usuario que solo sabe detectar los errores pero no solucionarlos o repararlos.
Hasta ahora he tenido un soliloquio, ni una sola entrada con un comentario. Las estadísticas me dicen que mi blog se abre (¿se lee también?) en tres continentes. ¿Quién se fía de las estadísticas hoy en día? ¿Y de los internautas? Menos. Tenía un cierto temor a que fuese pirateado alguno de mis textos. Una de las condiciones de los certámenes literarios es que no estén publicados aunque sea en internet. Y estos fragmentos de mis obras ya lo están. También lo están en el Registro de la Propiedad Intelectual. Esa es una de las primeras reglas que he seguido antes de mandar algo a concurso –o de subirlo a la red-. Precisamente cuando he tratado de avisar al servicio de navegantes piratas en este mar de pirañas literarias han comenzado las interferencias y el blog-queo... Curioso.
Pues no me callarán. No se si funciona o no el motorcillo este de los programitas que Windows nos obliga a seguir actualizando. En mi caso he cancelado esa opción e intuyo que estoy pagando las consecuencias de ir desfasado "sin actualizar". Sigue el "Error en la página".
¿Acaso soy yo el error por empeñarme en ir a contracorriente?
Silencio en la red. Ni un solo comentario. Sigo esperando. Y escribiendo.

domingo, 7 de julio de 2013

El sueño de un siete de Julio, San Fermín

domingo, 7 de julio de 2013

El sueño de un siete de Julio, San Fermín


                    "La tarde se torna desagradable, sopla un viento racheado. Juan Ángel está refugiado en la salita, amparado bajo una manta y con los tapones puestos en las orejas. El viento le pone de los nervios. (A mi me afecta igualmente, aunque no llego a tanto). Mi cabeza parece como si quisiera irse de paseo por su cuenta. La emisora de música clásica suena hoy en plan duro, programando unas melodías propias del castillo de los Monsters. Ahora mismo con una perpetración al órgano, espástico y terrorífico, como si al ejecutante lo estuvieran ejecutando con un serrucho...
                    Cómo echo en falta aquellos días de regocijo y erotismo rezumante por todos los poros. El sol, el calorcito bajando por la piel desplegada al aire, sin más. Las caricias tontas y repetitivas. El jardín de la casa en Calella, tan idealizado. Los jóvenes acompañantes de pieles abiertas y palpitantes al solo contacto de mis dedos. Sus torsos desnudos, semiabiertos al mínimo roce de las telas que medio los tapan. Con amplios pantalones de tirantes cruzados a la espalda. Zapatillas deportivas, sin calcetines. Ligero y ajustado calzoncillo recogiéndoles todo el paquete -insinuante bajo el holgado pantalón, ya de por si bastante abierto en la cintura- y dejando ver la goma elástica con las marcas apretadas en su piel morena y turgente. Más turgente aún que el miembro abajo enfundado, meciéndose en arco desafiante, sostenido por el tejido de algodón blanco de la prenda interior. Los glúteos bien ajustados y remarcados en redondas contorsiones traseras. Los pezones danzarines entre los dos tirantes, erectos y oscuros, de un rosado tostado, redondo y simétrico...
                    El joven Martí Valdeareins aparecía así al visitarme como cada tarde, pasado el periodo reglamentario de la siesta. Invariablemente, una media hora después de levantarme, sonaba la campanilla del portal. Yo esperaba en la planta baja, ya despejado mi sueño de la siesta, preparando un café en la cocina. Los toques, dos o tres a lo sumo, se repetían nerviosos, impacientes. Él siempre se llegaba con urgencia y con esas prisas de la imaginación antecediéndole a los siguientes prolegómenos acariciadores en la veranda... El café burbujeante nos hacía desenredarnos del apretado abrazo para ir en su auxilio, chorreante por el fogón, manchando toda la cocina, llenando con su aroma la casa. Las más de las veces allí se nos quedaba frío, en la misma cafetera, sin tomar, simplemente apartado del fuego, sin limpiar el estropicio. La urgencia de las caricias nos impelían a proseguir en la habitación. Corriendo, subiendo de dos en dos los escalones, llegando fogosos al borde de la amplia cama deshecha. El balcón abierto con las contraventanas cerradas, dejando entrar el tibio resplandor verdoso del jardín. Los muelles del colchón gimiendo bajo nuestros cuerpos desabotonados, palpitantes, sudorosos de la carrera, hirvientes por el contacto. Martí se despojaba en un instante de sus holgadas prendas, haciendo un quiebro con los pies para desembarazarse de las zapatillas. Yo, simplemente dejaba caer el ligero pantalón, sin nada que ocultar debajo. Mi cuerpo también le esperaba impaciente, más ansioso que su vertical miembro apuntalado en la tela de las sábanas revueltas. Comenzaba entonces un combate a esgrima de nuestras protuberancias calientes y diestras, enceguecidas de lujuria, olvidado el torpor de nuestros primeros encuentros. Ahora eran envites minuciosamente concertados. No se lo que nos daba mayor placer, si la espera dilatada hasta alcanzar el clímax, o la explosión dual de nuestras energías en estertores chillidos sincopados. La casa retumbaba con nuestros jadeos.
                    Así fue un día y otro durante todo aquel verano...
                    El viento amaina en las zonas bajas del valle, las nubes siguen su loca carrera desbocada de un extremo a otro del horizonte, por encima de las cumbres. El sol acaba de embozarse, la luz se ha vuelto fría. Termino de preparar un café en la cocina. Me llego hasta la salita almohadillando mis pasos para no importunar a Juan Ángel que dormita en sueños agitados. Sus labios musitan quejas inaudibles. Susurro al oído su nombre imitando a pajarillos, con dulces silbos. Entreabre los párpados, sonriente. Le aferro entre mis brazos y pregunto si le apetece merendar. Asiente, al mismo tiempo que me besa."
© Juan Rodort, 2012

¿Quién recuerda los primeros besos a la persona amada? ¿Y el mejor de los momentos pasados en su compañía? Por no hablar de cosas más íntimas que pasado el tiempo se olvidan o transforman y se van acomodando a nuestra caprichosa y selectiva memoria...
¿Quién sería ese Martí de aquellas tardes en Calella? ¿Y cómo era de verdad? ¿Eran azules sus ojos? ¿Su pelo crespo y medio rubio? ¿O es una mezcla del recuerdo de otras gentes? Sin ninguna foto de la época ¿cómo recordar su rostro? Pero sí, sus ojos eran (y seguirán siendo) azules, muy azules, casi cristalinos -es lo que dicta la memoria en este momento-.
¿Y ese Juan Ángel? ¿Acaso podría afirmar que existió esa siesta en Candamo en 2012, veinte años después de las siestas de Calella? ¿Quién es el -o la- que recuerda? Es el sueño de un sueño casi olvidado. Pero ya fuese en Cataluña o en Asturias, separados en tantos años, el sueño de aquellas siestas refleja un sueño verdadero en otro lugar que el soñador quiere ocultar para no ser descubierto... ¿Por quién? ¿De qué se asusta? ¿De la pérdida de aquellos sueños, tal vez?

sábado, 6 de julio de 2013

¡Bicho malo nunca muere!

Lo dice el refrán y no lo digo por mi -por mi anterior dejadura de toalla y ánimo- sino por las malas bestias que nos rodean (cada vez más, es lastimoso).
Ahí están dando la lata. No bien da la sombra en la placita de atrás de la casa cuando ya aparecen los bichos menudos a corretear y gritar (es natural y lógico que las tiernas criaturas hagan su oficio de molestar a los sufridos vecinos que deseamos paz y tranquilidad) a fin de cuentas son niños. Los peores son los adultos que "los cuidan", mejor dicho, los reprimen: ¡No! ¡Eso no! ¡Deja eso! y las criaturas tienden a hacer lo contrario de lo que se les grita, es un juego más. Los gritos de las abuelas, madres o padres canguros son inaguantables. ¿Están huecos? ¿Ejercitan las voces para algún tipo de concurso televisivo de horterez suma? Tienen su horario, menos mal. Pero viene el relevo... Esta vez son niñatos (cuatro y cuatro mocos prolongación de los programas Disney más cursis y relamidos). No les falta de nada para ejercer de tontos a la última moda "fashion"... ¿O es que ya estoy desfasado?
No lo estoy cuando empieza el siguiente relevo de gritos y ruidos (que no música) de los nuevos vecinos. Parecen clones de aquellos sevillanos de Santiponce que todos los fines de semana del verano último que los soportamos nos obsequiaron con hasta 14 barbacoas desde la tarde hasta las 7 de la mañana sin solución de continuidad (siete vecinos a cada lado, como si fuesen uno grande y monstruoso sentado encima de nuestras cabezas; imposible dormir en esas noches). Y no es que tenga nada en contra de los sevillanos en general -que posiblemente también existan buenas gentes respetuosas y amables, yo no las encontré en los 7 años en que viví por aquellos lares- ni de los asturianos en particular (sufrimos las maravillas de los olores esparcidos por los campos, mezclas de orines de vaca y purinas, "vertidos", tonelada tras tonelada "regados por aspersión" a la orilla del río) no voy a entrar en esa historia; todavía recuerdo la contestación del departamento correspondiente al teléfono, ante mi denuncia: si no se vierte directamente sino que se asperge -aunque sean miles de toneladas- no se considera vertido... Quien lo entienda, posiblemente me lo dijeron en asturcón y no me enteré bien.
Y aquí hablan valenciano. De eso ya he hablado antes. En estos meses lo entiendo lo suficiente como para que los gritos de nuestros vecinos sean inteligibles y mucho más molestos. Porque enterarte de las gilipolleces ajenas es peor todavía.
Y digo yo, bicho malo ¿nunca muere? ¿No se ha inventado el antídoto o el insecticida contra la estupidez humana congénita. Por cierto que las moscas hace tiempo que desaparecieron de este pueblo... eso ya se sabe lo que quiere decir, que la pureza del aire deja mucho que desear. Y rodeados como estamos de industrias textiles que expulsan sus gases alrededor del casco urbano mañana tarde y noche, y que, cuando sopla el viento en nuestra dirección no hay cristiano que lo aguante y hay que cerrar herméticamente las puertas y ventanas de la casa hasta que cambie el viento. Eso tampoco es contaminación, porque como no hay muertos ni mutantes ni los perros dejan de ladrar en la madrugada ni hacer sus "necesidades" justo en nuestra puerta o en nuestra esquina, ante la mirada impasible del cerdo que lo lleva atado "de paseo". Digo nuestra, aunque también me adhiero con todas las esquinas meadas y cagadas del pueblo -bueno, las deposiciones las dejan en los solares sin vallar, o en los sitios de juegos infantiles- que sufren el mismo mal.
Y digo yo, una vez más, ¿por qué unos pocos tienen que joder a unos bastante-muchos? impunemente, además. ¿Por qué?
Pues va a ser que contra la Dictadura vivíamos mejor, oiga. Ya se sabe que el único gobierno que el español medio entiende es el del palo y tente tieso. Ya sea en la lengua que sea. ¿Es por eso lo de los independentistas? Mejor miro para otro lado...
Lo bueno de tener el aire contaminado es que no hay ni moscas ni mosquitos en las noches calurosas de verano. Podemos dejar las ventanas bien abiertas toda la noche hasta que comience la asfixia química del humo de las fábricas textiles que nos rodean.
¡Oiga, que si no le gusta, no haber venido! Y tienen razón. Por la misma razón de que mis protestas son porque vivo en una comunidad que pretendo que sea mejor o por lo menos que no sea peor de lo que ya es.
Y, ahora un momento de relax con imágenes de la belleza que aún nos sigue rodeando.

El Benicadell con "sombrero" de nubes

Las adelfas del barranco del río Agres, cerca de casa

El Comtat (Muro de Alcoy visto desde Cocentaina)

Muro de Alcoy vista hacia el norte


Celinda en un muro de Muro

Saliendo de Muro hacia Cocentaina

El jardíncito de casa -justo detrás del seto están los niños, las abuelas, los niñatos... dando gritos, afortunadamente no se oyen en la foto-

Y con esto y un bizcocho...