martes, 28 de mayo de 2013

Justos por pecadores

Justo. Hoy dice el calendario que es San Justo. Redundante, santo y justo. ¿Pagó por los demás pecadores? o ¿los pecadores la pagaron con él?
Difícil elección la de ser justo en un mundo tan injusto. Ahora y entonces, ahora quizás más injusto. Es lo que estoy viviendo -no tengo conciencia del entonces-. A fuerza de querer ser justo cometo injusticias. Vamos, que no se puede quedar bien con todo el mundo. Y, como en el principio anarquista, la justicia empieza por uno mismo, si yo me permito el más leve desvío del camino recto... consiento implícitamente en que los demás lo hagan. ¿Era así la cosa? Creo que me acabo liando cuando entro en estos terrenos resbaladizos de las "morales". La Moral, dirían algunos es Única, solo hay Una Moral: la nuestra (claro). Moral e inmoral. Depende de los modismos y épocas. No se por qué, pero me parece repetirme con el tema. No, el tema es que la pagamos todos por culpa de unos pocos. Ya salió la palabra: culpa. Es el viejo chiste que se les hace a los muy, muy católicos: "¿Qué hay que hacer para que un pagano se convierta al catolicismo?... Convencerle de que es culpable." Y es un lastre el que llevamos a cuestas con la dichosa palabrita. Siempre habrá un culpable para cualquier cosa que no sea conveniente o que nos convenga. El culpable comienza a forjarse en nosotros mismos cuando tenemos "mala conciencia". Conciencia. ¿Somos conscientes? Yo creo que esta humanidad es una inconsciente. Somos unos inconscientes. No nos damos cuenta, no queremos darnos cuenta del recto camino. La rectitud de miras. Con otra palabra la enredo más: la Verdad. "¿Y qué es la Verdad?", dirían muchos otros... Su verdad, nuestra verdad, la verdad a medias... la verdad, verdad. Lo que quiere decirse es que no existe ninguna verdad. Todo es relativo, "depende del color con el cristal con que se mira"... que diría otro.
Así que entro al trapo: la pagamos justos por pecadores. O sea, la culpa la tiene siempre El Gobierno. No importa del color o cariz que tenga, siempre es culpable de lo que no nos gusta o no nos sale bien.
Pensaba entitular la entrada como: "Feliz o infeliz". Me gusta más la palabra infeliz. No por el significado de carencia, sino por el segundo significado de poca cosa: nadie. "No somos nadie"... vuelve a decir otro más. Y se refiere al que ya no lo es, porque está de cuerpo presente. Infeliz, infelices. Lo somos la mayoría magoneada por esa minoría, por los que mueven los hilos. ¿Somos marionetas? ¿Pequeños Pinochos? Y, además narigudos, porque nos crece y crece la nariz de tantas mentiras como nos decimos a nosotros mismos y a los demás. Si nos mentimos ya empezamos con la rueda de que estamos mintiéndoles a los demás. Y no somos justos, encima.
Pues ya va siendo hora de cortar la palabrería. Todo viene porque ahora tenemos que comprar las bolsas de basura para colocarlas en su debido cubo de separación de residuos... Antes utilizábamos cualquier bolsa que nos obsequiaban en los comercios y sobretodo en las grandes superficies de alimentación. Nos enterraban en bolsas. Debíamos hacer esfuerzos titánicos para librarnos de ellas o negarnos a aceptar una más para engrosar la colección de bolsa llena de bolsas que indefectiblemente terminaban en la basura. En la basura general, sin clasificar.
Ahora las echamos en falta. Se me han terminado. Mi alijo de bolsas ha desaparecido y para bajar la basura a los contenedores de la calle tengo que comprar la susodicha bolsa o pagarla en la gran superficie que antes me la regalaba a manos llenas. ¿Es una estrategia de los fabricantes de bolsas? Con la del comercio, con su publicidad impresa, salías a la calle llevando lo que fuese y haciéndoles propaganda de paso a los comercios obsequiosos de sus bolsas. Ahora, encima, hay que pagarlas.
Yo recuerdo, cuando niño -eran otros tiempos y otras latitudes y laxitudes- en que bajabas el cubo de la basura al basurero del pueblo y lo volcabas sin más encima del montón. Lo que después hicieran con tamaño desperdicio no lo se. Era una peste que ni te cuento, pero la vida era más ecológica, no había plásticos -ni decibelios-. ¡Ya estoy! La edad feliz. Pues sí, era muy feliz. En la tienda me daban los productos envueltos en papel de estraza, tan recio y multiutilitario, o tenía que ir con mi envase para que me lo rellenasen. Incluso en la gran ciudad iba a comprar miel a granel con mi orza casera, una lecherita de latón muy práctica y versátil. Hasta los mismos recoveros llegaban con sus enormes canastos llenos de quesos, huevos, chorizos, la orza de miel de La Alcarria... sin bolsa de plástico intermediaria.
El recovero desapareció dando paso al autoservicio de la esquina, al abierto 24 horas, al "chino" de hoy en día. Nos lo hemos ganado a pulso, todos, sin discriminar a nadie. Todos hemos contribuido con nuestra pequeña tropelía, saltándonos a la torera las reglas impuestas por nosotros mismos. Una pescadilla que se muerde la cola. Una banda de Moebius, queda más fino.
Y así hemos pagado justos por pecadores, porque todos hemos sido pecadores. "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra"...¡¡¡Plaf!!! "¡Jo, mamá, ya me estás cansando"... termina el chiste irreverente.
Y para terminar, no se qué fotos colgar.
Irueste (Guadalajara), 1972. Alameda talada pocos años después. No tenía ni idea de que estaba pintando para la posteridad, dejando testimonio de lo efímero.
Fernán Núñez, plazoleta 1985. Este año esta hermosa vista de la arquitectura típica andaluza es un solar.

Es esta esquina. Han dejado el testimonio de las puertas, por dentro es un vacío solar.

Figares (Asturias), 2005. Ahora por enmedio de este antiguo bosque de castaños pasa la autovía (sin terminar, por falta de presupuestos) Oviedo-La Espina. No me dio tiempo de poder terminar el cuadro, al poco ya estaban con la tala...

Castaños de Figares (Asturias), 2005. Queda un calvero donde estuviera este bosquecillo "ardido fortuitamente" al año siguiente.
Y no quiero redundar. Nosotros mismos hemos cambiado. Nos han "talado" alguna parte de nosotros mismos, ¿nos hemos dejado talar?

jueves, 23 de mayo de 2013

Santa Rita, Rita

Ayer fue el día de Santa Rita. Este día debería recordarlo como un renacimiento. Era yo muy chico cuando pasó el suceso: salí ileso de las llamas.
Debe hacer ya la friolera de sesenta años cuando sucedió... en Fernán Núñez, mi pueblo natal. Hacía buena temperatura y calor en el patio de mi casa. El calor añadido provenía de la chimenea de la matanza, encendida para freir una sarta de chorizos o algo por el estilo. Ya digo que yo era muy chico. No tanto como para no poder llegar a sitios vedados y tomar objetos prohibidos que terminarían estrellados contra el suelo por su peso o por mi inexperiencia en su manejo.
Hace sesenta años: 1953, 22 de mayo por la tarde -entre las cinco y seis-.
Lo que llevo en las manos es una jarra de barro vidriado de La Rambla, decorada con motivos florales sobre ese fondo amarillento característico de los alfares del pueblo vecino. Una jarra llena de agua. La llevo a dos manos, tambaleándome desde la cocina al patio, directo a la chimenea del rincón, donde una enorme perola, apartada del fuego, llena de aceite en llamas flamea ante mis estupefactos ojos. Nadie a la vista. Todos los mayores están dispersos por la casa, han subido al granero para buscar unas tablas con qué sofocar las llamas del aceite hirviente...
"Yo solito, yo solito" es el recuerdo que tengo de esta visión, antes de verter el agua de la jarra sobre la sartén. Luego creo que hay algo negro y brillante a la vez, mucho calor, un ruido enorme... y yo temblando frente a la sartén apagada, con las cejas y las pestañas chamuscadas. Temblando, con la jarra en las manos...
Gritos, llantos, carreras desde dentro de la casa... Alguien me retira la jarra de las manos, alguien -posiblemente mi madre- me toma en brazos y siento lágrimas calientes sobre mis mejillas. Lo siguiente es dentro de la cocina. Mi abuela se une al abrazo. Mi madre dice que es el día de Santa Rita y que ella le viene rezando desde hace tiempo... nos arrodillamos y rezan a la santa. Yo sigo temblando...
Este es el suceso. Los antecedentes son: una distracción por dejar que el aceite termine entrando en llamas, otra distracción por dejar a un niño pequeño solo, con la tentadora recomendación de: "No se te ocurra salir al patio", que nada más darme cuenta de que estoy solo, pienso que los demás son tontos y que la solución para apagar el fuego es el agua... "Con lo fácil que es..."
Pero mis guardianes angélicos, mis protectores están más que atentos a mis movimientos. No va a ser mi último día el día de Santa Rita, todavía debo dar mucha guerra y cometer muchísimos más errores. Hasta hoy. Mis protectores siguen alerta. Soy un peligro para mí mismo y para los demás, a la que me descuido. Y con la edad uno se va descuidando cada vez más. "Se te va el santo al cielo" dice el dicho de mi pueblo cuando estás distraído. Pero ese santo -en este caso, santa- está atenta a la jugada desde el cielo.
El Cielo. Hace mucho que dejé de pensar en él. Cielo, Paraíso. Hogar. Mi cielo, mi Paraíso es mi Hogar, mi Casa. O sea, yo mismo, dentro de mí.
No tuve ninguna experiencia mística aquel día en que Santa Rita me libró de las llamas. No lo recuerdo. El dato es ésto que acabo de escribir, poco más hay para adornar el relato que constatar que los hechos inexplicables ocurren y que, a veces, tienen su explicación. La de este episodio de las llamas sería por la altura de las paredes del patio -unas tres plantas hasta el tejado- que hicieron de chimenea y canalizaron la llamarada. Pero lo extraordinario es que la explosión -porque la hubo- no me afectara más que a dejarme sin cejas y pestañas y algún pelillo del flequillo chamuscado. Las paredes encaladas del patio sí que quedaron tiznadas desde el suelo hasta el tejado, eso da una idea de la envergadura del fuego desatado por la acción del agua fría sobre el aceite hirviente y llameante...
He tenido más incidentes de este calibre. He caído "a cámara lenta", dando un giro imposible a mi cuerpo para no precipitarme al vacío desde una peña cortada a pico, y de casi trescientos metros de caída mortal de necesidad, en la Sierra de Grazalema. Sin exagerar la altura, más de cien metros por lo menos hay.
Y algunos otros episodios más que no voy a relatar para no hacer esto un memorándum de mi ajetreada vida.
Gracias de nuevo, Santa Rita.
Viene a cuento este ídem porque hoy no es un día especialmente amable para mi espíritu. Nada importante, solo pequeñas frustraciones de incumplimientos de proyectos, de ilusiones que se han volatilizado... Nada por lo que deba tener queja, los hay que tienen fundados motivos para quejarse, no es mi caso. Tengo suerte. Siempre he tenido suerte. A pesar de los envidiosos-as que me han rodeado. Esto también es inevitable, la envidia. Yo mismo siento envidia de otros afortunados...
Las pequeñas/grandes decepciones por los trabajos bien hechos que han pasado sin pena ni gloria me han dejado mal... Los hay más desafortunados, lo se.
De nuevo debo dar las gracias a mi Suerte (Santa Rita y mis Ángeles Custodios -tengo más de uno, estoy seguro de ello-). Gracias.
Y ahora las fotos de agradecimiento:

la pandilla, vaya cinco patas para un banco (El Retiro de Madrid en 1968), yo soy el último, con esa cara de bueno; dábamos más guerra...

en 1976 haciendo locuras por Ibiza, será por plumas...

y en 2006, sosegado y feliz, en Asturias.
Y eso es todo... eso es todo, amigos. (El conejo de la suerte, muy sonriente, muerde su zanahoria).

miércoles, 15 de mayo de 2013

Endofagias festeras

De entrada os advierto que tengo los cables cruzados.
Hoy es 15 de mayo y se supone que es el día de San Isidro, patrón de los agricultores o de algo relacionado con el campo... He perdido el significado de lo que representa este santo patrón (sí se que usurpó el lugar de los santos Abdón y Senén, antiguos patrones de la agricultura que lo fueron hasta el siglo 18 -se les representa como dos militares tipo sirioromanos con sendos racimos de vid uno y trigo el otro en las manos-).
Uno va descubriendo cosas a la vejez haciendo propio el refrán: "Nunca te acostarás sin saber una cosa más" y aquel otro de: "Más sabe el diablo por viejo que por diablo", éste último me gusta mucho más.
Pues bien, parece ser que el sábado pasado celebraron en el pueblo cordobés donde nací la tradicional Romería de San Isidro. De a poquitos van manipulando los días fijos de las fiestas acomodándolas a los fines de semana más próximos, so pretexto de que así las disfruta más gente. (Luego ni se extrañan de los malos rollos que les llueven del cielo, indignado por tamaña ofensa). Lo mismo ocurrió con la festividad de La Cruz de Mayo o "Las Cruces" celebrada el domingo 5 de mayo-bueno, este año casi coincidió con su día-.
Afortunadamente hay lugares que siguen las tradiciones.
Aquí, en Muro de Alcoy se celebraron las fiestas de Moros y Cristianos en honor de la "Mare de Dèu dels Desamparat" en sus días correspondientes, del 10 al 13 de mayo, como siempre. Es de alabar.
Otra cosa bien hecha este año es la edición del programa festero en las dos lenguas oficiales: valenciano y castellano. Es de agradecer por los analfabetovalencianistas, que somos bastantes contribuyentes, nacidos o no en estos lares.
Ahora vienen las "contras".
"¿Le han gustado NUESTRAS fiestas?" me preguntan. Con extrema delicadeza respondo que sí, pero pienso que también son MIS fiestas, porque yo también vivo aquí como ellos y también pago mis impuestos como ellos, y soy tan vecino de esta villa como ellos, aunque no hable SU lengua -pero la entiendo perfectamente-, ese es un viejo contencioso al que no le voy a dar más vueltas.
"Sus fiestas", las fiestas de Moros y Cristianos de las calles por las que pasa el desfile, fiestas exclusivas de esos vecinos que inundan las calles -sus fachadas- de sillas y sillones para que los conocidos se sienten (confieso que he permanecido en pie más de 4 horas porque no me he atrevido a sentarme a descansar en uno de esos asientos vacíos por temor a que me hagan levantar, prefiero fastidiar mis rodillas estando en pie en un rinconcito entre dos casas, una medianera entre canalón y canalón donde no han puesto sillas. Porque ya me han echado: "Quítese de ahí, que voy aponer mi silla". Que me quite de al lado de la puerta de su casa. A eso lo llamo yo apropiación indebida de la vía pública. ¿mía o de ella? -era una buena señora la que muy seria me echaba-. Por un trocito, porque con esa silla ya ocupaba toda su fachada. Y los vecinos que vivimos en otro barrio ¿qué debemos hacer para disfrutar de "sus" (nuestras) fiestas? ¿traernos nuestras propias sillas y atrincherarnos? ¿utilizar las que el Ayuntamiento -no he comprobado si gratis o de pago- parece que pone a disposición del ciudadano "ajeno a la zona cero".
Tengo otros resquemores: La organización ¿no ha pensado que el recorrido por alguna de esas calles tan estrechas y con tan pocas salidas por bocacalles que están ocupadas por más sillas y por curiosos que no tienen la suerte de vivir en las calles del recorrido y que forman unos tapones estupendos para que -¡los santos patrones no lo permitan!- si ocurriera u ocurriese un incidente (estampida, por ejemplo)... mejor ni pensar en el desastre.
Ocurrió que me fui adentrando hasta el centro mismo, al lado casi de la tribuna oficial -luego hablo de esto-, y totalmente agobiado por la presión y actitud de los vecinos reinantes en su fiesta, en su calle y en la puerta de su casa... decidí salir de aquella trampa. Fue entonces cuando comprendí que las normas de seguridad ni existían ni importaban a nadie de los presentes. Arremolinados en compacto grupo. Sentados o en pie. Vasos de licor en una mano y puro en la otra, vociferando naderías, incordiando la visibilidad de sus vecinos sentados o en pie -a éstos ni mirarlos, ni ofrecerles un asiento, ni una copita que tan solícitamente las damas del desfile ataviadas a la usanza mora o cristiana iban repartiendo solo a sus conocidos-. Salí a duras penas del circuito álgido de la fiesta. El resto de las calles desiertas, con algún rezagado que hacía lo mismo que yo: dar una vuelta para no coincidir con el grueso del pelotón desfilante y espectante. Pero volví a caer en la trampa y me asomé a una bocacalle, vi un lugar vacío entre filas de sillas y desde allí tomé el resto de fotos de la "Entrada de Moros".
La tribuna oficial, enfrente a la casa consistorial, era atendida por -supongo- camareros con bandejas oferentes de bebidas calientes, bollitos y no distinguí qué más. ¿A costa de nuestros (mis) impuestos? O sea, no es mi fiesta, no es mi calle, pero sí tengo que pagar para que, entre otras cosas, se sufraguen estos gastos...
De ahí el título que he puesto hoy.
Y ahora hablo de la crueldad. Crueldad con los animales en el desfile. Los pobres caballos que pasaban delante de mi sitio iban chorreando sudor, en un estado de estupor, aterrorizados, las orejas vueltas al fragor de los timbales y tambores, inquietos tras los trompeteríos, la respiración entrecortada... y dando respingos a cada estruendo de los petardos que unas tiernas criaturas a las puertas de sus casas tiraban "inocentemente" a su paso...
Termino con unas fotos. Después de todo, el espectáculo es magnífico. No hay que hacer mucho caso a la opinión de "un forastero".

Vistosidad y lujo

Pero mal rollo ante el sufrimiento de los caballos

Fue después que pasara esta carroza cuando traté de salir de la encerrona donde me había metido.

Luego, en una calle más ancha comprobé como las filas lucen mejor y pude disfrutar de la fiesta.

Me hice esta autofoto al paso de los músicos.

Entrada de Cristianos

Este año la fila de "Contrabandistas" ha progresado, parece que la cosa les va bien.

Clásica fila, no todo van a ser plumas y adornos.

Aunque algunas veces el efecto es de dudoso gusto, a mi modesto parecer.

Aquí es donde termina el desfile.

Este es uno de los "embudos" del recorrido.

Y esta una de las zonas ocupadas, salvo el rinconcito donde yo estoy haciendo la foto.

Llega la noche del 13 de mayo,
salen los farolillos al trote...
y finalizan "Les Festes".

Hice muchas más fotos y vídeos, como para hacer una muestra minuciosa de las fiestas de Moros y Cristianos de 2013 en Muro de Alcoy. Pero eso, otro día, con otro talante.