sábado, 16 de marzo de 2013

Fallas y fallos

Después de mucho mirar y comprobar los pronósticos del tiempo para el fin de semana fallero nos decidimos a visitar las Fallas. De un día para otro hemos tomado esta decisión de ir. Afortunadamente, porque según comprobamos nada más llegar a la Estación del Norte de Valencia el gentío de la víspera al fin de semana ya nos deglute en sus ires y venires caóticos.
Tanto esta estación como la del AVE y el autobús que las une están abarrotadas de turistas provistos de maletas rodantes que te pasan impúnemente por encima del zapato.
Calzado cómodo, ropa cómoda y acomodaticia a la variación de temperatura durante el día, una pequeña mochila con las botelllitas de agua mineral traídas desde casa y algo para picar...

La mañana comienza a las seis y media, clarea el día pero no nuestras cabezas. Somnolientos desayunamos como todos los días -nos gusta hacerlo tranquilamente: zumo de naranja, frutas, tostadas con aceite y ajo, café con leche en tazón bien lleno con cereales variados-, luego de dejar la casa recogida (como dice una de las protagonistas de Wisteria Lane: "Nunca salgo de casa sin antes haber dejado hecha la cama") tomamos nuestro utilitario para hacer la mitad del camino en coche hasta la estación de ferrocarril de Xàtiva. Ese es nuestro plan. Todo marcha bien por la autovía, bien hasta la entrada del pueblo... mal cuando comienzan los desvíos por ¡¡¡Fallas!!! Por lo visto también se celebran aquí. Caos de circulación, todos los aparcamientos ocupados, dobles filas, el aparcamiento público al lado de la estación -de pago suponemos aunque no nos detenemos a comprobarlo- es toda la alternativa para dejar el coche, alguien que quiera ir en tren de Xàtiva a Valencia... Salimos de Xàtiva por la carretera local en dirección a Alzira. Al pasar por Manuel -curioso nombre para un pueblo- cometemos la imprudencia de meternos en el casco urbano (llevo un antiguo mapa de carreteras que indica la estación dentro del pueblo) para enterarnos que la estación está pasado L'Enova -forman casi un núcleo urbano, uno seguido de otro, sin solución de continuidad-. Por fin, la moderna estación en medio de naranjos, la amable información de la jefa de estación, los horarios, los dos billetes de ida y vuelta... Cincuenta minutos más tarde llegamos a Valencia.
Soy un buen guía, no necesito mirar el plano callejero sino para ver donde están las plantadas de las fallas más importantes. Comienza la aventura.

Ir viendo las fallas con un planito es tarea difícil cuando te dejas tentar por cualquier plantá que te salga al paso, al final ya no sabes qué falla has visto. Eso nos pasa con la primera de la calle Convento de Jerusalén:
Hola, creo que es esta. Para aclararnos la hemos llamado "la de los abanicos". Justo se esperaba otra cosa. Hoy viernes siguen montándo las figuras y repasando la pintura.

El tráfico es brutal a estas horas de la mañana. Más brutal es la poda que están haciendo a los ficus de una avenida dejándolos como un chupa-chup de menta: ridículos. Poda inecesaria y por demás inapropiada -más a estas alturas del calendario, cuando el azahar reina por todas las calles de Valencia-. Nos cabrea bastante este atentado a la Naturaleza. Para los ediles municipales son meros "mobiliarios urbanos", para nosotros son seres vivos... Si no quieren tener árboles gigantescos en las calles mejor elegir otros. Mal comienzo.
El Mercado Central y la Lonja son dos sitios que Justo desea visitar por dentro. Anteriormente no pudo verlos más que por fuera. Esta va a ser una visita turística con todas las de la ley.

Esta plantá es otra falla, no es un andamio. Según un comentario oído al vuelo: "que fea que es". Pero es la única diferente del modelo "Lladró" imperante en lo que acabamos de ver por las calles.

Nunca dejará de asombrarme el edificio del Mercado Central, tanto su exterior como su atmósfera interna con esa luz y color de los puestos variopintos, sus cúpulas diáfanas, sus arcos metálicos y sus azulejos y vidrios. Más todavía que los impolutos delantales blancos de las dependientas... es la eterna sonrisa de estas vendedoras.
Cambiamos de tercio -estamos en temporada fallera- enfrente: la Lonja. Justo se deja llevar por las espirales de piedra de las columnas. Es una delicia pasear por el recinto respirando el aroma de azahar del patio. Volvemos a la fiesta.



El día se ha calentado aunque sopla un viento fresco. No hay viento ni lluvia. (Alguna falla ha sido destruida por el viento en días pasados).
¿Cuánto hace de la última vez que visité Valencia? Pues en el entretanto se han masacrado la Plaza Redonda. Los puestecillos del anillo han desaparecido para dar paso a una cosa "moderna" que más parece un stand de Ikea. Esa si que la han dejado fea, fea, fea. Muy restaurada, pero fea y sin ninguna gracia.

Falla menor de Santa Catalina, un ambiente festero y popular por las calles y en los comercios circundantes. La sensación es de alegría.
Justo se ríe de mi cara porque he estado esperando hasta que no pasara nadie, ¡¡¡lo he conseguido!!!
Y es que el bullicio por esta zona es demencial, se va aproximando la hora de la mascletá en la Plaza del Ayuntamiento. Ríos ingentes (o sea, ríos de gente) nos impiden el paso. Las avenidas, las calles próximas a la Plaza son un reguero humano fanático de la prisa de que no llegan al primer petardazo. Mientras nosotros avanzamos a duras penas en sentido opuesto en dirección a los jardines del Turia para poner distancia de por medio, entre el gentío y el ruido. Ya se sabe qué pasa en Fallas. Hay petardos y explosiones inesperadas a la vuelta de la esquina o cuando menos lo esperas. Pero con la mascletá vivida -y sentida en la boca del estómago- de hace dos años creo que es suficiente en mi vida. Huimos a los jardines al lado del Museo de Bellas Artes. Hacemos una pausa y lo visitamos. Hay unas salas de Sorolla que yo quiero mirar. Qué descanso para el espíritu y los pies sentado frente a los cuadros.

La sobremesa la dedicamos a pasear por la Alameda, después de admirar la falla a la "moda Disney" que aunada con la "moda Lladró" se llevan la palma en las ejecuciones de los ninots.
La sombra de los enormes ficus de la Alameda nos despeja la vista de tanta forma sinuosa. La carpa verde refrescada por los surtidores de las fuentes nos da fuerzas para volver a la vorágine. Cruzamos el antiguo cauce del Turia. Nuevas oleadas humanas comienzan a organizarse al olor de los buñuelos. Esta es una de esas novedades: los buñuelos de calabaza. Colas de paciente, y alguna vez no tan paciente espera, para obtener su ración -nada barata, por cierto-. La música fallera y el olor de aceite frito impregna el ambiente de las calles y avenidas.

Y comienza una medio maratón de plazas y plantás entre las avenidas del Reino de Valencia, Marqués del Turia y Colón de las que salen estas fotos (hice muchísimas más pero no es el caso) deslabazadas, sin poder ubicar su plantá.
Las fallas infantiles siguen una moda estricta y refinada. De cursilería las tildaría yo, pero claro, yo no soy quien para enjuiciar las Fallas ni los fallos de "Les Falles de València".


La tarde va pereciendo igual que mi resistencia. Tengo los pies que no se ya de quien son. El mero bajar de la acera se me hace un esfuerzo dolorosísimo de lumbares... Las Fallas no son para mí.

Alguien que no conozca Fallas podrá decirme que es una experiencia única. Efectivamente, única, porque no te dan ganas de repetir. Hasta que se te haya olvidado...

¡¿Y éstos quienes son?! Se me pusieron enfrente y me pareció descortés no hacerles la foto. Ellos sabrán.

Siguen montando los muñecos. Entre ellos hay algunos verdaderamente graciosos.
La Euro-escuela.
El libro gordo de Petete...
El Principito...
Sí, es lo que parece... Es otra falla distinta de la de antes. El zoom no me ha salido muy nítido.

Este ninot está genial, hay más fotos...

¡Arsa y olé!

El ninot debe de ir metido enmedio del mapa autonómico de España.

La tarde cae, encienden las luces. Otro año será el ir a ver el encendido de esas calles espectaculares. Hace dos años asistí y son magníficos los alumbrados con la música, la gente apiñada -no me molestan esas aglomeraciones, se respira un no se qué especial, a la espera de algo mágico que cuando comienza el encendido se realiza el milagro-.

Foto hecha por Justo.

Es la Plaza del Pilar.
La Super-Lladró-Falla...
A esto me refería antes con las modas. Eso sí, muy grande, enorme. No cabe nada más en la exigua placita. Justo me dice que es una ratonera, una trampa. Ojalá no ocurra nada de eso que todos pensamos cuando meten mecha y comienza la cremá...
Yo no la he visto. Al llegar a la puerta de la Estación del Norte, allí me quedé sentado esperando a que Justo hiciese un último recorrido.
La salida de los toros de la plaza adjunta a la estación de ferrocarril hace la zona insoportable. La gente ya no es sino una masa andante sin conciencia humana. Las aceras se convierten en unidireccionales, son impracticables para avanzar en sentido contrario al de la masa. No se apartan, ni se molestan en disculpas cuando te empellonan. Van en manada. Es la gota que colma nuestro tiempo en las Fallas de Valencia. Doce horas en la ciudad.
Volvemos en el tren de cercanías. La noche es fría en el campo. La estación de L'Enova-Manuel está rodeada de aromas. Media hora de coche y estamos en la calidez de nuestra casa relajando los pies y la mente. Ha sido un largo día.

lunes, 11 de marzo de 2013

Ignorancia

Dice el dicho que el desconocimiento de la Ley no excusa su cumplimiento... o algo parecido.
Se puede traspolar el dicho a casi todo. Y más cuando nos creemos en posesión de La Verdad. Nuestra verdad. A vueltas con la intolerancia...
¿Qué podemos esperar cuando la misma sociedad alienta la hipocresía y esa intolerancia soterrada? Empezando por nosotros mismos. Volvemos a los viejos dichos. Ningún hombre es libre hasta que los demás hombres sean libres (léase hombre por toda la Humanidad sin distinción de sexos o clases o etnias u opiniones y demás). Si nos permitimos la más mínima falta se la estamos permitiendo a los que dejamos que nos gobiernen. Nos lo estamos mereciendo. Nos lo merecemos. Por no ser justos. Sí, justos. Puede resultar antiguo pensar ahora en equidades y justicias sociales. En la época de las redes sociales que nos están atando las muñecas a los "guasas", "ipods" y demás artilugios para alienarnos más de lo que la "caja tonta" nos ha alineado.
Hace años, cuando nos cambiaron al TDT ese de ver la tele, decidimos no ponerlo en casa. Hemos estado toooodo ese tiempo sin conectarnos. Defendiéndonos con uñas y dientes a dejar que la telebasura entrase en casa. Finalmente hemos sucumbido. Nuestro aparato de televisión, que solamente utilizábamos para ver películas de video o dvdés, y que ya se veía con media pantalla en rojo y azul -curiosa elección de colores la del aparato-. Nos decidimos por una tele plana de esas, 32 pulgadas y nosecuantas cosas más, amén de los canales (de los cuales hemos seleccionado cuatro o cinco para ver películas o documentales y dibujos animados).
Somos gente atípica, pero como nosotros habrá multitud, calladita y no queriéndose meter en complicaciones. Pero no por dejar de ignorar la realidad, la Realidad no deja de seguir su curso. No por no ver los informativos de las diferentes cadenas éstas dejan de emitir su partidista visión de esa realidad. Y lo peor es que se sigue tragando como verdad todo lo que sale por la tele.
Me implico un poquito: soy un ignorante más, eso no me exime de mi parte de responsabilidad con lo que está pasando a mi alrededor. Mi propia honradez tiene que dar resultados sin que deba verlos ni seguirlos. Otro dicho que muchos reconocerán: "Lo que haga tu mano derecha que no lo sepa la izquierda", creo que dice. Las derechas y las izquierdas de todas las opiniones.
Llegamos a este llamado 11-M, con ese afán de siglatizar todas las cosas modernas. Aquél año, más o menos a estas horas, yo llegaba a mi puesto de trabajo en la redacción del periódico y me quedé mirando el programa de "realitichou" que mis compañeros miraban sin tan siquiera darse cuanta de que yo acababa de llegar. Mi atención también fue captada por las imágenes de película de ciencia ficción catastrofista. Otra más.
No podía dar crédito a lo que estaba contemplando. Era un montaje sin duda. Eso no podía estar pasando "en vivo"... Pasaron las horas, pasaron las imágenes en directo (algunas totalmente manipuladas para llevar a la opinión pública -sobretodo norteamericana, tan crédula ella con lo que dicen en la tele-) y llegaron todos mis compañeros de trabajo alertados por llamadas de emergencia. La noticia había que cubrirla. Yo comencé a hacerlo, pero en mi cabeza quedaba la duda certera de que todo aquello no era más que un montaje para encubrir algo mucho más monstruoso. Lo monstruoso de esos "daños colaterales" en muertes y destrucción a no importa qué precio, total los humanos ni tenemos derechos ni somos humanos. Somos números, pura estadística. Sondeos de opinión para que las urnas suban o bajen. Me quedé con el resquemor. De vuelta a casa lo comenté y mi opinión no era la única que coincidía. En días sucesivos recabé información, más opiniones. Lo comenté con familiares y amigos. Obtuve todo tipo de pareceres. Desde los que me llamaron demente hasta los pocos que me dieron la razón. El 11-M fue un gran montaje para lo que nos ha venido después. "La Fundación" de Isaac Asimov hecha realidad aquí y ahora.
Y esa duda se reflejó en opiniones de pesos políticos -ahora desaparecidos de la escena, mira tú que casualidad- en programas emitidos "para minorías". Opiniones que no han tenido ningún reflejo posteriormente. La versión oficial ha predominado. Todo sigue su curso... La ignorancia de los hechos no nos disculpa. Todos somos culpables.
Vendrán leyes retroactivas que condenen estas opiniones, que restrinjan la libertad de expresión. Vendrán los colores de la noche...

"Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra,
y golondrinas que girarán con resplandeciente sonido;
y ranas que en los estanques cantarán durante la noche,
y ciruelos de tembloroso blanco,
y petirrojos que vestirán plumas de fuego
y silbarán sus canciones en los alambres de las cercas;
y nadie sabrá que hay guerra.
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la Humanidad se destruye totalmente;
y la misma Primavera, al despertarse al amanecer,
apenas sabrá que hemos desaparecido."

("Crónicas marcianas" Ray Badbury)
Da una fecha en el libro: Agosto de 2026. No se si llegaremos... Ya vivimos en ese futuro.

1 visión de Marte, 1989

2 visión de Marte, 1989

Acabo de darme cuenta de que he traspolado siglas: 11-M por 11-S.
Igualmente viví la noticia sufriendo por si alguien de mi familia o de mis amigos estuvieran afectado por la tragedia. Las víctimas cuando son desconocidas nos parecen menos dolorosas quizás. La distancia aumenta ese desapego. Pero si le ocurre a una persona próxima a nosotros la cosa varía. Y mucho. No, no había nadie de mi familia ni de mis amigos entre las víctimas, la masacre... Dolorosamente mediatizada por intereses partidistas. Escalofriante. En las dos fechas, en los dos casos se barajan oscuros intereses que siguen ocultos para la opinión pública.
Esa pobre opinión pública que tan solo se la tiene en cuenta a la hora de pronunciar su voto. La memoria colectiva es acomodaticia cuando no olvidadiza.

sábado, 9 de marzo de 2013

Sobre los derechos de los humanos.

La exposición "Artistes pels Drets Humans" celebrada ayer tarde en Muro en el Arxiu Municipal me hace reflexionar sobre esos derechos que siempre se alejan de los que tenemos tan cerca. La tolerancia. La intolerancia.
Es curioso que la película "Intolerancia" siga tan vigente hoy, aunque no esté de moda visionarla. Es un monumento artístico -independientemente de los años transcurridos y de la ideología que se vierte en ella-, monolítico, poético, acusatorio.
Por un lado está la tolerancia hipócrita, viva imagen de la intolerancia soterrada que subsiste en esta sociedad. Ha pasado más de un siglo desde que rodaran aquellas preciosistas imágenes -vi una versión restaurada de tonos coloreados según la expresión del fotograma-, hoy se volverían a repetir las mismas secuencias con otra moda pero el mismo planteamiento acusatorio. Sigue vigente, desgraciadamente.
"Tolerancia Cero" decía aquel eslogan publicitario argumentado ocasionalmente para cualquier otra cosa distinta de la original idea. Vale para todo, incluso para significar lo contrario de lo que fue ideado. Es decir, no existe ninguna tolerancia: cero.
Y eso mismo se desarrolló en el transcurso de la presentación de la muestra de anoche. Estaba reunido el grupo. Su grupo afín de ideologías y morfologías "normalizadas". A los "anormales" asistentes se les "toleró" cortésmente con un rápido saludo -hay que hacer campaña constantemente- para ignorarlos ostentosamente (curioso de mi abuso del "mente", ¿estoy demente?) después. Excluyendo a los que no son del grupo. Y esta situación no es nueva ni única. Ya se ha repetido en la historia, en mi reciente historia más de una vez, en distintos lugares, con distintos lenguajes. Pero la intolerancia ha sido la misma. Eres "el extranjero", el forastero, el diferente del grupo establecido. Estamos alerta ante tu intromisión en nuestra pacífica sociedad bien pensante. Te toleramos porque la Constitución así lo ordena.
Y aquí entra mi reflexión de los Derechos Humanos para tu prójimo. Tu próximo, el que está a tu lado, tu vecino. No esos remotos derechos en países lejanos y conflictivos. Allá cada cual con su lucha. La de aquí no ha terminado. Y es precisamente el motivo de que exista esa desigualdad entre mundos, esos grados de primer, segundo y tercer mundo... o cuarto mundo. El inframundo de tus convecinos que te dan de lado por tus ideas políticas, sociales o sexuales.
La diferencia de orientación sexual sigue siendo una de las principales causas de alejamiento social. Estamos en el siglo 21, no me cansaré de repetirlo, pero parece que reviviéramos el 19. Un siglo perdido.
Y la otra intolerancia, la de los prejuicios. Las etiquetas para salvaguardar la tranquilidad social. Ya no hay forma de quitarte ese etiquetado. Es la explicación de por qué eres diferente. Como ya está explicado no hay por qué preocuparse. Y el problema sigue ahí.
Entrando al trapo en la manifestación artística expuesta, dentro del respeto que debo a toda manifestación ajena, me pareció manida, superflua, partidista e incomprensible.
Vuelvo al lenguaje. La lengua empleada para los poemas, todos los textos estaban en valenciano. Ninguna traducción o versión castellana. Aquí la primera transgresión a esos derechos que se pretenden defender desde esos manifiestos. Me parece a mí, ¿no?
Empobrecedor el lenguaje en vez de enriquecerlo con la otra versión. Porque si no la muestra se reduce mucho más de lo que ya estaba. El grupo se reduce a los valenciano-hablantes. De hecho los corrillos entre conocidos cerraban toda posibilidad de aproximación. Tolerancia cero. Cero en tolerancia.

Y termino la exposición con unas imágenes de mi lucha por esos derechos humanos en otro continente, luchando por los míos propios a la vez.

Aquel 27 de febrero yo estuve allí. También estaba el que sería años después Presidente del Gobierno Español diciendo las mentiras propias de su campaña entonces en la oposición. Y, sin embargo, yo le creí en ese momento. Y le voté. Por dos veces.

Reconozco que era un poco panfleto, pero había que decirlo alto y claro para que todos se enteraran de lo que pasaba en el Sahara Occidental.

Un proyecto artístico que pude realizar tras una larga espera de t res años y numerosos intentos.

Una vez visitados los campamentos de refugiados y las zonas liberadas ese año pude alzar mi voz, con lápices como metralletas. Viví en el corazón del grito, junto a un pueblo amigo que aún compartía el mismo idioma, que lo preservaba y compartía. Después de tanto daño sufrido.
Los años de lucha por la libertad, por los derechos, se han prolongado en demasía.

viernes, 8 de marzo de 2013

Día de la mujer trabajadora

Y nadie se extraña de esta particular discriminación, una más, de la mujer.
¿Y qué pasa con la mujer no trabajadora? ¿Y con la que "trabaja" en casa haciendo "sus labores"? ¿Acaso no es eso un trabajo?
Estoy a favor de las no celebraciones. Que todos los días sean una celebración, no cuando al calendario -¿quién o quiénes impone esas fechas?- le da la gana de señalarlo.
Esta tarde iré a la inauguración de una exposición, pero es sobre los derechos humanos. Otra. Por ser humano supongo que tenemos tanto derechos como deberes. ¿Por qué no hay manifestaciones pro-deberes humanos? Probablemente se saltan a la torera tanto unos como otros. Y, aunque parezca cruel decirlo, son peor los que no ejercen su deber humano, sus deberes de ciudadano,que los que impiden u oprimen esos derechos.
Ejemplo: Anoche esistí a una conferencia-presentación de un libro.
"Somiant amb Aleixa" de Mercé Climent y Francesc Mompó, premio de literatura erótica de Val d'Albaida.
Hasta ahí todo parece "normal" ¿no? Pues, no.
Para empezar la asistencia -supongo que por aquello de lo erótico- fue escasa. Un jueves lluvioso de marzo a las 20,30 horas no ayudaba demasiado. Que fuese en la Biblioteca Municipal de Muro (Alicante) limitaba más la audiencia.
No llevo mucho viviendo en este pueblo pero trato de participar -tengo derecho- en los actos afines conmigo, no con mis ideologías -tengo deberes-, asisto aún no estando de acuerdo con los reunidos o con lo que se vaya a plantear. Así, de entrada, ya voy con un rechazo previo.
Pero al comenzar el acto, pese al poco público, en valenciano claro. He de remarcar este aspecto que me chocó nada más llegar a Muro, a la Comunidad Valenciana en general, que me encontraba como en los años 70 del siglo pasado en Catañuña. Esto va a sacar de sus casillas a algunos, pero yo lo veo de esta forma. De acuerdo que el valenciano ha estado ninguneado, prohibido y menospreciado incluso en estos momentos. De ahí esa fuerza que se resiste -me parece muy bien y estoy de acuerdo- a impulsar la lengua.
Mi oído está acostumbrado de cuando viví en Cataluña. Pero eran otros tiempos de reivindicación de la lengua por motivos políticos y culturales. ¿Ahora también? Pues se me escapa. Creía que estábamos por encima de esas cosas, que todo eso ya estaba superado en el siglo pasado. En pleno siglo 21 no entiendo ese afán de solo hablar valenciano en los medios oficiales. Y no es un reproche. El bilengüismo valenciano-castellano es automático. Pero los actos oficiales predominan con exclusividad valencianista. No se si la palabra puede llevar a otras connotaciones.
Lo dejo ahí aparcado. Es algo más minucioso de tratar que de simple pasada. Pero me siento discriminado cuando asisto a uno de estos actos "oficiales". Pero si la mayoría habla una lengua... quiero decir que todos hablan castellano y no todos hablamos valenciano. Luego por mayoría ganamos los castellano-hablantes. Y hasta aquí el tema lingüístico. (Una amiga diría idiomático... pero no sigamos con la polémica).
La discriminación que me pareció -y que no hice notar por pura timidez- no fue que s el acto se desarrollara en valenciano, sino las opiniones machistas del tema, incluidas las de la autora. Mi pregunta primera habría sido: ¿Cómo se siente como mujer al ver esas portadas de los libros eróticos? Los tres modelos de novela erótica puestos sobre la mesa mostraban cuepos femeninos desnudos. ¿Es por la línea editorial? ¿No será que la mente colectiva identifica erótico con mujer desnuda?
La autora habló de las diferencias que pensaba existen entre erotismo y pornografía. Supongo que un tanto a la defensiva pues ya le han puesto la etiqueta de novela pornográfica en otro sitio, no dicho con mala intención. Pero sí que me pareció pornográfico el texto que leyó como ilustración. Más claro...
O es que mi comprensión del valenciano es más limitado de lo que yo pensaba. Pero me pareció que sus descripciones de los actos amatorios eran muy explícitas, no oí nada sutil, era evidente lo que pasaba con las dos mujeres y con el hombre de la escena... Pornográfico. Y tampoco estoy de acuerdo con el término. Pero había mucho de ello en esas páginas leídas. No eran sutiles, no me lo parecieron. Tampoco es que fuese chabacano, pero no era fino, menos poético. Me pareció.
Por lo demás vi bastante de justificación por haber escrito esa novela que por defender lo erótico. Ni aún la presentación de Sergi Silvestre me convenció de lo erótico en la literatura valenciana antigua. Su entresacado no convenció. Tampoco puedo afirmarlo rotundamente porque desconozco la literatura valenciana en valenciano. La referencia de la coautora al Marqués de Sade no fue muy afortunada.
Eché en falta al otro autor. Es una novela escrita "a cuatro manos". Y no pensaba hacer la clásica pregunta de cuánto de vuestra vida privada está transcrito... Algo así le había soltado un entrevistador facilón. Y lo de incluir otro tipo de eroticidad en la novela ¿por qué no dos hombres con una mujer? ¿Por miedo a la clasificación de gay? Nadie dijo nada de lesbianismo cuando las dos mujeres del relato juegan entre ellas. Insisto, ¿por qué no dos hombres? ¿Por qué no salen cuerpos masculinos junto a los femeninos en las portadas "normales" ded novelas eróticas? Esa es mi pregunta. Esa es la discriminación. Al hombre lo discrimina tanto el mismo hombre con su postura machista como la mujer que consiente en esa postura. Quizás la mujer sea más machista que el propio macho. Es una especie de posicionamiento de sexos. Quién puede más. La lucha de los sexos...
Dibujo de tapada rosa, censurado x Blogger
Este dibujo que hice en 1985 lo veo muy actual. La mujer se oculta no solo de los demás sino de sí misma. La mujer sigue siendo un misterio para mí.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Un cordobés en Saturno

                     Sentado bajo los sauces de su jardín, Pablo Melero baraja distraído unas cuantas hojas sueltas, sin esforzarse por dilucidar su significado después de tanto tiempo en forzado reposo. Ahora está tranquilo, han sido demasiados años de un no parar. Nadie lo diría pues su aspecto en nada asemeja al del aventurero que brilla en sus ojos entrecerrados a la luz de la tarde. Es un hombre de madura edad y sosegado gesto; conserva los restos de un pasado en continuo movimiento, sus músculos siguen estando definidos. Pequeñas marcas de viejas cicatrices quedan ocultas bajo su ropa. En su corazón hay otras heridas que no han cicatrizado a pesar de los años transcurridos.
                     Algunos le dicen que ha viajado bastante y eso no lo puede negar. Comenzó el camino tarde pero infatigable. Muchos de estos viajes están ligados a sus continuos traslados de domicilio, arrastrando sus pertenencias como un nómada. Piensa que debería vivir en una caravana al borde de la carretera, siempre listo para partir. Y es verdad, han sido muchas las casas que le han acogido; algunas soñadas mucho antes de vivir en ellas. Objetos que viajan de una a otra y que, cuando los necesita, se hacen invisibles y crean la duda de si existieron alguna vez. Tal es el caso de un puñado de precipitadas anotaciones, volcadas en cuadernos y cuartillas, como fragmentos desperdigados de un diario de viaje. Mudanza tras mudanza han ido desapareciendo hasta solo quedarle unas pocas hojas sueltas y un cuadernillo con sus poemas, iniciado a mitad de febrero de 1978. Tras de mucho buscar lo encontró y, al releer sus olvidados versos, le provoca un aluvión de sensaciones y recuerdos, pero no los suficientes; ahora mismo no acierta a precisar muy bien el motivo de aquella situación de agotamiento físico-síquico. Sin estos datos no sabría seguir el hilo exacto del relato; pero, aunque reconoce ciertas lagunas, me lo va a contar de todas formas.
                     El relato de este viajero podría comenzar en cualquier momento y leerse en diferentes direcciones, en tiempos superpuestos, mezclando pasado con presente, adivinando el desenlace en una meta construida palabra tras palabra.
                     Es un relato de viajes poco habitual. Iniciado en un deambular continuo por su mente, recorriendo los paisajes arqueológicos rescatados del paso del tiempo. Son viajes en el tiempo por lugares y sentimientos, por imágenes y sonidos, por olores y presagios retenidos en su memoria. Son trayectos dispares, desordenados en fugaces anotaciones. Son paisajes perdidos. Paisajes sonoros, olfativos, leídos... algunos inventados, soñados mucho antes de alcanzarlos con la vista.
                     El tiempo emborrona la memoria y el trazado del camino a los recuerdos. Tal vez hayan desaparecido o estén transformados en el mejor de los casos. Por mucho que se esfuerce en describir un hecho vivido o un lugar visitado ya no parecen lo mismo; cuando se vuelcan en la escritura del relato quedan transformados y más con su lectura.

Así comienza el relato "Hojas sueltas" de Juan Rodort. Después de pasearlo por algún certamen literario lo reutilizó fraccionado para completar algunos cuentos. Éstos tampoco fueron seleccionados en el último concurso en que participó. Recuerda como empezó ilusionado enviando cuadros a concursos en los inicios de los años ochenta del siglo pasado. Hasta que terminó hastiado, viendo cómo ni tan siquiera habían abierto su emboltorio, dado el premio prefijado de antemano... Y su ilusión renació con la primera novela. Rápidamente se la envió a un amigo que trabaja en una conocida editorial para que la aireara entre sus conocidos de otras editoriales. No sabe si saldría o no pero recibió una "crítica" en plan confidencial de su novela. Total que el o la autora había leído 15 páginas, picoteado por enmedio y alguna del final. No se enteró de qué trataba la historia. Pero dió su opinión al respecto y un "consejo": reescribirlo todo.
Así que Juan no se lo tomó a mal, sino todo lo contrario. Le hizo caso y reescribió la historia. Y de esta segunda -aunque realmente primera- novela ha tenido críticas de amigos bastante alentadoras.
Juan Rodort pintaba, dibujaba tranquilamente sin preocuparse por los textos adicionales de catálogos, comentarios o introducciones. Todo eso de escribir se lo pedía a sus amigos más versados en el tema. Pero Juan siempre ha escrito pequeños poemas, algún relato, fragmentos de historias que ha guardado celosamente en sus cuadernos sin mostrárselos a nadie. Releyendo alguno de vez en cuando. Hasta que se decidió a novelar un poemario, incluyendo todos los poemas detrás de cada historia. Un total de cuatro capítulos que conforman una unidad y que también funcionan por separado. Pero algo estridentes en cuanto a su contenido subido de tono. Para algunas mentes, claro está. Paralelamente a esta nueva forma de expresión, de "pintar con las palabras" continuó leyendo, aprendiendo de los escritores consagrados y no tanto.
Juan Rodort tiene otra pasión. La fotografía. Tiene una colección de viejas máquinas que le han ido sirviendo hasta la aparición de la fotografía digital. ¿Qué hacer con estos viejos cacharros? Cada vez es más difícil encontrar el material necesario para sacar buenas fotos en papel. Con la pequeña camarita se conecta al protátil y tiene las fotos en pantalla. No es lo mismo que aquellas fotos de antes. Pero recientemente ha tenido la sorpresa de conseguir un premio. Envió unas fotos a un concurso sobre las fiestas locales del pueblo donde reside sin otro ánimo que el de participar, el de darse a conocer. Tiene muchas más fotos que le gustaría mostrar, pero él es un usuario de la red, un negado de las nuevas tecnologías. Se esfuerza, es otro reto más.
Ahora le apetecería continuar con sus pinturas, seguir pintando.


Ni una sola foto de mis pinturas para que los copiones se las arreglen solos y Blogger no tenga qué censurar


Dibujo de Baena (Córdoba)

Óleo de Espejo (Córdoba)

Detalle de la sombra sobre la cal. Espejo (Córdoba)

Desconchones de Córdoba.

Gran Palimpsesto Cordobés. Esto ya es "hiperrealismo abstracto".

Dar palos de ciego

¿Estoy dando palos de ciego?
Esa es la pregunta que me hice esta madrugada. Desvelado, pensando en qué sentido debería ir este sitio. Lo primero que he hecho al abrir hoy Google es buscar "Contra la pared". Salen multitud de sitios y opciones. Ignoraba que hubiesen hecho una película. Nada tiene que ver mi título con ese estrellarse contra el muro. No. No es esa mi intención. Yo estoy contra la pared. Algo así como entre la espada y la pared pero sin espada. He visionado la cantidad de nombres iguales al mío. Tampoco pretendo ser o darme de original. Ya está todo o casi todo hecho. Esta es mi experiencia. Irá saliendo poco a poco y de forma desordenada. En el segundo intento de escribir he copiado un fragmento de mi novela "El baile de las cigüeñas" ilustrado con dos dibujos de cuando estuve en Argelia. Orán era una ciudad tan mediterránea que no tuve mucha dificultad en adaptarme a su modo de vivir. Fui otro "extranjero" más. Pero retomo el hilo.
Igual que yo estaréis muchos más contra la pared, acorralados podría decirse. Es nuestro sitio para comunicarnos e intercambiar experiencias. Siempre ayuda saber las opiniones de los demás sobre los temas que a uno le interesan. El que no estemos de acuerdo creo que será un aliciente más que el estarlo. La polémica es animada.
Pero no voy por ahí esta mañana. Es por lo de los nombres. Estamos repetidos, somos clones ubicados en lugares dispersos del planeta. Que curioso ver que en el cono sur americano haya más repeticiones de Juan Rodríguez Ortega, Juan Rodort, J. R. Ortega, Contra la pared, El baile de las cigüeñas... Este título he comprobado que no es nada original. Existe como un baile de salón o sala de baile para parejas "desesperadas" (contra la pared). Se podría decir que es algo similar a lo que en su día fuera "El baile de las viudas" en el Madrid de los 60 del siglo pasado referido a unas salas de baile donde las señoras maduritas buscaban pareja... Mi título viene de una imagen repetida cada tarde de verano en la Plaza Mayor de Segovia. Por esos años estaba yo trabajando allí en algo del Catastro para Hacienda... Nada agradable ni para mí ni para los contribuyentes. Mi trabajo consistía en tomar nota, medir y fotografiar cada propiedad urbana. Después de mi jornada laboral me sentaba en una terracita de la Plaza para relajarme. Enfrente mío el ábside de la catedral con sus pinaculillos iluminados por los últimos rayos dorados de sol. A la catedral de Segovia la llaman la Gran Dama de las catedrales españolas, creo que la última en estilo gótico. Vale, no me extiendo. La anécdota eran las cigüeñas. Todas las tardes del verano volvían de los campos a posarse en esos pinaculillos. Parecía que cada una tuviese su sitio. Y todas miraban a la Plaza. Eso es lo curioso. Se posaban formando un todo con las piedras vueltas al ruido del tráfico y de nuestras voces. Me propuse hacer una historia de ese ritual. Con el tiempo se fue quedando arrumbada en el cajón de los recuerdos. Cuando terminé mi primera novela la titulé "Caja de truenos", destapada por Juan Rodort. Para al poco cambiarla por "El baile...". Así consta en el Registro de la Propiedad Intelectual, así pasó por varios concursos literarios. Para mí el baile de las cigüeñas representa el rito de la fidelidad con la pareja. De eso trata la vida de los personajes, de sus interacciones, desde que aparecen al mismo tiempo hasta su encuentro y proyecto de futuro juntos... Nada original. Tal vez sí en los tiempos que corren. Tiene un final feliz, no hay crímenes ni asesinos en serie, ni sectas satánicas. PEro sí una concesión a "la angeología". Qué le voy a hacer, soy un descreído que sí cree en el Ángel de la Guarda. Y hasta ahí. No puedo contar más. Como dirían los presentadores de aquel antiguo concurso televisivo.
Esta mañana se ha convertido en mediodía. Ahora viene una de mis pasiones: cocinar. Me voy a marcar una pizza suigéneris, es decir, sin queso. No lo soporto, se me hace demasiado pesada y uno ya no está para veleidades gastronómicas. Una amiga nos dice que eso no es una pizza, nos da igual que se llame como quieran, está riquísima. Adjunto foto demostrativa.
He borrado todas las fotos para que la censura de Blogger no pueda censurar
Es una pizza-corazón para un día de San Valentín.

Esta es de un día de otoño-invierno.

lunes, 4 de marzo de 2013

Algunos datos sobre Juan Rodort (revisados)

Sin fotos, todas eliminadas para que la censura de Blogger no tenga nada qué censurar
(Algunas de estas fotos rescatadas el 10-10-2015) 






Este es Juan Rodort, también es Juan Rodríguez Ortega y firmaba su obra artística como J.R. Ortega.
Ya no renuncia a nada, son tres Juanes en uno solo, así de fácil.

Tiene una página web: www.juanrodriguezortega.es que debes visitar.
Y este blog: "Contra la pared", donde sube algunos textos y fotos para dejar salir su rabia, muchas veces, o sus preocupaciones ante la realidad en que le ha tocado vivir -como a muchos otros más-.
También tiene otro blog: "El recurso del pataleo (De nuevo contra la pared)":

http://juanrodriguezortega.blogspot.com.es/

que puede ser continuación de éste Blogger o un escape a su otro yo... cuando se sintió censurado.

Pero es mejor comenzar por el principio:

En esa casa del fondo nació, al amanecer de un 13 de Agosto de 1949, mientras montaban el circo para la Feria Real (su pueblo tiene otra feria por Santa Marina, en julio). Por esta anécdota del circo, instalado enfrente de su casa, le llamaron "el titiritero", cruel burla infantil que le marcó hasta la adolescencia.

En la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas le bautizaron. Allí fue uno de los monaguillos.

En la Plaza de Armas del Palacio Ducal de Fernán Núñez, enfrente de su casa natal, se iniciaron sus primeros juegos infantiles.

Con sus hermanos y primos, rodeados de algunos vecinos. Delante de su casa natal en la calle La Feria. Él es el pequeño del centro de la primera fila.

MADRID, 1970 Con el Grupo de Arte de la Escuela de Aparejadores o Arquitectos Técnicos de Madrid. Delante de su escultura en hierro soldado "Niños y pájaros", Juan (con bigote y gafas) es el que está detrás de Ada Miñana, junto a Darío Corbeira (del resto de compañeros no recuerda el nombre; el alto con gafas en el margen superior derecho es uno de los Ruiz de Luna de Talavera de la Reina).
En la Galería Studio de Madrid durante la segunda exposición que hizo el Grupo de Arte. Aunque lleva traje y corbata no hay que engañarse, Juan es un inconformista, le gustan los Rolling Stones a la vez que los Beatles (estuvo en el concierto de la Plaza de Toros de Madrid).
Hizo el Servicio Militar en un acuartelamiento de El Pardo.
En 1974 comenzarán sus viajes a Barcelona.
Junto a  otros dibujantes lanza "El Carajillo", primer comic madrileño:  http://www.tebeosfera.com/autores/jr_ortega.html  y  http://vinculos.carlosmiragaya.name/index.php?id=1099&vaqueria=&pasador=71

IBIZA, 1976 Es Caná, cerca de Santa Eulalia del Río era un mercadillo "jipi" donde Juan se mostraba de esta forma. La foto se la tomaron sin su consentimiento. Pilló un cabreo enorme, pero solo pudo quedarse con esta foto. El sombrero, el collar y el pendiente de plumas eran únicos y hechos expresamente para él. Juan era así de chulo.
En la discoteca "Es Paradís Terrenal" de San Antonio Abad de Ibiza le hacieron un reportaje fotográfico (Carlos Rúas). Esta vez con su consentimiento. Hacía un calor asfixiante ese día.
Juan tenía montado un tenderete en plena calle de San Antonio, para hacer retratos. Aquí se le ve en plena faena. Un verano memorable en Ibiza. (Muchos años después escribiría: "Ex-Paradís", novela basada en estas experiencias veraniegas)

En 1982, en Barcelona en casa de un amigo mientras le hace un retrato. En seis años había perdido pelo pero ganado en experiencia con sus viajes por el norte de África y Europa. Tenía por aquel entonces un estudio en la calle San Pablo de Barcelona, a un paso de Las Ramblas. Viajó al norte de Portugal para hacer una exposición de dibujos. Finalizada la etapa de los viajes por Argelia y el Sahara, en Roma expone su visión particular de la guerra del Sahara Occidental.

1989, ya con la cabeza rapada. Está en Madrid, en su estudio de la calle Tracia, compartido con otro pintor -Alfonso Sicilia-; investigan con nuevos materiales de pintura y grandes formatos en lienzos. Juan viaja al sur de Francia y al norte de Italia. Desde 1984 firma J. R. Ortega. Su etapa surrealista da paso a una figuración casi hiperrealista. Desarrolla ahora el paisaje íntimo, retratos de casas, de los pueblos de la Campiña de Córdoba. Y hace las exposiciones: "Tras el rastro de El Rastro", en Argel y Orán. "Paisaje del Sur-2" en Montilla y Córdoba. Después se inicia en el diseño gráfico con un Macintosh y los primeros programas de dibujo, que le cambiarán la forma de ver el espacio y la estructura interna de sus cuadros... y que le permitirá trabajar en un prestigioso periódico nacional. Pero eso ya será al comienzo de 1990.

(Continuará)

(No sabe si reir o llorar, 2014)