lunes, 26 de septiembre de 2016

Otoño, otoñal


Cuando menos te lo esperas, ya está aquí el Otoño, la edad otoñal ha llegado también y los gustos por los hombres desnudos ¿han cambiado con la estación, con la edad? Pues no, pero también miras a otros peluditos maduros que antes te parecían "demasiado viejos" para tu gusto. Sobre gustos no hay nada escrito dice el refrán pero no es cierto, precisamente sobre los gustos es que se escribe tanto y tan variado; lo que dicen más acertado es aquellos de para gustos los colores... Y el color del Otoño ha comenzado a teñir algunas hojas de nuestro jardín, han comenzado a blanquear algunos pelillos de nuestro cuerpo. Sí, esos que hemos tratado de olvidar y camuflar con algún tinte. La madurez no quita lo presumido y el querer seguir siendo tierno, joven, crugiente y terso... Pero la piel ha madurado y mejor ni cuentas los estragos que tienes ocultos por los pliegues y rincones que te niegas a mirar. Pero las manos van siendo un testigo fiel -o infiel, según se mire- de nuestra madurez, del comienzo de la cuesta abajo por esa pendiente que no es igual para todos; los hay que a los treinta ya están en pendiente acelerada al acabose y los que en plenos sesentaitantos estamos jugosos y graciosillos -con ganas de chistes, que para otras cosas...-. El dibujo que ilustra esta meditación y cierre es anónimo posiblemente del siglo 19 o principio del 20, no se distingue bien la firma ni la fecha. Tal vez buscando en el ciberespacio haya más información, pero tampoco es importante; ahora solo ilustra la imagen del Otoño, otoñal.





















Y el caso de estos dos mocetones... Simplemente que me gustan y morbosean hasta mojar en todos sus rincones vistos y entrevistos, sin tomar en cuenta que se metan pelos en la boca, que para eso están, para comérselos enteros sin desperdiciar ni un solo pelo. A su disposición quedamos, cuando ellos quieran porque ya lo dice otro dicho: el que tuvo, retuvo y si no, a la vista están.
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 23 de septiembre de 2016

Asómate a la ventana y verás...











Premio a la fidelidad a los seguidores de Francia, España, Estados Unidos, Irlanda, México, Brasil, Canadá, Reino Unido, Italia, Australia... que en el día de hoy me han conectado, visto, espiado, leído (en traducción Google tal vez) y disfrutado de la imagen ebúrnea del muchacho de la foto de ayer. Y no es para menos homenajear a estos ojos que saben ver y regocijarse con la Belleza del cuerpo masculino. Y es que cuando de lo bello se trata no reparo en gastos y echo la casa por la ventana, sí, literalmente. Aunque en este caso lo que sí quisiera es que se asomasen a la ventana estos cuerpazos variaditos de muchachos, así, un poco de todo para que cada cual elija a su gusto. ¡Ea, ánimo! La veda está abierta y el que llegue primero podrá escoger entre los pimpollos que se esconden tras de mis ventanas (¡ya quisiera!).
Ración de cuerpos, ración de vista, ración de carnes prietas que están pidiendo a gritos que se dejen manosear, sobar, chupar, morder... y todo lo demás. Y si no, mañana será otro día y tal vez las cosas cambien y el mundo sea como queremos que sea: que todos los hombres guapos y macizorros se dejen tocar y lo que surja...
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© Juan Rodort, 2016

jueves, 22 de septiembre de 2016

Y nos dieron las uvas...


Pues tal vez no fuera así, que a este muchacho paliducho yo no lo he visto en la vida salvo el otro día que me lo topé en una página de internet sobre fútbol-gay... lo que quiera que sea eso, si beber en público en ropa interior, blanco como la cal de la pared, con una pulserita ¡rosa! en la muñeca izquierda y en la mano derecha un botellón de morapio. Claro que lo que el muchacho lleva en la frente no es el cuerno de un unicornio... No, es un pollón de negro tamaño natural, de látex como él mismo parece sólo que en látex nacarado; pues es que tenemos una réplica de esa polla de goma. Vaya, si la conoceré yo a simple vista. No digamos ya al tacto... Pero el tacto me habría gustado repasarlo por la piel nívea del individuo pelado, afeitado, lampiño, aunque con pelitos en las sobaqueras (se supone que en sus partes también). Bien arropado en esos calzoncillos ajustados y elásticos que prometen todo lo inimaginable. Con esa pose ya le vale al mozo... ¿Qué pretende?

Yo tampoco pretendo gran cosa con estas líneas apresuradas, que hay "ropa tendida" alrededor. Sí, esto de tener que utilizar los servicios públicos de telecentros donde tienen cabida los menores de edad y un cartel advierte que no se permiten visionar las páginas pornos. Porque ver a un tío desnudo o en gayumbos ya es lo más porno que han visto por estos lares. Y el susodicho joven de la trompeta alcohólico-fálica tiene un buen argumento entre las piernas como para presuponer cosas que la mala conciencia ensuciará a modo.
Y de lo que se trataba hoy es de contar que el título no se refiere a la tardanza de algo que nos haya pasado ni a que este mozo se atraca del zumo de las uvas sino a que esta mañana hemos cortado los tres primeros racimos de nuestras parras, los que están más pegados a las ventanas. No voy a poner fotos, todos saben como son los racimos de uva. El racimo apretado de este jugador de fútbol-gay sí que está para comer, exprimir, manosear, sacar a la luz y enseñorear. Otra vez será.
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© Juan Rodort, 2016
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Otra notificación que ni idea para qué me la mandan, pero ahí la copio: 
Tu configuración de HTTPS ha cambiado. Ahora, todos los visitantes de tu blog pueden verlo a través de una conexión cifrada si visitanhttps://juanrodort.blogspot.com. Los enlaces y marcadores que llevaban a tu blog seguirán funcionando.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Un martes y 13 como cualquier otro martes


Martes, 13 de septiembre de 2016

Al mes de cumplir los 67 descubre con pesar que no está nada satisfecho, que su actual situación le aburre, le agobia, le oprime, le decepciona ver que en nada se parece a aquellos sueños y proyectos que hiciera hace años, a aquellos bocetos de su futura casa, cuando aún el hecho de tener una casa era utópico, o después, cuando dibujaba frenéticamente las distintas posibilidades de su futuro hábitat. Nada de todo ello se parece a lo que le rodea, a lo que ha ido dejando, abandonando en su camino, en su continuada huida ¿hacia dónde? ¿de qué? Ni él mismo lo sabe pero no está satisfecho. Ahora mismo escribe a la luz bailona del horno donde una delicia que acaba de confeccionar puja y se hincha en dorados brillos despidiendo un aroma delicioso y que invita a abrir la puerta del horno y comer un trozo de ese bollo que cada instante se dora más. Pero ni esta visión le satisface del todo. Ni el pasear por su nueva casa atisbando el paisaje verde y recién llovido tras de las ventanas por las que se dibuja un verde arbolado y montañoso que ahora dice que no le gusta, que no era esto lo esperado...


Miércoles, 14-09-2016

Su compañero ha leído lo escrito. Ha sido de forma casual, el cuaderno reposaba abierto sobre la mesita del salón esperando una continuación que no llegó y sí la curiosidad del enamorado que se entristece al leer línea a línea la desolación de su amado. No ha sido un acto voluntario de espiarle, ya había leído otras cosas o escuchado de él la lectura. Entonces le daba su opinión y muchas de las veces el medio frustrado escritor repasaba y corregía lo escrito. No es el caso en estos momentos en que escucha: “He leído lo que escribiste ayer”. Lo asimila, sin más. Le duele el dolor de su compañero ante su insatisfacción. Y mientras la tarde avanza él sigue, que no retorna al tema decepcionante de ayer, con su afán de poner en escritura esa luz amarilla y empañada del cielo escampado y con algunos claros en las espesas nubes que lloviznaron toda la mañana dejando ahora una luz crepuscular de invierno infiltrado en los últimos días del verano...

(fragmentos de un diario-bitácora de 2 Jotas de Corazones)
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© Juan Rodort, 2016

martes, 20 de septiembre de 2016

Tú me acostumbraste a todas esas cosas


Tú me acostumbraste
a todas esas cosas,
y tú me enseñaste
que son maravillosas.

Sutil llegaste a mí como una tentación
llenando de inquietud mi corazón.

Yo no comprendía cómo se quería
en tu mundo raro y por ti aprendí.
Por eso me pregunto al ver que me olvidaste
¿por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?
(Lucho Gatica)


O pudiera ser también la letra de la canción “Perfidia” o algo similar...

...Y el mar, 
espejo de mi corazón, 
las veces que me ha visto llorar 
la perfidia de tu amor... 

Te he buscado dondequiera que yo voy
y no te puedo hallar, 
¿para qué quiero otros besos 
si tus labios no me quieren ya besar?

Y tú, 
quién sabe por dónde andarás, 
quién sabe qué aventuras tendrás, 
¡qué lejos estás de mí...! 
(Nat King Cole)

lunes, 19 de septiembre de 2016

Fidelidad digital


Desde Argentina, España, USA, Brasil, Francia, Tailandia, Canadá, México, Alemania, Rusia... y muchos más lugares tan dispares del Planeta me dicen las estadísticas que siguen mi página, que ven las fotos que subo para deleite de los ojos y de otras partes medias que suelen tener vida propia y leyes particulares que en nada hacen caso de pudores, pundonores o remilgos de soportes digitales al uso. Y es por ello que suelo subir imágenes no demasiado explícitas para evitar problemas de previas censuras. Sí, ahí siguen, en la penumbra, en el claroscuro de las sombras, al margen de las páginas, detrás de ellas, acechando los centímetros de más de piel masculina. Es evidente que en esta foto no se ve pero se adivina que ahí está "él", el ser prohibido, el hermano pequeño que a veces crece desmesuradamente por su cuenta, sin pedir permisos o importarle el qué dirán las mentes pacatas. Por más que qué hace una mente pacata visionando estas páginas... Avisos hay puestos y cada quien que aguante su vela...

El muchacho de la foto de arriba me recuerda a otro muchacho del que nada más verlo la primera vez ya supe que debía, que tenía yo el deber de tener contacto carnal con él y poseer su cuerpo, su belleza... ¿Perversión por mi parte? Sí, no lo niego. Era y sigue siendo un trastorno de mi mente que superpone el deseo a la razón, a lo establecido. Nunca hice mucho caso de lo políticamente correcto, siempre saqué los pies del plato por así decirlo, siempre deslicé mi mano por zonas prohibidas a la espera de obtener placeres prohibidos, mal vistos, nunca vistos; placeres digitales. Pero no cibernéticos que esta era aún quedaba lejana. Placeres de la mano, de sus dedos pioneros por valles de tinieblas cálidas y palpitantes al menor contacto. Carnes aquellas tocadas, deslizadas por mis dedos, agigantadas en determinadas partes, las esenciales, la parte de la traca final, la explosión de gozo y derrame caliente sobre la mano descocada... Él sucumbió a mi mano, la mano tonta de muchos años de manoseos solapados y a escondidas, de disimulos o de directos manejos descarados para el común deleite de los cuerpos acostados para un supuesto descanso que se convertía en batalla celular. En fin, este muchacho de la foto me recuerda a aquel otro muchacho que me recriminó con un: ¿Tú también? que en aquel ofuscado momento no entendí pero que a la mañana siguiente me explicaron que no era yo el primero en meterle mano. Pero al final consintió. No en la segunda pero sí en una tercera y cuarta vez de encuentro "casual" en la misma cama, so pretexto del poco espacio y mucha gente para dormir en aquel apartamento... ¡Ay, la urgencia de la carne de aquellos días africanos! Pero hubo muchos otros muchachos que sí consintieron a la primera y que me buscaron con ojos turbios de deseo para satisfacer sus prisas, para satisfacción mutua, dicho sea de paso. Pero de esos otros ya he escrito hasta el hastío.
Hoy solo cuenta una cosa: los fieles seguidores que en nada tienen que ver con los movimientos torpes de mi mano tonta de aquellos días; hoy debo dar las gracias a mis fieles seguidores, lo que yo llamo "fedelidad digital".
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 16 de septiembre de 2016

Y por fin vinieron las lluvias...


Tengo una fijación que viene de muchos años atrás con esto de la ropa interior mojada, la ropa blanca, pero también pudiera ser de color. En tiempos tuve una fantasía erótico-festiva-acuosa con un compañero de... (no voy a dar detalles porque el hombre ahora está casado y es padre de una feliz familia) mucho más joven que yo y recién salido de la mili. Estábamos en las duchas comunales de un colegio mayor que nos acogía en nuestra gira por ese lejano extranjero que no volveré a visitar más. Yo había terminado de secarme cuando él llegó tan campante en ropa interior verde: calzoncillo y camiseta de tirantes de algodón verde como el trigo verde, marcando culo y paquete (los que él tenía entonces en aquel cuerpito peludo y menudo). Después de un buenos días se despelotó y entró en una de las duchas... Mi reacción fue instantánea y tuve que huir de allí ocultando una tremenda erección. Quizás él había pretendido que yo le acompañase con una segunda ducha, que le "iniciara" en los misterios de los que tantas preguntas me hacía, dónde iba yo, a qué bares, cómo era la gente con la que me relacionaba cuando iba de marcha... Con su voz melosa y el rostro siempre muy pegado al mío, olía a una colonia infantil que asocié a su cuerpo y a un incesto pues me parecía un hermano pequeño juguetón y provocador... Supongo que ahora él sería como el modelo mojado de arriba, al menos el aparato es similar al suyo (de entonces).



Él podría ser este otro modelo, quizás menos musculoso y algo más peludo, pero con esa mirada de niño terrible y esa medio barbita que le enmarcaba sus labios provocadores... Me arrepiento de no haberle "informado" convenientemente en su momento, cuando él estuvo tan interesado en mis quehaceres y gustos sexuales... Pero mirar hacia atrás con nostalgias ya es morbo malsano, pero... empapados de lluvia (dorada) es la primera impresión que me viene a la cabeza al ver a estos dos muchachos chorreando y no parece que sea de haberse duchado o que fuera sudor del calor del verano porque ya terminó, al menos por estas tierras. Y por fin vinieron las lluvias...
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© Juan Rodort, 2016