viernes, 26 de agosto de 2016

¡Ay, pena, penita, pena...!


¡Yo no he sido! Que conste. Aunque me habría gustado ser el autor de tamaño destrozo a dentellada limpia, a bocados, a lenguetazos, a tirones... hasta dejarlo en bolas. Porque tamaña belleza duele con sólo mirar. Hay que masacrarla para poder sentir el gusto del deseo incontrolable aplacado por la ira de lo incomprensible... ¿Cómo se puede ser tan guapo? Pues parece que él puede, pero claro, hay quienes lo han dejado hecho unos andrajos a tirones, a lenguetazos, a bocados, a dentellada limpia. Que mirar tanta belleza nos libra de recordar las maldades del mundo exterior, de las gentes fanáticas que apedrean, que linchan, que matan por motivos (¿...?) religiosos (¿...?) o culturales (¿...?)...
Es por ello que El Viajero hoy ha optado por este muchacho epatado, a la defensiva o a la ofensiva porque con tamaña guapura agrede la visión de El Viajero, que tiene ojos para mirarse al espejo y contemplar al espantajo de imagen reflejada. Es por ello que prefiere solazarse con esta foto, con este muchacho arrinconado y expuesto a múltiples violaciones (justificadas).


O tal vez el mirador que visualiza estas páginas prefiera cantar la copla de Marifé de Triana "¡Ay, pena, penita pena...!" cambiando las aes finales por ees... (salvo en el diminutivo que sería penecillo, que no es el caso de este muchacho bien dotado y que a juicio de El Viajero se trata de un fotomontaje).
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© Juan Rodort, 2016

miércoles, 24 de agosto de 2016

La soledad del viejo marica


               Deshabitado de tu cuerpo me extiendo
               en amplia costa gris llena de conchas abandonadas.
               De tu lecho cálido mirando al sol en la mañana
               queda el hueco deslizado. El recuerdo de tu mano en mi mano
               es un atronador silencio que ahora me falta. Estoy solo,
               abrigando recuerdos ateridos, el corazón yerto. El día
               asoma llovido en mi ventana. Los sonidos me llegan
               deslizados por entre un mundo de nostalgias;
               y tú, quizás adivines mi cuerpo solitario en la hermética distancia...
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© Juan Rodort, 2015

Se pasó el día sin que llamases a mi puerta.
Y vino la lluvia suave con olores de la tierra recién mojada,
pero no fue lo suficiente para apagar el calor de mi cuerpo desmadejado
y abierto a tántricas caricias cibernéticas;

tus ojos me matan con sus dos azulinos puñales...
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© Juan Rodort, 2016

Ausencia, ausencia
Termina el jubileo de nostalgias asesinas de especular asombro
cuando paso ante su puerta ignorante de caricias a él debidas.
Cuerpo ausente en la memoria incierta de los días portentosos,
de aquellos días en fuego pervertido en su presencia,
cuerpo desleído de insustancial recuerdo, ofuscado en hostigarlo;
paseo ante la puerta de una tumba pretérita.
Mórbido recuerdo de sus besos repintados adorna mis heridas
rezuma hiel por los costados aparcados a su vera,
calle desierta sin su nombre anclado ante su puerta,
calle canal de extensos puentes sucumbidos al pasarlos,
quisiera no llevarle nunca más curtido indomable a mi piel atado,
opúsculo premiso de las tardes inhóspitas cuando se iba.
El aire promiscuo de su calle inunda mi aliento en salpicones
y espuma de otros días suspendida en sus rincones,
en algún oscuro pliegue de caricias uncidas a mi grupa dolorida,
en voraces viajes táctiles sus dedos y trémulas manos
dubitativas en aquellos días aprendidos de memoria que  implantaron
una carne dilatada de su piel a mi piel profética, terminante.
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© Juan Rodort, 2016

martes, 23 de agosto de 2016

Por el culo... un verano de mierda


No, no era a él a quien me refería yo con semejante introito escatológico sentenciero, no. Pero algo de eso último hay en el regusto de los días que ya colman el colmo de mi paciencia. Sí, me están dando bastante por el culo las mierdas de los perritos de los vecinos que pasean a sus canes justo por mi puerta para dejar que ellos hagan sus necesidades lejos, bien lejos de sus domicilios... Para eso estamos los vecinos ¿no? ...para dar por el culo al prójimo y que otros les limpien las caquitas de sus perritos. Es por ello que he puesto este maravilloso ejemplar de culo masculino en pleno acto de... lo que la imaginación dicte, un culazo como debe ser y del que no me importaría recibir su visita depositora delante mismo de mi puerta -previa llamada primero para darme tiempo a preparar la cámara de fotos y hacer una secuencia de su defecación, con todo lujo de detalles-. Bien, puestos a ser guarreras, mejor es que el modelo sea un guaperas que no el susodicho vecino de turno que va detrás de su oronda barriga (no es que yo tenga nada en contra de los barriguditos que a alguna gente le morbosea), pero una cosa es tener barriguita y otra muy distinta es ir a la zaga, dos pasos por detrás de su tripa; y lo peor de todo, llevan un gesto que parece que van oliendo mierda y no precisamente la de su perro o perros, porque los hay que pasean a varios hasta un total contabilizado de cinco perrazos sueltos, cagadores, meadores, marcadores de sus falsos territorios (porque mi puerta ya es mi territorio y yo soy muy territorialista), invadiendo intimidades y demostrando la falta total de civismo de sus respectivos dueños/as. Claro que los cerdos que pasean a perros tienen poco de personas, total los pobres chuchos solo hacen su cometido animal, pero ellos, los propietarios/as, dejan de ser personas para convertirse en espantajos trasuntos despersonificados a los que habría que darles mucho por el culo para que aprendan ...y se enteren de lo que es un verano de mierda.
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 19 de agosto de 2016

Saturado de dulce


Como decía aquella ancianita después de comer una buena ración de jamón ibérico: ¡J'amía, a lo bueno se acostumbra una! Y algo parecido le ha ocurrido a El Viajero al cabo de veinte días de no parar de degustar tartas de cumpleaños, de aniversarios, de despedida, de bienvenida... bollería casera y pan hecho en casa (acompañados de mermelada casera hecha en casa con las primeras ciruelas recogidas del terrenín). Ha terminado ciego, harto, hastiado, saturado de dulce...
Pero ya la habría gustado a El Viajero que fuera este otro dulce cuerpito el regalo de cumpleaños, para usar y tirar (o por lo menos para echar después del desayuno que para la siesta ya estaría muy visto) o comer por entre esa línea oscura o encima de esa lisura tersa y dura, justo en el remonte de los dos montes del amor que bajan a la caverna del mismo nombre donde se esconden las noches de lujuria derretida fieras rampantes y palpitantes que expulsan flujos calientes... ¿Qué le ha sentado mal a El Viajero? Seguramente es que está saturado de dulce.
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© Juan Rodort, 2016

miércoles, 17 de agosto de 2016

Dulce pendiente

Me recuerda a mí mismo en aquellos locos días de Ibiza allá por el siglo pasado y recién estrenada la Democracia en este solar patrio (¡Oh, dolor!). Bueno, hay un par de cosas que no se ajustan a aquella realidad mía: esas botazas y la barba, que yo la llevaba rizada y mucho más larga. Por lo demás... nadie dudaría que fuésemos hermanos gemelos. ¡Ay, qué recuerdos!
Como el de la tarta de cumpleaños de 1976 en San Antonio (Ibiza) que era cuatro veces mayor que ésta. Aunque no recuerdo si tan buena como me ha quedado (siempre hay alguien que saca defectos y uno de ellos ha sido que el riego de licor mata los demás sabores: chocolate, crema pastelera, mermelada de melocotón, almendras...) Pero no quedó una migaja, cayó entera. La tercera tarta que hago en este mes y no será la última pues mañana celebramos otro cumpleañitos... ¡Estoy ya de celebraciones!...
Pero lo que de verdad me hubiera gustado es un regalo de cumpleaños tipo éste:
¿Con o sin...? Lo que fuera por rodar por esa dulce pendiente....
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Juan Rodort, 2016

martes, 16 de agosto de 2016

Pillando cacho...


Un buen trozo de tarta de cumpleaños para todos vosotros, cibercompañeros que visualizais esta página...
Está borrachita y llena de calorías.
Véase como a El Viajero se le ha caído el pelo de la cabeza de una sobredosis de glucosa, chocolate y alcohol...

Sí, sí... Cosas más grandes y gordas se le han visto desaparecer en esa boquita de piñón traviesa y dicharachera. Sí, que lo sé yo de muy buena tinta. No, El Viajero no me invitó a la fiesta de su último cumpleaños el 13 de Agosto pasado pero lo he pillado en más de un renuncio y de peor cariz que esta inocente chupadita de paleta corta tartas de cumpleaños.
Pero sé de muy buena tinta que los paisajes del fondo son obra suya, de cuando pintaba algo más que la Sota de Bastos.
Con las festividades locales no se ha podido atender como es debido esta página pero espero que a partir de mañana ya podré subir fotos más suculentas que estas de El Viajero goploso y chupóctero.
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Juan Rodort, 2016

P.D.: Por cierto, que me he enterado que hay Olimpiadas en Río... Y es que como en casa no tenemos tele... ni escuchamos la radio más que en la emisora de Música Clásica...
Pero he visto fotos de atletas con zocotrocos prominentes que mertecen medallas de platino duro como los troncos cárnicos que ocultan sus ajustados trajes deportivos...

viernes, 12 de agosto de 2016

Carnicería (carnes morenas paseando)


Si al menos hubiesen sido así, como estos modelos con bañadores, mojados y con sus tabletas de chocolate pectorales haciendo juego... Si por lo menos hubieran ido casi desnudos, mostrando sus carnes morenas y relucientes por el salitre oceánico. Pero no, tenían que ir dando morbo a mi imaginación calenturienta recocida por el sol de mediodía... Ellos iban vestidos con unos pantaloncitos cortos, de esos que no dejan lugar a imaginaciones porque ya te contornean todo el muestrario cárnico al por mayor y en detalle... Con unas camisetitas ajustadas a redondas constorsiones trapezoidales al mirar sus espaldas ¡¡¡y sus culos!!! De infarto. Estuve a punto de la lipotimia, del arrebato sádico para avalanzarme sobre sus grupas redondas y ondulantes y perderme dentro del oscuro túnel entre dos redondas rocas replegadas en pliegues rítmicos que su andar producía... Y es que ayer en mi paseo por las calles santanderinas me quedé sin aliento varias veces al darme de bruces casi,  al volver una esquina, con cuerpos crujientes, tostados, cuerpos jóvenes y musculados, peluditos de piernas y brazos, de cuerpos sudados... Cuerpos que eran un muestrario de carne para exponerlos en el escaparate de la mejor carnicería del barrio, cuerpos para comer en casa plan caníbal-ritualista, para deglutir sus partes calientes y chupetear los menudillos de su entrepierna...  Carnes. Carnes. Carnes. Aquello era una carnicería (carnes morenas paseando).
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© Juan Rodort, 2016