martes, 10 de julio de 2018

Viento del Sur


En la piscina municipal de La Elipa no hacía falta llevar bañador para darse una refrescante ducha; sin embargo no se podía salir del recinto sin él. Del escueto rectángulo amurallado por setos y cañizos, apartado de las visuales del público en general, salvo los niñatos chuscos que iban a reírse de los maricas en celo encerrados en aquel corral. Talmente lo parecían (o parecíamos, que yo también fui varias veces), un corral de gallinas cluecas, en pelota picada (también había algún cuerpo femenino de amplios repliegues adiposos, sin vergüenzas de mostrarlos a los sinvergüenzas que iban a mirar por los agujeritos de las cañas de separación de la zona nudista de la textil o "normal". Porque lo normal era ir a bañarse utilizando la prenda bañador de una dos o varias piezas que tapasen los órganos esos de los que los "normales" se avergonzaban mostrar en público (tal vez también en privado).
Modelazos como el muchacho que ilustra estas líneas, de mínimo bañador reluciente, abultado, relleno hasta reventar de carne a la brasa, calientes formas que dejaban su impronta inmediata en los mirones con un rápido volteo boca abajo para disimular erecciones generales en tiempos no lectivos pero delictivos. Porque se podía delinquir de muchas formas mirando-acosando a los mostradores de carne prieta y cálida que se demoraban en aquella ducha, puesta como un podio triunfal para regocijo de propios y mirones extemporales. Eso sí, bañador riguroso a la hora de salir a tomar un baño en la piscina comunal donde los muchachos en celo mostraban sus bultos ajustados entre las piernas ebúrneas a punto de eclosionar a la más mínima muestra de tacto o contacto.
Y en otra de las piscinas "naturistas" de la capital de entonces (aún no había capitalidad comunitaria, creo que no, que Madrid era provincia de Castilla-La Mancha, sin más), la de La Vaguada o la del Lago... En La Vaguada estuve alguna vez, menos que en la de La Elipa (al Lago nunca fui y desconozco su morfología y modos y maneras de desnudeces). Era aquel redil nudista encerrado en un promontorio de difícil escarpadura, dividido por una especie de arroyuelo, acequia o desagüe no sé si de aguas fecales o menos contaminadas. Aquel cercado nudista era incómodo se mirar por donde se mirase. Los maricas perchados en rincones inauditos, en equilibrios sobre terraplenes a punto de desplomarse al fondo del arroyo. Poco más de mis recuerdos. Sí, algún ligue para desfogue en los vestuarios o en las duchas ávidas de muchachos espías que querían pero no se atrevían... Mirones maricas latentes, ellos, negadores de sus tendencias homo a ultranza. Potenciales agresores de parques y jardines en las noches de estío matritenses.
Pero La Elipa fue la reina de mis despelotes y hartazgo de mirar carne. Ay, tiempos de hambre caníbal. Sobre todo cuando venía el viento del Sur...
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© Juan Rodort, 2016

jueves, 5 de julio de 2018

Banderas al viento (Arco Iris)

 





Y la bandera Blanca y Verde, con los colores de mi Andalucía natal (no confundir con la de los socios del Club de Fútbol Real Betis Balompié)

miércoles, 20 de junio de 2018

Fuera del circuito (echado de la pasarela, por los pelos)


Está claro que cuando posees un cuerpazo como el de este muchacho no te hacen falta recursos del pataleo ni darte contra la pared de ningún sitio, porque no tienes que demostrar si todavía te acuerdas de cuando tenías juventud y hermosura; menos te importará el mostrarte como él se muestra, con esos gayumbos desgarrados por alguna mano caníbal que ha muerto dando zarpazos ante el intento infructuoso de conseguir los favores del apuesto mozo. No, él está ahí para enseñorearse ante todos, para humillar al feo y viejo marica que ya ni se acuerda de cuando tuvo un vientre tan plano y una cintura marcada. Para humillarme, directamente, al igual que lo hacen todos esos otros clónicos modelos de plastificadas pieles homologadas y marcadas a fuego por las modas; humillado y entristecido por quedar fuera del circuito.
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© Juan Rodort, 2016

viernes, 8 de junio de 2018

A punto de darme al vicio... de pensar


Recuerdos al volver de un viaje por las tierras que me vieron nacer y deslumbraron mis primeros años de aprendizaje.
Más que una semana me ha parecido casi un mes el tiempo transcurrido.
Las visitas a la familia y a los amigos, las charlas alrededor de las mesas camillas, el pasear por las calles del pueblo donde nací... Un pueblo ahora casi desconocido, transformado, derruido por la desidia, camuflado tras el absurdo progreso -la modernidad, dicen-. Un pueblo global. Sin poder diferenciarlo casi de otros pueblos, metamorfoseados con las modas destructoras de todo lo antiguo, de todo lo tradicional.
Poco le queda ya a aquel Montulia de mi niñez. La "Ruta del Califato" le pasa cerca -ignoro qué restos califales puedan quedar escondidos-; lo anuncian sobre una fachada de un edificio en plena decadencia - cerrado por amenaza de ruina-. Aseguran una visita guiada por la iglesia parroquial donde creo que me bautizaron. Quedan unos pocos rincones que aún guardan cierto "tipismo". El Parque de las Fuentes hace de telón arbóreo a la Campiña, de imposible vista del conjunto monumental del casco antiguo -lo que de él queda- y la mole de la iglesia.
Este pueblo ya está amenazado por la piqueta de la especulación y la codicia. Constato que han destruido buena parte del patrimonio, no ya popular, de sus casas tradicionales, sino del mismo patrimonio paisajístico. Sin ir más lejos, la vista de la Campiña es imposible por la muralla blanca del bloque de apartamentos que se interpone al final la calle de entrada al pueblo. Resultado: el pueblo se ve encajonado entre casas.
Aparte, está el tema de los solares -dejando a la vista las medianeras- donde antes se levantasen edificios singulares o, por lo menos, a mi modesto entender, que daban una fisonomía propia al pueblo distinguiéndolo de otros pueblos similares de la Campiña Sur Cordobesa o de las Sierras Subbéticas.
Eso, en lo que se refiere a la mirada.
Al oído, constato historias dispares, hilo y zurzo los remiendos de frases, componiendo un sentido que mi propia ignorancia de vivir fuera me hace ser ya un forastero en mi propia tierra; ¿lo soy?. Me parece ser un saturniano venido de incógnito.
Tengo la cabeza como una olla de grillos cantarines y peleones.
Palabras, recuerdos avivados de mi infancia, visiones de restos de otras visiones... o vivencias de unos pocos días.
Me quedan algunas fotos -esta vez he sido tacaño al disparar- para recordarme que he perdido mis recuerdos de niño, que ya sólo quedan tres o cuatro cosas que pueda identificar como de "mi tierra".
Soy también un forastero donde ahora estoy viviendo, no importa qué zona sea, siempre forastero.
Pero me duele perder mis propias raíces, los cimientos de mi vida.
¿Volveré alguna vez por Montulia? ¿Volveré al pueblo que no será ya el pueblo que me viera nacer?
Ahora casi nada me lo recuerda.
La luz sigue siendo la misma de siempre.
¿Es la magia lo que ha muerto?

(otro refrito del 2013, historias repetidas)
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© Juan Rodort, 2013-2018

jueves, 7 de junio de 2018

Hace cinco años, ayer como quien dice


...Pensaba entitular la entrada como: "Feliz o infeliz". Me gusta más la palabra infeliz. No por el significado de carencia, sino por el segundo significado de poca cosa: nadie. "No somos nadie"... vuelve a decir otro más. Y se refiere al que ya no lo es, porque está de cuerpo presente. Infeliz, infelices. Lo somos la mayoría mangoneada por esa minoría, por los que mueven los hilos. ¿Somos marionetas? ¿Pequeños Pinochos? Y, además narigudos, porque nos crece y crece la nariz de tantas mentiras como nos decimos a nosotros mismos y a los demás. Si nos mentimos ya empezamos con la rueda de que estamos mintiéndoles a los demás. Y no somos justos, encima.
Pues ya va siendo hora de cortar la palabrería. Todo viene porque ahora tenemos que comprar las bolsas de basura para colocarlas en su debido cubo de separación de residuos... Antes utilizábamos cualquier bolsa que nos obsequiaban en los comercios y sobretodo en las grandes superficies de alimentación. Nos enterraban en bolsas. Debíamos hacer esfuerzos titánicos para librarnos de ellas o negarnos a aceptar una más para engrosar la colección de bolsa llena de bolsas que indefectiblemente terminaban en la basura. En la basura general, sin clasificar.
Ahora las echamos en falta. Se me han terminado. Mi alijo de bolsas ha desaparecido y para bajar la basura a los contenedores de la calle tengo que comprar la susodicha bolsa o pagarla en la gran superficie que antes me la regalaba a manos llenas. ¿Es una estrategia de los fabricantes de bolsas? Con la del comercio, con su publicidad impresa, salías a la calle llevando lo que fuese y haciéndoles propaganda de paso a los comercios obsequiosos de sus bolsas. Ahora, encima, hay que pagarlas.
Yo recuerdo, cuando niño -eran otros tiempos y otras latitudes y laxitudes- en que bajabas el cubo de la basura al basurero del pueblo y lo volcabas sin más encima del montón. Lo que después hicieran con tamaño desperdicio no lo se. Era una peste que ni te cuento, pero la vida era más ecológica, no había plásticos -ni decibelios-. ¡Ya estoy con lo mismo de siempre!
La edad feliz. Pues sí, era muy feliz. En la tienda me daban los productos envueltos en papel de estraza, tan recio y multiutilitario, o tenía que ir con mi envase para que me lo rellenasen. Incluso en la gran ciudad iba a comprar miel a granel con mi orza casera, una lecherita de latón muy práctica y versátil. Hasta los mismos recoveros llegaban con sus enormes canastos llenos de quesos, huevos, chorizos, la orza de miel de La Alcarria... sin bolsa de plástico intermediaria. El recovero desapareció dando paso al autoservicio de la esquina, al abierto 24 horas, al "chino" de hoy en día.
Nos lo hemos ganado a pulso, todos, sin discriminar a nadie. Todos hemos contribuido con nuestra pequeña tropelía, saltándonos a la torera las reglas impuestas por nosotros mismos. Una pescadilla que se muerde la cola. Una banda de Moebius, queda más fino...

(refrito del 28 de mayo de 2013, ya es historia...)
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© Juan Rodort, 2013-2018

viernes, 1 de junio de 2018

La mano tonta


"Ex-Paradís (fragmento)"

"Tres cuerpos apretados en una sola cama.
Duermen. O eso intenta hacer él, pero no puede. Un nudo frío le agarra del estómago, siente el calor de la piel del cuerpo de su derecha, con su ligero perfume.
A través del balcón abierto de la terraza entran los sonidos de las músicas de las disco vecinas que siguen la marcha hasta el amanecer. Luces multicolores reverberando en la bahía. Los perfiles de los dos chicos se le enmarcan sobre los largos visillos corridos.
Hay ya unas protuberancias en el centro de los calzoncillos de los durmientes. Su mano comienza a explorar en la oscuridad, moviéndose en la penumbra. Le entra un frío nervioso, como un agarrotamiento y la imposibilidad de seguir palpando. Le dan hasta mareos y palpitaciones, se vuelve de espaldas, tirita, se ahoga en dudas. La mano tonta, igual que él, finalmente se quedan adormecidos.

Despierta con el clarear del día. Boca arriba, a su derecha tiene el cuerpo del muchacho moreno, marcando un encumbrado y brillante bulto verde oscuro. Su mano se aproxima lentamente hasta rozarlo, notando el calorcillo que desprende, primero la posa temblorosa, con la misma tiritera nerviosa de la noche, luego se va calmado, le acaricia con los dedos sin ningún recato, toca la piel caliente entre las piernas, sube por el bajo vientre, un poco más arriba por el pecho, sube más, y más hasta los pezones que al contacto se endurecen...

Se incorpora para contemplar a los dos chicos. El otro también tiene un buen abultamiento enfundado en blanco. Alternativamente su mano los acaricia con cuidado para no despertarles. Es un viejo vicio-placer que le gusta: dejar la mano posada sobre la calidez del durmiente notando sus palpitaciones a través del tejido -¿cómo sería el contacto directo con la piel?-..."
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© Juan Rodort, 2012-2014

miércoles, 30 de mayo de 2018

En la cuerda floja



Poseidón de Artemisium o Zeus de Artemisium
Colección del Museo Nacional de Arqueología de Atenas

Poseidón se enamoró de Pélope, un hermoso joven, hijo deTántalo. Llevó a Pélope al Olimpo y le hizo su amante, antes incluso de que Zeus hiciese lo mismo con Gamínedes. Para agradecer a Pélope su amor, Poseidón le regaló posteriormente un carro alado...

Y con estos tiras y aflojas, andamos en la cuerda floja