viernes, 26 de mayo de 2017

Con un pene y un bizcocho...



Hasta el lunes o el martes, chorreando leche... digo que no estaré en red hasta la semana que viene, así que ahí os dejo ese penecillo juguetón y lascivo que seguro sabrá entreteneros a modo y manera el muy guarreras, que lo va a poner todo perdidito de leche... ¡Quien tuviera un bizcocho para mojarle la tripita al chaval! Que vaya zocotroco que gasta para mojar... o meter en la boca directamente, que está uno ya con el desayuno en los pies, como va a terminar el calzoncillo ¡¡¡rosssa!!! del muchachito. Y es que no le falta de nada, hasta su tatu coloreado... Todo, todo se le puede perdonar ante ese trozo-carne-butifarra-chorizocantimpalo-salchicha cruda... ¡A mí me va a dar algo! Así que no digo más... Con un pene y un bizcocho...
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Reunión íntima...


Totalmente satisfecho, ahíto de caricias ha terminado rendido a merced de sus peludos cuerpos que han seguido y seguido trajinándole sucesivamente hasta que ellos mismos han quedado agotados después de hacer múltiples intercambios posicionales que les ha llevado a una compenetración como no la tuvieran jamás; trío abrazo que no sabrán quién es quién ni cuál miembro les atenaza... Trío perfecto. Dos ex-amantes satisfechos, un ex-amante decidido a intentar una nueva fase de relación. No le ha bastado estar de dos en dos (sus dos ex-amantes han sido amantes sin que él lo supiera, ¡qué pequeño es el mundo!) sino que ahora ya le va a ser imposible separarse de ellos dos y ser un solo cuerpo a tres bandas... Demasiados pensamientos para una sola noche... Mañana será otro día. Ahora disfruta del sueño en esta reunión íntima...
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 24 de mayo de 2017

El morbo de tu cuerpo...


¿A quién le importa lo que yo escriba? Es un mero escape a mis tensiones sexuales o inapetencias sexuales, que está uno algo desanimado en materia corporal y más parece cuerpo espiritual que material el mío. Sí, filosofa a estas alturas, viejo verde que no hace más que echar miraditas al jovenzuelo de la derecha, mirarle las partes bajas-medias-sentadas del paquete o del culo, las posaderas, las nalgas apretadas en el pantalón holgado... ¡Qué manía de modas afeantes del cuerpo perfecto que eran los jóvenes de antes! Yo mismo lo era. Una breve cintura, un triangular dorso y pectoral en ciernes que redundaría en potente torso musculado cuando me llegó la edad de ir a gimnasios para mantenimiento ya que aquella juventud ociosa se fue adocenando en incipiente barriguita y flácidos músculos; un reafirme total frente a mi monitor que cortaba el resuello el hombretón, con calzón corto, patazas peludas, abigarrados músculos y pelos por todas partes asomando por su escueta indumentaria, camiseta de tirantes y calzón azul sudado con una triangular mancha de sudor encima de los redondos cachetes-balones de reglamento que era su culo... Un aparte para hablar de este monitor de gimnasio. Merece la pena y le da gustito al pene recordarle... Era un tiarrazo que vi la primera vez en una de aquellas fiestas del Partido Comunista del barrio. ¡No podía ser cierto lo que estaba viendo! Una mole peluda, guapísimo, con una carita de niño malo barbudo, unos ojos traviesos y prometedores de toma pan y moja que te dejo... Él era el centro de atención de aquella fiesta de barrio. La temperatura subió nada más verle detrás de la barra del bar despachado bebidas y bocatas. ¡Qué manazas peludas! Sí, hicimos varias consumiciones y le sondeamos por si conocía algún gimnasio... Casualmente él era monitor en el de enfrente de la plaza. ¡Qué casualidad! Ya lo sabíamos, nos habíamos informado por todos los medios sobre ese cuerpazo: ¿Quién es él, en qué lugar se va a enamorar de mí, a qué dedica su tiempo libre...? Y no fue la cancioncilla del Perales (creo que era) lo que nos aproximó a su vera y a a bordarle entre cubata y cubata, que terminamos moñas... Bueno algo moñas sí que nos comportábamos mi amigo Carlos y yo, que en esos años empezábamos a sacar los pies del plato, él más que yo, que todo lo he aprendido de Carlos, él me llevó la primera vez "a los camiones" (yo creía que había que subirse a la cabina y allí follar con el camionero, pero no, era al lado de los camiones aparcados en la Avenida de América donde se ligaba y hasta se follaba entre camión y camión mientras pasaban las andanadas de coches por la autopista...). Carlos me acompañaba en la fiesta del Partido Comunista. Allí lo vimos, al monitor del gimnasio. Dos días después, o sea el lunes siguiente, los dos nos apuntamos al gimnasio a las clases del monitor... Aquello sí que era porno duro. El gimnasio lleno de jóvenes cadetes que esperaban examinarse para bomberos, policías o agentes dobles... Las duchas. Ay, las duchas y los vestuarios. Eso fue más que el monitor en calzón corto y camiseta de tirantes; eso fue el cuchachito del pollón bendito que nunca, nunca se desnudaba del todo y en un mojado bañador abultadísimo se duchaba y se secaba (con el bañador puesto) y se vestía con la culera mojada cuando salía. Guapo era poco decir de él, pero gilipollas lo era en demasía. Así que los ojos se iban de los aspirantes a policías-bomberos y al mismo monitor que debajo del calzón corto azul manchado de sudor en la entrepierna, en el canalillo del culo y un poco en pleno bulto (¡qué mareo!), llevaba debajo una braga blanca semitraslúcida o muy sudada por la que se le entreveían los peludos güevos y algo morcillón que debía ser su rabo...  Ahogos, lipotimias... No tuvimos otra que dejar el gimnasio (yo el primero) porque las taquicardias diarias me estaban matando. Así que ahora ¿dónde estarás? ¿Cómo serás? Si aún continúas dando tanto morbo a pesar de que han pasado treinta años... ¡Ay! El morbo de tu cuerpo...
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© Juan Rodort, 2017

martes, 23 de mayo de 2017

Con pene, compenetra, con penetración...



Explícita imagen de la que no hay nada más que añadir que no vea, sienta, olfatee, inicie, continúe o deje impasible al espectador que en este caso se reparte por diversos países lejanos, exóticos y que dejan epatado al que suscribe estas líneas, breves, leves anotaciones a una página que miro casi a diario, que mimo con esmero y que espero sea del agrado del mirador. Sí, me gusta el aplauso, la aquiescencia unánime del personal cibernético. No digamos ya del personal de a pie, cercano... De ese espero la alabanza, la lisonja, el parabién y demás ditirambos. Y es que el Leo que anida en mi interior no puede ni acepta otra cosa que no sea lo óptimo, cum laude, perogrullo escrito día a día. ¿Hoy no tiene un buen día el escritor en ciernes? Puede que no. De aquel viajero (El Viajero) no quedan trazas reconocibles. Ha cambiado, transmutado, travestido, tergiversado su imagen antigua de niño malo, de infante sorprendido en falta y no dispuesto al consiguiente castigo o reprimenda. De aquel antiguo viajero no queda mucho que él mismo quiera dar a conocer y sí mucho que desea ocultar. Ahora se quiere convertir en un apacible escritor en ciernes, ¡a sus años! Y es por ello que redunda en imágenes de mal gusto, evidencias que rayan lo pornográfico. Pero como recuerda de un sueño reciente, él estaba charlando con otros viejos soñadores de sueños antiguos y hablaban de eso precisamente, de las imágenes eróticas, homoeróticas y cuasi-pornográficas que empleaba como acompañamiento en su Blog. Con sucesivos y reiterados avisos del soporte digital, de que aquí no hay lugar para esas imágenes explícitas...  Doble moral sin sentido la de la actual sociedad, que corta por rasantes diferentes según a quienes se les pongan a tiro, ya sean influyentes o no. Cuando el escritor en ciernes no tiene nada más que decir, pone una imagen fuertecita o muy atractiva para camuflar sus palabras, que, por otro lado, no sabe si esos miradores internacionales traducen con el socorrido traductor "on line" que hace de las suyas y puede provocar una conflagración termonuclear como mínimo; pues el escritor en ciernes no sabe ni contesta a la pregunta que se hace de si los miradores de su Blog leen realmente sus textos o tan solo miran las fotos. Así es que ahí va esta foto provocadora con pene, compenetra, con penetración...
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© Juan Rodort, 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

Historia de osos...


Érase que se era una vez... un osito que no era de peluche, ni estaba abandonado a su suerte en una cueva oscura y fría, sino que era un osazo peludo de carne y hueso (y mucho pelo) y ni estaba abandonado ni se encontraba perdido dentro de una cueva que no fuera la oquedad húmeda y caliente del orificio anal palpitante que le apretaba el glande hasta estrujar... Un oso rijoso, piloso, carnoso y para nada huesioso (ni huesilocoso, mucho menos huesilocaza). Un oso-oso. Algo soso, la verdad pues con la edad se estaba convirtiendo en un refunfuñón y ponepegas, nunca satisfecho con las cosas del cada día. Un oso alevoso ("circunstancia de haberse asegurado quien comete un delito contra las personas de que no corre ningún riesgo que pudiera provenir de una reacción defensiva por parte de la persona atacada" -en este caso, un oso cavernoso). Pues érase que se era, un oso que en el fondo seguía siendo un osito de peluche, mimosín y abrazador del te quiero-te quiero, dame un besitoooo... Vamos, un oso empalagoso. ¿Y qué le gusta a los osos? Lo que más, más del todo les gusta, lo que les vuelve locos... ¡¡¡Miel!!! Y este oso era un goloso. No había bote de miel que se le resistiera y mucho menos que le durase más de una semana, ¡qué digo una semana, dos días! Un kilo de miel al día... Engordaba el osito a ojos vista, las abejas le huían y se camuflaban en adustas avispas, los panales eran transformados en artísticas esculturas de bailarinas de los ballet del Trocadero, los abejorros volaban con sordina, las abejas con sus pesados disfraces de coristas del teatro chino de Manolita Chen, llenos de tules y frus-frús. Pero el oso goloso-pringoso los descubría a todos a la primera y se zampaba las ricas recolecciones florales, polinizadoras, mieles en ciernes... Todo lo dulce que se la ponía a tiro. Así ocurrió, que con el tiempo (poco, pues no dio mucho margen de recomponerse a mamá Natura), el oso goloso se tragó todas las existencias de miel del planeta cántabro (pues era en esos montes donde osaba y hozaba... Hasta que tuvieron que importar mieles de allende la Comunidad y ahí llegó el fin del fin. La adulteración y contaminación foránea se fue adueñando de la fauna y flora, amén de la autóctona desertización por mor del autoincendio forestal gratuito so pena de hacer pastos p'a las vacas, que este año hay subvenciones para vacas de carne y ya se sabe: pan para hoy, hambre para mañana. El Hábitat quedó destruido. Las parameras asolaron o camparon a sus anchas. La desertización avanzó a pasos agigantados sin encontrar obstáculos ni obstápollas... Aquello fue la polla récord. No plantas, no flores, no abejas y ¡no miel! ¿Lo has entendido? ¡¡¡Se acabó la miel!!! Y el oso goloso se convirtió en un oso lloroso. Al final, desapareció, se extinguió por falta de alimento.
¡Y hasta aquí el cuento! ¿Cuento...? Historias de osos...
Mañana, más... o menos, depende del humor de este oso sado-masocoso.
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 18 de mayo de 2017

Marica vs. Marica



No, no es un remedo del poema de Don Luis de Góngora, "Hermana Marica", pero como si lo fuera o seriese que hoy estoy asaz barroco y dicharachero, vamos. Es en recuerdo del día de ayer que decían de la "Homofobia" (o Día Contra-la-homofobia) y ya se sabe que el peor enemigo del marica es otro marica... La guerra marica, la guerra de los dos maricas, maricas en pie de guerra... Y así hasta cansarse. Y digo yo, ¿no sería mejor volver a eso de "haz el amor y no la guerra" (o la guarra)? Pues ilustro estas líneas con jocosa foto que distrae la atención del malevoliente título ut supra. No, no estoy en contra del ser marica. ¿Cómo podría después de tantos años de luchas, escondites armariles y salidas estrepitosas para reivindicar derechos que no algaradas carnavaleras. Y es que a mí me gustó vestirme de Carnaval en las Carnestortes o Carnestolendas, en su día, vamos y no en fiestas ad láteres al albur del primer fin de semana libre. Ya lo hizo el Santo (Fernando III), que se vengó del cambio de su día festivo por un "lunes-de-resaca" nauseabundo se mire como se mire; así les fue, que las tempestades y lluvias y fríos deslucieron las sucesivas fiestas mayores de esa ciudad (que no se nombra porque no hay que mentar la soga en casa del ahorcado)... Y volvieron a recomponer al santo patrón de tan egregia ciudad en su sitio de siempre (dentro de unos días será su Día, fíjate tú). Pues después de este dislate y lapsus, vuelvo a mis barroquismos mañaneros. Y es que no hay nada como el agua de mayo... toda la noche lloviendo mansamente para que la tierra se empape; eso sí, ha jodido cosechas y demás, pero las cosechas de este año ya estaban apuntadas a la pertinaz sequía, ahora se apuntarán a las inundaciones de esos rastrojos prematuros... Mierda de Mundo. Dos palabras que también empiezan por M (de Marica). Me entero de la jugarreta que le preparan a la asociación Greempeace en las Canadases del norte ese boreal donde están arrasando los bosques primigenios (¡ah! ¿pero quedan bosques de esos todavía?); llamada de auxilio y ayuda de cualquier tipo (de la buena, que la de hundir ya tienen sobrada) para sostener a esta organización de protesta que nos está salvando lo poco que queda por salvar. ¿Y estas cositas a las maricas de pro, qué? La marica siempre ha sido una reaccionaria de mucho cuidado. ¿Que soy anti-marica? Puede, yo me lo puedo permitir (el que esté libre de la piedra que tire la toalla, o similar). Nunca vi maricas ecologistas, que les gustase la Naturaleza que no fuera del mondongo según se baja entre las entrepiernas. No, aunque la marica se vista de seda, marica se queda... Y no hablo más que me tildarán de homófobo fuera de su día. Así que, lo dicho: Marica vs. Marica.
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© Juan Rodort, 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

¡Ay, qué gusto! ¡¡¡Ay!!!


Sí, no me mires así... Ya sé que te alegras de verme otra vez, que tampoco hace tanto que lo hemos dejado ¿no? Pero tú siempre estás dispuesto, hijo, lo tuyo es que no tiene nombre... O sí, sí que lo tiene: salidillo, que te gusta más mojar el churro que a mi unos jeringos bien crujientes y calentitos. De eso se trata hoy ¿no? de mojar el churro-jeringo en el orificio anal. Sí, no me ando más por las ramas y me pongo en posición. Ay, lo que hay que hacer por las tiernas criaturas estas de ojitos de cielo y pene enhiesto permanentemente. Él, a lo suyo, a meterla. ¿Es que no te cansa nunca? ¿Es que no vas a probar otra cosa que pan todos los días? (O pene). Sí, ya sé que te da morbo y te pone a mil el que yo me haga el estrecho y empiece a far grititos maricas de ¡¡¡no, no, nooo!!! Pero no hay otra ¿verdad? Y aquí el que no corre, vuela. Y ya lo dice el refrán: Ave que vuela, a la cazuela... Que algunos quisieran tenerte en la misma situación en que yo te tengo, pero es que, hijo, todos los días, a todas horas... Cansa. Por lo menos los esfínteres ya lo están un pelín irritados de tanto mete-saca; porque, esa es otra, a ti lo de ponerte goma lubricada o algún suavizante-hidratante para pieles escocidas (las mías) como que no te da morbo -dices-; tú, a pelo. Yo apelo al sentido común. ¡Joder! ¿Quién me mandaría liarme con un niñato que tan solo piensa en follar? Sí, no me paro más, ya estoy en posición... tú a lo tuyo, sigue, sigue... sí, que me da mucho gusto; sí, el gusto es mío. ¡Ay, qué gusto! ¡¡Ay!!!
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© Juan Rodort, 2017