viernes, 13 de abril de 2018

Eterna belleza (masculina, por supuesto)


Ayer, 20:37 h. Casi nublado, con luces variopintas y celajes en las ventanas semitapadas porque los andamios nos invaden las vistas. Y es que están los albañiles trasteando afuera para arreglar el tejado. Toooda la mañana dando golpes de martillos sobre barras metálicas, adaptando la jaula a la fachada. Ahora estamos dentro de sus barrotes, separados de nuestro jardín, invadidos en nuestra intimidad.

Esta tarde me vino una imagen de suspensión del tiempo condensado en un inmediatamente después de mi muerte... Sí, cómo quedarán los objetos que esperan que yo los mueva, los cambie, siga en la creación de aquella obra gráfica que esperará ¿hasta cuándo? un impase o compás hasta el infinito que debe de ser eso de morirse, pulverizarse, no ver más luces de atardecer, ni nubes volanderas cambiantes de color cuando pasen por el perfil de los montes de enfrente... Estática de los objetos que no sabrán qué ha pasado pues ellos van a otro ritmo distinto del de las células humanas que dicen que pensamos o son los pensamientos meros relámpagos de célula  a célula (o neuronas). Simpatía de las neuronas. Tirarse los tejos unas a otras. ¿Es eso el pensamiento? ¿Hay un después?
Miro mis manos, la piel de mis manos arrugada, contraída al engarfiarse sobre el teclado picoteando las teclas, un golpe de yema de dedo sobre cada letra sincopada, aprendida la cadencia y el pose dáctil. Taquimecanografía era el curso, pero sólo hice mecanografía y hasta conseguí una cierta velocidad de escritura, aunque no logré despegar los ojos del teclado por falta de confianza, que cuando quiero escribir deprisa sólo miro a la pantalla y no cometo demasiadas faltas de cálculo del impulso sobre las letras del teclado.
Y ¿a quién le importa eso? Pues a mí me importa. Porque sigo vivo. ¿Quién tecleará después? ¿Quién seguirá mis escritos? ¿Los borrarán horrorizados ante tamaña afrenta a la "moral"? No dejo de pensar que todo mi esfuerzo en crear personajes o dibujos de paisajes cibernéticos se verá esfumado del espacio por un mero borrado de ficheros, de carpetas dirigidas directamente a la basura y destruido todo mi trabajo de tecleo, de retoque de fotos, de inventiva literaria. Literaria... Ahí es nada. Mi osadía es grande al considerarme literato por el simple hecho de escribir y contar anécdotas, citas, poemas o las sucesiones de líneas que digo que son poesía. Todo quedará a la espera de otra mano que ya no me importará qué haga, si conservarlo todo o ignorarlo como si nunca hubiera existido, como si mi vida nunca se hubiera vivido aquí dentro de esta memoria virtual. Es fácil borrar una vida, una existencia. El olvido es otra muerte peor que la propia muerte física. La magia de los objetos que nos han rodeado, que hemos tocado, dejado impresos nuestros dedos y nuestro calor. Esos restos de energía se perderán sin recicle posible. ¿A quién le importarán? ¿Se preguntará alguien, después, qué me habrá pasado? Y ¿por qué tanta angustia de supervivencia cibernética? Quizás sea porque este mediodía he visto la esquela mortuoria del estanquero del pueblo. Un chaval, guapo joven de unos treintaytantos añitos, medio rubio, de ojos claros de mirar enredante que siempre sonreía cuando le dirigía la palabra; ahora ya no sabré nada más de sus labios, de su modulada voz, de sus reidores ojos y esa piel que alguien habrá disfrutado de su tacto y calor. Uno siempre tuvo sus fantasías con este buen hombre pues la belleza masculina me plantea retos inconseguibles, desafíos imposibles, quimeras y demás utopías que se reflejarían en algún poema de deseo homosexual hacia cuerpos netamente heterosexuales, o eso es lo que yo me he creído siempre ante los retos de mi propia timidez, de no atreverme a proposiciones directas; total, el no ya lo tenía ganado de antemano y un buen porrazo en los morros podría ser otra de las posibilidades ante ciertos bellezones demasiado creídos y poco hombres como para tener que utilizar la fuerza bruta....
Se ha hecho demasiado tarde para lamentaciones.
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© Juan Rodort, 2018

miércoles, 11 de abril de 2018

Primavera-Invierno=Sexo-Seguro


En guardia, alerta, atento al contagio... La gripe sexual ataca de nuevo. Hay que defenderse de sus propagadores, con lanza y una bolsa de chuches donde están camuflados los preservas en forma de caramelos de goma masticables que son antivirus; la punta del palo de lanza también está emponzoñada con aromas de chicle de fresa del más alto contenido hortera masticable. Y no cabe duda que los trapitos cubre-cosas llevan adosadas fibras sintéticas anti-morbo. Opcional es la cinta frontal para los cortos de miras, no vaya a ser que confundan las peras al cuarto o el monte con el orégano que dicen que una vez empezado el acto... ese, del que ahora ya ni recuerdo cómo se hacía o los prolegómenos, pero algo hay por ahí escondido entre los pliegues de mi cansada memoria que me dice que había algo sucio, algo peligroso antes, durante y después del acto... ese, el que sea, no sé ahora qué pasaba... Falta decir que el untarse la dermis con aceites usados de máquina de coser antigua, o de los restos del aceite de freír bacalao fresco para hacer unas buenas albóndigas de bacalao (¿que no sabes cómo se fabrican? pues el próximo día me traigo la receta, fácil, fácil, de chuparse los dedos de los pies), pues es muy útil y expedito a la hora de repeler el contacto ese...
El caso es que entramos en un tiempo loco y peligroso donde los contagios por dermis y epidermis, subcutáneos e intravenosos son algo terrible de explicar para tu cabeza llena de otra cosa que no sea eso... lo que estás pensando, siempre en lo mismo ¿es que no hay otra cosa en qué pensar? Pues que con estos consejos prácticos que irán apareciendo en sucesivos correos electrónicos (¿que ya no se lleva eso? y, entonces, ¿qué?, que uno es un antiguo que no sabe utilizar -ni tiene instalado- el guasa ese).
Que no, que no. Que contra la lujuria de esta estación primaveral no hay otra que volver las tornas al invierno pasado. Sin ir más lejos, ahora está nevando ahí en las montañas cercanas del pueblo. Que, ¿que dónde estoy?, pues, subiendo, a mano diestra, según se mira para Francia, un poco a la izquierda (uno siempre ha sido de esas tendencias), antes de despeñarse por el Cantábrico: ahí. Rodeado de montes nevados. No veas tú la que cayó anoche y esta mañana... parecía que el Invierno había vuelto. Así que automáticamente he pensado en eso del "sexo-seguro", no sé yo por qué... Será una deformación profesional o que uno ya está más p'allá que p'acá. Total: Primavera-Invierno=Sexo-Seguro.
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© Juan Rodort, 2018

martes, 10 de abril de 2018

Abril florecía... Antonio


"Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcón florido,
vi las dos hermanas.
La menor cosía,
la mayor hilaba …
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
—su aguja en el aire—,
miró a mi ventana.
La mayor seguía
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca
que el lino enroscaba.
Abril florecía
frente a mi ventana.
Una clara tarde
la mayor lloraba,
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.
—¿Qué tienes —le dije—
silenciosa pálida?
Señaló el vestido
que empezó la hermana.
En la negra túnica
la aguja brillaba;
sobre el velo blanco,
el dedal de plata.
Señaló a la tarde
de abril que soñaba,
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñó sus lágrimas…
Abril florecía
frente a mi ventana.
Fue otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcón florido
solitario estaba…
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste,
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca…
Tan sólo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio
espejo brillaba…
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcón florido,
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba…
Abril florecía
frente a mi ventana."

Antonio Machado lo escribió hace ciento quince años y yo me lo aprendí de memoria... a los siete años (hará unos sesenta añitos), aunque aprendí sólo los primeros versos, lo dramático no venía en aquel libro de texto que yo tenía en la escuela pública de aquella España franquista que nos heló el corazón, que luego vino la otra España y nos lo volvió a helar y entre ambos hielos... han florecido hoy los perales de mi jardín. Desde mis ventanas los veo, aunque aquellas dos hermanas machadianas ahora me gustaría que fueran hermanos mellizos o gemelos o trillizos (gays, por supuesto) y que hubiera otra clase de historias entre nosotros... jejeje.
Poético que me he levantado hoy.
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Antonio M. ("Soledades" 1903) y yo, Juan R. (2018)

lunes, 9 de abril de 2018

Esplendor en tus ojos (y en la hierba)


“Aunque el resplandor
que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no puedan
ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer volver
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento
y en la fe que mira a través de la muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus alegrías
y a sus temores, la flor más humilde, al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.”

William Wordsworth nació en Cockermouth, Cumberland, Inglaterra, el 7 de abril de 1770.
Fue uno de los más importantes poetas románticos ingleses. Murió en Rydal Mount el 23 de abril de 1850. Escribió este poema titulado “Oda a la inmortalidad”.
Una joven y bellísima Natalie Wood lo recitaba en clase de literatura, cuando su dolor era más fuerte que su esperanza, realizando una maravillosa interpretación en la película de Elia Kazan “Esplendor en la hierba”. Natalie Wood y Warren Beatty daban vida a los dos personajes que vivían en un pueblo en donde las tradiciones y las imposiciones de los padres sacrificaban los sueños de los jóvenes.

viernes, 6 de abril de 2018

¡Vivo, de milagro!


Como vulgarmente se dice: vivito y coleando... Hombre, no con el muchacho de ahí arriba, con casi todo al aire, ni haciendo estriptís-stop al borde de esas carreteras de nuestra querida Piel de Toro, o Comunidad Levantina sin ir más lejos; poco antes de llegar a mi destino, que por escasos milímetros no fue un definitivo Destino, que me alcanzó en forma de un hijoputamalpeinadojalásepudraenelinfierno que no respetó un ceda el paso y casi me enviste -con la fatalidad de que el carril de la izquierda ya venía ocupado por otro bólido desesperado por accidentar con lo que fuera-; el malpeinadoetc..., infractor (la "autoridad" nunca está donde debiera estar) será de esos que piensa que llegar a un ceda el paso es que le tienen que ceder el paso... a él. No quiero pensar qué pensará ante un Stop, lo mismo creerá que todos deben detenerse para que él pase igualmente. Lo que no entiendo es cómo a semejantes etc... les permiten tener vehículos y mucho menos les conceden el permiso de conducir para algo más que no sea un pobre rucio con mucha más inteligencia que ellos.

Y dicho lo cual, me quedo mejor, aunque mucho mejor me habría quedado abriéndole la crisma al susodicho hidepuetc... que casi me manda a otro barrio del Más Allá, a 100 km/h (máxima velocidad que suelo llevar en autovía-autopista) y que en esos críticos momentos no se puede decelerar, ante el inminente peligro de colisiones laterales por la izquierda, además del hijopuetc.... de la derecha que me salió a las bravas...
Que uno tenga que desahogarse en su propia página ya es triste pero que no pueda uno ni desahogarse es lo peor de lo peor.
Ya lo decía el personaje verde Shrek: "Mejor fuera que dentro" (peo, peo, peo-eructo-eructo-eructo) y ésto es lo que hago (lo que cago), que me defeco en todos los difuntos del susodicho malpeinadoetc... y le deseo que encuentre un buen camión trailer de 18 ejes, a ser posible cargado de broncíneas figuras para un parque de temática Gay, de desnudos masculinos -300 o 400 mil esculturas de tamaño natural o en almíbar- y que tampoco pueda maniobrar ante la embestida del "pasante de cedas el paso" a toda leche contra sus ejes... que ya no podrá engrasar sino con su mala sangre... ¡¡¡Ameeén!!!

Y como no es mi talante el de dejar malos efluvios a propios ni a extraños pues ahí he subido una muestra de como se debería conducir o por lo menos asentarse o asomarse por las carreteras... ¡a pelo! Y solamente permitírselo a conductores macizos, desnudos y complacientes con los demás pilotos-manejadores-conducidores normalitos, maduritos y salidillos que soliciten su servicial cuerpo para uso y disfrute de entrambos dos o tres si hay otros más pilotos-conductores de buen ver que se apunten, que se apuntarán, seguro...
¡Menudo susto m'e pegao el lunes pasao! Pero aquí estoy, otra vez en esta casa del norte cántabro-cantabrero; he vuelto: ¡Vivo, de milagro!

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© Juan Rodort, 2018

jueves, 5 de abril de 2018

La Pascua (¿o hacer la pascua?)


A Sísifo le hicieron la pascua, sin ir más lejos... Pero eso son historias pasadas de moda y que ya a nadie interesan. Ahora, lo verdaderamente interesante es ¿qué hace ese buen mozo para conseguir tamañas posaderas? Y ¿dónde se le puede encontrar? para invitarle a unas copas y algo más si se dejara o dejase, sin ponerle más atavío que las perlas de sudor que debe ornar su velluda piel (más que belluda, bellezuda, bellezón, bellaco él).
O será que "le ha tocado la china"... un gordo canto rodado o será también la nueva forma de esforzarse los lomos de atrás para ensanchecerlos de diámetro, tamaño, grosor, dureza, textura-dura, como se le está poniendo a más de cuatro contempladores ociosos...
Sí, sí... Sísifo. Natural, como la vida misma.
La vida de un servidor, que teclea con ardor, es algo menos esforzada que la ilustración de arriba, aunque tuviera los mismos armoniosos trazos y brazos, semejantes vellos y sin rubor alguno, confesar que estuvo y retuvo (pero ya no acarrea pedruscos por las laderas del monte, ni se echa al monte cual loca cabruela). Digo, mi vida sigue apacible y a verlas venir sentadao a la puerta de casa, que otros pasan mostrando el camino que yo ya recorrí... Ayer, sin ir más lejos, volví de otros páramos levantinos por dónde las lluvias se hacer de rogar (no así los vientos, que con viento fresco o cálido se lo montan algunos); volví cansado de soportar estulticias de asesinos en potencia pululantes por las carreteras patrias (¡Oh, dolor!), volví... Es lo importante. Aquí estoy, degustando los dulces de Pascua que no consumí porque ya no trago tal cantidad de glucosa como antes (y es que yo era de los que se zampaban una docena de suspiros -merengues del tamaño de un buen puño, duros y crugientes, recién horneados- de una sentada... Ahora si acaso puedo comer uno y quedo empachado de azúcar. Deben de ser los primeros síntomas de la vejez o que en algún momento del camino abusé del dulce (que no de serlo) y ya no puedo emular aquellos lances glucósidos so pena de infarto empalagoso (aunque yo sea un oso).
¿Qué era el asunto de hoy? ¿Tirar la piedra y esconder la mano? ¿Tirarle los tejos al muchacho de la foto? ¿Invitarle a unas copas y que se deje de monsergas mitológicas? ¿El azúcar, que nubla mi mente? La Pascua (¿o hacer la pascua?).
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© Juan Rodort, 2018

martes, 27 de marzo de 2018

Divina Belleza

El Cristo de Benvenuto Cellini (Monasterio de El Escorial, Madrid)

Es una representación escultórica del Cristo crucificado realizada por Benvenuto Cellini en mármol blanco de Carrara entre 1559 y 1562. Se exhibe actualmente en la Basílica del Monasterio de El Escorial (Madrid, España), sobre una cruz de mármol negro superpuesta sobre otra de madera, y expuesta al público con los genitales cubiertos por un "paño de pureza" (o sea, censurada).
La representación de Cristo desnudo es muy poco frecuente, pero tiene ejemplos destacados, como los debidos a Miguel Ángel (Cristo del Santo Spirito y otros que también han sido objeto de censura púdica -como los frescos del Juicio Final de la Capilla Sixtina del Vaticano, Roma- y la escultura denominada Cristo de la Minerva -Iglesia de Santa María sopra Minerva, Roma-), que también se exhibe al "culto" previamente censurada con un paño de bronce que le tapa los genitales...
Esta claro que los genitales masculinos (de adultos) son una molestia para mucha gente. Y si se avergüenzan de su visión, es que se avergüenzan de la obra perfecta de Dios (vamos, digo yo).
En estos casos, la Belleza se la puede considerar Divina. Son unos pocos ejemplos de la perfecta armonía del cuerpo masculino frente al denostado cuerpo femenino (empleado hasta para anunciar sopa). No hay ni superioridad, ni inferioridad; mucho menos comparación, son dos bellezas distintas (según de quienes la contemplen, miren o admiren). Hay otros ejemplos de desnudos femeninos en mármol de Carrara de otros artistas, pero no es el caso.
Y con esta imagen del crucificado queda demostrado que la pacatería no tiene argumentos para prohibir el desnudo masculino (aunque los genitales estén alegres y enhiestos). Cada quien que haga lo que quiera en su casa -y como esta es la casa de Blogger, se le aceptan sus reglas-.
¿Quién se atreverá ahora a decir que esta foto es erótica, o pornográfica?
Siempre habrá alguien que se atreva... La ignorancia es muy atrevida.
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© Juan Rodort, 2018